El “LOCK–OUT” se puso de moda

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Hay una natural tendencia de los ricos a no pagar impuestos. Para ellos, los impuestos los deben pagar los pobres. Al fin y al cabo para eso existen (tanto los unos como los otros). Convengamos que los nuevos ricos, entre ellos algunos que además de ricos son famosos, tienen estas máximas aprendidas (y aprehendidas), cual laicos catecismos y que transcurren sus vidas al pie de esas letras con devoción conmovedora.

Desde tiempos inmemoriales (la literatura popular los referencia en leyendas como Robin Hood) los “impuestos” son cosas que pagan los pobres para sostener a los ricos. Ha habido -dicen- intentos para modificar este orden (la Revolución Francesa, por ejemplo), pero parece que lo que cambian son los collares y no los perros, así fue que los burgueses pasaron a ocupar el lugar de los aristócratas y aún hoy pretenden continuar las prácticas de aquellos como si el año 1789 no hubiese ocurrido.

Los “amos”, “señores”, “patrones”, “productores” etc. nunca quieren pagar; y encuentran una muestra de buena voluntad divina en su bonanza económica, del mismo modo que los monarcas sentían que sus coronas les habían sido donadas por el Ser Supremo. Porque aún sostenedores de un pensamiento racional fenicio llevado a su epítome por pensadores como Malthus o Pierce, dejan un espacio para un azar o destino (en todo caso, son sinónimos como sostenía Jorge Luis Borges) que -invariablemente- los favorece. Para no pagar usan argumentos tales como “andá a saber a dónde va mi plata”, o “ésta te saca impuestos para comprarse carteras” o “con lo que a mi me roban alimentan vagos, y juntan votos”, etc. etc. etc.

Lo cierto (Ud. y yo lo sabemos) es que esa víscera hipersensible (el bolsillo) también parece una metáfora de la histeria; o sea “un barril sin fondo”. Un “espacio vacío” (perdón, Peter Brook) en el que cada vez que entra una moneda (sean estas: libras esterlinas, maravedíes, rupias, yens, australes o pesos ley 18.188) no ven nunca más la luz del sol. Para alcanzar este mezquino objetivo, emplean el uso de cualquier estratagema para eludir el pago de obligaciones en perjuicio de cualquier presupuesto “plural”, “colectivo” o de “sociedad”.

Claro está que algunos dirán que es para evitar que los corruptos o burócratas se lo roben, pero yo tengo para mí que no pondrían la mano en el bolsillo aunque los tesoreros fueran Nuestro Señor Jesús de Nazareth, El Mahatma Ghandi, Mahoma o Teresa de Calcuta. No he puesto en esta lista al “Che” Guevara porque se me ocurre que él, sí les hubiese cobrado aunque hubiese que haber tenido que emplear métodos asaz convincentes como paredones de fusilamiento, además de la lisa y llana, expropiación.

Curioso también es que algunos -de quienes usan su imagen como ícono (hablo del Che)- sirvan a los intereses de los que evaden (o intentan hacerlo) en perjuicio de una sociedad toda y que sigan transformando -en vana retórica- epistemes tales como “redistribución de la riqueza”, cuando toda vez que se rozan los intereses de algunos poderosos, salen en su defensa. Casi siempre emplean una terminología que aparece como arrancada de algún recetario de revoluciones setentistas, aplicadas con la misma hipocresía del “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. Expresión esta que desde hace un tiempo ha dejado atrás la exclusividad de su presencia en monasterios y altares, para pasearse (y muy oronda, por cierto) por cenáculos “progres” y/o de “izquierda”.

A propósito: todos hemos escuchado aquello de que “la adolescencia se ha extendido”, pero en algunos casos uno debería preguntarse “¿¿¿ pero…cuánto…??? Y, de seguro se respondería ¡¡¡¿…tanto…?!!! Es que algunos dirigentes de nuestra “izquierda” vernácula piensan con el candor de un recién egresado de la secundaria cuando, en verdad, ya están a pasos del geriátrico.
De todos modos: “nihil novus sub sole”. Hace unos treinta años el poeta boquense Francisco Bagalá decía: “siempre hubo jóvenes que guardan ochenta años en un rincón del corazón y jovatos que gatean hasta la muerte”, y el gran Lenin sostenía que el “izquierdismo” era “la enfermedad infantil del comunismo”.

Volviendo al tema: a los ricos no les gusta pagar. Esto está claro. No quieren pagar impuestos a las ganancias, no quieren pagar cargas sociales, no quieren hacerse cargo de ninguna de las imposiciones a las que la Ley los obliga, desde el único de los presupuestos justos que tiene el capitalismo: “El que más tiene contribuye para los que menos tienen”. Para ellos -como dicen los hombres de derecho- parece haberse invertido la carga de la prueba. El que más tiene, no sólo también tiene mejor salud, mejor educación, y hasta impunidad ante la justicia, sino que además exige que esto sea subsidiado por los que menos tenemos.

Cuando digo: “el lock-out está de moda”, también sostengo que hay quienes, cual émulos de Tartufo, nos muestran una máscara pseudo-combativa la que, a poco de desvanecerse, demuestra la notable preocupación con la que cuidan los intereses de los que más tienen. Entiendo que no somos lo suficientemente severos con ellos. ¿Hasta cuándo abusarás Catalina de la paciencia nuestra? decía Cicerón. Quizá, hablando de paciencias agotadas, ha llegado ls hora de hacer tronar el esxarmiento.

No estamos “todos” del mismo lado, claro está. La “distribución de la riqueza” ha sido enarbolada como bandera por entidades que hoy balbucean tibiezas (y a los “tibios” Dios los vomita). Además, el método del “lock-out” viene encontrando inesperadas complicidades que rayan con la traición. En estos tiempos, a despecho de los consejos del dulce Príncipe Hamlet, proliferan los discursos en los que “la acción no corresponde a las palabras ni las palabras a la acción”.

Es por eso que invito a compartir estas reflexiones, cuando decimos “todos” nunca somos “todos”. No somos “todos el campo”, ni somos “todos Fuentealba”, ni “todos Cabezas”, ni “todos judíos”, etc. etc. etc. Tampoco la Plaza es de “todos”. En esa plaza hubo bombardeados y “bombardeadores”. En esa Plaza hubo (y hay) Madres y Abuelas que buscan a sus hijos y nietos: allí no hay lugar para sus asesinos. Algún sicario les pegó un tiro a Fuentealba y otro lo hizo con Cabezas; esos no están en ningún “todos” que me comprenda. Y, cuando enumeramos, no sólo hablamos de los asesinos, los torturadores, los secuestradores, los apropiadores… sino que también debemos contabilizar a todos aquellos que los han instigado, alentado y sostenido política y económicamente, desde el fusilamiento de Dorrego hasta la fecha, con el único motivo de la defensa de sus privilegios.

“Todo puede hacerse, excepto no pagar las consecuencias”, dijo Arnold Toynbee, y lesionar los intereses de los poderosos trae consecuencias. Pero también las trae la claudicación (ya nos pasó). Ya tuvimos varios que encontraron “militares progresistas”, donde había bestias asesinas. Si es cierto aquello de que “el hombre es el único animal que tropieza más de una vez con la misma piedra”, cabría preguntarse de nuevo: ¿¿¿pero… cuántas…??? y otra vez podríamos respondernos ¡¡¡¿…tantas…?!!!

Y… sí. Siempre se han repetido lugares comunes, frases hechas, refranes y sentencias, otra de ellas es: “no todo es blanco y negro”; yo creo que hoy sí. Hay una línea clara y fuertemente marcada en algún lugar. Hay quienes están de un lado y otros, del otro. Yo no tengo espacio en donde perderme. No estoy entre ese “todos”.

Fernando Musante
EL EMILIO
31/03/08

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