De Biblias y Calefones

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DE AHORA EN MÁS DIRIGITE ALLÍ. Y CORRÉ LA VOZ.

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No tengo nada en particular contra el oficio de “cantor de tangos”. Es más, hay unos cuantos de ellos por los que profeso verdadera devoción. Sin hacer más jerarquizaciones de orden, pongo a Gardel primero (sin dudas) y luego podría llenar de apellidos este mensaje los que merecerían una “bandera verde” muy complicada de dilucidar. Aunque yo guarde un lugar preferencial (por pura subjetividad) para el monumental Raúl Berón.

En fin…

Lamentablemente, sucede que hay más. Hay intolerables gritones, tipos disfrazados con smokings y peluquines que gesticulan de manera insoportable, destruyendo “actuación mediante” las letras sin preocuparse por tratar de aprehender la significancia de lo que están diciendo.

Son los que confunden “foubourg” con furgón (?). “Rastacuer” con rata cruel (?) y los que pretenden corregir a Manzi diciendo “la luna suburbana”, cuando el poeta claramente escribió: “las lunas suburbanas” creando una frase de poesía mayúscula. Manzi también sufrió otras tropelías como cuando uno de estos “cantores” en lugar de la exquisita frase: ” a yuyo del suburbio su voz perfuma”, dijo: “arrullo del suburbio…”. Están también los que creen que como el público es bruto (fenómeno de “proyección”, que le dicen) y por tal necesita algún tipo de traducción o de “aggiornamiento” de la palabra. Entonces citan a Yatasto, en lugar del menos conocido Payaso, en la hermosa milonga de Alberto Gómez.

En fin…

Una de las letras más aporreadas por estos verdaderos “letricidas” (crimen que debería ser considerado de “lesa belleza” y por tanto declarado imprescriptible), es la de “Cambalache”. Decir: “se vamo’a encontrar” como dice Sosa, en lugar del correcto “nos vamo’a encontrar” que escribió Discépolo, es imperdonable. O: “el que vive de las minas”, en lugar de “el que vive de los otros”; lo es aún más. Ya que la palabra del autor expresa algo mucho más grave que la conducta del rufián -si bien reprochable, corregible- habla nada más y nada menos que de la explotación del hombre por el hombre y, si algo repugnaba a Enrique Santos Discépolo, era justamente eso.

Por eso murió como murió.

En fin…

Quizá el párrafo más maltratado de “Cambalache”, sea el que dice: “mezclados con Stavisky, van Don Bosco y La Mignon, Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín”.

Stavisky (Serge Alexandre) era un estafador devenido en banquero. En 1934 lo encontraron “suicidado” de un tiro en la cabeza que se comprobó se había disparado desde, por lo menos, tres metros. Estaba toda la economía francesa “hasta las manos” ya que los poderosos de la época estaban complicados en sus negocios. Se lo suele confundir con el célebre músico Igor Stravinsky que falleció en 1971 y ahí no termina la cosa, ya que -como de músicos supuestamente se trataba- algunos fueron aún más lejos y reemplazaron al ruso por Toscanini Don Bosco (San Juán Bosco), creador de la Orden de los Salesianos, fue canonizado por la Iglesia Católica Apostólica de Roma. Su obra fue tan vasta y pródiga en actos beneficiosos para la humanidad, que mereció el reconocimiento de personalidades muy poco afectas a los inciensos y altares como Víctor Hugo.

La Mignón, es genérico. Si bien algunos sostienen que era la forma de nombrar a alguna cortesana en particular, la expresión (en francés) remite a las “queridas” o “mantenidas”. Hay que reconocer que el fonema guarda relación con “mignotta” palabra que, en dialecto romanesco, significa: prostituta.

Don Chicho (Juan Galiffi) era un capo-mafia que sentó sus reales en Rosario. Después de ser expulsado, en 1932, de la Argentina, residió en Italia bajo la protección de Benito Mussolini. Terminó sus días (dicen) durante la segunda Guerra Mundial en un bombardeo en Milano.

De Napoleón (Bonaparte), no habría que aclarar demasiado (supongo). Aunque -rima de por medio- alguna vez oí nombrar al notable corredor de autos Marimón (Onofre) en reemplazo del Gran Corso.

Primo Carnera, fue el primer campeón del mundo de boxeo de nacionalidad italiana. Por aquellas épocas en las que se gestaba ese nacionalismo racista y xenófobo que llevó a la humanidad al desastre de la segunda guerra mundial; que Carnera fuese derrotado por el judío Max Baer, o que el negro Joe Louis terminara apoliyado ante el campeón germano Max Schmeling (después El Bombardero se vengó y lo rompió todo), fue grandemente usado con el propósito de obtener argumentos para sostener la superioridad de ciertas “razas” sobre otras. Pero, algunos “cantores” prefirieron decir -simplemente- Gatica. Al fin y al cabo “la gilada” iba a entender más fácil.

Con San Martín, no hay dudas. Siempre fue el mejor de todos.

Disculpe otro ataque de subjetividad (como con Berón), pero es que tipos como San Martín, Dorrego, Rosas, Yrigoyen y Perón… me pueden.

También, alguna vez y con la clara intención de “hacerse el gracioso”, algún “cantor” incluyó la expresión “Escarfase” en reemplazo del nombre Stavisky. Ésta sólo puede ser definida como un barbarismo producto de una pésima pronunciación del vocablo inglés: “Scarface” (literalmente: cara cortada), que fuese título de una famosa película de Howard Hawk, protagonizada por Paul Muni y que trataba sobre la juventud del gangster Alphonse Capone (se dice que al joven Al se lo llamaba por ese apodo ya que lucía una notoria cicatriz en una de sus mejillas). Años después hubo otra versión de esta película, el tema era totalmente diferente. La protagonizó Al Pacino y la dirigió Brian de Palma.

Me he extendido en estas apreciaciones, porque siento que con “la realidad” (ésa que el General llamaba “la única verdad”), está pasando algo parecido. Algunos medios de indudable poder de llegada, la traducen para ojos u oídos sencillos. Emplean métodos hiperbólicos y gesticulan sobremanera. Interpretan de manera antojadiza y, a partir de allí, procesan, juzgan, condenan y ejecutan sin derecho a defensa de la contraparte ni posibilidad de apelación. No dejan lugar para las dudas y se mueven de acuerdo a la cotización de las noticias. Pontifican mucho más que lo que opinan, lo que me hace creer que no confían en nuestro buen juicio. Cuando se los critica, se enojan y se escudan en nobles principios liberales (como aquellos que sostenía Moreno) que muy poco tienen que ver con los tiempos que corren y los monstruosos intereses económicos que defienden.

En suma: son como esos “cantores” insoportables.

En fin…

¡Qué se le va a hacer! Pero… reflexionemos: si el dueño (o dueña) del circo se apropia de hijos de desaparecidos y después premia a las Organizaciones de Derechos Humanos, y TODOS nos hacemos los otarios… convengamos que un elemental uso de la razón debería hacernos llegar a dos conclusiones:

1) No es justo (o, por lo menos, así lo parece) cargar las tintas sobre payasos, tragasables o ecuyeres.

2) El Flaco Discepolín se quedó corto. Muy corto.

Fernando Musante
Poeta – Director de Cine – Cultura y Educación – Tango

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One Response to De Biblias y Calefones

  1. jose dice:

    Muy interesante lo que escribis,yo me baje la letra del tango “Tortazos” porque escuche a Gardel decir rastacuer, pense que era otra licencia poetica del zorzal por el termino ratacruel, entrè en internet y me desasnè , es un termino que los franceses utilizaban cuando se referian a los extranjeros que se deban importancia, esto de internet no deja de asombrarme , todo esta aca, y si algo te interesa podes llegar al hueso, muy bueno el blog, adelante.

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