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¿SON O SE HACEN?

 

Con Belén Francese y sus rimas elementales a la cabeza, el nuevo filón que explotan los aspirantes a la fama es exponerse al ridículo como una forma de perdurar en pantalla y conseguir negocios paralelos. El análisis de un fenómeno que nace en SHOWMATCH y copa gran parte de la programación, mañana, tarde y noche.

(Nota aparecida en la tapa del suplemento de espectáculos

del diario “Clarín” aparecida el domingo 16 de junio de 2008

Las negritas son responsabilidad del redactor.)

 

 

Uno podría comenzar diciendo: “A confesión de partes, relevo de pruebas”, pero no sirve. La justicia “garantista” que (por obra y gracia del estado de derecho y merced a años de padecimientos nuestros) supimos conseguir, lo niega. No se puede confesar y nada más; y, eso, está muy bien. Hay métodos para arrancar confesiones –que en nada empalidecen, en mérito, a los de la Santa Inquisición y siguen vigentes– aceptados por los Estados Unidos y por su socio, el Estado de Israel.

 

Cualquier ser humano, después de haber sido sometido a ciertas prácticas (consideradas necesarias por estos estados, adalides del pensamiento correcto) podría confesar haber asesinado al Mahatma Gandhi, a Abraham Lincoln, a Facundo Quiroga, o al mismísimo Julio César. Lo cierto es que la cita se sostiene en el pensamiento del acápite que fuera publicado en una de las páginas más preciadas del diario Clarín. Empresa que no sólo es líder en la explotación de negocios vinculados a la comunicación, sino que es parte del tremendo complejo comercial que participa comercialmente, entre otras cosas, de la pantalla de Canal 13. Espacio que difunde el Show criticado.

 

Nunca discutiría las razones de quienes reconocen su “logo-centrismo” en el paradigma capitalista, mis reflexiones van dedicadas a quienes (en el mejor de los casos) suponen que defienden tesis “socialistas” (o, por lo menos, solidarias) razonando con los mismos esquemas de las patronales. Los considero seres con débiles sustentos ideológicos, de lo contrario debería llamarlos traidores y, eso, (al menos por ahora) no he de hacerlo.

 

Acabo de enterarme que las Federaciones Agrarias (tan creyentes, sus dirigentes) han propuesto una Jornada Cristiana; y mi corazón: católico, apostólico y romano (de veras) se regocija. Espero, ya que estamos en Junio, que no nos bombardeen (otra vez) y le vuelvan a echar la culpa al pobre de Jesucristo.

 

Yendo a las reflexiones:

 

Abraham Moles en 1991, divulgó su “teoría de las formas”. La primera premisa de la que parte su tesis sostiene que: “el todo es diferente a la suma de las partes”. Esta ponencia no niega el principio aristotélico: “el todo es más que la suma de las partes”, sino que agrega la posibilidad de la “causalidad descendente”. O sea (en buen romance): hay sumas que restan.

En los tiempos que corren la “representatividad” se obtiene cuando se aparece (con asiduidad) en televisión. Es más, los avances tecnológicos (con su baja de costos), la proliferación de señales de televisión y las modernas técnicas de comercialización, han posibilitado que personas sin talentos especiales (valorativamente hablando), adquieran esa notoriedad que los hace “representativos” para un pensamiento, por lo menos primitivo, pero aceptado por la mass–media.

Desde las épocas del iluminismo que proponía que “ilustres” eran los ilustrados hasta la de hoy, en la que hasta un proceso por contrabando de cocaína (con fallo absolutorio) es un trampolín a la fama, el “dime con quien andas” ha mantenido su vigencia; sin embargo la fascinación ante el encendido de una cámara parece ser el mal de la época y, se ha generado una sub-especie compuesta por seres que, toda vez que no consiguen que ese prodigio (la aparición en pantallas masivas) se produzca por derecho propio (aún los más vergonzantes), andan correteando detrás de estos posmodernos semi–dioses, sin dar tregua al ridículo.

Umberto Eco, palabra más palabra menos, sostiene que “la imagen” anula a “la imaginación”, algo de esto ha de suceder en el territorio de algunas entendederas. Una obsesiva dependencia de la imagen y de lo establecido por un “instituto privado” (la TV) que se ha apoderado de la administración de aquello que “entra por los ojos” y se dicta, cual palabra santa, no puede menos que –según Eco– dejarnos sin posibilidad de imaginación alguna

En terrenos políticos, estas actitudes denuncian cruelmente el nivel de pobreza moral en el que transcurren nuestras vidas. Ver a estas “celebridades” calculando la cotización de sus discursos (para eludir obligaciones) apoyados en marcas de “rating” y midiendo el resultado de sus ponencias en términos de “share” o “readership”; tesis en las que invariablemente pontifican contra la solidaridad: es penoso. Pero que haya quienes se les cuelgan (o cuelgan fotografías en las que se les permite un modesto segundo o tercer plano), para sostener sus propias existencias, recitando consignas “izquierdistas” vaciadas de sustancia; es, simplemente, patético.

Hay quienes hablan de formas de “construir poder”. Bien, uno –en principio– y apelando a un altísimo grado de piedad, podría tratar de dilucidar este engendro lingüístico, pero –siempre misericordioso, como obliga la fe– uno les preguntaría: ¿Qué quiere decir “construir”? y, ya un tanto más severo: ¿Qué quiere decir “poder”? Claro, esta respuesta es necesariamente imposible. La lengua española tiene una sola palabra “poder” para definir algo para lo que la lengua inglesa utiliza tres. Dos verbos (“to may” y “to can”, y un sustantivo “power”), no es menor el intríngulis. Pero, para algunos de nuestros pensadores, estos lugares de duda no tienen espacio. Ya lo dijo Aldo Rico: “la duda, es una jactancia de los intelectuales”.

Sigamos: asistimos, casi sin sorpresa, a un desesperado intento por acceder a un lugar de esta verdadera usina de exposición mediática que es el lock–out dispuesto por las patronales del agro y sus consecuencias. Políticos devaluados, oportunistas de toda laya y aspirantes eternos, tratan de poner “la cara” en cámara. ¿Qué sucedería si tuvieran éxito y accedieran al poder? ¿Cuánto pueden transitar juntos Miguens y Castells? ¿Cuánto Carrió y Rodríguez Saa? ¿Cuánto cualquiera de ellos con Duhalde? De todas maneras hoy no pueden sustraerse a la seducción de la “puesta en el aire” y sienten que, además, bendecidos por los “formadores de opinión” están (por ahora), bajo el paraguas del “pensamiento correcto” del target ABC 1.

Claro que, como sabemos los que alguna vez tuvimos ciertas responsabilidades en estrategias publicitarias, que los movimientos tácticos son delicadísimos. Dicen los expertos (incluidos las que dominan las ciencias bélicas) que es relativamente fácil tomar una posición pero, lo realmente dificultoso, es sostenerla. Porque las alianzas tácitas (como decía Lenin) sólo pueden “ser” cuando se sostienen en ideas, cuando se someten a la “alegoría del no ser” (es decir “estar en contra de”) dependen de la existencia del enemigo. Cuando se hacen por conveniencia: son el enemigo. Cuando usan sus mismos paradigmas de pensamiento: son el enemigo.

Sin ingresar en complicadas discusiones filosóficas, la certeza del lugar común remitirá, tarde o temprano, al “cría cuervos…” o al “salvavidas de plomo” y, luego, los progres y las “izquierdas” argentinas (como ya han hecho y más de una vez), habrán de “lavarse las manos”, como Pilatos, negando responsabilidades mientras murmuran un: “más vale tarde que nunca”, aunque –claro está– que siempre puede haber un “demasiado tarde para lágrimas”.

En fin… como a nadie escapa que vivimos en un momento de extremo peligro, les preguntaría a quienes así actúan desde responsabilidades mayúsculas: ¿por qué hacen semejantes papelones? Quizá, una vez más se me conteste: “es que nos convenía “políticamente”. Entonces preguntaré: ¿Quiénes son “nos”? ¿Para qué convenía? Y, de una vez por todas, ¿Qué quiere decir “políticamente”? Y me permitiré recordarle –a quien así me responda– una frase de Arnold Toynbee (1889/1975) que dice: “todo puede hacerse, excepto no pagar las consecuencias”.

F.M. VI–2008

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Fernando Musante

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