GORILAS EN LA NIEBLA

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Gorilas en la niebla (Gorillas in the Mist)

Se trata de una película del año 1988 basada en la historia real de la naturalista estadounidense Dian Fossey y su trabajo con los gorilas. El guión fue adaptado por Anna Hamilton Phelan de un artículo de Harold T. P. Hayes y una historia de Phelan y Tab Murphy. El personaje de Dian Fossey, lo interpretó la excelente actriz neoyorkina, Sigourney Weaver. De todas maneras, creo que estos datos aportan poco. Los gorilas, en todo caso, son una especie en extinción por causa de mezquinos intereses de inescrupulosos mercachifles. Es más, la buena de Dian Fossey intentó protegerlos de semejantes calamidades y no sólo no pudo, sino que terminó muerta a machetazos porque, cuando de plata se trata, los “gorilas” también pueden ser faenados y ni hablar de los que tratan de defenderlos (de eso se trata la película). Pero, hagamos un poco de historia, porque la palabra: “gorila” tiene más acepciones que la meramente zoológica.

El 1ro. de marzo de 2002, el Diario Clarín publicaba la noticia del deceso de Aldo Cammarota ocurrida en la víspera. La nota, que firmaba Horacio Aizpeolea, consignaba que había muerto de un ataque al corazón a los setenta y un años. Cammarota, nacido en el barrio de Congreso en 1930, había sido libretista de radio y de televisión (era el creador del programa Telecómicos), columnista de diarios (La Opinión y Ámbito Financiero) y candidato a diputado (en 1965) por el Partido Cívico Independiente (entidad política creada por el Capitán Ingeniero Álvaro Alsogaray) A principio de los ’70, adhirió a Nueva Fuerza (emprendimiento que también reconocía la paternidad del Capitán Ingeniero). En 1974 dejó el país y se fue a los Estados Unidos, vivió en un chalet en Larchmont Village, entre Beverly Hills y Hollywood, hasta el día de su muerte. Cammarota acuñó el término “gorila”, que (como él mismo lo reconoció) involuntariamente fue usado para definir al antiperonista.

En 1985 refrescó ese episodio: En marzo de 1955, hice por radio (en La Revista Dislocada) una parodia de Mogambo, una película con Clarke Gable y Ava Gardner, que sucedía en Africa. En el sketch había un científico que ante cada ruido selvático, decía atemorizado: “deben ser los gorilas, deben ser”. La frase fue adoptada por la gente. Ante cada cosa que se escuchaba y sucedía, la moda era repetir “deben ser los gorilas, deben ser”. Primero vino un fallido intento de golpe y luego el golpe militar de 1955. Al ingenio popular le quedó picando la pelota: “Deben ser los gorilas, deben ser”. Los golpistas se calzaron, gustosos, aquel mote. Como podrá verse, los “peronistas” no pueden reclamar derechos de propiedad (intelectual) por el uso de la acepción política del vocablo “gorila”. Es más, dice -a propósito del término- la Real Academia Española de la Lengua:

Gorila: (Del lat. cient. gorilla, y este del gr. Γριλλαι, tribu de mujeres peludas).

1. m. Mono antropomorfo, de color en general pardo oscuro y de estatura semejante a la del hombre. Tiene tres dedos de sus pies unidos por la piel hasta la última falange, es membrudo y muy fiero, y habita en África a orillas del río Gabón.

2. m. coloq. guardaespaldas.

3. m. coloq. Arg., Guat., Nic. y Ur. Policía o militar que actúa con violación de los derechos humanos.

4. m. despect. coloq. Arg., Cuba, Ur. y Ven. Individuo, casi siempre militar, que toma el poder por la fuerza.

5. m. coloq. El Salv. militar ( hombre que profesa la milicia).

Como podrá apreciarse, nada que ver con el ingenio “peruca”. Y, he aquí: “la madre del borrego”. El término no aparece como un antónimo de “peronismo” acuñado en alguna Unidad Básica. Es, en todo caso, el invento de un hombre de “Alsogaray”, tomado por “los golpistas” y extendido en varios países de Latinoamérica para definir a quienes se dedican a menesteres tales como: “tomar el poder por la fuerza”, “actuar con violación de los derechos humanos”, etc. Claro que siempre en lenguaje: “coloquial” y/o “despectivo”, modos en los que -en casos como éste- me identifico y de manera absoluta.

Hay “gorilas” en todas partes del mundo, aunque el “peronismo” parezca exclusivamente argentino. Hay “gorilas” en la culta Europa cuando se criminaliza la inmigración ilegal. Los hay en Texas, cuando se construye un muro para impedir la entrada de los mexicanos. Los hay en la Franja de Gaza cuando se desprecia a los legítimos dueños de aquella tierra por feos, sucios y malos; los hubo en Polonia cuando se holló la tierra de los ucranianos. Los hubo en Rusia, cuando el Zar ordenó los “progroms” y fueron “gorilas” los turcos cuando masacraron a los armenios. Fueron “gorilas” los inquisidores con moros y judíos y fue “gorila” Roca, con nuestros pueblos originarios. Fueron “gorilas” Mitre y Sarmiento, cuando perpetraron un genocidio contra el pueblo paraguayo “para gloria del libre cambio”. Y fue “gorila” todo aquel (Lisandro De La Torre y Lugones (h), incluidos) que conspirara contra el Dr. Hipólito Yrigoyen. Fueron “gorilas” los que hicieron la Unión Democrática y los que escribieron “Viva el Cáncer”. Fueron “gorilas” los que pretendieron expulsar de sus partidos al Dr. Enrique Dickman y a Homero Manzi. También fueron “gorilas” los que al grito de “¡Cristo Vence!” bombardearon una plaza desarmada, provocando el peor atentado terrorista de nuestra historia. Fueron “gorilas” los que avalaron desde la “Junta Consultiva” los fusilamientos del ’56, fueron gorilas los que, junto a Mor Roig, permitieron (y disfrazaron) la “Masacre de Trelew” y fueron “gorilas” los que vieron en Videla y sus secuaces, a militares “nacionalistas” que pertenecían “al ala democrática de las fuerzas armadas”. Y da para sospechar que son “gorilas” los que el año pasado escribieron en la Sociedad Rural: “Pingüina, si llegás a ser presidenta, vas a tener que parir terneros para darle de comer carne a la gente”.

Hoy también hay “gorilas en la niebla”. Recuerdo una anécdota que me contaron: una psicóloga esbozaba una devolución a partir de un discurso de una señora sobre su infancia. La psicóloga dijo: “Ud. habla siempre desde su rol de hermana mayor y, cuando menciona a su hermana menor, surge de manera constante algo que podría definirse como: envidia.” La “analizada” contestó: “De ninguna manera. Mi hermanita jamás me envidió” (?). Hoy supe que Eduardo Buzzi fue duramente interpelado por un joven. Le preguntó -sin vueltas- por qué estaba sentado al lado de alcahuetes de los genocidas. Buzzi contesto: “la gente cambia” (?). Toda una confesión. Casi igual que la de la señora psicoanalizada. “Fenómeno de proyección”, dicen que se llama.

Consideré más que apropiado este título para estas reflexiones: “Gorilas en la niebla”; porque -cuando la niebla se disipa- es más fácil reconocer a “los gorilas” (yo siempre empleo la palabra según la acepción que usa en mi barrio: La Paternal). Se aplica a esos que no se permiten “una foto” al lado de una presidenta elegida por el pueblo (y por abrumadora mayoría); y sí, la aceptan, junto a los cómplices de los peores criminales de nuestra historia. Y todo esto -como si fuera poco- desde su pedestal de pensadores “progres” y adalides del “pensamiento correcto”.

FERNANDO MUSANTE.

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