LA TÉCNICA, EL DEMIURGO Y EL LAPSO DE SOFÍA

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Por Gustavo F. J. Cirigliano*

“Dios es un hombre de otro Dios más grande,

También tuvo caída, Adán supremo;

También aunque creador él fue creatura”

Fernando Pessoa


1. La historia tachada

Suposición inicial: la técnica occidental actual (indicio: la biotecnología) se propone crear vida, crear al hombre y luego a Dios. Un modo de abordar el tema de la técnica es hacerlo históricamente. La recorrida incluye Grecia (la razón reemplaza al mito), el Cristianismo (triunfa la teología racional) y la razón moderna. El viaje arriba a un presente desencantado como señalan algunos posmodernos. Esa sería una “historia oficial” del pensamiento occidental. Pero existe otra, la borrada, el lado oculto, la faz no visible. Ya había sugerido Carl Jung que las concepciones gnósticas expresarían la otra cara de la psique, el rostro oscuro, la parte de sombra que tanto las sociedades como los individuos reprimen habitual y constantemente. La línea oficial que triunfó desemboca en la actual perplejidad. (Era la introducción del Agustino prosiguiendo con el tema de los Gnósticos que siempre resulta polémico).

Recordemos la otra línea, la no triunfante, que coexiste y siempre reaparece: Hermes Trismegisto y la Tabla Esmeraldina; el Taoísmo del Yin y el Yang; Orfismo. Pitágoras: números y tétrada. Platón y dos realidades. Esenios. Juan Evangelista y Johanitas. Gnósticos Cristianos. Oráculos caldeos. Corpus hermeticum. Plotino. Maniqueos. Joaquín de Fiore y joaquinitas. Arnaldianos. Valdenses (pobres de Lyon, pobres de Dios, humillados), begardos, dulcinitas, Francisco de Asís, cátaros, bogomiles, fraticelli, espirituales. Alquimistas: crear vida y energía atómica. La Cábala. Nietzsche. Jung. Castaneda. Illich. Enfoque Gaia. A incluir las cosmogonías latinoamericanas (Pop Vuj). Y –arriesgamos- en la Argentina: M. Fernández, J.L. Borges, L. Marechal (de Adán Buenos Aires), E. Sabato (de Abbadón), L. Castellani (de El Apokalypsis de San Juan). J. Cortázar (quizá), A. Asti Vera (con seguridad).

De esa línea borrada, elegimos a los gnósticos cristianos. Cada uno propondrá su itinerario para acercarse a ellos. Nuestra búsqueda partió de los Evangelios Apócrifos, primero en la rudimentaria edición de la Biblioteca de Borges hasta llegar a la erudita de Aurelio de Santos Otero, arribando a los textos específicos de José Montserrat Torrents y de F. García Bazán y culminando en los trabajos del P. Antonio Orbe S.J. (de máxima versación en el cristianismo gnóstico): Cristología gnóstica y la Introducción a la Teología de los siglos II y III.

2. Los gnósticos cristianos

Su auge se ubica en los siglos II y III, siendo sus destacadas figuras Valentín, Ptolomeo, Basílides, Heracleón, y otros grupos afines: simonianos, peratas, sethianos, ofitas, naasenos y hay más más. Es el momento de una ferviente construcción de la teología cristiana, nueva y fecunda. Algunos teólogos gnósticos buscan vincular el Evangelio con fundamentos filosóficos platónicos y construyen un mito que articule su pensamiento. La fuente para conocer la doctrina de los gnósticos han sido sus refutadores: San Ireneo de Lyon (Adversus haereses), Hipólito de Roma (Refutationes) y San Clemente Alejandrino (Excerpta ex Theodoto). Clasica resultó y muy utilizable -la seguiremos- la descripción que San Ireneo, en su libro I, efectúa del pensamiento valentiniano de Ptolomeo. (Pausa que hace el Agustino).

Pero antes de ingresar en ese pensamiento, pueden ayudar tres aproximaciones:

-Lo de abajo es igual a lo de arriba (así comienza la Tabla Esmeraldina).

-Lo que sucede arriba es la verdadera realidad (Platonismo). Para los gnósticos las “ideas” (que ellos transformarán en “eones”) no son entes aislados, se organizan en una “historia” mítica.

-De algún modo debe darse arriba la “historia” que luego se dará abajo. Hay una prehistoria modélica.

Y el mito -recordando lo ya visto- el mito cuenta esa historia, que parte de un acto primordial, paradigma de toda realidad: Existe un (Dios) Abismo (Prepadre, Trascendente, Infinito, no personal, Silencioso, Ingénito) que decide darse a conocer luego de infinitos siglos. El gesto primordial es un acto de la voluntad cuyo contenido es una donación. Para iniciar ese proceso engendra un Hijo (Intelecto, Unigénito, forma personal) que ha de ser la posibilidad de conocimiento del (ahora) Padre. Este, el Abismo, ha puesto su simiente en Pensamiento o Silencio que siempre estuvo en él y así emite al Intelecto (Noús). Este es el principio de todo lo que ha de venir. Idéntico y diferente, conoce al Padre y es la cognoscibilidad del Padre. Este sólo es conocido a través o mediante el Hijo. Así como el Abismo/Padre tiene por pareja a Silencio, el Hijo tiene a Aletheia (tétrada inicial). De la pareja última proceden Logos y Vida, y de ésta, Hombre e Iglesia, que constituyen la Ogdóada. Abismo, Unigénito, Logos y Hombre son principios másculinos; los otros, femeninos. Siempre se dan en parejas, o con mayor precisión son andróginos. Lo femenino es la comunicabilidad, la posibilidad de continuarse en otro, de salir de sí. El Pensamiento, femenino, concibe al Intelecto. La Verdad es la comunicabilidad de lo que se intelige. La Vida es comunicabilidad.

El profesor Saad Chedid cita un texto sagrado de la India: “El Uno se hizo dos por amor y así sucesivamente. Y todo quiere volver al Uno”. Una forma sintética y coincidente de indicar el recorrido de la historia que envuelve a los hombres.

Importa tener presente que el acto primordial es de la voluntad. Y que incluye un engendrar a alguien semejante y diferente. Si el Padre es absolutamente simple, el Hijo “compone” las perfecciones o formas del Padre, las diferencia. Esa misma composición hará posible la cognoscibilidad. Es observable un descenso desde la unidad hasta la multiplicidad. Ello es posible por y es tarea de la mediación del Hijo. Y habrá un retorno hacia y con el Hijo como recapitulación de toda la realidad. Cuando venga glorioso a conducir a los espirituales al Pleroma (lugar de los eones).

En la historia mítica, la pareja Logos-Vida vuelve a emitir diez eones (Década) y la pareja Hombre-Iglesia, doce (Dodécada). Los eones son a modo de perfecciones (diferenciables) del Hijo y anticipos pretemporales de lo que se dará históricamente en el tiempo. Son posibilidades de ser que harán posible la multiplicidad. Es el propio Hijo el encargado de hacer surgir estas disposiciones para hacer posible que la creación llegue a conocer al Padre, dado que tal fue la intención originaria de éste y la razón de ser de la existencia del Hijo: ser la cognoscibilidad del Padre (ver cuadro). Interesa detenerse en el último eón: Sabiduría o Sofía.

Si en la historia terrena habrá una degradación o caída, de alguna forma sucederá algo semejante en aquella prehistoria eónica paradigmática que acontece en el Pleroma (seno donde complejamente se va gestando quien luego nacerá en él como su fruto mejor: Jesús). Sofía -en términos de Ptolomeo según San Ireneo- “experimentó una pasión sin el abrazo de su cónyuge, Deseado. Lo que había tenido su comienzo con los que estaban en torno al Intelecto y a la Verdad (querer conocer al Padre) se concretó en esta descarriada, en apariencia por causa de amor pero de hecho por audacia, porque no tenía comunidad con el Padre perfecto, como la tenía el Intelecto. La pasión -dicen- era búsqueda del Padre, pues quería comprender su grandeza”.

La falla, el lapso, la caída, el pecado de Sofía consiste en el deseo desordenado de conocer directamente al Padre, sin mediación del Hijo y sin el recurso a su pareja, quebrando la originaria androginia. Como concibe sin su pareja, su engendro, producto únicamente de ella, sin principio masculino, resulta un ser abortivo. El Límite o Cruz (otro eón) purifica a Sofía y expulsa su pasión fuera del Pleroma o del seno de luz.

La historia del mundo empezará con el desprendimiento de Sofía: su aborto designado como Sofía exterior es arrojado a las tinieblas. Cristo y el Espíritu Santo (otra pareja de eones) restablecen el orden alterado en el Pleroma y hacen que los eones conozcan al Padre, lo que es divinizarlos. Todo el Pleroma, finalmente, emite un fruto perfecto: Jesús, el Salvador. Este, fuera del Pleroma, cura las pasiones de la Sabiduría exterior, la redime. Sofía forma al Demiurgo creador de todo lo que constituye el mundo.

El mito es rico en detalles. Pero aquí nos detenemos habiendo llegado a Sofía (y su caída) y al Demiurgo (con su destino creador de algo que no conoce bien).

3. La técnica

a. Cuando se habla de técnica, ¿de qué se está hablando? Cuando se habla de Revolución científico-tecnológica, ¿únicamente se trata de una atribución o circunstancia occidental? ¿Es válido el término para otros países o culturas? ¿Por qué substantivar, hipostasiar lo que es sólo un cierto estilo de técnica? No parece legítimo referirse a ella como si fuera un término unívoco que designa una sola realidad. Será interesante, alguna vez, efectuar una tipología de países según sea su relación con la técnica occidental. La Argentina parece una sociedad en la que tal técnica no penetra, apenas se le superpone.

b. Importa sospechar que la información -producto de la razón- no es ni tiene energía, no “engendra”, no origina. La que engendra es la voluntad. La información no origina acción alguna. La velocidad en la producción de la información, empero, sí es energía; pero ello se presta a confusión. La revolución de la información es sólo velocidad y no información. De otra fuente proviene la energía. Ante la técnica la vida -como los dioses- se defiende. Todo el cosmos reaccionará. (Gaia o Gea).

c. Por otra parte el hombre es más que la técnica. No es legítimo reducirlo ni identificarlo con ella. El hombre se hace tal por otros senderos, necesidades, apetencias e intentos.

d. La técnica cambia históricamente. En la Argentina cada Proyecto de País privilegió, originó y sostuvo una ciencia y una técnica coherente con la trama principal y los valores del mismo. No hay tal cosa como una técnica válida per se para siempre, indiferenciada, eterna, universal o como se quiera llamar. Menos aún paradigmática.

e. Hipótesis: entre nosotros son perceptibles al menos tres tipos de tecnologías:

-la física, (la de los aparatos y artefactos o productos) que es la corriente.

-la social (consistente en un cambio en las relaciones entre las personas) y

-la procesal (que redefine la necesidad y su forma de resolución).

4. Volviendo a los gnósticos

Teniendo en mira la biotecnología y la ingeniería genética, retornemos al mito gnóstico (síntesis que algunos no compartieron).

a. El acto paradigmático es engendrar un hijo. Y ello supone una pareja (principios masculino y femenino).

b. Sofía concibe sola y pare un aborto amorfo.

c. El Demiurgo no engendra; crea, fabrica. Crear es un débil remedo de engendrar. Si lo paradigmático es engendrar, crear es inferior.

d. La alternativa: engendrar o producir (crear). El Dios del Antiguo Testamento no tiene un Hijo y es creador. En el Nuevo Testamento, Cristo, el secreto de Dios, es el Hijo unigénito, y se privilegia el engendrar que es dar el propio ser. Crear requiere una materia con la cual se fabrica algo.

Pregunta: la técnica de hoy ¿repite el crear o el engendrar? ¿Repite al Abismo engendrador o a Sofía (unípara) y al Demiurgo? (nota 1).

El tema de “fabricar” hombres no es nuevo. La historia del Golem. Según algún autor los alquimistas llegaron a producir vida en sus matraces y desistieron del intento (nota 2). Sería de interés revisar los mitos y leyendas en los que aparecen hombres creando vida. Y ver qué final el mito asigna. Al parecer siempre hay un castigo por la transgresión. En verdad con el lapso de Sofía y la actividad creadora del Demiurgo, los gnósticos estaban planteando el problema de la existencia del mal. Plantear el problema del límite a la técnica es replantear -quizá- “el problema del mal”. Existe una resistencia a poner límites al producir; se dice que se ataca a la ciencia y al saber, que se restringe el progreso, que los errores de la ciencia y de la técnica se salvan con más ciencia y más técnica y no con límites. La carencia de límites en el transformar la realidad y la naturaleza es neto resultado de la modernidad. Regresemos a la suposición inicial: la índole profunda de la técnica moderna busca repetir el acto originario y paradigmático pero a su modo: creando, fabricando, produciendo. El verdadero destino (¿desatino?) y pretensión de la técnica occidental actual sería reproducir al hombre, por ahora, luego crearlo y luego construir a Dios. Repitiendo al Demiurgo.

En terminología gnóstica: la técnica actual (Sofía-Demiurgo) pretende conocer al Abismo por sus propias fuerzas, sin pasar por el Hijo (mediación de la cognoscibilidad) y concebirá hijos abortivos producto sólo de lo imperfecto, al engendrar del modo no previsto o al construir en la ignorancia del modelo. (Así concluyó el Agustino invitando a la discusión).

Nota 1: Una observación: “Schapiro es el sabio americano que consiguió por primera vez crear vida en el laboratorio. Rápidamente tuvo conciencia del empleo que los gobiernos haría seguramente de este extraordinario descubrimiento. Desapareció bruscamente con sus escritos, su biblioteca y su laboratorio”, afirma Jacques Huynen (1972).

Nota 2: En el año 1000 el francés Gerberto, considerado un sorprendente científico, es elegido Papa, Silvestre II. Algunos lo consideran el primer alquimista cristiano y se le atribuye haber construido un extraño aparato que sería un antepasado de la computadora. Respondía, con un sistema de dos cifras por sí o por no a las preguntas que se le formulaban, y hasta profetizaba… A su muerte la máquina, considerada brujería, fue destruida.

*Prof. Gustavo F. J. Cirigliano:Doctor en Filosofía y Letras de la U.B.A. – Profesor en la Universidad Nacional de la Plata en 1958, Syracuse U.(EE.UU. 1961), Nacional del Litoral (1963), del Zulia (Venezuela, 1964), UBA (1966) , P.U Católica del Perú (1976), U.N. Abierta (Venezuela, 1977), Nacional de Mar del Plata (1984), N. De la Patagonia (1986). Entre 1981 y 1984 imparte cursos de Análisis Transaccional aplicado a la Educación en las Universidades de Alicante, UNED, Murcia, Sevilla, Autónoma de Barcelona, Granada, Cádiz y Politécnica de Madrid.

Autor de: “Filosofía de la Educación” (1967), “Educación y Política” (1969), “Juicio a la Escuela” (Trabajo conjunto con Helba Forcade e Ivan Illich, 1972) , “El proyecto Argentino. De la Educación a la política” (1973)“La Educación Abierta” (1983), “Educación y País” (1988), “Porque preciso Luz para seguir”(1995), “¿Por qué vino Clara J. Amstrong a la Argentina?” (1996), “Tangología” (2001) y “Metodología del Proyecto de País” (2002), “Oswego en el normalismo argentino” (2003)

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