¡NO ME GUSTA!

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Gentileza de Aldo Battisacco


Por Orlando Barone

El “no me gusta” argentino se extiende a todos los rubros y todos los géneros. Hay un “no me gusta” explícito,  y si no, latente. Un “no me gusta” atávico. Urbano y gauchesco.

Entre nuestras tradiciones habría que agregar el “no me gusta” de clase media; que es un no me gusta entre la angurria, la histeria, el desgano, la utopía y el capricho. De continuar la tendencia  vamos a nacer con el no me gusta del nene ante la teta de la madre. Bebitos que si no les dan leche maternal descremada no chupan.

No me gusta la declaración de emergencia agropecuaria. No es suficiente. Tampoco si declararan la “hiper emergencia plena terrestre” ni la hiper emergencia rural espacial planetaria. No me gusta la exención de varios impuestos: deberían eximirlos a todos. Y si derogaran todos los impuestos igual siempre faltaría quitar uno. No me gusta tener que pagar nada al Estado porque cuando reparte no me gustan los que salen beneficiados. No me gusta la sequía; tampoco si la lluvia se excede: porque inunda. No me gusta la lluvia sino es la proporción justa para mis plantas. No me gusta que haya tantos millones de veraneantes que siguen disfrutando la mejor temporada de sol y que únicamente les importe la playa, y que ruegan que no llueva nunca sin tener compasión por la sed de los terneritos.

No me gusta que con tanto calor y sequía, con tanto ventilador y aire acondicionado no haya habido colapso energético y todavía haya luz en la Casa Rosada. No me gusta que haya crisis en el mundo y que aquí todavía no cause estragos. No me gusta que la Presidenta haya ido a Cuba.

Y no me gusta que al final sea mentira que a la fiesta de Obama asistieran presidentes extranjeros porque en realidad no estuvo invitado ninguno. Pero ella es la más no invitada de todos. No me gusta que siga habiendo superávit fiscal y que se sigan pagando los sueldos al día y que no haya hiperinflación y que la noticia más grande sobre el dólar sea que aumentó apenas unos centavos.

No me gusta que los enemigos del pueblo ahora sean los porteros: que ganan más que el capitalista Madoff, y que por eso están gordos y duermen la siesta en sus pisos amplísimos. Los que deberían ser más enemigos son los villeros de la villa 31. Que se hacen mansiones casi tan grandes como las de los millonarios de barrio parque y simulan ser pobres y hasta tienen baño en suite con bacha rosada.

No me gusta que Lula no se haya peleado con la Presidenta Argentina y encima le sonría como un amigo; no me gusta que haya tantos autos y no me gusta que para circular con el mío tenga que correr tanto riesgo porque cualquiera puede comprarse uno. No me gusta que teniendo el estándar de vida de un monegasco se tenga que vivir aquí esquivando cartoneros. En Mónaco uno solo se roza con príncipes y tenistas ricos.

Está bien: no le gusta y no le gusta. ¿Pero qué es en esencia lo que no le gusta? No me gusta que me guste ni siquiera “algo” de este Gobierno. Y si por ahí me gusta algo, menos me gusta que me guste. Ah. Pero mañana, con tanto disgusto: ¿cómo van a poder gobernar el país sin tener gusto?


Orlando Barone

Radio Continental (27-01-2009)

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