CUANDO EL EGOÍSMO ES LEY, EL MERCADO NO DEJA ESPACIO A LA JUSTICIA

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“Escuela o cárcel”

Por Gustavo F.J. Cirigliano*

La copa de champagne: Un estudio de las Naciones Unidas sobre el desarrollo humano culmina graficando la distribución de la riqueza en el mundo en cinco sectores, desde el más rico al más pobre. La conclusión: el 20% más rico de la población mundial se queda con el 80% de la producción mundial. El dibujo resultante es la sorprendente figura de una fina copa de champagne lógicamente rebosante en la parte de los pudientes y coherentemente escuálida hacia el lado de los menesterosos.

Una interpretación, posiblemente cargada (algo o mucho) de ideología, explicaba que la actitud asumida por los EE.UU. en el siglo XIX al abrir sus puertas a una inmigración, incluyó una precavida previsión temerosa de la violencia que “las hordas” o multitudes de esperanzados y anhelantes pero incultos e indigentes podrían generar. La interpretación sostenía que se escogió la educación como un instrumento que regule y encauce la presumible violencia, la desorganización y amenaza al orden social. La escuela fue vista como un instrumento de control social.

En la Argentina del siglo XIX se escribía y se repetía:

“ Una escuela que se abre es una cárcel que se cierra”. Escuela o cárcel: la alternativa. Al parecer, Sarmiento, influido por la actitud de los EE.UU., también habría optado por la escuela frente a la presumible violenta desorganización social que los inmigrantes, en número superior a los nativos, acarrearían.

La escuela en la Argentina significó entonces (además de los innegables beneficios que trajo al país y de todos sus aspectos positivos) un elemento de control social.

Un modo de contener explosiones, de encausar aspiraciones, de prevenir el posible caos que toda inmigración masiva comporta. (También el conventillo fue un modo ¿espontáneo? de control social, como hoy es la villa).

  • Interesante: La clase media no estaba prevista en el Proyecto del 80; ¿se trata de un fruto o resultado no programado? La clase media actúa como un colchón social.
  • Los países desarrollados albergan hoy en gran medida ese 20% de la población que flota en las burbujas del champagne y temen a las modernas hordas que se apiñan a la puerta de sus países. Algunos entonces recuerdan a la educación.
  • La educación puede cambiar pautas culturales, suavizar impulsos, ordenar pasiones, establecer órdenes y jerarquías, dar instrumentos de ascenso, armar para la subsistencia, permitir a muchos generar su propio trabajo, originar un margen de bienestar y de progreso que no tiene por qué afectar a los del 20% privilegiado. Los ricos se opondrían por la violencia (cárcel o castigo) o por la asimilación (escuela).
  • Al parecer, los organismos internacionales acentuarían en los próximos cinco años el apoyo de la educación, como prioridad significativa en el mundo, con destino a los países no desarrollados. La educación permitiría capacitar, aumentar la producción, integrar, sin tocar a los de arriba. ¿Nueva versión S.XXI de “cárcel o escuela”, cultura o opresión, integrados o violentos, civilización o barbarie?
  • Al parecer no se trataría de generosidad y muchos menos de justicia por parte de las burbujas, más bien de defensa y control. Permitir que se tenga algo sin poner en riesgo el todo. Miedo a los desarrapados que sin nada que perder merodean mansiones, penetran negocios, bajan de los cerros y pueden arrasar el primor de los countries, la privacidad de las residencias, la deliciosa intimidad del auto, saquear la escuela privada, falsificar prestigiosas tarjetas de crédito, horadar la paz, colgarse del consumo eléctrico y aún del electrónico, apropiarse de las compras acarreadas de Miami.
  • La copa se produce con variantes en cada país. Ya que el 20% de la población mundial se queda con el 80% de la riqueza mundial, revigorizar a la clase media se supone aumentarías los bienes, y de ahí habría esta de extraer su parte y su calma. La distribución seguiría siendo injusta pero menos salvaje y desatenta. En esta sociedad mundial del lucro y del dios mercado, la Justicia-nada menos- es lo que ha quedado afuera.

Cuando el egoísmo es ley, el mercado no deja espacio a la justicia.

  • En la Argentina se llamo “justicia social” a una distribución que permitió trabajo, salud, vivienda, cultura, jubilación, dignidad a una mayoría.
  • Por otra parte, hoy existe un modo especial de relación entre el 20% y el 80% de la población, entre ricos y pobres. Estos deben a aquellos. La “deuditud”, la condición ofeilemática: ser deuda. Y esta deuda no disminuye sino aumenta, por considerarse una condición natural. En 1993 los argentinas sin casi notarlo seguimos endeudándonos más. Tal es la fuerza de la condición deudora. En 2005 o 2009 despertaremos azorados porque la deuda externa será superior.
  • La educación que ahora sería fomentada y financiada no viene como justicia ni como derecho sino simplemente como prevención, como seguridad. Si es que alguna vez llega. La copa de champagne pretende “brindar” sucesivamente por la cárcel o por la escuela, para continuar llena y rebosante.
  • La alternativa a la copa de champagne es la justicia: el acceso efectivo, puestas condiciones reales, a los diversos bienes para todos y –todos es todos- , al trabajo, a la vida, a la familia, a la salud, a la paz, a la vivienda, a la cultura. No a un solo bien: en este caso, la educación con carácter reductor y sustitutivo más como control social tolerante que como generosa participación.
  • La alternativa es un proyecto de país que apunte a una sociedad argentina justa y autónoma, integrada al continente y guiada por los valores de vida (básico), paz (no violencia), libertad (como producto de la verdad), solidaridad (nombre actual de la fraternidad y el amor) y justicia (distribución). La distancia entre los sectores sociales es creada por las técnicas de exclusión; a ellas hay que oponerles técnicas de inclusión.
  • No es la educación la que a de sustituir a la cárcel sino la justicia, encarnada también en la educación. Ni la cárcel ni la escuela como instrumentos de control sino como instrumentos de justicia. (Agrega el viejo profesor de Política Educacional: Se decía “una escuela que se abre es una cárcel que se cierra”. Hoy cuando veo que las fábricas cerradas se piensan usar como cárceles, me pregunto cuándo les llegará a edificios escolares vacíos el turno de ser utilizados como cárceles. Será entonces el simétrico opuesto: “cada escuela que se cierra…” )
  • ¿Qué Revolución Francesa será necesaria para establecer en el mundo el tercer y postergado ideal faltante: la fraternidad, hoy llamada solidaridad?
  • La justicia implica una educación que forme al sujeto realizador del proyecto de país, no una instancia sustitutiva dentro de la regulación económica.
  • La justicia implica el no mantenimiento de la “deuditud” como la condición (ontológica o fáctica) que sostiene la relación entre ricos y pobres, entre “ricos y famosos” y “marginados e inmigrantes”. La “deuditud” solo lleva a más “deuditud”, aunque una ocasional dosis de educación logre disminuirla temporariamente.

*Gustavo F.J.Cirigliano: Doctor en Filosofía y Letras de la U.B.A. – Profesor en la Universidad Nacional de la Plata en 1958, Syracuse U.(EE.UU. 1961), Nacional del Litoral (1963), del Zulia (Venezuela, 1964), UBA (1966) , P.U Católica del Perú (1976), U.N. Abierta (Venezuela, 1977), Nacional de Mar del Plata (1984), N. De la Patagonia (1986). Entre 1981 y 1984 imparte cursos de Análisis Transaccional aplicado a la Educación en las Universidades de Alicante, UNED, Murcia, Sevilla, Autónoma de Barcelona, Granada, Cádiz y Politécnica de Madrid.

Autor de: “Filosofía de la Educación” (1967), “Educación y Política” (1969), “Juicio a la Escuela” (Trabajo conjunto con Helba Forcade e Ivan Illich, 1972) , “El proyecto Argentino. De la Educación a la política” (1973)“La Educación Abierta” (1983), “Educación y País” (1988), “Porque preciso Luz para seguir”(1995), “¿Por qué vino Clara J. Amstrong a la Argentina?” (1996), “Tangología” (2001) y “Metodología del Proyecto de País” (2002), “Oswego en el normalismo argentino” (2003)

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