¡OJO! “SU”, LA ESTUPIDEZ PUEDE SER PENALMENTE REPROCHABLE

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Por Fernando Musante

Aunque suene duro decirlo, la estupidez –de la que hizo gala– le sirvió a “Su” para transformarse en un ícono de nuestra sociedad. Esto, de seguro, será cuestionado por la vanguardia del “feminismo full time y todo terreno”; ya que es probable que esta calificación de “estúpida” para con “Su”, les parezca que procede de resultas de pre–conceptos machistas. Les digo: señoras, no. Rotundamente: no. Y voy a refutar “a priori” esos argumentos. Es más voy a concederles cierto handicap. No diré, por ejemplo, que fue la inefable “Su”, la que supuso que podría haber “dinosaurios vivos” o que imaginó la existencia de un ideario “liberalote” en el “Che” Guevara. Voy a considerar a “Su” como a una señora propensa (sobre todo a la hora de escoger compañía masculina),  a cometer y de manera consuetudinaria, “actos estúpidos”. Esto es lo que me lleva a calificarla como “estúpida”, del mismo modo que a quien usa siempre la izquierda lo llamo “zurdo”, o a quien sufre de hipoacusia severa: “sordo”.

Para aquellos que esgrimen tesis simplistas basadas en la exageración del pensamiento fenicio, les diré: que “Su” facture mucho no significa que “Su” no sea estúpida. En todo caso demuestra que la estupidez es un pingüe negocio, y eso no lo discuto. Es más, creo que tal cosa (lo de lo rentable de la estupidez), está debidamente demostrada; como también que su explotación comercial (la de la estupidez)  no es privativa de un género en particular. Hay muchos varones que han amasado considerables fortunas vendiendo estupideces y lo siguen haciendo.

Que “Su”, una “quasi” septuagenaria, no corte sus pelos y alargue sus polleras, en honor al buen gusto, no es tema de discusión. Cada quien puede hacer el ridículo como le plazca, y si esto –además– le produce resultados beneficiosos (dinerariamente hablando), que siga con el negocio no parece descabellado. Pero “Su” habla. “Su”, con toda su estupidez y su peculiar sentido del gusto, habla y –quizá por los mismos atributos– representa el pensamiento de la “mass media”. Que, por lo general, es tan estúpida, ridícula y filo–fascista, como sus emergentes.

“Su” estaba dolida por la espantosa muerte de un amigo (cosa comprensible y que invita a la solidaridad), y dijo una estupidez más, entre su tremendo bagaje de estupideces dichas (Dijo: ¡basta de derechos humanos para los delincuentes!). Convengamos que dado el estado emocional de “Su” pueden hallarse algunos atenuantes. Sobre todo porque todos conocemos a estúpidos/ as,  que profieren estupideces semejantes (aún suponiéndose personas menos estúpidas que “Su”) y por motivos más baladíes. (Vg.: Un rayón en la chapa o la sustracción de un pasa–cassetes, o de una rueda de auxilio, en el anhelado cero Km. Todas cosas que deberían ser bastante menos conmovedoras que el horroroso homicidio de un amigo). Sin embargo, las reacciones suelen ser similares.

El tema es que a “Su” las previsiones de Nuestro Código Penal siempre le pican cerca. Es más, podríamos decir que “suelen cascotearle el rancho”.

Sin ir más lejos, recordemos: una de sus ex–pareja (sospechado de connivencia con el narcotráfico) mata a una mujer (la madre de su hijo, lo que agrava el homicidio en razón del vínculo). El que fuera manager de esa “ex–pareja” (también sospechado de participar de los mismos negocios) le vende un auto (a “Su”) con exenciones impositivas para discapacitados fraguadas; rodado que luego es ocultado en un pajar de su propiedad. O se divorcia con lesiones para con su “pareja” (o ex–pareja). O vive una tórrida historia de amor con el socio de un secuestrador devenido (si es que alguna vez devino) en agente de la CIA, quien a su vez perpetra una estafa contra un hombre de Dios, posteriormente acusado de pedofilia. Vale aclarar en este último caso que “Su” dijo: “siempre supimos cómo era “fulano” (en referencia a ese “hombre de Dios”). Cabría preguntar tres cosas entonces: 1) Si sabía, ¿por qué no lo denunció? 2) ¿Por qué hizo, además, negocios con él? 3) La estafa que el “hombre de Dios” denuncia, es lo que motivó que él, a su vez, fuese denunciado? A propósito, también hubo una tenebrosa historia de estafas reiteradas con tarjetas mellizas en la que se procesó a un coiffeur gran amigo suyo, y “algunos otros cuentos que recordar no quiero” (Antonio Machado dixit).

Según los diarios de los últimos días, junto a su nueva pareja, estaría por ingresar en el mercado de pases de fubolistas, haciendo “cabeza de playa” en el Uruguay. Negocio complicado y observado por presunto “lavado de dinero” y comprobadas “falsificaciones de documentos públicos”, si es que los hay. En fin…

¿Deuda kármica?, ¿un horóscopo desfavorable?, ¿falta de apropiado psicoanálisis o mala praxis de algún psicólogo? ¿Será, acaso, que como dijera el joven Romeo Montesco, “Su” es tan sólo un “juguete del destino”?  Tal vez puede ser que “Su” sea buena y los malos son los que la rodean. O quizá sea que “Su” (como alguna vez dijese Julia Roberts –y me parece que nada más que porque estaba escrito por el guionista– es, tan sólo, “una chica pidiéndole a un chico (en este caso a varios chicos) que la quiera”).

¡“Su”! ¡Querida! ¡Ponele un límite a semejante estupidez! En primer lugar, elegís a tus chicos muy mal (o demasiado bien, si es que sólo “te hacés” la estúpida). Y en segundo: algún fiscal, el día menos pensado, no va a tener más remedio que cumplir con su deber. Porque va a terminar convencido de que la estupidez tan reiterada puede ser dolosa, o que, como mínimo, no genera inimputabilidad. Porque –entre nos– con más de seis décadas sobre el lomo; blanca, bella, inescrupulosa, bilingüe y millonaria, parece improbable semejante dosis de estupidez. Y me atrevo a decir que –ese imaginario fiscal– va a sustentar su acusación en este casi estúpido concepto: no puede ser que una chica, por estúpida que sea, tropiece tantas veces con piedras tan parecidas.

Ese día, “Su”, vas a ver que la plena vigencia de los derechos humanos, aún para los delincuentes, te va a ser muy útil.

FERNANDO MUSANTE

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