LA SOBERBIA

14 abril 2009

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Fernando Musante

juana-de-arco

Por Cristina Villanueva

El discurso de Alfonsín frente a Alchuron de la SRA enfrentando y dando vuelta la humillación a la que buscaron someterlo fue memorable, apasionado y valiente.

Parece actual cuando les dice egoístas y “el país somos todos”. Esa forma de expresarse era mal vista en  aquel momento y ahora. Enfrentar el poder no tiene buena prensa y la prensa en este momento es del poder. Supongo que cuando es una mujer la que se expresa así, con firmeza y pasión, la  reacción, el disgusto en los sectores a los que su discurso enfrenta, es mayor.

Cómo si defender sus convicciones y defenderse de lo que el poder les atribuye, no estuviera  dentro de las posibilidades de las mujeres. Demonios, soberbias, son nombres o intensidades del odio que reciben a lo largo de la historia de la humanidad, cuando buscan la libertad de pensar, y actuar en consecuencia.

El fuego de la inquisición y muchas otras clases de muertes y de castigos han tratado de disciplinarlas. A lo largo del tiempo se dieron avances que lograron llevar a una mujer a la presidencia en nuestro país. Eso no quiere decir que los antiguos modelos hayan caducado: Los modelos identificatorios se trasmiten a través de las generaciones y por lo tanto tienen una larga supervivencia en nosotros, que aún contrasta  con lo que pensamos racionalmente, por eso chocan muchas veces con los cambios sociales. Esa me parece una explicación de la irritación que provoca Cristina en grupos opositores y que va más allá de lo racional. Es lógico  y muy válido el disenso.

Me refiero a otra cosa: al grado de odio que impide la discusión de las medidas que toma y que se manifiesta poniéndose en contra de todo, de una medida y de la contraria también. No hubo en el tiempo de su mandato ni guerras, ni matanzas, ni catástrofes económicas, que justifiquen ese odio apasionado. No se dio esa reacción  con Galtieri por ejemplo, que llenó de muerte y maltrato la vida de tantos chicos de 18 años, y de la sociedad entera. Sobre todo se usa  para referirse a nuestra presidenta la palabra soberbia cuando se quiere  explicar ese malestar de piel que esas personas reconocen sentir cuando la ven.

¿Una mujer que piensa y está segura (porque antes dudó, leyó e investigó) produce eso? Escribiendo me di cuenta de la doble valoración de la palabra soberbia  de acuerdo a si el verbo que la sigue es ser o estar. Ser soberbia o estar soberbia. Estar es más transitorio que ser. Como expresé  en algún poema nombrando  a  unas flores soberbias de mi jardín. Parece que a nosotras sólo se nos deja estar soberbias por un rato (la juventud), el pensamiento que dura más que la belleza  es una maravillosa y soberbia manera de desvestir los discursos y desnudar los prejuicios.