PEQUEÑO HOMENAJE DE ESTA PUBLICACIÓN A UN MILITANTE DE ALMA, CARLOS “EL INDIO” MUJICA

el-indio Registro fotográfico facilitado por la compañera Ana Lorenzo

Había nacido el 1o. de enero de 1950, “Año del Libertador General San Martín”, como él solía decir con humor y orgullo.

Alumno del Nacional Buenos Aires, fue, desde adolescente, un militante del peronismo revolucionario en el estricto sentido del término. Ningún quiebre, ninguna agachada, ninguna incoherencia. Apasionado por la historia, austero, padre excepcional, parecía agresivo y mordaz en los debates, pero lleno de ternura y pródigo de gauchadas hacia los compañeros.

Había enfrentado con entereza una operación de cáncer hará dos años pero se lo veía perfecto de salud; claro, nunca se cuidó: seguía fumando sus enormes puros y regando generosamente sus comidas de gourmet con vino de calidad.

Si bien yo lo conocía de la militancia, me reencontré con él en el velatorio de otro compañero inigualable, Cachito El Kadri. Desde entonces, me enorgullezco de haberlo tenido como amigo, de haber discutido ante opciones políticas, de haber compartido muy cerca todos estos años…

¿Por qué nuestra generación se está muriendo tan joven? ¿Será que los avatares de la patria nos han hecho tanta mella?

Queridísimo Indio: la vida no va a ser la misma sin vos…

Te hubiera gustado esta dedicatoria: “¡Patria o muerte! ¡Venceremos!”

Con inmenso dolor pero con todo cariño

 

Ana Lorenzo

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“Con Malvinas no nos pusimos de acuerdo”, dice Horowitz en su hermoso texto. Claro que no, y Carlos tampoco se ponía de acuerdo conmigo. Una tardecita calculo que de mayo del 82 coincidimos los tres en una mesa de La Paz. Horowitz y yo –que nos vimos en ese momento y calculo que nunca más– le explicábamos de mil maneras que la marina inglesa le rompería gloriosamente el culo al ejército argentino. Las respuestas del Indio eran patrioteras, como de costumbre. Y como de costumbre no había que tomarlas muy en serio. Esperaba su momento, que llegó cuando apareció Ringo.

Cómo andan, preguntó Ringo.

Acá estamos, discutiendo, bramó Mujica, un argentino y dos derrotistas.

Argentino. Más que nacionalidad, argentino era su profesión, su vocación, su manera de ser, diría él. Es verdad, si entendemos que hay dos maneras de ser argentino,  maravillosamente pintadas por Hernández: la del Viejo Vizcacha y la del gaucho Cruz, que dejó de ser sargento para volverse perseguido nada más que porque “ansí no se mata a un valiente”.

Carlos era de esta laya, sin vueltas.

Nos reencontramos durante la dictadura, no recuerdo dónde. Por el centro, capaz. Venía golpeado, por su separación de Nilda y por la muerte de Sergio P., de la que me enteré esa noche. A pesar de la congoja que traía el Indio y que le duraría calculo que por siempre –aunque creo que jamás volvimos a tocar el tema, capaz que por pudor, por no ponernos a llorar, por lo que fuera– y mi dolor flamante por lo que hasta ese momento había ignorado pero no me sorprendió, nos reímos mucho acordándonos de varias historias de los tres, de las cartas que le escribía Sergio desde Perú protestando porque yo me había gastado la plata que no teníamos comprándome un poncho, y nos tomamos unos cuantos vinos, ceremonia que repetiríamos varias noches por semana durante unos cuantos años, una vez que descubrimos que salía más barato un Viñas de Orfila y una ensalada de porotos en Bachín que un par de cafés y dos ginebras en un bar.

Claro que nunca era UN Viñas de Orfila, pero tampoco eran DOS ginebras…

Nos habíamos conocido a los 18 o 19 años, pero esas noches de la dictadura fueron las del inicio de nuestra amistad, nunca exenta de peloteras, discusiones e incomprensiones. Había seguido encontrándose con Sergio y almorzó con él el día antes de que lo mataran. Me pareció natural y yo también lo hubiera hecho: éramos amigos. Pero me sorprendí y me costó entender que en plena dictadura guardara en su casa a un CN de Montoneros a quien yo hubiera querido partirle un fierro en la cabeza. Y él seguramente también.

Carlos se había ido con la Lealtad, de la que salió con un portazo de los suyos: “Soy demasiado montonero para seguir en los Montoneros, pero soy demasiado peronista para estar en la Lealtad”.

¿Por qué estás guardando a ese hijo de puta?, protesté. Todavía quedaba algún resentimiento en el ánimo de algunos. Entre ellos, yo.

No es cuestión de ideas, dijo. Un criollo no le niega su rancho a ningún perseguido.

Ni refugio ni ayuda, porque fueron muchos los que en esos años sacó del país con su Citroen sin frenos, al que ante los semáforos frenaba “a mano”, bajándose y sujetándolo del parante.

“El trabajo es enorme –escribió alguna vez Dolina– y la recompensa, modestísima: he allí una empresa atrayente para los hombres de corazón”

He ahí una empresa atrayente para Carlos.

Se fue un hombre de corazón. Y quiero creer que se fue como quería: medio en pedo y pipón después de un almuerzo con su vieja y todos sus hijos, para los que debe haber cocinado con todo el amor de que era capaz.

Se fue un amigo, un testigo de toda la vida de uno.

Y cuando se va un testigo de uno, se va uno. Será por eso que duele tanto

Teodoro Boot.

 

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Los años del “MP 20”

Seguramente que estaríamos en la misma Plaza de Mayo de aquel 25 de mayo de 1973, en diferentes columnas, pero disfrutando de aquel sol radiante y de los cantos de los millones de Argentinos (peronistas y no peronistas) que esperaban las palabras de “Tío” Cámpora, a falta de la palabra del querido e inigualable “POCHO”, que todavía estaba en Puerta de Hierro, allá en Madrid.

Seguramente que trabajaríamos en lugares diferentes, tratando de “resistir” y ayudar a los familiares de aquellos compañeros que él por su lado y yo por el mío, íbamos perdiendo a manos de la dictadura. En esa época, yo no lo conocía, pero lo intuyo así, con la típica actitud de un militante de fierro..

Pero corría el mes de marzo del año 2002 y nuestra Agrupación “La Cátulo Castillo” se comienza a reunir con compañeros del Sindicato de “Dragado y Balizamiento” en la sede de aquel sindicato. Y allí fui con el “aleman” Kifer, invitados por el compañero Muñoz. A esas reuniones concurrían los compañeros de Malón, del Sindicato de Obreros Navales, El “Ruso” Gorojoski, y ahí estaba el “Indio” Mujica con su boina, su inseparable Bandera Argentina en representación de su agrupación la “Cacho EL Kadri”.

Las ilusiones eran compartidas y los ideales eran –y son- los mismos que nos acompañaron en los “70”. Y empezamos a aunar esfuerzo para fundar y armar aquel “MP 20” junto al “MTD Resistir-Vencer”. Y juntos nos movilizábamos para acompañar aquellas multitudinarias marchas de Argentinos que demandaba semana tras semana de aquel 2002 el recordado “Que se vayan todos”. Y juntos sufrimos los asesinatos de Kosteki y Santillan.

Luego, los avatares políticos y laborales hicieron lo suyo y nuestros caminos se abrieron en una bifurcación asociada a lo metodológico.

Era un tipo de hablar poco, pero de convicciones firmes. En las escasas charlas de café que tuve la suerte de compartir con él, pocas veces nos poníamos totalmente de acuerdo, pero sabíamos cuando era momento de estar codo a codo. Tampoco renunciaba a las que para él eran verdades indiscutibles, entre las que se destacaba el carácter revolucionario del peronismo. Pero lo que más llegué a admirar de él era esa constante predisposición que tenía para acompañar todas las iniciativas de los pibes, sean estos de Malón, o los universitarios de “Cimarrón”. Resultaba más que emocionante verlo con su boina y su Bandera Argentina saltando y cantando en cada una de aquellas movilizaciones; como si fuera un pibe más.

Carlos “El Indio” Mujica, seguramente ahora estará, allá en lo alto, mateando, o chupándose una ginebra junto a su querido y admirado Envar “Cacho” El Kadri., y tantos otros compañeros.

Lo conocí y frecuente por poco tiempo, pero alcanzó para que en mi naciera una llamativa admiración por su calidad militante.

Hasta siempre compañero peronista.

pocho-13

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2 Responses to PEQUEÑO HOMENAJE DE ESTA PUBLICACIÓN A UN MILITANTE DE ALMA, CARLOS “EL INDIO” MUJICA

  1. Mariano dice:

    estimados amigos
    a traves de la presente les agradeceria inmensamente si pueden facilitarme la manera de comunicarme con el sr. Beto Asurey (mail o nro de tel)
    Apreciare muchisimo cualquier dato o referencia
    muchas gracias de antemano!!!
    Mariano

  2. José dice:

    Yo también lo conocí, fue mi mejor maestro, mi mejor compañero, es mi hermano.

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