LA ECONOMÍA NACIONAL CRECE A PESAR DE LA DEBACLE FINANCIERA INTERNACIONAL

Gentileza de Aldo Battisacco


La industria de la construcción, al ritmo de la obra pública, sigue mostrando números saludables.

Por la crisis la desaceleración ya es notoria, pero no habrá recesión. Argentina finalizó el 2008 con una tasa de crecimiento que se ubicó en el orden del 6% anual. Esa tasa de expansión es superior a la media mundial y a la que registraron los países de la región envueltos en una crisis económica global que sólo tiene como antecedente la registrada en la década del ’30.

Pese a los pronósticos de los gurúes de la City porteña, habitualmente dispuestos a predecir hecatombes funcionales a intereses sectoriales, desde un punto de vista técnico no puede afirmarse que la economía esté en recesión. Hay un dato central olvidado: la Argentina finalizó el 2008 con una tasa de crecimiento que se ubicó en el orden del 6% anual. Esa tasa de expansión es superior a la media mundial y a la que registraron los países de la región envueltos en una crisis económica global que sólo tiene como antecedente la registrada en la década del ’30.

“Obviamente, en el contexto de deterioro de las condiciones internacionales, la tasa de crecimiento no será la misma que años anteriores. Sin embargo, no es correcto hablar de recesión. Lo que se verifica actualmente es una desaceleración del crecimiento”, asegura el economista Roberto Dvoskin. En su visión, el año 2009 cerrará con una suba del Producto Bruto Interno del 2 %, incremento que, desde la óptica del Banco Central, podría alcanzar el 4 % como consecuencia de las políticas de incentivo impulsadas por el gobierno nacional.

Esas previsiones no están lejos de la lectura que hace el Banco Mundial, un organismo que no puede ser sospechado de comulgar con la política económica de la actual administración. Según Pamela Cox, vicepresidenta del organismo, Argentina –al igual que Brasil y Chile– no será impactada de lleno por la crisis internacional. La razón, según la funcionaria, obedece a las diversificadas y amplias relaciones que el país mantiene con el resto del mundo. “Es bueno que lo reconozcan. Tenemos un sector externo muy asociado a países como China e India. Dos destinos que seguirán creciendo, aunque lo hagan a tasas más bajas”, afirma Dvoskin.

La reversión del ciclo. Según el análisis del especialista, el actual período de turbulencias está llegando a su fin para dejar lugar a una reversión del ciclo. “Como ha ocurrido tradicionalmente, es de esperar que la nueva etapa de impulso llegue por el lado de las automotrices y la industria de la construcción”, señala Dvoskin. En los hechos, durante marzo los despachos de cemento –un indicador que suele anticipar la evolución del sector de la construcción– registraron un alza del 12,8 % en relación con febrero pasado, según un informe de la consultora Abeceb. Hasta el consultor Orlando Ferreres, que no es precisamente un keynesiano, aceptó que los buenos números reflejados en el sector de la construcción tienen relación con el estímulo a la obras pública con el que insiste el Gobierno.

Algo similar ocurre con la producción de automóviles. “Los peores momentos de influencia de la crisis pasaron durante el primer trimestre y, a partir de ahora, viene la estabilización de la demanda”, aseguró la semana pasada el economista Dante Sica ante una platea de empresarios de la Asociación de Concesionarios de la República Argentina (Acara). Según el ex secretario de Industria, el hecho de que la demanda se encuentre en un momento de meseta “no se relaciona con cuestiones basadas en el nivel adquisitivo de la gente, sino en la baja de la confianza como consecuencia de la crisis internacional”.

El automotriz y el de la construcción son dos sectores que tienen un peso muy importante en el Productor Bruto Interno. Traccionan acentuando la demanda de insumos y servicios de muchos subsectores asociados que, a su vez, actúan como multiplicadores de la mano de obra ocupada en la industria.

Si la solución de la crisis financiera internacional es la condición necesaria para que los países centrales amortigüen sus problemas de producción y demanda, la situación local difiere mucho de lo que ocurre en Estados Unidos y Europa. “Hay tres cuestiones fundamentales. El país está desenganchado del mercado financiero internacional, nuestro principal motor es el sector agropecuario y el nivel salarial no ha caído entre los sectores de bajos recursos que tienen necesidades básicas”, explica Dvoskin.

Ganan más, invierten menos. Si el Gobierno se hizo cargo de la crisis, no parece ser ésta la intención de la nueva cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA), cuya conducción recayó en Héctor Méndez, empresario plástico que representa al sector más liberal enfrentado con el titular saliente, el metalúrgico Juan Carlos Lascurain, hombre apoyado por el grupo Techint y referente del ala “desarrollista” de la central.

La nueva conducción de UIA pareció desconocer cinco años de  crecimiento ininterrumpido de la industria al pedir una devaluación del peso y acusar al Gobierno de abandonar la senda industrialista. Declaraciones que luego fueron suavizadas y minimizadas por los principales directivos de la entidad. Algo más acorde a la realidad si se consideran los elevados márgenes de ganancias que obtuvieron las compañías representadas en la central y la escasa reinversión que realizaron para ampliar la capacidad instalada y aumentar la oferta. Márgenes que se ubican por encima  de los registrados durante la década del ’90.

“Una devaluación afectará el poder de compra de los asalariados. El problema central no es el dólar, sino la distribución del ingreso y la mejor herramienta para solucionar la cuestión es la inversión pública”, asegura Dvoskin. Un objetivo al que apunta el plan de obras públicas por 110 mil millones de pesos diseñado por el Gobierno y que, según los cálculos oficiales, se traducirá en 380 mil nuevos puestos de trabajo. Una iniciativa que se agrega a los 1.800 millones de pesos licitados por la Anses para generar créditos destinados a las PYMES y al consumo.

El riesgo político. Dvoskin asegura que el peor escenario está dado por una eventual derrota del Gobierno en las próximas elecciones legislativas. “Afectaría la gobernabilidad. En la oposición veo más peleas que acuerdos, mucha especulación y ninguna propuesta económica alternativa”, dice el economista. Ese análisis abona la hipótesis de que la incertidumbre instalada tiene un componente externo y una fuerte dosis local originada en un proceso electoral donde la Unión Industrial, las entidades agropecuarias y la oposición intentan llevar agua para sus molinos.

Plebiscitados al fin, los comicios de junio serán una prueba de fuego para una gestión que se hizo eco de los reclamos de la década del ’90 al re-estatizar o incrementar el capital estatal en empresas clave, estableciendo la movilidad jubilatoria, bajando la desocupación a menos de un dígito y reduciendo los índices de pobreza e indigencias. Logros alcanzados sin afectar el superávit primario, aumentando las reservas del Banco Central y elevando la inversión pública, al tiempo que se mantuvo la independencia de los dictados del Fondo Monetario Internacional.

Política…. politica@miradasalsur.com –  19 de abril de 2009

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