Cara a Cara: “La memoria popular es el cofre más sagrado que existe”

Catamarca, Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO

Reportaje a nuestro director realizado por el matutino EL ESQUIÚ.COM

Fuente: http://www.elesquiu.com/noticias/2015/03/29/204945-cara-a-cara-la-memoria-popular-es-el-cofre-mas-sagrado-que-existe 

Foto de Victor Martinez 2

Por “Kelo” Molas

Su película “El jardín de Juan Ctkhealiemín” es en gran medida su carta de presentación: prohibido silenciar la verdadera historia. Hace 45 años dejó su Catamarca natal y se radicó en Buenos Aires, donde desde muy joven comenzó a subir, de a uno, los peldaños de la vida: peronista, docente, periodista, cineasta. Dice el “Taki Ongoy” en su prólogo que “quienes suponen que la historia puede ser contada desde un sólo punto de vista, se equivocan”, y este catamarqueño aceptó sin dudar el reto de sacar a la luz lo que otros se empeñaron en ocultar. Tiene una especial valoración de las comunidades gozosas de provincianía de nuestro interior y en cada expresión suya parece parafrasear aquellos versos de “Los pueblos de gesto antiguo”, del enorme poeta Hamlet Lima Quintana. Descalifica sin dudar a Sarmiento y a la oligarquía nacional. Y habla con manifiesta gratitud de la “Fray”, que lo formó en sus primeros pasos.

En el Cara a cara de este domingo, se hace escuchar Víctor Leopoldo Martínez, el “Tico” de la memoria intacta.

-¿Qué representa para vos un 24 de marzo?

-Fundamentalmente, es memoria. Porque en este país se ha tratado, a lo largo de la historia, de tapar algunas cosas que afectaban a determinados intereses. Desde el nacimiento mismo de la Patria hubo dos claras posiciones que se vinieron repitiendo: hay un  sector social con mucho poder –particularmente económico- que lo único que entiende como valor Patria son sus bienes materiales, nada más; y hay un sector mayoritario de argentinos en el cual el concepto de Patria es muy grande, amplio donde entran a jugar también los sentimientos. Lo que intentó esa minúscula parte, que comúnmente se conoce como oligárquica, fue ocultar esa historia, de manera especial a través de la educación, cambiando el eje de la cuestión, ubicándolo en otro lugar, sitio donde ya otras historias vendían mentiras sobre nuestra realidad. Por eso el 24 de marzo es un punto de inflexión en nuestro historial y lo concreto es que acá hubo una parte de la sociedad que utilizó a las fuerzas armadas para sus fines y en el marco de esa metodología se implementó el terror; eso es lo que no se puede volver a repetir: pretender esconder la historia, incluso desde épocas anteriores a (Carlos) Menem quien como responsable de los Indulto fue otro que intentó tapar la verdadera historia. Por eso también es que recién ahora aparece y  se habla de un  (Juan) Chelemín, resistidor de opresiones en épocas de la conquista y colonización; alguien que visceralmente  forma parte de nuestra historia, la Historia de Catamarca.

-Cuando aludes a ese “sector social con mucho poder económico”, ¿el mismo sigue, como se dice, vivito y coleando?

-Totalmente. El otro día tuve una discusión, y digo discusión en términos de intercambiar ideas, respecto del tema qué se entiende por derecha con un compañero de la izquierda nacional. Ese compañero dice que la derecha tiene ideología y, por ejemplo, (Alejandro) Dolina sostiene que no y yo estoy de acuerdo con Dolina por una cuestión muy sencilla: si hay un sector en esta sociedad que es burro, ese es el oligarca; imposible hablar con ellos, no conocen nada, hay una marcada ignorancia en ese compartimiento, y ojo, estoy hablando de gente que ha sido alfabetizada en los tres niveles, no me estoy refiriendo a personas que no han tenido acceso a la educación. En general, la derecha, la oligarquía nuestra, es bastante ignorante; es lamentable, pero real. Es más: se jactan de esa ignorancia, creen que lo que tienen les alcanza y sobra para imponer el “soy más que ustedes”.

-A esa “marcada ignorancia” hay que responderle con una buena educación. ¿La tenemos en el país?

-Hablo a título personal: yo acompaño mucho a este proyecto político nacional con el cual, en líneas generales, estoy totalmente de acuerdo. Soy peronista y creo que lo que más se acercó al peronismo del ‘43 y del ‘55 es esta gestión. Lo que no comparto de este gobierno es que no se haya animado a meter mano en la Educación, me refiero a meter mano a fondo en los contenidos, porque ahí está la clave: con los contenidos se coloniza o se libera, no hay términos medios. Y tenemos que pensar en educar en término americano. Estamos en una etapa que ya el general (Juan Domingo) Perón llamaba continentalismo. Pero volviendo a la educación, vale tener en cuenta que esa oligarquía de la que hablaba se apropió de todo, lo que ellos llaman “academicismo”: han inventado academias de historias, de educación ¡y hasta de moral! ¿Y cuál es la moral que ellos defienden? La occidental y cristiana, por supuesto, a cualquier precio, no importa el costo. Y ahí aparece un 24 de marzo. Insisto: si hoy en día en la currícula de la educación no aparecen Chelemín, los 30 catamarqueños desaparecidos, la verdadera historia de Catamarca más allá de la zamba y el verdadero (Felipe) Varela, algo anda mal. Porque si hubo algo que valía la pena en este país ese era el gaucho, y (Domingo Faustino) Sarmiento se empeñó en hacerlo desaparecer; el gaucho era el caudillo, el único que defendía los intereses de las clases sumergidas, y eso no está ahora en los contenidos de la educación. Hay que empezar a inculcar, desde la niñez el concepto de Patria, recuperar los conceptos que nos hablan de esa Patria Grande.

-En la conciencia de los argentinos existe hoy, cuando se refiere al 24 de marzo, un cambio: lo que en un principio se decía únicamente “golpe militar”, ahora quedó marcado como “golpe cívico-militar”.

-Coincido plenamente. Creo que mucho más fuerte es lo que tenés enfrente y ahí están los intereses monopólicos, en términos comunicacionales, los que sostienen lo contrario; es decir: Clarín es tan responsable del golpe –y lo digo en todos los términos-, lo mismo que La Nación, son responsables de lo que pasó. Esa es la gente que estuvo en la cena de (Mauricio) Macri; a esto hay que entenderlo también, son los mismos que defienden los intereses de los que se colgaron de las fuerzas armadas para que éstas hicieran el trabajo sucio.

-El texto Nº 4 de la magnífica obra “Taki Ongoy”, de Víctor Heredia, refiriéndose al gran alzamiento diaguita de 1630, dice: “No fue la nuestra una lucha de bárbaros contra seres civilizados, no lo fue. Luchábamos por la libertad y don Juan Chelemín, el bravo cacique, fue nuestro líder y guía”. ¿Cuál es el punto en común entre aquel líder indígena y una víctima del terrorismo de Estado como fue Nelly Yolanda Borda, parte de la trama de tu película?

-El eje central de la película “El jardín de Juan Ctkhealiemín”, que se estrenó el 24 de marzo de 2014 en el Cine Teatro Catamarca, es que la historia se repitió en ambos casos. Es  difícil probar el tema de la entrega, pero lo que se conoce a nivel de voz popular es que hubo entrega en los dos casos. En el caso puntual de Chelemín, fue el indio Utis Amaya el que lo entregó y en el suceso de Nelly Yolanda Borda ocurrió lo mismo. Se conoce perfectamente que semanas previas a su desaparición hubo gente que estudió bien la zona de Belén, ya había sido marcada. En Londres (Belén) se estacionaron 3 camiones con militares que mintieron que iban en busca de traficantes de drogas cuando en realidad el operativo era para secuestrar a Yolanda. Fue una crueldad y una animalada, era una simple militante política que realizaba un fuerte trabajo social; tenía todo el derecho del mundo a compartir un ideario con otros compañeros, lo que por supuesto no justifica para nada que haya sido secuestrada un 27 de enero de 1977, y nunca más se supo de ella.

-Sobre tu película hubo una infeliz frase de la diputada Buenader, cuando dijo que habría que preocuparse más por los derechos humanos de los vivos. ¿Te merece alguna opinión?

-No hay ningún justificativo; si lo hubiese pensado dos veces, seguro que no lo dice… el tema es que hay que pensar. Debería preguntarse mejor qué hice yo cuando se estaban llevando a catamarqueños en aquella época. Habría que preguntarle qué hizo. Lo de esta señora fue una utilización política de baja estofa. De más está decir respecto de los derechos humanos que todavía hay muchas cuestiones por solucionar.

-En este 24 de marzo se notó la ausencia en los diarios locales de pronunciamientos sobre la fecha por parte de varios partidos políticos, entre ellos la UCR. ¿Qué significado tiene para vos?

-Se trata de un indicativo claro de ese compromiso que tuvo ese partido con sus hombres trabajando para aquel proyecto, básicamente aquí en Catamarca. A nivel nacional hay muchas cosas que se pueden objetar, pero al menos hay un compromiso mínimo por parte de los partidos políticos, excepto –y en esto quiero poner mucho énfasis- una fracción política raramente cipaya por tradición, el Partido Comunista, que estuvo muy comprometido en el ‘43 con la Unión Democrática y ofreció sus militantes en el ‘55 para perseguir y cazar peronistas y, además, son los que levantaron en el ‘76 la consigna de que (Jorge Rafael) Videla era democrático. Lo más triste de la UCR es que rompió, con el acuerdo con (Mauricio) Macri, una línea histórica que tuvo su eje en el pensamiento de Hipólito Yrigoyen.

Foto de Victor Martinez 3

-¿Qué tiempo te llevó hacer la película “El jardín de Juan Ctkheakiemín”?

-Empecé a trabajar en la investigación en el 2011 y la terminé en febrero del 2014. Tengo que agradecer de manera especial a Belén, siempre digo que la película es de Belén, es de Catamarca, yo apenas fui un instrumento, nada más. El gobierno provincial se portó muy bien conmigo, y fue un orgullo que la gobernadora Lucía Corpacci estuviera presente el día del estreno, que la secretaría de Cultura la haya auspiciado y que la declararan de interés cultural los concejos deliberantes de Belén y de Santa María.

-Resulta saludable hablar sobre los derechos humanos con la más absoluta libertad, pero si como dicen el peligro siempre está al acecho, ¿no crees que está faltando mayor educación sobre el tema para conocimiento de las nuevas generaciones?

-Un tema clave, sin lugar a dudas. En términos curriculares, es una gran falencia que tiene el sistema educativo por aquello de que no se puede querer lo que no se conoce y creo que en nuestro país hace falta, esencialmente, como decía un gran antropólogo como Guillermo Magrassi, mirarnos un poco más hacia adentro. Esto es lo que tiene que enseñar la escuela: mirarnos entre nosotros y valorar lo que tenemos. Todas esas cosas, que enaltecen a la condición humana, el sentirse americano, no se conocen en profundidad. Erróneamente, se prioriza el tenés que ser y para poder ser tenés que tener y se deja lado lo prioritario que es el estar, el sentarse una tarde, tomar unos mates y ver el atardecer; esto, que constituye un lujo en la vida, no lo tiene cualquiera.

-¿Quién está en deuda con los 30 desaparecidos en Catamarca?

-Creo que existe una realidad indiscutible y que en algún momento se debe replantear el tema como sociedad, y pensar seriamente en esta vida democrática, a la hora de emitir un voto por ejemplo, quiénes son los confiables. Aquí hay responsabilidades concretas y si bien no se puede hablar de complicidades de carácter exprofeso, cuando se acompañan estos procesos con el silencio se termina siendo cómplice. Hay que asumir esa verdad que se vivió en la provincia y que se ocultó por mucho tiempo, alguna vez alguien tiene que decir y hacer algo. En la película, bien lo dice el Dr. Guillermo Díaz Martínez: ¡Cómo puede ser que en el juicio a los represores en Catamarca, a ningún docente de la carrera de Derecho se le haya ocurrido llevar a los alumnos! Y la Universidad Nacional de Catamarca es una casa de altos estudios que tiene que responder al pueblo catamarqueño y no a un determinado sector político.

-La escuela no debería ser cómplice del silencio, de algo así como “de esto no se habla”.

-¡Por supuesto! Pero hay algo muy contradictorio: en la escuela, a lo largo de los ciclos primario y secundario, se habla bien de un criminal, concretamente Sarmiento.

-¿Domingo Faustino?

-Claro, un tipo que decía abiertamente “no hay que ahorrar sangre de gauchos, porque no vale nada”, y encima tiene un himno. Y yo no estoy en contra de Sarmiento porque sí nomás, simplemente digo que hay que mostrar la realidad. El mismo (Arturo) Jauretche dice que todo lo que crearon en torno a la figura de Sarmiento son mentiras. Entonces, si esa historia se inculca a fuerza de insistencia, me pregunto por qué nosotros no podemos empezar a insistir en el otro objeto, que significa comenzar a revisar toda la historia. Con esto no queremos ser los dueños de la verdad, pero discutamos los distintos puntos de vista esgrimiendo argumentos sólidos; no se puede estar todo el tiempo sosteniendo la idea de que hay puntos que es mejor ocultarlos, porque a la larga o a la corta eso salta a la vista. La memoria popular es el cofre más sagrado que existe, no olvidemos.

-El país se debate en un clima exasperado de todos contra todos. ¿Es que no hay un punto en común y, peor, la sensación de que nada nos une?

-Yo creo que hay puntos en común y es que debemos entender cabalmente qué es lo que se entiende por Patria, por nación, por pueblo; hay distintas concepciones y desde ya todas respetables, pero debemos tener en claro cuál pensamiento priorizamos en función del bien común, y aquí es donde saltan las diferencias.

-¿Por qué peronista?

-Tengo dos referentes en mi vida para haber entendido lo que es el peronismo: mi abuela, la mamá de (Manuel) Isauro Molina, doña Aurora Molina, y por supuesto Isauro, por quien tengo una gran admiración, porque dedicó su vida íntegramente a defender los ideales peronistas. Lo que le pasó a manos de los militares fue muy triste, y si yo soy peronista en gran medida se lo debo a él.

-¿Por qué crees que el silencio le fue ganando a la memoria en Catamarca en los últimos años?

-Porque hay un trabajo sistémico muy fuerte en el cual mucho tienen que ver los medios de comunicación. La educación formal compite con la educación informal, la cual dan los medios, con una clara desventaja, porque un chico puede estar 4 ó 5 horas por día con un docente, mientras el televisor, por ejemplo, lo bombardea durante 12 horas diarias; en esto hay que trabajar, y bastante. También están las campañas publicitarias, que muestran cómo se puede lograr todo con la ley del menor esfuerzo, y en esto se ha trabajado –vaya casualidad- desde el 24 de marzo de 1976 en adelante y se ahondó en el orden nacional en la era menemista, que fue algo así como la frutilla del postre.

-¿Qué recuerdos tenés de la “Fray Mamerto Esquiú”, tu escuela?

-A la “Fray” le debo todo, escuela a la que fui desde el jardín de infantes. Recuerdo que en esa institución, junto a los chicos más humildes del secundario, armamos un grupo estudiantil al que le puse el nombre de “ENUT” (Estudiantes Normalistas Unidos Triunfaremos), ya venía encarando para el lado de “unidos triunfaremos”, como dice la Marcha Peronista.

-Hoy, en la vida cotidiana, ¿qué te hace expresar “que lo parió” y qué te hace decir “esto me gusta”?

-Detesto la hipocresía, no la entiendo, y hasta admito que soy intolerante con ese tema, ahí cabe el “que lo parió”; por el contrario, me despierta mucha admiración la dignidad del pueblo humilde, ese que te da todo sin pedir nada a cambio. Uno lo puede comprobar cuando va al interior, donde alguien te ofrece su catre para dormir y ese alguien duerme en el suelo, y tiene esos gestos sin ningún tipo de especulación. Se perdió eso de “voy a hacer una gauchada” sin pensar en una recompensa, y esto es lo que me gusta.

-¿Cuánto vale tener ideales?

-¡Sin lugar a dudas: mucho! Es la savia que alimenta y le da sentido a la vida; vivir sin ideales es muy triste, tan triste como vivir sin dignidad. Es linda esta cosa de valorar el esfuerzo, de obtener logros mediante el sacrificio

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