EL AGUA Y LOS MOLINOS

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO. De nuestra redacción

MOLINO 1

Por Victor Leopoldo Martinez

Es indudable que, en términos ideológicos y en materia de prédica política, cada uno siempre intenta “llevar agua para su molino”.  Pero… (siempre aparecen estos “peros” de porquería que vienen socializando los manipuladores de Clarín) lo gracioso -por no decir ridículo- ocurre cuando a la hora de fundamentar la actitud  se recurre a repetidos argumentos vacíos de contenido y  muchos de ellos (particularmente los utilizados por no pocos “progres”), en lo esencial, utilizando palabras de otros personajes que  elaboraron conceptos a partir de estudios sobre una realidad político-cultural –la propia-,  y que a través de sus conquistas y colonizaciones lograron   imponerlos como verdades universales traspolables a cualquier tipo de cultura de cualquier lugar del planeta. Estoy hablando del pensamiento europeo que tiene un inmenso valor por y para sus realidades pero no necesariamente el mismo valor para el resto de la humanidad porque eso sencillamente implicaría la negación del valor de la diversidad cultural (algo que sin inocencia se utilizó en nuestro país para instalar el antagonismo hasta hoy vigente entre “Civilización y Barbarie” para aplastar la segunda).

Como estamos rodeados de sujetos acríticos (y dentro del periodismo se los encuentra con mucha facilidad) productos de una educación que no trabaja el sentido y la lectura crítica en ningún educando, todo lo contrario, los adiestra y especializa en “repetición” para placer de docentes poseedores de esa verdades absolutas y universales que les otorga esa cuota de poder diferenciador y que como una de las tantas zonceras vernáculas nunca podrán ser puesta en tela de juicio. Además poco les importa a esos docentes que como “verdades” atenten contra el buen sentido o sentido común.

Las clases dominantes europeas, al imponer sus valoraciones en cada conquista, son las principales responsables de casi todos los desaguisados políticos que se vienen dando en la periferia global desde hace más de 500 años. Pero hasta la Revolución Francesa las reacciones populares no eran consideradas como de “izquierda” sino más bien “bárbaras y anti civilizadas”[1]. Como tilingos los hubo siempre y con sus respectivas características existieron a lo largo de la historia hasta en los lugares más recónditos del planeta, estos personajes Jauretchanos, muchos de ellos proveniente de los barrios “bárbaros”, siempre anhelaron parecerse o ser otro burgués más y habitar en el “centro”, y por lo general compraron esos valores despreciando los de su origen.

Así, en mi infancia mi padre, católico y conservador-radical, (“de derecha” según la concepción importada:, para mi simplemente reaccionario), me bajaba la línea que la iglesia imponía en todo el continente luego de la Revolución Cubana (1959): “Se viene el demonio comunista” decían. Mi viejo  repetía las cosas por tradición y trataba de inculcármelo. Nunca olvidaré una de sus lecciones en relación a lo que estaba pasando en Cuba: “Seguramente hasta te llegaran a decir que Cristo fue el primer comunista. No le creas” Es más, me mandó a que me adoctrinen de manera anticomunista en las reuniones de jóvenes de “Acción Católica”. Por suerte me mandé un inocente “moco” y pude zafar.  En esa bella infancia me fascinaba el canto de los “canillitas diareros” cuando a la mañana salían a vender el único diario del pueblo: “La Unión” (dirigido por un cura).  Los curas tenían también su propio negocio (curro) institucional a través de una revista –El Esquiú-; utilizaban a los reclutados en “Acción Católica” para venderlas. Y  yo salí a venderla por las calles de Catamarca  al grito de  “El Esquiuuuuuu”, como lo hacían los canillitas cumpliendo así mi anhelado sueño. Esto  golpeó de lleno en el corazón de la aspiración burguesa del viejo que jamás iba a aceptar tener un hijo canillita –“trabajo de negros”-. Me sacó de una oreja de la calle donde feliz yo intentaba que alguien me compre,  tiró las revistas “Esquiú” a la mierda rescatándome de ese antro super reaccionario. Aquella vivencia en “Acción Católica”, además de abrirme los ojos y descubrir lo que era el lavado de cerebro que practicaban los reaccionarios[2], me hizo valorar aquel  rescate que, independientemente de la razón que en cierto modo existía en un aspirante a burgués como mi querido viejo en aquella época, es uno de los tantos gestos que agradezco a mi padre. Pero recuerdo que en ese antro aprendí a rezar una oración llamada “Credo” que un párrafo decía: ”… al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a diestra (“la derecha”) de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.”.

Años después, ya en mi adolescencia y juventud, me quedó en claro que la derecha europea se había apropiado del pensamiento y las oraciones de los apóstoles de Jesús  para un uso muy distinto al que le dio -supongo- el autor de la oración. Esto me hizo pensar que el que escribió ese rezo lo hizo con su mano derecha e imaginaba las cuestiones místicas desde su lateralidad. Ubicado espacio-temporalmente, no se me cruza por la cabeza pensar que en esos tiempos las acciones y los hechos se valorizaran en los términos ideológicos actuales de izquierda y derecha. Si bien es cierto que en mi caso valoro lo hecho por Jesús como un acto político revolucionario en tanto el hombre se decidió enfrentar no solo a un Imperio como el Romano para liberar a su pueblo de manera pacífica (según las valoraciones ideológicas actuales el trotsko evidentemente fue Barrabas) ,  no puedo dejar de lado que también intentó desde la palabra cambiar los valores de la institución religiosa (las sinagogas)  al echar a patadas a los mercaderes del templo y con esto el valor “mercado” que los rabinos daban a ciertos servicios. El hombre era revolucionario. Volviendo a la oración-rezo, me  resulta difícil imaginar a Jesús sentado a la “derecha” de un todo poderoso cuando con su palabra apuntó a la igualdad y la fraternidad entre los hombre: “Amaos los unos a los otros como yo los amo”. Me resulta difícil imaginar tanto como creer en un futuro juicio de su parte para los vivos por sus conductas rompiendo con el libre albedrío que seguramente tanto entretiene a las personas inteligentes. A menos que lo pensemos a Cristo como un simple pelotudo; algo poco imaginable dentro de mi concepción de las cosas. En fin… es evidente que los poderosos usaron la palabra del “flaco” para meter miedo y así preservar sus intereses terrenales; ergo siempre buscaron llevar agua para su molino.

Hoy, 21 de septiembre de 2015 leo en la página 10 del matutino Pag/12 una nota firmada por Dario Pignotti  que titulan “Es comunista como Cristo” refiriéndose al PAPA  que estaba de visita en Cuba. No puedo asegurar que fue Pignotti el de la idea del título, pero ese texto rescató de mi memoria aquella  vivencia infantil.

En el cuerpo de la misma Pignotti transcribe un comentario que en la Plaza de la Revolución de la Habana, le hizo durante la misa Papal, el hoy octogenario y ex combatiente cubano Monteagudo Arteaga (según él ladero del “Che”): “Para mi este Papa es comunista porque es como Cristo, y tú sabes que Cristo fue el primer comunista que hubo en la tierra”. Un simple comentario; una opinión. ¿Se puede titular una nota con esto? Evidentemente y desde la torpeza, sí. Del mismo modo yo podría decir en este momento: “Para mí el Papa es Peronista porque es como Cristo y vos sabes que Cristo fue el primer humanista que hubo en la tierra. Además se ve con Cristina cada 2 x 3 como buen peronista que es.”[3] Seguramente en este mismo diario  mi opinión sería tomada para la joda. Y se trata de dos disparates insostenibles por donde se los quiera analizar; pero sacan a la luz ese infeliz deseo de querer llevar en cada oportunidad y momento utilizable políticamente agua para su molino. Tanto a los reaccionarios (de derecha) como a los “revolucionarios” (de izquierda) vernáculos estas torpes y disparatadas interpretaciones y lecturas de la realidad los iguala. También hace muy notorio la falta de conocimientos y si los tienen su falta de elaboración y análisis crítico. Hablar de comunismo o de Izquierda y de derecha en los años 0 al 33 de nuestro calendario utilizando designaciones aparecidas 1700 años después no solo suena a burda torpeza sino a  roce con el ridículo. Mientras no se desprendan de ese eurocentrismo a la hora de elucubrar oralmente o escribiendo seguramente seguirán incurriendo en las mismas torpezas. Esta anécdota refleja solo una de las tantas que se pueden encontrar en los distintos quehaceres que colman  nuestra vida político-social.

En términos culturales es largo el camino que nos falta por recorrer para rescatar a esa “clase media alfabetizada” del equivocado camino que transita. Por ahora está costando mucho (y más si se trata de los que se dicen o se auto consideran “progres”) solicitarle que nos acompañe en la senda de construir una identidad propia mirando y analizando la realidad y sus sucesos desde nuestro lugar de pertenencia y con ojos propios, no con lentes ajenos.

Notas

[1] Los términos “izquierda” y “derecha” surgen de la distribución de las ubicaciones o lugares en la que se sentaban los parlamentarios dentro de la Asamblea Constituyente Francesa (posterior a la revolución de 1786)  y de acuerdo a perspectiva visual del presidente de dicha asamblea. A su derecha estaban los conservadores propulsores de mantener un “cierto orden” y a su izquierda los que pugnaban por un cambio social radical. Perón sostenía que con aquella revolución los que ganaron fueron los burgueses ya que con dinero compraron los títulos nobiliarios y con la democracia hicieron creer al pueblo que elegía a sus gobernantes cuando en realidad eran ello los que digitaban los candidatos e imponían a los más funcionales a sus intereses.

[2] Me surge como necesario aclarar que la tarea de  “Acción Católica” no fue la misma en todos los lugares del país donde funcionó en aquellos años. Esta referencia puntual se acota a la Pcia de Catamarca en una época donde Monseñor Tortolo – Arzobispo de Paraná y posteriormente vicario castrense en la última dictadura- era la máxima figura que llegaba a la provincia en cada “Función de la Virgen del Valle” (dos veces al año: abril y diciembre) a bajar “línea” dentro de una sociedad sumamente conservadora y reaccionar. Acción Católica en otras provincias y en la misma C.A.B.A. tuvo una tarea político-social extraordinaria  y fue formadora de cuadros políticos –muchos de ellos seminarista- que luego se transformaron en  grandes militantes de la causa Nacional y Popular junto a los curas del Tercer Mundo, defensores de la teología de la liberación.

[3] “En Argentina, Juan Domingo Perón, oficial del Ejército, fue capaz de diseñar una política independiente y de raíz obrera en su país”.  Fidel Castro

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