AGRADECIMIENTO A NESTOR KIRCHNER, DE UN PADRE ORGULLOSO

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Un momento histórico

Esto fue escrito por el autor el 28 de octubre de 2010

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Por Victor L. Martinez (1)

Miles de imágenes cruzan por mi mente en este instante. Por momentos se me nubla la vista; y uno sabe a qué se debe. Cuando nos vamos poniendo grandes muchas cosas se reblandecen; y la parte emotiva no puede ser la excepción.

-Papi, parece que se nos murió el Nestor – me dijo con la voz entrecortada casi a punto de quebrarse, mientras prendía el televisor.

La información era verídica. La televisión pública estaba corroborando la versión.

El pibe, MI HIJO, con la cabeza gacha, escondiendo esas lágrimas quizá por esa falsa hombría que alguna vez yo, inconcientemente, pude haberle mostrado, volvió a su computadora tratando de ocultar su dolor en su comprometido trabajo para con la publicación que dirige su viejo. Al mediodía se fue de casa para estar con sus compañeros en la plaza.

Estábamos esperando al “peligroso censista” con unos mates, listos para convidarle. En la familia atendemos bien a los que son señalados como peligrosos por Clarín, TN, Canal 13 y “Mitre desinforma primero”; a los bienaventurados para ellos les cerramos la puerta con doble tranca.

La noticia fue muy fuerte. Era la segunda vez en mi vida que pasaba por situaciones similares. Viví la anterior el 1 de julio de 1974. Ese día se me había muerto aquel ser mitológico de mi infancia. No era un ser cualquiera. El 17 de noviembre de 1972, después de mis primeros 4 años de escarceos militante en defensa de algo “Fantástico”, de pronto, aquel mito se corporizó; se hizo realidad y bajó de un avión. Se llamaba JUAN DOMINGO PERÓN.

Más real fue cuando tuve la oportunidad de conocerlo en marzo de 1974 en la quinta de Olivos.

Crecí escuchando hablar de Perón por los cuentos que me narraba mi abuela materna. Mi tío –su hijo- estudiaba, trabajaba y era delegado gremial de una tejeduría en mi ciudad natal. Cayó preso cuando los “libertadores de la libertadora” golpearon al pueblo Argentino en septiembre de 1955. Lo sacaron de los pelos de la casa de mi abuela ante la miraba atónita de aquel niño que yo era, mientras sentía el abrazo de mi abuela dándome protección a la par que contenía su dolor al ver como se llevaban a su hijo.

En esa época a los militantes populares no los “desaparecían”. Los encarcelaban y a más de uno lo asesinaban. Los fusilamientos de militares populares y civiles en los basurales de José León Suarez en 1956, son las muestras más elocuentes. Pero la inhumana desaparición de un preso político no figuraba en los manuales de represión. Aparecieron de la mano de la oligarquía vacuna como método más sofisticado y fue implementada por sus sirvientes, el movimiento militar nazi que asoló a este país entre 1976 y 1983.

Crecí al calor de la resistencia peronista acompañando con travesura de niño inquieto y adolescente “en la edad del pavo”, las incursiones de mi tío, entonces Secretario General de la CGT de mi provincia. El tipo era mi ídolo. Encabezaba las luchas gremiales locales y se enfrentó a la represión policial decenas de veces. Nosotros sintiéndonos poseedores exclusivos del don de justicia para esgrimirlo ante cualquier reclamo (qué niño y qué adolescente no esta convencido que sus reclamos son justos) nos subíamos a los naranjos que poblaban las calles de la ciudad, y desde allí ayudábamos a los obreros con nuestros naranjazos. La “cana” del Escuadrón a Caballo (La policía Montada) eran nuestros blancos. Jugábamos a ver quién volteaba a un cana de su caballo. Los canas corrían a palazos a los obreros. Mi tío estaba entre ellos.

El sentimiento de apego por el mito fue creciendo día a día en el interior de mi ser.

Pero tuve la oportunidad de conocer al “viejo”. Vi como Perón era un ser lleno de ternura, de amor por su pueblo, de sabiduría. Y pude acompañar desde mi humilde trabajo en el Senado de la Nación su noble intención de recuperar la patria de 18 años de desgobierno. Y en el intento dejó la vida. El viejo se me murió aquel 1 de julio.

Fui uno de los primero entre  millones de argentinos que lo despidió con un beso en la frente mientras un nudo destrozaba mi garganta, en aquel Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional. Tenía yo 22 años.

Mi hijo siempre supo que su padre era, es y morirá peronista. Pero yo no tenía las herramientas concretas y necesarias para decirle, para enseñarle qué fue, qué es el peronismo. El vio como su padre se enfrentó al menemismo, mientras escuchaba por los “medios” que ese menemismo era el peronismo. En ese preciso momento decidí dejar librada a la entera responsabilidad de ellos, a su libre experiencia y decisión la elección del camino político a seguir en el transcurso de sus vidas. Me sentí un padre políticamente impotente para transmitirle las razones de mi peronismo, más allá de mi conducta de vida.

Y allí apareció el Nestor (como dice el pibe tratando de imitarme). Mi hijo recién tenía 15 años cuando Nestor comenzó a gobernar. Empezó a ver a la gente más humilde recuperar su felicidad, empezó a ver a los padres de sus amigos recuperar sus trabajos, comenzó a descubrir junto al Nestor y a la Cris, qué era el peronismo en acción de gobierno. Comenzó a estudiar en la facultad y a pedirme libros de Perón, de Jauretche, de Scalabriní, de Cooke, de Hernandez Arregui, y conoció a Galasso personalmente y lo leyó, conoció a Estela Carlotto… Y se hizo Kirchnerista. –No me rompas las bolas Papá; yo soy peronista porque el pingüino y la pinguina son el peronismo. –Me retrucó acertadamente ante un chicaneo mío para corroborar lo que para mi era increíble.

El pibe tiene 22 años y se le murió el Nestor. De ahí su dolor y su llanto. El “viejo” (Perón) se me murió cuando yo tenía 22 años. ¡Que puta y maldita casualidad!

El Pibe no volvió a casa en toda la noche. Tengo el televisor prendido y en la Casa de Gobierno acaban de habilitar para el público el salón de los Patriotas Latinoamericanos donde están los resto del Néstor para que su pueblo se despida de él. Entre los primero, con su buzo de River y la cabeza gacha escondiendo sus lagrimas de dolor, casi sin mirar el féretro tratando de que su pesadilla no sea más que eso, quizá con la ilusión de que la muerte de su Néstor no sea cierta. Acaba de pasar por la pantalla del televisor  para despedirse de su líder, mi hijo; MI HIJO PERONISTA.

GRACIAS NESTOR KIRCHNER. GRACIAS MAESTRO; GRACIAS POR DARME LA POSIBILIDAD DE SENTIR ORGULLO DE TENER HIJOS PERONISTAS. MI HIJA ESTA HACIENDO LA COLA PARA DESPEDIRSE TAMBIÉN.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, COMPAÑERO NESTOR. LA LUCHA CONTINUA Y NO TENGAS NINGUNA DUDA QUE UN PADRE JUNTO A SU HIJO CUIDAREMOS DE TU ESPOSA, NUESTRA AMADA CRISTINA,  HASTA LAS ULTIMAS CONSECUENCIAS.

(1) Director de EL EMILIO

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