EL SHOW DE LA POLITICA O LA POLITICA COMO SHOW.

C.A.B.A.,Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Elecciones presidenciales 2015

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Foto de V.L.M.Por Victor Leopoldo Martinez

El promocionado Debate Presidencial –catalogado por sus vendedores como “histórico”- mostró lo que el televidente acostumbrado a distenderse con la TV quería ver: Un show. Lo positivo: Vieron el mismo los que habitualmente tienen sintonizado su televisor exclusivamente en las señales del multimedio Clarín (TN, Canal 13) y los que solo ven los programas “oficialista” en el orden nacional (TV pública, canal 9, CN23 y C5N).

Pensar que dichos televidentes sacaron algo en límpio de los mensajes volcados por los participantes, sería un alarde de inteligencia de mi parte no acorde con realidad alguna. Yo solo escuche los discursos que se vienen repitiendo en cada spot publicitario. Solo lo gestual y uno que otro fallido puede ser materia de análisis, y luego lo veremos.

Después del show quedó claro que los candidatos a la Presidencia se prestaron a un juego que en absoluto enriqueció como aporte al sistema democrático. Es poco serio pensar que lo visto fue realmente un debate; es más sería un atentado al intelecto. No fue un debate político porque la política no es eso; no son dos o más candidatos jugando con pantomimas para atraer votantes; menos lo es en un país que después de 12 años de continuidad de un proyecto político, recién está saliendo de una crisis terminal como la que vivió en el 2001 donde faltó muy poco para que algunos políticos en gestión de gobierno y economistas que formaban parte del staff mediático (hoy reciclados por los mismos medios) le pusieran al país bandera de remate. Los argentinos que salimos a las calles en aquella oportunidad, en cada rincón del país, a gritar nuestra indignación contra los políticos sintetizada en una sola consigna: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, no nos podemos dar el lujo de volver a cometer el mismo error, no podemos aceptar que sean los medios los que farandulezcamente digiten el destino de nuestras vidas como sociedad tratándonos como simples números que se pueden acomodar según sean los intereses económicos en juego.

Sobre aquella realidad pasada que llegó a afectar a gran parte de la población dejándola al borde de la miseria más absoluta, que desencadenó una crisis político-social sin precedentes históricos poniendo al país al borde de su disolución, es poco serio aceptar que se haga de la política un show. Por otro lado, jamás se podrían debatir seriamente cuestiones políticas en medios de comunicación que tuvieron una alta cuota de responsabilidad al acompañar engañosamente la implementación de aquellas nefasta políticas; simplemente porque son empresas periodísticas que como tales sacaron jugosas ganancias en esas “oportunidades”. En este sentido ningún empresario se suicida. Todo el circo montado alrededor de este debate fue impuesto desde una situación dominante en materia de manejo de la opinión pública realizada por ciertos medios, lo que a buen entendedor se presenta liza y llanamente como una puesta en escena altamente condicionado temáticamente.

El show mostró dos candidatos con historias personales, profesionales y políticas que la mayoría de la población solo conoce en partes y por lo que de ellos vendieron los medios.

Macri –uno de los candidatos- es el típico producto de mercado impuesto vía mediática; es el triunfo de la política comunicacional de un Magnetto (Grupo Clarín) que como hombre de “negocios” y conocedor del “mercado”, instaló un producto que terminó siendo “exitoso” para ciertos sectores sociales ¿Cómo lo hizo? A través de Fernando Niembro, otro hombre de negocios conjuntos con el actual Jefe de gobierno de la C.A.B.A.. Fue Niembro el que trajo la idea de los gerenciamiento de clubes desde Europa y lo vendió como la panacea para solucionar los problemas económicos de las instituciones deportivas. Con ese ardid “instaló” a Macri (“El cartonero Báez” según Maradona) al frente de Boca. Luego publicitó su “eficiente” gestión boquense para “sugerirlo” como candidato para la Ciudad y logró hacerlo gobernador gracias a la gran cobertura mediática que le dio el multimedio Clarín antes que se le quitara el negocio del futbol (Ya había perdido el negocio de las AFJP).

Nadie con dos dedos de frente puede concluir que presidir un club de Futbol es condición suficiente y antecedente válido para ser usado por quien pretende gobernar una Ciudad; menos aún presidir un país. El destino de un país no se lo mide por campeonatos ganados; tampoco se lo gerencia como a un club de futbol; a un país se lo maneja políticamente.

El incipiente intento implementado en los “90” -y dentro del sistema democrático- de instalar -a través de los medios de comunicación como herramienta de penetración- que los problemas políticos-económicos nacionales se resolvían con un buen “gerenciamiento empresarial del Estado” llevado adelante por manos privadas, evidentemente dio resultados; hoy la duda de su validez se volvió a instalar y en ese sentido debemos aceptar que fue un triunfo del CEO de Clarín, Magnetto.

Con respecto al otro candidato, lo mismo se podría decir de Scioli que también viene del palo deportivo. Pero existe una notable diferencia: Scioli fue un deportista de alta competencia y nunca pretendió gerenciar institución deportiva alguna. Tiene en su foja de servicio el haberse iniciado en la política durante la segunda década infame y de la mano del peor presidente que tuvo el país –Menem- en relación al daño producido a los intereses nacionales; pero su bajo perfil como Diputado Nacional y posteriormente como Secretario de Deporte le permitió salir incólume políticamente de aquella nefasta experiencia. Su protagonismo adquiere mayor relevancia cuando Néstor Kirchner decide que sea su compañero de formula en el 2003.

En el supuesto “debate” de la otra noche no se habló de las gestiones de cada candidato como actuales gobernantes que son, algo que hubiese funcionado como un interesante antecedentes a la hora de optar.

Si contrastamos las gestiones y los tiempos a cargo de ejecutivos de los dos candidatos que son coincidentes, Scioli viene gobernando La Pcia. de Buenos Aires desde hace 8 años; hablamos de la provincia más grande, 16 millones y medio de habitantes, o sea el 41,65 % de la población total del país; maneja el presupuesto más alto a niveles de provincia; con sus más y sus menos la provincia funcionó sin sobresaltos más allá de la campaña mediática en contra iniciada al conocerse su postulación a la presidencia del país. Hombre políticamente contemporizador, a la hora de gestionar lidió y sacó adelante la conocida “crisis del campo” manejada por la oligarquía agro ganadera que no quería perder sus privilegios. Del otro lado Macri lo viene haciendo en la C.A.B.A. también desde el 2007 (segundo presupuesto del país), con promesas de gestión incumplidas (el caso más patético fueron los 10 km de subte por año jamás concretados que suena como el mega emprendimiento que promete a nivel nacional como candidato a presidente), con un manejo autoritario y discrecional del presupuesto de gastos de la ciudad sin querer dar explicación alguna de sus actos en la legislatura porteña, con su propio record en materia de leyes vetadas por molestas para sus negocios y los de sus amigos, y con la cuadruplicación del endeudamiento externo de la ciudad, su “gerenciamiento” de su gobierno y este como modelo, deja mucho que desear.

Estos datos se los pueden encontrar fácilmente con solo entrar a las páginas oficiales de cada uno de los dos gobiernos.

Todas estas cosas no se DEBATIERON la noche del domingo. Solo se alcanzó a ver a unos de los candidatos –Macri- totalmente compenetrado en el estudio de su discurso (mirada clavada en el atril donde estaba escrito el mismo) sin prestar atención a lo que Scioli le preguntaba. De ahí sus no respuestas y el recitado de un discurso plagado de grandes promesas en medio de arranques agresivos y cancheros queriéndose mostrar como el porteño sobrador. Scioli en una sola oportunidad utilizó la mejor herramienta que tenía disponible: el adverbio interrogativo “cómo”, algo que hubiese resultado letal para Macri a la hora de explicar el modo a utilizar para concretar dichas promesas. Este último, cual pastor evangélico mediático solo se limitaba a proponer cataratas de amor, a realizar promesas y a expresar buenos deseos que lógicamente cualquiera sabe que con eso a los argentinos no se los compra tan fácilmente.

Por ahora los medios hegemónicos con sus show, siguen marcando la agenda política nacional.

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