BUMERANGUEAR

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Cultura

Atento a algunas críticas adversas que ha recibido mi estilo de redacción, he resuelto modificarlo. Es por eso que en esta nota, titulada “BUMERANGUEAR”, no encontrará el lector, una vez siquiera, términos como “culo”, “pija”, “concha”, “pelotudo”, “jodete”, etc. Es más, tal vez pueda alguno de los más refinados disfrutar del uso de algún que otro recurso retórico de esos que, se supone, sólo solazan a las mentes iluminadas.

Fernando Musante

Por Fernando Musante
Bueno, aquí va:

Julio Cortázar acuñó el verbo bumeranguear (verb.reg. 1ra, conjugación) en “EL LIBRO DE MANUEL”. La frase, que aparece en la pag. 34 de la 1ra. edición de Sudamericana (1973), dice textualmente: “… a mí nunca me había pasado eso, las cosas me venían y yo las manipulaba y las revertía y las bumerangueaba sin salirme de mi cáscara hasta que en una de esas, precisamente cuando podía sentirme más acascarado que nunca…”
Aclaro, para conocimiento de todos, que el verbo “bumeranguear” no es el único neologismo que ha producido Cortázar. Es más, en una página web titulada “INSTITUTO DE VERBOLOGÍA HISPÁNICA , Verbos de Autor”, tiene varias menciones; la mayoría de ellas son de EL LIBRO DE MANUEL y otras de RAYUELA.

 Cortázar ha utilizado en la frase citada la primera persona del singular del pretérito imperfecto del modo indicativo, según la nomenclatura de la Real Academia Española de la Lengua, y su paradigma de la conjugación. Cosa que aprendí (a los sopapos) allá, entre las postrimerías de la década del cincuenta y los albores de los años sesenta, en las aulas del Hipólito Vieytes, con las enriquecedoras enseñanzas del Dr. Correa Luna. Y la idea que me invitó a escribir sobre el neologismo “bumeranguear” tiene que ver con la metáfora que encierra el uso de ese término.

“Metáfora”: del griego “meta”: más-allá-de; y “forare” (verbo) también del griego, que significa “acción de trasladar”. Vale decir: “metáfora” es trasladar (en este caso una palabra) más allá de… (¿Su primal significado semántico?) Creo que sí. Y todos sabemos (o suponemos saber) qué es un boomerang, y cuál es su característica distintiva.

Sí, el boomerang (o búmerang) vuelve.

Ahora bien, sigamos hurgando (metáforas mediante) en cuestiones que invitan a emplear el neologismo de Cortázar. Vale decir: cuando algo vuelve. Y sobre todo en los casos en los que la vuelta resulta inconveniente para el lanzador. Algo así como el consejo subyacente en la sentencia –rayana en el lugar común– sobre las escupidas al cielo.
Yendo al grano: el ex–presidente de la Nación, Federico Pinedo, hombre que carga con un nombre y apellido detestable para los argentinos bien nacidos, presentó –junto al diputado radical Mario Raúl Negri– una denuncia en la que consideró que el asunto de la “venta de dólares a futuro” constituía un acto penalmente reprochable. Y no ahorraron adjetivos calificativos para denostar a los que constituirían tal conducta. Cabe destacar que en este tipo de acciones dolosas como las que se denuncian siempre hay beneficiarios (que son parte inescindible de la presumible criminalidad), facilitadores, partícipes, etc.
A propósito, cito: “… beneficios indebidos para terceros inescrupulosos…” Así dice, textualmente, en un pasaje de uno de sus párrafos la denuncia del ex–presidente Pinedo y el diputado Negri.

Bien, convengamos que para que el daño se concrete esos presuntos “inescrupulosos”, necesitaron la participación de, por los menos, dos personas con capacidad de decisión, a saber: un juez que autorizara y un presidente del Banco Central que efectivice los pagos correspondientes. Y así sucedió. El juez fue Claudio Bonadío y el presidente de B.C.R.A. Federico Adolfo Sturzenegger. Pero esto no es todo, porque al aparecer la lista de esos “terceros inescrupulosos” (siempre según la definición del ex–presidente Pinedo y del diputado Negri), la cosa se complica un poco más, desde que lejos de pertenecer esos terceros a las filas de quienes habrían facilitado la acción dolosa, los adquirentes de esos dólares engrosan nóminas de los propios grupos de pertenencia de los denunciantes; ya familiares, ya políticos, ya comerciales.

La idea de escribir sobre el neologismo “bumeranguear” sólo tuvo la intención de hurgar en las maravillas del lenguaje; siempre considerándolo como una facultad del ser humano que puede apelar a sistemas (lenguas), gestos, señales, símbolos, y a enriquecerlos por medio de la poética y la retórica.
El lenguaje siempre estará sujeto al soporte tríptico que definió Charles William Morris (sintaxis–semántica–pragmática), y a la relación dicotómica que formula Saussure (significado/significante), y esto es lo que lo hace vivo.

 “Bumeranguear”, como vemos en este ejemplo, hasta podría volverse un verbo reflexivo, porque a estos señores parece que la cosa “se les bumerangueó.”

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