“PERIODISMO DE GUERRA”, AMORALIDAD PROFESIONAL Y DUDOSA ÉTICA

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Periodismo y Medios de Comunicación.

Foto de V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez

Julio Blanck, editor y columnista del matutino Clarín fue entrevistado por Fernando Rosso para la publicación “La Izquierda Diario”. Explayándose y tocando todos los temas que Rosso le fue planteando, Blanck dejó algunas perlas que merecen un análisis más detenido, profundo y muy puntual. Se trató de un claro sinceramiento de perversas “acciones” por él realizadas donde se mezclan altos niveles de hipocresía con “fallidos” freudianos, todo bajo el manto de impunidad que otorga el poder del dinero; fue un “blanqueo” de la no imposible a futuro dictadura del “cuarto poder” donde la sociedad toda entrará en estado de sospecha y riesgo. Situación altamente peligrosa si las hay no solo para los “políticos” que entraron en el perverso juego y no reaccionan, sino para la vida política e institucional del país.

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Refiriéndose al trabajo que él y sus colegas desplegaron tanto en Clarín como en Radio Mitre y TN hasta el 10 de diciembre del 2015, Blanck reconoce sin titubear: “A ver: ¿hicimos periodismo de guerra? Sí. Eso es mal periodismo. Fuimos buenos haciendo guerra, estamos vivos, llegamos vivos al final, al último día. Periodismo eso no es como yo lo entiendo, no es el que me gusta hacer. Y yo lo hice, no le echo la culpa a nadie, yo lo hice. Eran las circunstancias e hice cosas que en circunstancias normales por ahí no hubiese hecho, en términos de qué posición tomar o de cierta cosa terminante.

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La frialdad y el cinismo que encierra el reconocimiento que practicaron un mal periodismo excede cualquier valoración moral y sobrepasa toda ética profesional abriendo una peligrosa senda en nuestra profesión para que los jóvenes periodistas sientan que para hacer periodismo todo vale.

Transformar a nuestra profesión en un arma de guerra es reconocer que se puede herir y matar con palabras, se puede destruir con un texto, con una fabulación en forma de relato acompañada de imágenes por una pantalla de TV y que poco importe sin fueron truchadas (el hollywoodense circo de topadoras buscando bóvedas en desiertos patagónicos por ejemplo); desvirtúa profundamente el fin de la tarea periodística. Blanck confiesa la finalidad de sus acciones: “…la corrupción kirchnerista explica, compensa o amortigua el costo social de las correcciones de la economía(los negocio en disputa), que es muy alto. Así que por ahí el circo está alcanzando. Digo: al “circo judicial”, ¿lo promueve el Gobierno? No, pero se beneficia de él.”

En las guerras siempre hay muertes y muchos heridos. Si un periodista piensa que tiene un arma mortal y la usa para hacer daño, no es periodista, es un simple sicario. Leopoldo Lugones, un raro personaje de nuestras letras que coqueteo con todas las ideologías existente en nombre del libre pensamiento pero que desde ya lejos está en mi intensión trazar un paralelo de calidad con Blanck, manifestó alguna vez en un acto de “contrición” y refiriéndose al diario de los Mitre (La Nación) “Compraron mi pluma…”. Jactarse que: “Fuimos buenos haciendo guerra, estamos vivos, llegamos vivos al final, al último día.” sin dar una mínima señal de arrepentimiento ni tampoco explicar sensatamente las razones de su participación en ese “conflicto bélico” lo desnuda en su veta “Lugoniana”. Resulta obvio quienes eran los “enemigos” de Clarín y Magnetto; descaradamente lo señala posteriormente: “El Gobierno de Kirchner y sobre todo de Cristina, le dieron a Clarín una gravitación loca, suicida. Se demostró suicida para ellos, ¿no?”. Seguramente se trató de uno de los crasos errores del gobierno kirchnerista, pero manifestar esto es de un nivel de perversión nunca antes escuchado. Evidentemente no se trató de defender la libre expresión en favor de la sociedad sino de la defensa de “simples y multimillonarios negocios” que el CEO de Clarín sentía estaban en riesgo. Se percibe en sus palabras amoralidad manifiesta que sienta un precedente extremadamente peligroso para la profesión. Hacer gala de esto porque se goza de total impunidad para decirlo por contar con la protección de los poderosos lo degrada más aún: “Periodismo eso no es como yo lo entiendo, no es el que me gusta hacer. Y yo lo hice, no le echo la culpa a nadie, yo lo hice.”

Ahora bien, ¿cómo cree Blanck que puede eludir su responsabilidad de sicario? Muy sencillo, socializando esa responsabilidad. Cuando Blanck sostiene “todos somos responsables” y en ese “todos” mete a la sociedad en su conjunto, es lo mismo que decir “nadie es responsable” porque un TODO no es enjuiciable en término judicial-penal : “…cuando la corrupción estaba pero era menos visible, los modos, el estilo y cierta bonanza económica (del gobierno Kirchnerista se entiende) permitían a la sociedad, a las capas medias de la sociedad, hacerse los distraídos como nos hemos hecho los distraídos siempre. Digo siempre en los últimos cuarenta o cincuenta años. La sociedad no es inocente de las cosas que le pasan, no es inocente de Macri, no fue inocente de Cristina [Fernández], ni de [Carlos] Menem, ni de [Jorge Rafael] Videla.” Esta perversa generalización viniendo de un hombre que se dice periodista no deja de sumar nefastas características al papel que él jugó en esta profesión. No se puede hablar de ignorancia sobre nuestra historia por parte de Blanck; ¿O sí? Partamos de la base que por principio toda sociedad es inocente; pero desde la aparición de la prensa fue víctima de manipulación. Y vaya si es inocente al creer en estos últimos 8 años que lo importante en su vida es lo que le marcaba la agenda impuesta mediáticamente por tipos como Blanck confiando erróneamente en la “honestidad” de la información cuando en realidad toda era cuestiones “armadas. Blanck, fabricó, mintió en la construcción de sus relatos para engañar a nuestra sociedad estando al servicio de su AMO (Magnetto). Ahora Blanck, como Lanata  y tantos otros, dejaron de ser libre. Son esclavos con pre$cio alto, pero esclavos al fin. Cuando ya no sirvan, el AMO (o sus hijos) los eliminarán cual desperdicios, como es  el final de todo periodismo basura.  

Decir que la sociedad toda es responsable del Terrorismo de Estado (Videla) es endilgarle a ella un apego por el modo Nazi-fascista de construcción político-social que indudablemente nunca tuvo; por el contrario, fue su víctima política, social y de esquilmación económica. La perversión es manifiesta. Con estos dichos lo que busca Blanck en realidad es esconder los verdaderos motivos que internaron a la Argentina en aquella noche negra para que personajes nefastos como su AMO (Magnetto) sea hoy el dueño de Papel Prensa. Menem hizo lo que hizo porque le cedió a Magnetto Canal 13, Radio Mitre y le permitió la creación de TN, pantalla desde la cual él pudo -y puede- “operar”. Cuando Menem no les sirvió más lo destruyeron como se destruyen los desperdicios. Cavallo “zafó” y sigue intacto; continua sirviendo para nuevos “negocios”.

La opinión pública es manejable y esa es la llave más usada por los sicarios del periodismo: “…hoy en la tapa de los diarios parece que el triunfo de la lucha popular es que te aumenten 400 % el gas. Esto es Argentina ¿no? Y lo dice con total desparpajo y sin inmutarse.

Pero ¿por qué digo que es la sociedad toda y sus instituciones las que están en peligro? La Justicia es la que más corre peligro de desaparecer. Blanck blanquea que “armaron” causas y con ellas operaron sobre el poder judicial con ayuda de jueces “adictos” al solo efecto de manipular a la opinión pública: “… los jueces ven que o corren para el lado de ponerse al día con las causas que están armadas o la van a pasar mal. (blanqueo con amenaza) Una cosa es que la sociedad demande Justicia independiente, otra cosa es que esta Justicia sea independiente. (Blanqueo de cómo Clarín y los poderes económicos condicionan a los jueces. De ahí que los ladrones de gallina lo pasen mal y los poderosos sigan evadiendo al fisco y esquilmando la economía nacional con total impunidad) Esta Justicia es la que es: es la misma de antes acomodándose a la circunstancia política.” Reconocimiento explícito, abierto sobre el nivel de corrupción que en no pocos sectores de la Justicia (incluida la Suprema Corte de la Nación) existe.

Un señalamiento final de Blanck que despeja alguna duda si es que quedaba: “Si vos me decís: ¿hoy tenemos que hacer el mismo periodismo que hicimos hasta el 10 de diciembre? No, no. ¿Estamos haciendo un periodismo distinto? No siempre.”

Nada más que agregar. La sociedad, el lector sabrá qué hacer con esta situación; de su decisión dependerá su futuro y el de las nuevas generaciones.

 Dibujo: Mariano José Utin (colaborador de revista EL EMILIO).

Fuentehttp://www.elesquiu.com/editorial/2016/9/7/periodismo-guerra-amoralidad-profesional-dudosa-etica-225695.html

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