ENTRE EL AMBATO Y EL ANCASTI, UN FILOLOGO ENAMORADO

6 octubre 2016

San Fernándo del Valle de Catamarca, Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Cultura.

EL PERIODISTA JUAN FRANCISCO URIARTE PRESENTÓ SU OBRA “EL SENTIDO DE LA LITERATURA” EN EL MARCO DE LA 3RA EDICIÓN DEL FESTIVAL DE LA PALABRA PROVINCIAL

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Por Victor Leopoldo Martinez

Transitar la senda que lleva a tratar de encontrar “el sentido de la literatura” no es un trabajo menor, y por lo visto no lo fue para un joven que comenzó a recorrerla, por lo poco que conozco de él, hace ya tiempo. Según sus propias palabras pareciera que toda carga emocional junto al deber personal frente a determinada responsabilidad (o sea una “respuesta adecuada” según entendía la responsabilidad Krishnamurti), se alivianan y hasta se vuelven agradables cuando el motor que mueve el soplo divino es el amor, la felicidad y el placer que despierta trabajar en lo que a uno le gusta, disfrutar que uno existe y puede concretar la misión asignada para este paso terrenal.

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“Hagan lo que realmen- te les gusta, disfruten con hacerlo, descubran el placer que esto produce, encuentren la felicidad haciéndolo; sean felices”; palabras más palabras menos es lo que simplemente se limitó a sugerir Juan Francisco Uriarte, joven escritor catamarqueño, a la nutrida concurrencia que lo acompañó la noche del 30 de septiembre del 2016 cuando presentó su libro en la Casa de la Cultura de San Fernando del Valle en el marco de la tercera edición del Festival de la Palabra provincial.

francisco-presentacionPara los tiempos que corren en nuestra PATRIA donde volvieron a reaparecer viejos y perversos signos de aquella intolerancia eurocéntrica que cual serpiente desovo en aquel “Tratado de Versalles del “19” (1976) y los nacientes reptiles rompieron sus cascaras en la Alemania de los “30” (2016), quemadora de libros, torturadora de pensares y sentires diferentes, que un joven se anime y rescate esa ilusión de Ernesto Guevara por recuperar el valor del trabajo para los jóvenes, buscando sacarle esa tristeza que genera la necesidad del mismo en razón de conseguir el sustento diario, algo impuesto por la codicia capitalista: “…todavía no le hemos dado al trabajo el verdadero sentido. No hemos sido capaces de unir al trabajador con el objeto de su trabajo”, haría decir a Fromm (Erich): “Este pibe le perdió el miedo a la libertad”.

Al recorrer las páginas de su obra uno descubre al joven auscultador de pasiones, pensares y sentires de diversos autores volcados en textos varios, en toda su magnitud; sana curiosidad que lo lleva a desarrollar su trabajo rescatando los aporte que recibió de la escolástica académica pero sin hacerle asco a la transgresión de sus estrictas reglas encasilladoras.

Veo en esa pasión hecha belleza interpretativa de creaciones ajenas lo que le da a su obra mayor envergadura. Su lectura despierta a nuestros dormidos pero curiosos duendes y ellos nos vuelven a empujar al amoroso deseo de recuperar el hábito de la lectura, tan postergado hoy en día por priorizar la vorágine asentada en el voraz consumo de cuestiones intrascendentes.

Su obra nos invita a incursionar en el descifrados de esos maravillosos mundos narrados, versados por diferentes autores en sus creaciones literarias, mundos que en no pocas ocasiones muestran perversión y miserias humanas, en otros nobles y esperanzadores deseos, forjados a fuerza de amores y odios, de frustradas pasiones mundanas, donde con una rara habilidad y mucha naturalidad se mezclan el amor por la vida con el sentido de la muerte, donde esas miserias humanas y la hipocresía se pavonean desnudos y sin prejuicio alguno, y la grandeza del hombre en ocasiones vuelve a las catacumbas del anonimato por sentirse inservibles, o al forzado silencio que impone el instinto de preservación.

manuel-fontenla-1Coincidiendo con Fontela cuando le toco presentar la obra y hablar del autor, Uriarte va descubriendo y te muestra que los verdaderos creadores literarios nunca dan recetas por ser respetuosos de la inteligencia; en sus obras simplemente se limitan a transitar el camino de las letras dejando estelas de libre albedrio para que se desplacen las diferentes interpretaciones. Uriarte admira en los creadores el respeto por la inteligencia y la libertad.

A fuerza de ser sincero debo reconocer que la lectura de “el sentido de la literatura” me hizo víctima de mis propios y reiterados reclamos hacia el sistema de educación formal nacional, desnudando en mi una marcada incultura sobre la existencia de tantos prolíficos autores nacionales y americanos, al tiempo de poner en evidencia lo acertado de mi reclamo. Uriarte desnudó mi ignorancia en relación a esto como yo lo vengo haciendo con el sistema educativo desde hace largo tiempo por esconderlos.

La honestidad me obliga a reconocer que desconozco a casi todos los autores que Uriarte utilizó para concretar su trabajo tanto como las obras a las que acudió. Esto despertó en mi la curiosidad antes señalada y el deseo de acceder a ellos; pero también me despertó no poca nostalgia de aquellos años setentinos que me vincularon con obras y autores que jamás había oído nombrar en mis años de secundaria. Fue entonces y lejos de mi provincia que conocí a los Peruanos Vallejos, Mariátegui, Scorza, al cubano Carpentier. Mientras padecía mi condición de “cabecita negra” en la “iluminada” Buenos Aires y trataba de asimilar y comprender mi nuevo lugar de residencia vinculándome con Arlt,  traté de entender Adán Buenosayres de un Marechal para mi desconocido y un tanto complejo a la par de un Enrique Medina, un Kieffer o un Bioy Casares. Así transcurrieron mis primeros años en la gran “Capi” que comenzaba a convulsionarse políticamente. Los estudios universitarios y las urgencias políticas sumado al necesario ostracismo que ciertos y no lejanos tiempos imponían y mi fuerte vínculo con la pedagogía y el periodismo que para mi significaron un refugio seguro, fueron desviando atención y mis preferencias de lectura hacia otros autores y obras. Uriarte y su obra me devolvieron el deseo de reencontrarme con aquel amor por la buena lectura que en algún momento y en un rincón cualquiera de mi vida había dejado, quizá postergado.

En este bello valle que me vio nacer y que hoy me tiene de regreso, encajonado entre los majestuosos cordones del Ambato y el Ancasti, encontré un pibe, filólogo él, que con su muestra de amor por el trabajo de crítico literario, me permitió volver a conectarme con una parte muy importante y apasionada de mi vida, la lectura en general.

Con una excelente selección de textos, escudriñados en sus aspectos más íntimos y que no viene al caso comentar en esta reseña, “El sentido de la literatura”, obra del joven escritor Juan Francisco Uriarte editada por Lago Editora de la Pcia de Córdoba, es un trabajo muy recomendable y de lectura obligatoria por ser orientadora de bibliografía; especialmente para aquellos que necesiten recuperar el viejo y fiel amor que significa para la vida de cualquier humano este tipo de reencuentro alimentador de la imaginación creativa. Amor por la buena lectura; quizá el único modo de conocer y mantener un contacto dialógico con el mundo y otros humanos en ese bello juego de acercamientos que la literatura regala.


LA TENTACIÓN NEOLIBERAL COMO PARADIGMA CULTURAL

4 octubre 2016

C.A.B.A., Argenina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Neoliberalismo, Cultura y Medios de Comunicación

Foto de V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez

Generalmente se entiende como cultura -que proviene del latín cultus- el cultivo del espíritu humano y de las facultades intelectuales del hombre. Como definición suena antigua pero tiene un toque de lógica aunque esa lógica se vuelva relativa en los tiempos que corren si de cultivar “facultades intelectuales” se trata. Trabajar “condicionando reflejos” según la técnica del Ruso Pavlov, hoy da más y mejores resultados en materia de manipulaciones mentales colectivas y se ahorra mucho tiempo.

Hoy por hoy las cosas cambiaron a tal punto que hasta se puede “hacer (manipular) cultura”. Cultura no es solamente una cuestión de creación artístico-espiritual, sino y como bien sostenía Tyler hace casi siglo y medio atrás sin imaginar la actual manipulación mediática como madre y formadora de masa crítica para generar determinados fenómenos que se reproduzcan como “naturales” pero con fines precisos, cultura también: “Es el producto de las costumbres y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad (“hábitos”, palabra clave; en este caso “de consumo)”; o en todo caso lo de Stocking: “lo integrativo” (a través del discurso homogeneizador).

Estoy refiriéndome a manifestaciones culturales del presente como productos de una manipulación, en la mayoría de los casos berreta, chabacanas, pasatistas y para consumo masivo, de poca duración (esto último fundamental; la vorágine diaria nutrida en “cantidad” de mensajes resta tiempo para su análisis cualitativo), alimentadora de individualismo.

El viejo adagio de “cuanto tenéis, cuanto vales” hoy está más presente que nunca en los sectores medios de nuestra sociedad. La “competencia” individual reemplazó el “compartir” social. La “imagen” (la cascara, el envase o envoltorio) es más cautivadora y demandada que el propio contenido. Aspectos y conductas sociales que “suenan” a viejas, y no por casualidad; traen mas de un siglo de existencia pero fueron exacerbadas gracias a los medios en los últimos 40 años. Triunfó el “parecer” por sobre el “ser” y el “parecer”, como fin, justifica cualquier medio para alcanzarlo. Hoy la imagen de un tipo vale más que su palabra. La política fue degradada a show televisivos donde los protagonistas son conductores ignorantes que utilizan el chimento como el condimento esencial para “operar” contra políticos con ayuda de otros políticos (Carrio por Ej. Con 20 años de “actuación” ininterrumpida) y en favor de la supuesta “honestidad y pulcritud” empresarial (operaciones llevada adelante por Bonelli, Blank, Legrand, Gimenez, Lanata, Majul, Los Leuco, Fantino, o el pobre ignorante al cuadro del Moro). El “metro sexual” o la teto-culona producida, aunque cabezas huecas, tienen más aceptación como productos de consumo masivo dentro de un mercado donde las frivolidades ocupan la mayor parte de los escaparates. Se fabrican ídolos y modelos con la misma velocidad con que se los entierra. Gusten o no son formas de manipulación cultural.

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¡Bienvenidos al tentador neoliberalismo!

Lo grave es que hoy estos tipos de mercancías culturales no solo son productos de consumo sino que el consumo mismo aparece como valor cultural (si no tenes tal o cual “aparato, bien mueble o inmueble”, o no consumís ciertos relatos, sos un idiota y encima desinformado).

Se hace cada vez evidente que nuestros neoliberales solo le agregaron urgencia e inmediatez al liberalismo clásico en la búsqueda de resultados económicos para diferenciarlos. De transformar sus postulados en modos y estilo de vida, y estos en paradigmas culturales fue una muy buena tarea desarrollada por los medios hegemónicos de comunicación.

Se trata de un fenómeno no muy complejo pero sí con fines claros, más abarcador, de mayor alcance, no excluyente de sector social alguno, que dentro de los componentes esenciales que hacen a su proceso de gestación y luego como instrumentos de “operaciones”, aparecen los medios de comunicación audiovisuales, internet y todas las nuevas plataformas comunicacionales que dan “vida” a las renovadas relaciones globales. Si a Google lo maneja el imperio desde el norte, Yahoo Argentina es hoy otra pata del multimedio de Magnetto. Desde esta realidad Lanata “opera” y dice que somos y estamos en el recontra culo del mundo (él no porque tiene domicilio en Miami) y todos sus seguidores evitan ser un sorete argentino siguiendo y repitiendo sus gansas bajadas de líneas. Esto, replicado en redes sociales tiene un efecto multiplicador demasiado eficiente. Basta salir del país y se podrá comprobar que para cualquier “primermundista” el “periodista” Lanata es un cómico de 4ta, mientras que acá el producto “Lanata” además de “verosímil” es de primer nivel. Ernesto Tenembaum “admira Cuba”, pero para vivir prefiere EE.UU. Entonces aparece como algo esencial para la vida “democrática” argentina el respeto por las opciones y gustos personales, por las preferencias individuales; como si esos gustos, opciones y preferencias no fueran producto de un trabajo previo de manipulación cultural con los cuales se consiguen armar rebaños de inconscientes. Llamativamente ese respeto desaparece cuando algunos otros vuelcan sus preferencias por el “populismo”, esa detestable “masificación de accesos” tan contraria a la selección de clases y categorías que facilita la meritocrática propuesta neoliberal. La ignorancia llega sin inconvenientes al nivel de estupidez cuando el rebaño que conforma la suma de individualista meritocráticos no tiene conciencia de ser también otro rebaño.

Llamativamente el estudio “científico” de este fenómeno a todas luces antropológico que tanto está afectando a nuestra sociedad –si es que existe tal estudio- parecería que sigue encapsulado en las “tinieblas” de un academicismo inservible, sin vías de “comunicación” para socializar algún resultado. Grave.  

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“Internet te abre puertas y ventanas para que puedas acceder al mundo” (Slogan muy bonito si los hay pero que no te aclara que se trata de “cierto mundo” desde ya, o mejor dicho el “mundo” que pretenden que se conozca; el real o inconveniente NO); pero esas puertas y ventanas abiertas son utilizadas para “penetrar” en tu intimidad, conocerte, modelar tus gustos hasta convencerte que, o seguís al rebaño o sos nadie; te quedas afuera de “Todo”. Desestructurante.

Tengamos en claro que son “ellos” los que deciden qué es ese “Todo”, quiénes te lo pueden facilitar, qué cantidad diaria de basura periodística y publicitaria debes consumir para alcanzarlo. ¿Y quiénes son esos “ellos”? te preguntarás: Los dueños del poder económico real, los financistas, los vendedores de paraísos llenos de felicidad por estar colmados de confort principesco (modelo de vida al que supuestamente todos pueden acceder), plagados de aparatos que te conectan al mundo. El consumidor no se percata que esos aparatos y ese confort te aíslan de otros humanos; humanos que “parecen” estar cerca tuyo hasta  creer que son parte de tu vida espacio-temporalmente gracias a los “aparatos”; sin que te moleste que solo sea de manera virtual. Las relaciones impersonales adquieren tal importancia gracias a los “aparatos” que hasta ridículamente hacen desaparecer las 5 mesas de un bar, la calle, las dos cuadras que separan a los sujetos que se comunican. Un adolescente alimenta su temor a lo empírico, a los vivencial  gracias al aparato que le evita poner el cuerpo a la hora de expresarse y/o comunicar ideas, sentimientos o sensaciones. Evidentemente ciertos “aparatos” actúan como ciertas drogas, desinhiben; lastima que sea a fuerza de recurrir a lo artificial.   

Ficción supera realidad.

Aparentemente todo “funciona” bien hasta el momento en que –en el caso argentino- se explicita el límite de lo que te corresponde a ti (“vivían una fantasía gracias al populismo” González Fraga).Los muy buenos “equipos” de Macri nos están dando las explicaciones correspondientes: Ser chorro “k” o militante “grasa k” es muy distinto a tener cuentas en “empresas offshore” donde lavar dineros evadidos al fisco, o poner CEOs de grandes empresas al frente de ministerios para hacer negocios con el sudor ajeno; lo segundo no es delito; menos aun grasa, sino más bien “cool”. En este país hasta las diferencias sociales y las actitudes racistas son caldo de cultivo para el afianzamiento del individualismo en pos de lograr aceptación y/o pertenencia de clase; que no es para todo humano argentino desde ya.

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En la actualidad, la cultura del consumo se especializó en dar a todo objeto pasible de serlo, un valor vital en la existencia humana hasta introducirlos en un contexto extrasomático (traspolación de la “cultura objetual” de Leslie A. White).

Ahora bien, en nuestro caso como país y a partir de una mirada crítica sobre hechos consumados, el eje de análisis se orienta hacia la contradicción. Lo anterior (la cultura del consumo) hoy es una realidad porque se mal utilizó el “viejo truco del progreso” (dijera el Super Agente “86”). Comprado hasta por el anterior gobierno nacional al que la vanguardia lúcida de izquierda que conformó el FPV tituló de “progresistas” en relación a ese logro llamado “movilidad social ascendente” (torpe sería no reconocerlo y ser agradecido), progreso fijado en niveles de consumo de aparataje con el más que lógico pero discutible argumento de las fuentes de trabajo que ese consumo generaba dentro del mercado interno, evidentemente algunos de esos “aparatos” le sirvieron al poder económico-mediático para continuar con la tarea “Pavloviana”. Con los resultados políticos a la vista según las últimas elecciones, queda claro que solo sirvió para que los dueños reales del poder económico -con absoluta complicidad de la prensa aliada- continuaran cultivando, vía medios de comunicación hegemónicos, sobre múltiples cabezas, la importancia del individualismo y lo inútil de las construcciones colectivas, sociales. Doce años de mejoramiento en la calidad de vida de los sectores sociales más postergado basado en la necesaria asistencia social estatal por un lado y la generación de fuentes de trabajo (poco importa si fue formal o informal, genuinos o no, por ser criterios tecnicistas que a los fines del funcionamiento de la economía popular real no tiene valor e importancia ya que ayudó cuando debió), sin el debido acompañamiento pedagógico-cultural que lo sustente, solo sirvieron para incrementar el aprovechamiento del aparataje “consumido” por la “gente” de parte de los manipuladores, en una tarea que además brindó jugosas ganancias a los empresario. Combo completo.

Las semillas del individualismo sembradas desde 1976 ya tenía firmes raíces en el subconsciente de muchos y el verso de lo provechoso que resultaba el “esfuerzo” personal e individual puesto en la timba financiera y el consumo de Martinez de Hoz (viajes a Miami para comprar “2” de cada aparato), de Cavallo (1$=1u$s) y los “Chicago boys¨ tanto en la dictadura como en el ¨menemato”, se extendió como frondosas ramas hasta ocupar todo el espectro comunitario sugiriendo un formato y un modelo de vida acorde a los imaginarios beneficios que conlleva el respeto por las reglas de juego neoliberales de selección; lógicamente en detrimento del valor social de toda construcción colectiva.

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Macri no llega al lugar de privilegio que ocupa hoy de casualidad. Macri es el emergente de un fenómeno cultural que se introdujo en nuestro país hace 40 años. El mediocre Ing. egresado de una universidad privada pasó a ser vendido como el joven empresario exitoso (Fernando Niembro –un delincuente común hoy preservado gracias a un anonimato forzoso- desde el deporte) para luego pasar a ser uno de los paradigmas culturales dentro una sociedad formada (o deformada, como quieran), cultivada en esos valores (o desvalores, como quieran).  

El “estilo Macri” -como producto para consumo- fue comprado por una sociedad preparada culturalmente desde 1976 para aceptar en grado superlativo el valor supremo de productos que fueron impuesto por hechos consumados en los sectores medios de nuestra sociedad a quienes poco les importó e importa que el costo que se pagó fuera con derramamiento de sangre de compatriotas. A partir del terror instrumentado contra la sociedad en su conjunto por la última dictadura militar como herramienta disciplinante, algo que alimentó el individualismo a modo de mecanismo de defensa, luego ese individualismo quedó internalizado en gran parte de la sociedad. Estoy refiriéndome a un condimento no menor para que ese neologismo doctrinario llamado neoliberalismo hoy sea una meta de vida para muchos argentinos en amplios sectores de nuestra sociedad.

Que el 51% de la población haya comprado un relato que viene vigente desde hace 40 años, a todas luces ficticio, y que lo haya transformado en sufragio democrático el 10 de diciembre pasado después del desastre económico-social del 2001 no puede pasar por alto; que las reiteradas “compras” anteriores de ese relato solo le sirviera para hacerlos víctimas más que beneficiados de supuestos “reordenamientos econòmicos”; que el nivel de aceptación de ese relato –siempre el mismo, nunca actualizado-, aun siendo víctimas le haya permitido a Menem presidir dos períodos consecutivos del país, y que en el caso de Macri ese relato haya llegado hace 6 meses atrás al 70% de aceptación; que la creencia en ese relato hoy en boca de Macri todavía no haya descendido más abajo del 40%, son pruebas muy contundentes de este fenómeno cultural (independientemente que ciertos periodistas consideren algún descenso de “aceptación  del personaje como algo significativo, descuidando el trasfondo cultural del fenómeno que es lo preocupante).

Sin visualizarse en el horizonte próximo ningún trabajo contra cultural que pueda contrarrestar este fenómeno, los modos y estilos de vida vendidos por el neoliberalismo seguirán operando como paradigmas culturales.