“LOS ESCLAVOS FELICES NO TIENEN HISTORIA.”*

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Mitos y realidades sobre nuestra América.

Foto de V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez (1)

En su trabajo “La historiografía paraguaya y los afrodescendientes” publicado por CLACSO, Ignacio Telesca comienza señalando la escasa documentación y los muy pocos trabajos historiográficos que existen al día de hoy en Paraguay, algo que por lo que se lee en la obra, continua imposibilitando los más variados intentos de no pocos investigadores curiosos de hurgar en los orígenes y el pasado de la nación hermana. Telesca es uno de esos investigadores. Por los datos y característica de la obra, su lectura resulta altamente recomendable. Acá simplemente voy a realizar rescates de fragmentos y algunos señalamiento sobre los mismos que por sus singularidades resultan más que interesantes. Para ello recurriré al paralelismo con otros textos de similares valoraciones conceptuales en materia de significantes a la hora de evaluar conductas y gestos humanos.

En el mencionado trabajo el autor rescata la tarea de registros –cuasi históricos- hechos por un integrante de una comisión demarcatoria de límites entre Paraguay y los dominios portugueses –límites según lo que establecía el tratado de San Ildefonso de 1777-, de nombre Félix de Azara; y otro escrito –el de Josefina Pla- de donde extraje el título de esta entrega.

Antes de transcribir fragmentos de la obra de Telesca que a mi entender resultan atrayentes y significativos, deseo detenerme en la oración que utilice para titular la presente reflexión.

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Resulta impactante leer una oración donde la paradoja está claramente expresada en el significante de dos de sus términos presentes en el sujeto: “esclavos felices”; pero además, con un predicado por demás llamativo como colofón: la negación del hombre como sujeto histórico (el “feliz” no tiene historia) en razón de estar transitando un estado de “júbilo y satisfacción”, en este caso por su condición de esclavo “bien tratado”. ¡Suena alocadamente desestructurante en términos de racionalidad¡

Es dable suponer que todo estado de esclavitud no puede hacer feliz al que lo padece; cualquiera sea el modo o forma del mismo. Hasta podría incluir aquella que hace a un individuo “esclavo de sus palabras” ya que nunca tendrá certeza total –dudas existenciales que en algunos casos acompañan hasta la muerte- sobre el grado de verdad o falsedad de las mismas en tanto ser social y las variopinta valoraciones que de conductas y actitudes individuales frente a temas o situaciones sociales que a manera de desafíos mundanos suelen presentarse. Por ejemplo, esa atribución interpretativa que se toma la autora a partir de priorizar el estado emocional de un sujeto para deconstruir –sacarlo, abatirlo en términos de Heidegger(2)- privándolo de tener historia . Se lo podrá sacar de un relato histórico ya que muchos de ellos hacen hincapié únicamente en la parte trágica; pero no sacarlo de la historia.

Sin embargo y como atenuante, esto de “esclavos felices” podría ser parcialmente aceptado solo si se lo analiza en términos comparativos tomando las diferentes situaciones y formas de esclavitud que existieron a lo largo del tiempo en el mundo y en nuestra América en particular –lo acoto a mi realidad y lo que he estudiado sobre ella-, según el grado de humanidad o perversión de los esclavista de turno. Pero de ningún modo esto puede significar la barbaridad de aceptar que hay esclavitudes buenas y esclavitudes malas, que es como justificar y avalar por fatalismo histórico, proyectos imperialistas porque los hay buenos, estupidez muy presente en muchos de nuestros sirvientes cipayos de los imperialismos -ingles o norteamericano- según sea la paga para los quinta columnas al servicio de ellos.

Existen otros textos casi del mismo tenor, también justificatorios de esto último. Tomo otro caso como ejemplo que por lo llamativo no deja de asombrar. Aparece en : http://primeross.blogspot.com.ar/2013/10/la-mentira-de-la-esclavitud-y-el.html . En él y desde un razonamiento muy particular que ya escuché y/o leí en boca y textos de otros, se intenta inferir que los pueblos masacrados, sometidos, esclavizados, a pesar de eso deben ser pueblos agradecidos por los aportes “culturales” de los conquistadores, masacradores, sometedores, esclavizadores. Paradójico planteo bien Darwiniano hecho en medio de denostaciones al imperialismo anglosajón que –según sus sostenedores- por “oscuros intereses” crea y recrea la “leyenda negra” de la conquista española; como si Europa fuera cuna de las virtudes humanas hecha civilización; o peor aún, como si Europa se dividiera entre conquistadores buenos y malos (Hermann Hesse los calificaba de pueblos belicosos). Solo bastaría para desmitificar la supuesta bondad de los europeos, la opinión de los pobres africanos al respecto quienes por proximidad fueron los primeros que los padecieron en sus más denigrantes conductas humanas (no todos los europeos desde ya, pero en estos casos las excepciones de poco sirven a la hora de evaluar consecuencias y costos en términos de vidas y valores humanos). Rescatar la audacia de invasores elevándola a rango de gesta heroica sin señalar la codicia que motorizó la decisión, es un atentado a la razón. Transcribo textualmente:

Título: La mentira de la esclavitud y el genocidio español.

Texto: “Todo proceso histórico conquistador o colonizador conlleva el uso de la violencia y de las armas. Si bien el Imperio Romano invadió y conquistó España desde el siglo III A.C., arrasando y aniquilando a nuestros antepasados celtíberos, lucitanos, astures o cántabros, a nadie con un mínimo de inteligencia se le ocurriría hoy decir que Roma es la culpable de la aniquilación de España y del sometimiento injusto de nuestro pueblo…”

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Por empezar y en esos tiempos España como país, nación, no existía. Más bien eran territorios donde habitaban los originarios del lugar –si es que lo fueron- que el texto menciona. En esos tiempos (y aún hoy) la codicia territorial garantizaba sustento en materia de necesidades básicas. Que el Imperio Romano fue arrasador y aniquilador como lo fueron otros europeos en otros momentos y hasta entre ellos -las Cruzadas sin ir más lejos-, es un hecho que hasta el propio cristianismo y judaísmo dan cuenta con Barrabas y Jesús enfrentándolo. Hasta hoy no escuche a ningún judío, cristiano o palestino mostrarse “agradecido” a Roma; a menos que al relato haya que cambiarlo solicitándole a los actores históricos (algo tan absurdo como pedirle a Netanyahu, Abbas y al propio Papa Francisco) que pidan disculpa a Berlosconi o Mattarella como representantes de los emperadores Octavio Augusto y Tiberio por los alzamientos de los desacataos Barrabás y Jesús; como Macri disculpándose ante el padre del Rey de España por la “aunque angustiante, irrespetuosa osadía  de nuestro independentista”.

Lo que si se puede sacar como aleccionador de aquellos tiempos es reconocer que tanto Jesús como Barrabás mostraron al mundo que existen dos modos de revolucionar al hombre y a los pueblos sojuzgados: A través de la palabra o de manera violenta. “Hay dos formas de hacer una revolución, con mucho tiempo y poca sangre o en poco tiempo y con mucha sangre. Yo prefiero la primera; el justicialismo eligió la primera (J.D.P)”. Por eso el peronismo por definición doctrinaria es profundamente humanista y cristiano.

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Regresando a “La mentira de la esclavitud…” el texto continua: “… Más bien, los españoles mantendremos una deuda eterna con Roma por habernos dejado un legado inigualable tras su paso, latinizándonos y regalándonos su influencia y su organización. Algo parecido, o quizá de superior magnitud, sucedió en lo que respecta a la transmisión de riqueza a América tras nuestra llegada. La diferencia, sin embargo, es que el Imperio Romano no tuvo la mala suerte de contar con un enemigo anglosajón que volcara sobre él durante siglos infinitas mentiras y leyendas destinadas a diezmar su legitimidad y grandeza incontestable”.

Si no fuera que esto está registrado como serio, entraría en la categoría de chiste de gallegos!!! Digo por eso de la “eterna deuda” para con Roma. ¿A cambio de influencia y métodos organizativos? ¡Vaya vaya con este tipo de “españoles”!!! Cuando habla de la transmisión de riqueza a América con su llegada (¿valores humanos entre los cuales debe figurar el agradecimiento al invasor-conquistador por sus perversiones? ¿la lengua? ¿religión? ¿la santa inquisición como método disciplinante? ¿de qué riquezas habla?), es más evidente lo contrario. Fue muy alto el costo que debió pagar este continente en vidas humanas (que este señor justifica a cambio de…) nuevos alimentos y metales preciosos saqueados de estas tierra y que sus ociosas e inútiles monarquías ni siquiera supieron aprovechar adecuadamente para crecer como imperio que debió capitalizarse (según los principios económicos clásicos). En todo caso la espiritualidad latina fue muy bien recibida por los hombres de estas tierras y sumada a la ya existente acá, no así la estupidez de la sumisión impuesta por el temor desde la concepción religiosa a la cual resistieron heroicamente muchos pueblos originarios del ¿nuevo? continente donde la conquista europea también arrasó bellas manifestaciones culturales de esta América. Basta trazar un simple paralelo entre la magnitud de la Tenochtitlan con sus 300 mil habitantes, su infraestructura edilicia, calidad habitacional y de servicios sanitarios básicos que encontró Cortés en 1521, con la ciudad más importante y poblada de Europa en aquellos tiempo, Florencia, con solo 45 mil habitantes y un déficit espantoso en la materia comparado con lo que contaba la ciudad Azteca. Es mucha más la deuda que tiene Europa (decir España es una torpeza) por el saqueo de bienes que hizo durante 300 años en América que la estupidez reclamada por el actual y torpe “soberano español”. En todo caso es Europa la que debería pedir perdón por los crímenes cometidos, y estar eternamente agradecida de América por los bienes que le sustrajo, disculpándose por el daño en sus valores culturales que produjo.

Con esto no estoy negando los aporte culturales que hizo la conquista en sus distintas manifestaciones y que fuimos incorporando, como tampoco se puede negar la barbaridad de los “conquistadores” de hacer desaparecer manifestaciones culturales de nuestros nativos por simple codicia y desvalorización de lo supuestamente inferior (El que aún hoy muchos traten de diferenciarse del latinoamericano de manera despectiva y deseen parecerse al europeo es la muestra más evidente). Tampoco significa negar que muchos somos descendientes de esos que bajaron de los barcos y las posteriores mezclas que maravillosamente aquí se dieron. Ahora bien, esto no significa que se deba aceptar como “lógicos y normales” los tratos perversamente injustos que existieron en estas tierras por parte de la conquista, tratos injustos inclusos entre hombres de diferentes clases sociales de los propios conquistadores, situaciones que con el correr del tiempo sirvieron para que , casualmente por esa situación existente, las mezclas de originarios con criollos que se dio en las tolderías -refugio del gaucho perseguido- fueran posibles tal como lo describe nuestro José Hernández en el Martín Fierro; solicitar encima que a esa injusticia se le manifieste gratitud; que “el negro sea blanco”, que el maltrato y los crímenes cometidos contra los “indios limpios y buenitos” que dijo Colombus encontró aquí nunca existieron. Eso es tan torpe como aceptar que 1+1=3 al calificar de serviles a los intereses anglosajones a todos aquellos que hurgamos nuestro pasado sin otro fin que conocer otras verdades, la otra historia, no solo aceptar mansamente la escrita por los ganadores. 

Ahora bien, si los anglosajones son brillantes a la hora de operar sobre imbecilidades ajenas no es culpa de los “perversos anglosajones” sino porque existen imbéciles sobre los cuales se puede operar psicológicamente. Churchill sentó a su país -destrozado y diezmado por la II guerra- en la mesa de negociaciones de Yalta y Potsdam para participar del reparto del mundo. Nunca fueron giles.

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Pero volvamos a la cuestión de los afrodescendientes paraguayos.  

Según Telesca, Félix de Azara cuenta en su obra Viajes por la América Meridional lo siguiente: “No se puede dejar de admirar aquí la generosidad de los españoles del Paraguay, que han dado libertad a ciento setenta y cuatro de sus negros y mulatos por cada ciento, aunque nadie los necesita tanto como ellos. No se conocen esas leyes y esos castigos atroces que se quieren disculpar como necesario para retener a los esclavos en el trabajo. La suerte de estos desgraciados no difiere nada de la de los blancos de la clase pobre y hasta mejor. […] La mayoría muere sin haber recibido un solo latigazo, se los trata con bondad, no se los atormenta jamás en el trabajo, no se les pone marca, y no se los abandona en la vejez […] se los viste tan bien o mejor que a los blancos pobres y se les da un buen alimento. En fin, para creer la manera de tratar a los esclavos en este país es necesario haberlo visto, […] así nunca habrá derecho a quejarse de los esclavos. Yo he visto a varios esclavos a rehusar la libertad que se les ofrecía y no querer aceptarla más que a la muerte de sus dueños (Azara, 1969: 276-277).

Con esta cita –según Telesca- Azara da origen al mito del esclavo feliz. Uno se quedaría con la duda acerca de la veracidad de la misma si es que no fuera porque a renglón seguido agrega: “Los españoles de este país tratan con la misma dulzura y humanidad a los indios de sus encomiendas”

Estas caracterizaciones de Azara –continua Telesca- se han convertido en moneda común en los subsiguientes trabajos sobre los afrodescendientes. Si bien la bibliografía sobre el punto no es abundante, tampoco está ausente del escaso debate historiográfico paraguayo. Podemos decir que la misma se inicia con la obra de Josefina Pla, Hermano Negro en 1972. Es el primer trabajo que intenta abarcar todas las facetas del universo esclavo en Paraguay utilizando como fuente el Archivo Nacional de Asunción, con cuyos documentos ha formado un importante apéndice. Su trabajo se extiende hasta la Guerra contra la Triple Alianza de 1864-1870.

Pla –señala Telesca- sin lugar a dudas es la que comienza a arar la tierra archivística y quien va a dar la pauta de los temas a seguir investigando. Ya desde el título de su obra se puede apreciar el tinte de la misma. Sin dejar de realizar un análisis global y general de la temática, siempre insiste en esa supuesta armoniosa relación entre los afrodescendientes y el resto de la sociedad. Según Pla, las “actitudes sórdidas y crueles” que dan material a los archivos “constituyen la excepción”, haciéndose célebre su frase, “los esclavos felices no tienen historia”. Sin embargo, -sostiene Telesca- podríamos pensar de manera contraria, que los expedientes judiciales que se encuentran en el Archivo Nacional de Asunción (ANA) representan a esa minoría de esclavos y pardos libres que pudieron, por una razón u otra, llegar a los estrados judiciales. Que hubo esclavos felices no puede ponerse en duda, pero no creemos que sean la norma sino exactamente su excepción. –termina diciendo Telesca.

Interesante material para aquellos amantes de la investigación histórica sobre temas relacionados con la vida de los afro-esclavos y sus descendientes, como es mi caso, además del deseo de socializarlo, algo necesario para seguir debatiendo sobre estas cuestiones que siento jamás serán resueltas a menos que nos despojemos de nuestras sagradas subjetividades, algo por ahora imposible a Dios gracia para no terminar sumidos en el aburrimiento de la total concordancia.

Notas:

* Frase de Josefina Pla que aparece en su obra “Hermano Negro”.

(1)Director de EL EMILIO

(2) “Ser y tiempo”; Martín Heidegger

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