“HOY ME ENCUENTRO HACIENDO LAS COSAS QUE MÁS ME GUSTABAN CUANDO ERA CHICO”

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Cultura

Fuente: https://librenota.wordpress.com/2016/06/03/hoy-me-encuentro-haciendo-las-cosas-que-mas-me-gustaban-cuando-era-chico/

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Entrevista a: Jada Sirkin

Detrás de la sonrisa de pibe de ojos color canela, que resplandecen en la tarde gris de otoño, se agazapa un hombre devoto del “interesamiento” infinito por las cosas del mundo. Es el artilugio de un director de cine y de un escritor empoderado que disfruta el arte en todo momento. Parece un turista, lleva en su espalda una mochila negra muy abultada, viste exageradamente abrigado, sostiene en una mano un paraguas de color verde militar que le hace juego a su abrigo con capucha que cubre su cabeza. Tan solo se toma un café en un bar del barrio porteño de Belgrano, y con la mirada hacia la avenida Cabildo a través del cristal de la ventana que tiene enfrente, dice que afuera ve a una sociedad estructurada alrededor de ideas: una de esas ideas sería el éxito. Pero ¿Qué es el éxito? -se pregunta.

-Es una pregunta para meterle el dedo a la llaga a nuestra forma de pensar, advierte.

Con habituales tonos de humor recuerda haber sentido en el cuerpo el peso de las ideas que replican de la mente social, que tienen que ver con esa creencia de “cumplir” en esta vida para ser alguien exitoso.

Para Jada, la idea del “actor más poderoso” es aquel que es consciente de esa observación externa que hace que se pueda autodirigir, y que no se convierta en un “esclavo, instrumento u objeto del director”, sino que sea un creador.  

La extenuante mirada al cine industrial de la escuela donde estudió hizo que se desinteresara por esa pasión -“un rato”-, dedicándose más al teatro, la danza y la música, otras de las cosas que le causan placer, pero no más que escribir o dirigir.

Nació en Buenos Aires, y cada que tiene la oportunidad, viaja por el mundo. Sin embargo, su mejor recuerdo de la infancia lo remite siempre a la Plaza Juan José Paso de Colegiales, donde  jugaba cuando era chico. No le interesa la política partidaria y su mejor ejercicio con ella es el arte; lejos de enojarse por las cosas que lee sobre lo que hacen los políticos en el país, se entristece.

– Me gusta mucho hinchar las bolas con la reflexión y preguntarme cosas, y no llegar a respuestas finales- admite con convicción, del mismo modo que pondera a John Cassavetes, Roland Barthes y Raymond Carver como algunos de los personajes a quienes idolatra.

-Leí por ahí que hiciste dos películas.

-La primera se llama “Tenderline”, es un documental sobre un chico polaco que viajó a California contratado por una compañía de danza-teatro. Se llama Tomasz Foltyn. Estuvo ensayando por meses y, cuando por fin iban a estrenar, lo echaron. Entró en una especie de crisis personal porque se quedó sin casa, sin plata y sin trabajo… Pero pudo escribir mucho, incluso, gran parte del material usado en la película fueron cartas y diarios que él le escribió a su gente de Europa. La peli es una reconstrucción de ese momento de su vida. La terminamos en 2014, ahora la estamos proyectando para recaudar fondos y poder terminar mi segunda peli que se llama “Escenas de una fiesta rota”. Es mi primer largo de ficción que escribí y dirigí.

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El cine para el actor

– ¿Ambas las escribiste vos?

-La primera la terminamos armando con Tomasz. Dirigimos y editamos juntos. Yo hice cámara, y él mismo es el protagonista. La segunda la escribí solo.

-Actuar, dirigir y escribir son tres facetas distintas ¿Con cuál disfrutas más?

-Está bueno el trío: dirigir, escribir y actuar. Disfruto el ejercicio de las tres cosas de manera diferente, no una más que otra. Lo que más me da placer es el hacer en sí. Es interesante la pregunta porque me lleva a preguntarme: ¿Qué mierda es disfrutar? O sea ¿qué significa?

¿Qué significa para vos?

-Juega unos segundos con sus dedos en la mesa y con la mirada a la calle a través del cristal, piensa brevemente y dice: no sé. Tal vez sea estar presente o tal vez no sea una cosa sino una no cosa. Algo de esa idea de la sensación de plenitud. Estar en el escenario actuando, en una clase o estar en mi casa sentado en la compu escribiendo. O puede ser en un colectivo que se me ocurra una idea y agarro el cuadernito y empiezo a escribir –no en el 127 que va por Triunvirato, que está todo empedrado y no se puede escribir. Si sos escritor no tenés que tomar el 127– bromea con una liviana sonrisa.

-En realidad nunca lo tomé.

-Ah, no lo tomes. Tienen muy buena onda, igual, los choferes. Hay uno de ellos que cada tanto me lo cruzo, que va haciendo chistes con los nombres de las paradas. Pero bueno, van por empedrados y no se puede escribir bien –jajaja-.

-¿Dónde fue rodada “Tenderline?

-La mayor parte en la ciudad de San Francisco, California, otras partes en los alrededores, en el campo, en la montaña californiana. Los dos estábamos ahí por otras cosas. Él había quedado ahí por esa experiencia y nos contactaron para grabar algunos ensayos. Con esa película participamos en algunos festivales en Filadelfia,  Polonia y en uno de cine chiquito en Nápoles. Acá, se pasó en un festival que se llama Lodo y en otro de Córdoba.

¿A qué se dedicaba Tomasz Foltyn?

-Es actor, bailarín y antropólogo. Es muy interesante su mirada de antropólogo y su performance. Ahora vive en Polonia.

-Contame más sobre tu última película.

-Es difícil de decir. Si tuviera que elegir un tema, no podría. “Escenas de una fiesta rota” es mi segunda peli que dirijo y en la que actúo, pero al final, las partes en las que yo actuaba las sacamos y quedaron afuera. El guión, de alguna manera fue mío, pero también fue muy en relación a lo que pasaba en el trabajo con los actores, por eso me gusta el cine para el actor.

-¿Cómo es el cine para el actor?

-En el sentido de que hacés películas para mostrar actuación, jugando con los actores y captando cuestiones de lo humano a través del acto.

-”Escenas de una fiesta rota” suena como a una fiesta trágica.

-Sí. Se ríe. “Una fiesta que se rompe”, agrega. Sucede algo chistoso, porque la escena de la fiesta no quedó en la edición final. Había una fiesta que salía mal en donde el personaje que la organizaba se frustraba por cosas que le pasaban y toda esa parte quedó afuera. Era la parte en la que yo actuaba como uno de los pibes de la fiesta.

-¿Por qué quedó afuera?

-Porque… filmamos de una manera muy a lo loco. La estructura de la peli era extraña. O sea, no tenía un esqueleto lineal, tampoco había un protagonista. Eso permitió que después en el montaje pudiéramos probar y cambiar mucho las cosas de lugar; organizar las escenas de manera muy diferente porque teníamos mucho material.

-¿Cómo surgió?

-Se cumplieron diez años de un corto que yo hice en 2002 para la escuela de cine donde estudié que me gustó mucho y que le tengo mucho cariño. Se llamaba No me hablés en ese tono”duraba 15 minutos, en blanco y negro, con un poco de estilo de cine mudo y un poco de estética “chaplinesca”-. Llamé a la actriz y al actor principal del corto en 2012 con la excusa de celebrar y hacer algo de nuevo. Se coparon. Después pasó que, él estaba de gira porque tenía una banda y ella estaba con mucho laburo -luego quedó embarazada-. Entonces, no nos pudimos juntar más. Me quedé con el arranque de hacer algo. Entonces, junté otro grupo de actores y actrices con los que me interesaba trabajar.

-¿Por qué le tenés tanto cariño?

– Por la experiencia y por lo que quedó como producto, por eso le tengo cariño. Se armó un grupo de trabajo muy lindo. Todos partimos de una idea de experimentación y de juego más que de la idea de contar una historia. Fue muy divertido. Sentí que tuve un espacio muy grande para probar cosas.

-¿Fue ”No me hables en ese tono” tu mejor trabajo como estudiante?

-No sé. Hay otro que hice hace años que se llama “Los rifles”, donde uno de los actores es el mismo de “fiesta rota”, pero es una experiencia muy diferente. Éste es muy tierno. El laburo con Marcelo Blanco y María Villar -que son los actores de ese corto- fue muy lindo. Hubo mucho espacio entre nosotros tres para jugar con la actuación; investigamos mucho y veíamos pelis para tomar cosas.

-¿Y el teatro?

– Ahora  estoy entrenando teatro de nuevo porque en la secundaria lo había dejado de lado. Luego, cuando terminé de estudiar cine volví a dedicarme al teatro a full. Hice obras e improvisaciones. Hace poco me encontré con un amigo de la primaria que éramos muy de payasear y disfrazarnos. De nene me disfrazaba en casa.

-¿Qué hacías cuando no actuabas?

– En el 2003 termine la escuela de cine, y me quedé agotado del mundo del cine, ahí me puse a actuar, cantar, mucho y bailar, por varios años. También empecé a practicar meditación, a interesarme por un montón de mundos sobre los que antes no me había interesado.

¿En qué sentido terminaste agotado?

-Estar tres años en la escuela -si bien, fue muy buena la experiencia en sentido de que conocí mucha gente linda y con muchas ganas de hacer cosas, armé grupos de trabajo y de amigos- fue medio una pelea todo el tiempo. Como que me bajaban una línea que a mí no me interesaba tanto. Por ahí algo de eso me cansó, y cuando terminé la escuela, dije: bueno ya está. Hoy me encuentro con que estoy haciendo las cosas que más me gustaba hacer cuando era chico: actuar, las pelis, y la escritura.

-¿Dónde estudiaste cine?

-En la Enerc, – Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica. La escuela del (INCAA)- responde rápidamente.

-También escribiste un libro.

– Sí. Lo terminé en noviembre. Es un libro de cuentos que me encanta. Se llamaTodos queremos. Recién apareció una posibilidad para editarlo y puede ser que pronto se publique.

-¿Sobre qué trata?

-Son relatos de ficción de situaciones muy cotidianas con personajes que son en algún sentido, realistas.

“Últimamente no estoy bailando tanto pero estoy cantando mucho”

-¿Cómo te definís?

-Ni a favor ni en contra –emite una carcajada breve-. No me puedo definir como nada en ningún sentido. Ni siquiera puedo definirme como artista porque no me interesan las etiquetas. O me interesan pasajeramente, como decir: bueno, voy a la entrevista con un periodista y digo que soy cineasta por un rato, pero después me como un helado y soy un tipo que se está comiendo un helado.

-¿Crees en Dios?

-Qué significa creer y que significa Dios ¿Si creo que es un tipo copado? –pregunta en un tono sarcástico.

-Si crees que él existe.

-Depende de lo que entendamos por Dios. Si pienso que Dios es el todo, sí, creo en el todo. En el Dios de barba que está sentado en una nube y decide por nosotros, no creo. No creo que sea un tipo, menos con artículo masculino. O sea, no puedo decirte si creo que él existe.

Sos ateo ¿entonces?

-No. Tampoco soy ateo. Soy un entusiasta.

-Sería estúpido pensar que pueda existir otra cosa que te guste más que el cine, las letras o la actuación.

-Me causa placer cantar, muchísimo. Bailar también. Últimamente no estoy bailando tanto pero estoy cantando mucho. Toco un poquito el piano y la guitarra más que nada para acompañarme, pero no es mi foco más importante.

-¿Cuál sería tu foco más importante?

-Ahora, son la escritura, el cine, el teatro. Pero si tuviera que elegir uno sería la escritura.

-¿Te marcas objetivos a largo o mediano plazo?

-A muy largo plazo, no tanto. Hoy me preguntaba si en algunos años seguiría viviendo en Buenos Aires y la verdad es que dudaba. En dos años crecí un montón desde que doy los talleres de escritura, y sé que eso tiene una proyección más a mediano que a largo plazo.

-¿Cuál es tu proyección con los talleres?

-Básicamente, que venga más gente -bromea. Pero vivo de los talleres económicamente, y me da mucho placer que algo de lo que pasa allí activa fibras de creatividad en las personas. Para mí, lo más importante de los talleres es el contagio de un interés por las cosas, no tanto el traspaso de un conocimiento o de una técnica.

-¿Te cuesta mucho no imponer tu estilo como escritor a tus alumnos?

-Un profe no tendría que imponer sus gustos a los alumnos, pero es inevitable. En todas las clases nombro a Raymond Carver, que es uno de mis cuentistas favoritos, pero no pretendo que ellos escriban como Carver, ni como yo. Para mí, el lugar de docente es más de cuestionador que de  felicitador. Si veo que alguien tiene un don y que lo desarrolla bien, le digo, andá para el otro lado, probá otra cosa. Intento pinchar ahí. Entonces, es medio un vaivén entre esas dos cosas. Una que más me interesa de los alumnos es romper sus estilos.

-¿Te importa la fama?

-¿Que significa ser famoso?

-¿Cómo la defines?

-Tengo la sensación de que hay una relación entre ser famoso y ser exitoso. ¿No sé si podría ser famoso? ¡Ah sí! –exclama. Podría ser un criminal famoso por ejemplo. Existe la posibilidad de que alguien se mande unos tiroteos por una búsqueda inconsciente del reconocimiento. Se puede ser famoso sin ser exitoso. La pregunta ahí es ¿Qué significa el éxito?

¿Y qué significa para vos?

Es una re pregunta para meterle ahí el dedo a la llaga a nuestra forma de pensar. Miro por esta ventana y veo una sociedad estructurada alrededor de ideas, y una de esas ideas es el éxito. De que hay que ser alguien, y si sos alguien, es en función de lo que haces, porque si no haces cosas importantes no sos exitoso o sos un don nadie; no le servís a la sociedad porque no estás devolviendo la vida que te dieron. Y es re cuestionable eso. Es pesado, a veces lo siento en el cuerpo.

Y de repente me pregunto si esas cosas nos vienen de estructuras mentales que replican de la mente social que, tienen que ver con la creencia de cumplir y ser alguien. Entonces, tengo que publicar siete libros, ganar el festival de Rotterdam y darle un beso a Julia Roberts para que mi papito me palmee la espalda y me diga: muy bien, te felicito, lo lograste.

-¿Te sentís exitoso?

-Es un día a día. Si me preguntas si soy feliz, te lo tengo que responder instante a instante.

-¿Y eres feliz?

-En este momento, sí, porque estoy charlando con vos y la estoy pasando re bien. Estoy entusiasmado y me siento muy vivo. Pero en media hora, quizás se me cruce un pensamiento que me haga sentir miserable y por un rato no soy feliz.

-Eso que decís que tu papá te palmee la espalda, te estimularía a seguir haciendo lo que haces porque significa que lo estás haciendo bien.

-Vuelve a mirar por la ventana, se queda unos segundos pensativo, respira profundo y con voz nostálgica confiesa: eso significa que algo de alguna manera está funcionando. Después podríamos ver de qué manera y cuán saludable es el viaje hacia esos objetivos. Tampoco digo que esté mal tener objetivos porque el reconocimiento de ellos puede ser muy sano en la medida que te abre puertas para otras cosas. Pero que no te reconozcan no significa nada. Vivimos para lograr cosas, pero mientras, la pasamos para el “orto”. Es como la idea cristiana de vivir una vida de sufrimiento para después ganarte el paraíso.

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