DESAFORADOS

17 julio 2017

C.A.B.A.,Argentina, UNASUR-CELAC, Anarkoperonismo-El Emilio, para entender lo elemental

Captura de pantalla 2017-07-17 a la(s) 19.35.03

El tema de los fueros resulta un tema complejo, pero vamos a resumirlo para aquél que no tuvo el privilegio de cursar y/o recursar en Av. Figueroa Alcorta entre Joaquín V. González y Juan A. Bibiloni.

Por imperio de los Arts. 69 y 70 de la Constitución Nacional (aquélla que indirectamente redactó Juan B. Alberdi) los diputados y senadores son inmunes al arresto. Esto significa que ningún Juez puede ordenar su arresto salvo los casos de flagrancia que prevee el Art. 69 (o sea, que lo agarren con un fierro en la mano al lado de un fiambre y que tenga las manos manchadas con sangre).

¿Por qué? Porque sí. O más bien. Porque un diputado o un senador es un representante electo por el pueblo de la Nación Argentina cada dos años. La función que cumplen es la expresión más directa de la voluntad popular. Si arrestan a un diputado o a un senador, éste se verá imposibilitado de ir al congreso, expresar su opinión o votar las leyes que luego regirán para el conjunto de la sociedad. Entonces el constituyente decidió resguardar el funcionamiento normal del cuerpo mediante este especial privilegio. Y nadie quiere vivir para ver las consecuencias de algo que funcione de otra forma. Máxime cuando los Jueces -tipos a los que nunca nadie votó- muchas veces son mercenarios del poder de turno. El Pueblo no gobierna ni delibera sino por medio de sus representantes. Acéptenlo o váyanse a vivir a Cuba.

¿Está bien? ¿Está mal? No sé. Pero a vos no te gustaría que un juez amigo del poder mande a arrestar al diputado que vos elegiste para que no pueda votar lo que vos crees que está bien. ¿Esto significa que nadie puede investigar a un diputado o a un senador? No. Sólo significa que no puede ser arrestado, pero nada impide que pueda ser investigado, procesado, llevado a juicio y eventualmente condenado por algo que hizo.

Al contrario de lo que el vecino promedio cree, los fueros no son un pacto de impunidad para los políticos parásitos a los que mantenemos con nuestros impuestos. Cuando el diputado o senador es muy chorro -y lo que es peor, se nota- el Art. 70 de la propia constitución prevee que el mismo puede ser sometido a un proceso de desafuero, que habilitaría al juez a ordenar su arresto. Entonces se impone que mediando causa penal y pedido de juez, se inicie un proceso de desafuero que requiere 2/3 de la cámara pertinente (sea de diputados o de senadores).

Sin embargo, no cualquier causa penal puede ser causal de desafuero. De lo contrario estaríamos volviendo ilusoria la garantía que el constituyente impuso en los Arts. 69 y 70. Denunciar es gratis, y a nadie le resultaría razonable que un diputado pierda su lugar en el congreso sólo porque un vecino lo vio meando la rueda de un auto o porque a un fiscal no le guste su signo político.

Por ese motivo, la ley 25.320 del año 2.000 (gobierno del procesalista De La Rúa, no del montonero Firmenich) dispuso que para que un proceso de desafuero sea procedente, se requiere que exista una causa penal, que en ella exista motivo de sospecha suficiente para citar a indagatoria al imputado y que el imputado aproveche su condición de legislador para evadir o entorpecer el accionar de la justicia evitando la declaración indagatoria. Así lo dispone el propio Art. 1. Recién entonces, y ante la no comparecencia del imputado, el Juez puede solicitar que se someta al diputado o senador proceso de desafuero.

¿Es el caso del Arquitecto Julio De Vido? No. El juez Rodríguez no encontró motivo de sospecha suficiente siquiera para citarlo a indagatoria. Y aún si lo hubiera hecho, habría sido un disparate ordenar la detención de alguien que ni siquiera tuvo la oportunidad de presentarse a ofrecer su propia versión del hecho. Sobre todo cuando nunca exhibió motivos para suponer que no habría de presentarse, habiéndose presentado a declarar en todas las causas que se le imputaron con anterioridad siempre que se lo citó.

Por otra parte podemos ver el emocionante gesto de Massa y Stolbizer renunciando a sus fueros y poniéndose a disposición de la justicia por las dudas. ¿Puede un diputado o un senador renunciar a sus fueros? Como poder, se puede cualquier cosa. Nada lo prohibe. El papel absorbe cualquier tinta que uno le imprima.

Pero una renuncia en abstracto a esa garantía constitucional tiene tantos efectos jurídicos como un apretón de manos, y es tan válida como renunciar en abstracto al derecho de propiedad. Tu propiedad va a seguir siendo tuya a menos que la dones o la abandones sin reclamar. Ojo, el líder revolucionario Humberto Tumini, por ejemplo, hace décadas que renunció al derecho a trabajar que le garantiza la Constitución en los Arts. 14 y 14 bis. Sin embargo, nadie le puede impedir buscar un trabajo decente si un día recapacita (esperemos que algún día lo haga).

Porque la única forma unilateral, voluntaria y eficaz de no ampararse en los fueros es ir a declarar cada vez que te citen -como hizo De Vido- y entregarte voluntariamente en caso de que se te condene (todo dentro del marco de una causa concreta). No hace falta firmar ningún instrumento público para eso. Y firmarlo tampoco te impide abusar de los fueros.

La emocionante renuncia proclamada por Massa y Stolbizer, entonces, no es más que un oportunista acto de campaña. Y esto no tiene nada de malo por sí solo. El problema es que ya a nadie le importa. Tanto Massa como Stolbizer están afuera del centro de la escena política y no saben por dónde entrar. Desaprovecharon una gran oportunidad dedicándose a un opoficialismo poco creíble y ahora ya a nadie le importan sus intentos de llamar la atención. Los 15 minutos de gloria ya transcurrieron.

Una proclama de ManuK

Captura de pantalla 2017-07-17 a la(s) 19.34.29

Fuente: http://anarkoperonismo.blogspot.com.ar/2017/07/desaforados.html

Anuncios

LA HISTORIA QUE ENSEÑA A PENSAR EN NACIONAL ES IGNORADA POR LA EDUCACIÓN FORMAL.

17 julio 2017

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Historia; de nuestra redacción.

Para un Radical de alma

Roque Eduardo Molas,

amigo y colega,

con admiración y

profundo respeto.

V.L.M.

Victor L Martinez 4

Por Victor Leopoldo Martinez(1)

Quizá uno de los más notable historiadores argentinos, de lectura obligada para todos los que militamos en el campo Nacional y Popular, hoy en vida, sea Norberto Galasso.

GALASSO

De sus mejores trabajos entre los que se destacan SAN MARTIN, PERÓN, la excelente semblanza de nuestro FELIPE VARELA que yo haya leído (nombre que lleva su Centro de Estudios Históricos), tomé de mi biblioteca “JAURETCHE Y SU ÉPOCA, de Yrigoyen a Perón, 1901-1955”. Y lo hice por esa necesidad de compartir en este escrito un sentimiento que suele estrujarme el pecho. Lo quiero compartir con un gran amigo, casi hermano, radical alfonsinista el hombre. Tal vez porque en este texto documental él encuentre como encontré yo hace tiempo ya, las raíces comunes que nos unen; esa línea histórica que unifica las sendas que cada uno transitó políticamente pero que confluyen en lo Nacional, Popular y Latinoamericano.

Cuenta Galasso en este trabajo que: «Jaureche toma cada vez mayor distancia de los que se califican pomposamente intelectuales, esos compañeros reformistas que hacen gala de antiyrigoyenismo y rotulan a don Hipólito como “bárbaro ignorante”, como lo hace por entonces Sanchez Viamonte, personaje de esos para quienes los intelectuales son seres privilegiados que no deben contaminarse con las miserias del mundo y que solo en abstracto están dispuestos a apoyar las reivindicaciones populares, y eso a condición de que el pueblo analfabeto esté dispuesto a obedecer sus directivas pues la política es una “cuestión de cultura”, de “educar al soberano”».

ARTURO JAURETCHE 1

Galasso rescata de unos de los escritos inéditos de Jauretche lo siguiente: “Un estudiante yrigoyenista necesariamente tenía que ser un burro para un dirigente estudiantil…así me decía, años después, un compañero de Universidad que me tenía conceptuado a mi, como burro, por mi militancia yrigoyenista. (mi identificación con esta historia era total porque en los “70” y en la Facultad de Ing. de Bs. As. yo cargué por no poco tiempo el estigma que me adosaron los militantes de izquierda de aquella facultad y con el cual trataban de denigrarme: “Que otra cosa podía ser un “cabecita negra” -por mi provincianismo- que no sea ser peronista”). Si hasta Homero Guglielmini que siendo estudiante había entrado con el handicap de ser el presunto destinatario de una carta de Ortega y Gasset, se quedó atrás como inteligente desde que se lo supo yrigoyenista. (y después lo borrarían del todo cuando se lo supo peronista). Intelectuales eran los izquierdistas: Alejandro Lastra, Miguel Ángel Zabala Ortiz, Rodolfo Aráoz Alfaro, todo aquel grupo “Espartaco” que asistía a clase de guantes patito… Existía por entonces el Centro Izquierda – nosotros éramos el centro y ellos la izquierda – conjunción en la que ellos aportaban el espíritu y nosotros el cuero cuando había pelea. Los intelectuales de guante patito querían enseñarle a García, el del puerto, cómo se hacen huelgas y al negro Montiel que se andaba haciendo planchar el lomo en Misiones, !cómo organizar a los mensú, cómo se hace sindicalismo…!”.

HOMERO MANZI

HOMERO MANZI Y ARTURO JAURETCHE

En otro momento de este trabajo, Galasso toma una pintura hecha por uno de los grandes de la Cultura Nacional, oriundo de Añatuya- Santiago del Estero-, de nombre Homero Manzioni (más conocido como Homero Manzi), sobre su vínculo con Jauretche en la cual el santiagueño le relata al hombre de Lincoln su encuentro con Hipólito Yrigoyen: «Fuimos un grupo de estudiantes universitarios hasta su casa de la calle Brasil a describirle nuestra angustia ante la reacción que paralizaba los impulsos de la Reforma (Universitaria) del año 18. Aquella vez sentí – recuerda Manzi – que su alma –la de Yrigoyense encendía detrás de los serenos ojos grises y escuché de sus labios este juicio: “Yo soñé que la universidad habría de ser la cuna del alma argentina. Pensé que la ciencia que llegaba desde la vieja Europa iba a ser un instrumento al que la universidad daría emoción nacional. Y pensé también que esa cultura argentinizada en justicia, se convertiría en un ejemplo para las juventudes de América. Pero me he equivocado…he visto que lo que nos llega no toma nuestra forma y que corremos el riesgo de esclavizarnos con modelos ajenos que no habrán de servir para profundizar nuestro destino…”. Y Manzi concluye el relato, resumiendo su concepción de cultura nacional: “Ese día mi asombrada adolescencia, realizó la síntesis de su pensamiento: ¡nacional pero no nacionalista; universal pero no universalista…, es decir, lo nacional, en tanto argentino y antiimperialista y no lo nacionalista, expresión de medioevalismo y xenofobia; y lo universal, en tanto progreso y avance de la humanidad, pero no universalista en el sentido de cosmopolitismo o mentalidad colonial impuesta por un imperialismo».

Posteriormente Jauretche reconoce que “Mucho de mi irigoyenismo se lo debo a Homero Manzi. Yo era nuevo en el irigoyenismo, él era yrigoyenista de antes y todo fue producto de una evolución puramente intelectual que hizo él.”

JAURETCHE SEGÚN SCALABRINI ORTIZ

SCALABRINI

En otro párrafo Galasso transcribe a Scalabrini: “Arturo Jauretche es un hermoso arquetipo de la humanidad que estamos gestando en esta tierra –comienza Ortiz con su semblanza de don Arturo. Y por eso mi pluma, desconfiada para el elogio, corre sobre el papel con la alegría del agua que cabrillea en el arroyo… Sus dones de observador y la amplitud fecunda de su imaginación han sido siempre un regalo para sus amigos. Es hábil de pluma, un verdadero escritor de garra y sus cuentos hubieran sido suficiente para labrarle una respetable posición que el desdeñó, como a desdeñado tanta otras cosas. Es fácil para versificar y maneja los adjetivos al modo Lugoniano, virtud que no usa sino al servicio de la regeneración argentina. Hay un pequeño mundo de posibilidades sacrificadas en la vida de Arturo Jauretche… No hago literatura ni me dejo llevar por la inercia de las palabras y del impulso justiciero. Digo exactamente lo que pienso y siento.. A los dieciocho años era secretario del partido conservador (de su pueblo). Tenía ante sí un fructífero destino de brillantez, de holgura y un marco de lucimiento para esa ingeniosa campechanía con que Arturo disimula su innato temperamento de caudillo. Pero vio el problema del país en su esencia irreductible. De un lado estaban los capataces de la colonia; del otro, los colonos, todo el país argentino. De un lado todo lo que la vida puede ofrecer de más tentador para los sentidos. Del otro , un pueblo casi hambriento, desmunido de bienes, traicionado, zaherido, maniatado por doctrinas económicas, sociales y políticas, especialmente estudiadas y propaladas para quitarle todo impulso, toda convicción, toda esperanza, toda posibilidad de redención y enaltecimiento. De un lado, la riqueza y su oropel de vanidad y estulticia. Del otro, el trabajo sin horizonte, el esfuerzo sin premio, las largas noches del silencio en una verdadera estepa intelectual donde los esfuerzos se pierden y las mejores voces se ahogan en un ámbito sin resonancia. Arturo Jauretche no dudó. Renuncio a su cargo en que una diputación nacional estaba esperando que cumpliera la edad legal, y se adscribió a la fracción política más íntimamente confundida con el interés popular: se hizo radical yrigoyenista”.

Estos fueron los verdaderos arquetipos del pensamiento político nacional en nuestro país cuya lectura sigue vedada en los establecimientos educativos. Por eso difícilmente las nuevas generaciones, desde 1976 en adelante, puedan sentirse y pensar como Argentinos y latinoamericanos. Solo así se entienden los triunfos de Menem en su reelección (la primera elección fue a fuerza de promesas mentirosas como las que hizo Macri) y el de Macri (que espero no tenga reelección) .

(1)Documentalista, escritor, periodista.