LA HISTORIA QUE ENSEÑA A PENSAR EN NACIONAL ES IGNORADA POR LA EDUCACIÓN FORMAL.

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Historia; de nuestra redacción.

Para un Radical de alma

Roque Eduardo Molas,

amigo y colega,

con admiración y

profundo respeto.

V.L.M.

Victor L Martinez 4

Por Victor Leopoldo Martinez(1)

Quizá uno de los más notable historiadores argentinos, de lectura obligada para todos los que militamos en el campo Nacional y Popular, hoy en vida, sea Norberto Galasso.

GALASSO

De sus mejores trabajos entre los que se destacan SAN MARTIN, PERÓN, la excelente semblanza de nuestro FELIPE VARELA que yo haya leído (nombre que lleva su Centro de Estudios Históricos), tomé de mi biblioteca “JAURETCHE Y SU ÉPOCA, de Yrigoyen a Perón, 1901-1955”. Y lo hice por esa necesidad de compartir en este escrito un sentimiento que suele estrujarme el pecho. Lo quiero compartir con un gran amigo, casi hermano, radical alfonsinista el hombre. Tal vez porque en este texto documental él encuentre como encontré yo hace tiempo ya, las raíces comunes que nos unen; esa línea histórica que unifica las sendas que cada uno transitó políticamente pero que confluyen en lo Nacional, Popular y Latinoamericano.

Cuenta Galasso en este trabajo que: «Jaureche toma cada vez mayor distancia de los que se califican pomposamente intelectuales, esos compañeros reformistas que hacen gala de antiyrigoyenismo y rotulan a don Hipólito como “bárbaro ignorante”, como lo hace por entonces Sanchez Viamonte, personaje de esos para quienes los intelectuales son seres privilegiados que no deben contaminarse con las miserias del mundo y que solo en abstracto están dispuestos a apoyar las reivindicaciones populares, y eso a condición de que el pueblo analfabeto esté dispuesto a obedecer sus directivas pues la política es una “cuestión de cultura”, de “educar al soberano”».

ARTURO JAURETCHE 1

Galasso rescata de unos de los escritos inéditos de Jauretche lo siguiente: “Un estudiante yrigoyenista necesariamente tenía que ser un burro para un dirigente estudiantil…así me decía, años después, un compañero de Universidad que me tenía conceptuado a mi, como burro, por mi militancia yrigoyenista. (mi identificación con esta historia era total porque en los “70” y en la Facultad de Ing. de Bs. As. yo cargué por no poco tiempo el estigma que me adosaron los militantes de izquierda de aquella facultad y con el cual trataban de denigrarme: “Que otra cosa podía ser un “cabecita negra” -por mi provincianismo- que no sea ser peronista”). Si hasta Homero Guglielmini que siendo estudiante había entrado con el handicap de ser el presunto destinatario de una carta de Ortega y Gasset, se quedó atrás como inteligente desde que se lo supo yrigoyenista. (y después lo borrarían del todo cuando se lo supo peronista). Intelectuales eran los izquierdistas: Alejandro Lastra, Miguel Ángel Zabala Ortiz, Rodolfo Aráoz Alfaro, todo aquel grupo “Espartaco” que asistía a clase de guantes patito… Existía por entonces el Centro Izquierda – nosotros éramos el centro y ellos la izquierda – conjunción en la que ellos aportaban el espíritu y nosotros el cuero cuando había pelea. Los intelectuales de guante patito querían enseñarle a García, el del puerto, cómo se hacen huelgas y al negro Montiel que se andaba haciendo planchar el lomo en Misiones, !cómo organizar a los mensú, cómo se hace sindicalismo…!”.

HOMERO MANZI

HOMERO MANZI Y ARTURO JAURETCHE

En otro momento de este trabajo, Galasso toma una pintura hecha por uno de los grandes de la Cultura Nacional, oriundo de Añatuya- Santiago del Estero-, de nombre Homero Manzioni (más conocido como Homero Manzi), sobre su vínculo con Jauretche en la cual el santiagueño le relata al hombre de Lincoln su encuentro con Hipólito Yrigoyen: «Fuimos un grupo de estudiantes universitarios hasta su casa de la calle Brasil a describirle nuestra angustia ante la reacción que paralizaba los impulsos de la Reforma (Universitaria) del año 18. Aquella vez sentí – recuerda Manzi – que su alma –la de Yrigoyense encendía detrás de los serenos ojos grises y escuché de sus labios este juicio: “Yo soñé que la universidad habría de ser la cuna del alma argentina. Pensé que la ciencia que llegaba desde la vieja Europa iba a ser un instrumento al que la universidad daría emoción nacional. Y pensé también que esa cultura argentinizada en justicia, se convertiría en un ejemplo para las juventudes de América. Pero me he equivocado…he visto que lo que nos llega no toma nuestra forma y que corremos el riesgo de esclavizarnos con modelos ajenos que no habrán de servir para profundizar nuestro destino…”. Y Manzi concluye el relato, resumiendo su concepción de cultura nacional: “Ese día mi asombrada adolescencia, realizó la síntesis de su pensamiento: ¡nacional pero no nacionalista; universal pero no universalista…, es decir, lo nacional, en tanto argentino y antiimperialista y no lo nacionalista, expresión de medioevalismo y xenofobia; y lo universal, en tanto progreso y avance de la humanidad, pero no universalista en el sentido de cosmopolitismo o mentalidad colonial impuesta por un imperialismo».

Posteriormente Jauretche reconoce que “Mucho de mi irigoyenismo se lo debo a Homero Manzi. Yo era nuevo en el irigoyenismo, él era yrigoyenista de antes y todo fue producto de una evolución puramente intelectual que hizo él.”

JAURETCHE SEGÚN SCALABRINI ORTIZ

SCALABRINI

En otro párrafo Galasso transcribe a Scalabrini: “Arturo Jauretche es un hermoso arquetipo de la humanidad que estamos gestando en esta tierra –comienza Ortiz con su semblanza de don Arturo. Y por eso mi pluma, desconfiada para el elogio, corre sobre el papel con la alegría del agua que cabrillea en el arroyo… Sus dones de observador y la amplitud fecunda de su imaginación han sido siempre un regalo para sus amigos. Es hábil de pluma, un verdadero escritor de garra y sus cuentos hubieran sido suficiente para labrarle una respetable posición que el desdeñó, como a desdeñado tanta otras cosas. Es fácil para versificar y maneja los adjetivos al modo Lugoniano, virtud que no usa sino al servicio de la regeneración argentina. Hay un pequeño mundo de posibilidades sacrificadas en la vida de Arturo Jauretche… No hago literatura ni me dejo llevar por la inercia de las palabras y del impulso justiciero. Digo exactamente lo que pienso y siento.. A los dieciocho años era secretario del partido conservador (de su pueblo). Tenía ante sí un fructífero destino de brillantez, de holgura y un marco de lucimiento para esa ingeniosa campechanía con que Arturo disimula su innato temperamento de caudillo. Pero vio el problema del país en su esencia irreductible. De un lado estaban los capataces de la colonia; del otro, los colonos, todo el país argentino. De un lado todo lo que la vida puede ofrecer de más tentador para los sentidos. Del otro , un pueblo casi hambriento, desmunido de bienes, traicionado, zaherido, maniatado por doctrinas económicas, sociales y políticas, especialmente estudiadas y propaladas para quitarle todo impulso, toda convicción, toda esperanza, toda posibilidad de redención y enaltecimiento. De un lado, la riqueza y su oropel de vanidad y estulticia. Del otro, el trabajo sin horizonte, el esfuerzo sin premio, las largas noches del silencio en una verdadera estepa intelectual donde los esfuerzos se pierden y las mejores voces se ahogan en un ámbito sin resonancia. Arturo Jauretche no dudó. Renuncio a su cargo en que una diputación nacional estaba esperando que cumpliera la edad legal, y se adscribió a la fracción política más íntimamente confundida con el interés popular: se hizo radical yrigoyenista”.

Estos fueron los verdaderos arquetipos del pensamiento político nacional en nuestro país cuya lectura sigue vedada en los establecimientos educativos. Por eso difícilmente las nuevas generaciones, desde 1976 en adelante, puedan sentirse y pensar como Argentinos y latinoamericanos. Solo así se entienden los triunfos de Menem en su reelección (la primera elección fue a fuerza de promesas mentirosas como las que hizo Macri) y el de Macri (que espero no tenga reelección) .

(1)Documentalista, escritor, periodista.

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