“NO TE JUNTES CON LA CHUSMA”, (o el síndrome de “Doña Florinda”)

Pocho-1

Por Pedro del Arrabal

La criteriosa, observadora y más que simpática  nota titulada “El síndrome de Doña Florinda” publicada en: http://elmagma.blogspot.com.ar/2017/10/el-sindrome-dona-florinda.html  no hizo otra cosa que recordarme conductas, gestos, actitudes y valoraciones vistas y escuchadas por mí en no pocos argentinitos, muy similares a las que solía tener Doña Florinda para con sus pares de “vecindad” en aquella recordada serie mexicana “El Chavo del 8”.

Como docente presencié  y oí  en boca de muchos niños y adolescentes provenientes de  familias de barrios humildes y villas porteñas que mandaban  su hijos a escuelas públicas, propinar lo que serían los  mayores insultos de un pibe/a hacia otro de su mismo barrio, villa, clase y condición social: “negro”, “cabeza” o “chango” (para señalar la inferioridad del provinciano), “negro villero”, “paragua”, “bolita”, etc, etc. Las cuestiones centrales para estas víctimas –insultadoras e insultadas- radicaban –y por lo visto lo sigue estando- en no parecerse ni en color de piel, ojos, tipo de cabello y sus tonos “oscuros” ni en nada que se parezca a algo originario de América. Para eso recurrían a la tintura para teñir el pelo, vestirse como el “cheto” y hasta usar lentes de contacto de color si eso ayudaba. La colonización y el modelo cultural del “blanco y rubio” actuaban de manera despiadada.

Una señora llamada  Rosa María Juana Martínez Suárez, dice por la TV: “soy rubia por fuera y rubia por dentro”. Evidentemente la Sra. supone que la belleza externa es = a la belleza interna independientemente de toda ética y moral; y en eso se parece mucho a Doña Florinda. La Martínez Suarez,  nacida en Villa Cañas (Pcia de Santa Fe –pueblo ubicado por esas raras  casualidades en la punta de la “bota” santafesina-) proviene de una familia de clase media sin tener ella y su familia nada que las diferencie de cualquier clase media de pueblo. Ahora, a la vejez viruela saca a relucir esa “doña Florinda” que evidentemente siempre la acompañó y con la cual pretende diferenciarse del resto de sus connacionales. Ignorando su origen “cabeza”  y como buena resentida adopta el color que ella  asocia con  “lo bello” y por ende “lo bueno”, que no es casualmente el color preponderante en nuestro pueblo; pueblo que en su faceta más pura es ciertamente muy noble y poseedor de una original y singular belleza. Sin ninguna duda para la Martínez Suarez muchos argentinos son como el “chavo” que viene a ser la chusma para esta “rubia fuera y por dentro”. Cada vez que puede, desde la mesa de sus almuerzos, sale en ocasiones y sin sutileza alguna algo muy parecido a  “no te juntes con la chusma” (zurdos, peronistas, negros, choripaneros, etc, etc).

Pero si miramos la historia de nuestro país en general en cuanto al bosque genealógico de sus habitantes, y para desgracia de esta señora, a Sarmiento le salió el tiro por la culata en cuanto a esa intensión “civilizadora” que él sacaba a relucir en cuanta oportunidad y escrito se le presentaba. Lamentablemente para él  de esa Europa que el sanjuanino quería atraer para poblar de gente “culta” nuestras tierras, no migro casualmente lo “mejorcito” de la Belle Epoque del viejo continente sino los desclasados y marginados por aquella Revolución Industrial; o sea llegaron a estas tierras  los  “sobrantes” de aquellas sociedades. Y de esa gente provenimos la mayoría. Vaya uno a saber si esta pobre mujer no desciende de uno de esos hambrientos que bajaron de los barcos tratando de encontrar consuelo y dignidad en estas tierras. Su verdadero apellido y hasta el apellido elegido para su seudónimo suenan más a español que a francés, aunque en honor a la verdad  existe algún francés apellidado Legrand que hasta tiene escudo heráldico y todo, pero que dudo se sintiría cómodo con tener una pariente por estos lares tan mediocre como la “Chiqui”.

Lo cierto es que lo “claro (rubio)” en nuestra sociedad tiene más aceptación que el resto “oscuro” (entradito en el negro o cuasi amarronado)  asociado a lo malo y peligroso (en eso se quieren parecer a los yanquis esclavistas).

Pero la Señora de marras  no deja de ser una típica medio pelo Jauretchana y sus televidentes y seguidoras simples aspirantes a esa categoría social en algunos casos, e ignorantes clase media educados mediáticamente el resto.

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Recordemos qué es el “medio pelo”.

Al medio pelo se lo identifica en personas que intentan aparentar más de lo que son. Pero Jauretche, creador del neologismo, logra además  demostrar cómo  con el manejo de los resortes culturales, los de las clases privilegiadas  imponen sus pautas al resto de la sociedad teniendo clara conciencia que existen sectores influenciables donde no pocos aspiran a cambiar  de situación social” para diferenciarse del resto; y si no pueden, aspiran por lo menos y aunque más no sea a “codearse” con los de arriba, que es lo que ellos creen que los hace “diferente”. Están convencidos que actitudes de este tipo los sacará de la mediocridad. Equivocación;  esta está intrínsecamente asociada a un desvalor dentro de las conductas humanas. En general, esa pretendida escalada social casi siempre resulta   imposible de concretar por cuestiones económicas por un lado pero fundamentalmente por la volatilidad y mutación de las pautas que hacen sus “establecedores” y controladores casualmente de esos valores culturales, única modo de garantizar preservación de clase, pertenencia, seguridad e inaccesibilidad. Jauretche va un poco más allá en esta cuestión y atenúa ciertas imbecilidades porque nunca sus identificaciones llevaban intensión peyorativa; por el contrario las señalaba como un error, un fenómeno sociológico a corregir. En esto último podemos incluir esa diferencia que hacía don Arturo del “Medio Pelo” respecto al  “Guarango” (el burro con guita) porque según él al segundo le faltaba garlopa (pulido).

Más por errores propios del kirchnerismo en cuanto a sus políticas educativas, culturales y comunicacionales que por acierto de los burros picaros que hoy nos gobiernan, el país se volvió a empañar con otra grasa; una grasa mucho más mediocre y berreta que aquella grasa militante que supuestamente venían a limpiar. El país se volvió a repoblar con “doñas Florindas” que gustosas lucen ese “amarillo (rubio) por fuera intentando con soberbia tapar ese alto grado  de  ignorancia  y vacío intelectual que se niega a abandonarlos, que a pesar de todo esfuerzo les “chorrea” por cada poro mostrando su pobre y mediocre razón de ser.

En mi caso particular el analfabetismo político,  la ignorancia y la mediocridad argumental en esa materia me pone “los huevos al plato”; por suerte “me sale indio bárbaro que a Dios gracia llevo adentro” y escribo lo que siento para no quedarme con entripaos.     

Aquí la nota en cuestión:

“Doña Florinda, una señora que representa a la soberbia, la falsa conciencia de la que hablaba Hegel, el pensamiento de los individuos no es consecuente con sus condiciones materiales de existencia.

A pesar de vivir en la humilde vecindad, niega a sus vecinos, se jacta de poseer una condición económica irreal, educa a su hijo exagerando las mínimas diferencias para estimularlo. Sin embargo comparte las condiciones de vida con Don Ramon y El Chavo.

Leemos: “Luego de la viralización de un video en el que el ex presidente ecuatoriano, Rafael Correa apela al “Síndrome de Doña Florinda”, para referirse a los sectores medios de la sociedad, el autor del ensayo en el que aparece ese concepto, Rafael Ton, dialogó con Radio La Plata y analizó la sociedad argentina desde esa perspectiva.

Sobre la metáfora que utilizó hace 4 años para explicar algunos comportamientos, Ton consideró que “El Chavo del 8” es “una pincelada terrible en cuanto a la sociedad y este sector de la clase media (doña Florinda), que es así”.

Para el autor “en Argentina la tenemos como la señora que puede pagar los impuestos, en el Chavo es la que puede pagar la renta y además hace un ejercicio del menosprecio del entorno y de todos los trabajos de Don Ramón, que según ella es de otro sector de la realidad, muy alejado, aunque viven en el mismo lugar”.

“Ella cree que es superior” y advirtió que “hay una cuestión que lamentablemente es obvia, que es que ella esta esperando que ni el Chavo, ni la Chilindirna, ni Don Ramón avancen o progresen”. Porque frente al progreso de los otros a los que considera inferiores “ella se vería desnuda en si misma en el sentido de notar que no es superior. Y en Argentina seria cuando empiezan a tratar a todos de vagos y choriplaneros porque no les gusta eso”, dijo en relación al acceso de los sectores populares a bienes y servicios otrora reservados a sectores acomodados.

También dejó en claro que hay “Florindas y Florindos” que se encuentran “totalmente negados a la realidad y que esperan que los medios hegemónicos digan algo para poder argumentar en contra de esa realidad” y por eso “no importa si tienen que pagar las cosas mas caras” si gracias a eso ya “no tienen que escuchar a la yegua en cadena nacional”.

Lo que le faltó a don Rafael Ton es el personaje central con el que doña Florinda quiere congraciarse: El Sr. Barriga (dueño de la vecindad); que en nuestro caso y para todos las “Florindas” (no pocas de ellas docentes) y Florindos estaría representados por el gobierno del Sr. Macri (empresario vago pero exitoso, que hoy maneja el país como si fuera de su propiedad).

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One Response to “NO TE JUNTES CON LA CHUSMA”, (o el síndrome de “Doña Florinda”)

  1. starosalh dice:

    Se ha tergiversado el origen de las clases, una cosa es la aristocrasia otra la oligarquia, una tener “cuna” otra dinero. Justamente los que mas lucharon por nuestra independencia fueron aristocratas, los piojos resusitados siempre han sido serviles al poder real, entreguista, extranjerizante.
    La oligarquia actual, puede tener dinero pero no cuna,
    Desde Rivadavia, pasando por Sarmiento, Mitre; Roca hasta la “pizza y el champange” de menen y hoy en la ultima version con el cretino.
    Por suerte somo muchos los que tenemos esa sangre india, bendita de esta tierra, dios quiera que alcance para defenderla.
    Saludos!! Marcela.

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