Brillante exposición de la escritora María Teresa Andruetto para el cierre del Congreso de la Lengua en Córdoba

31 marzo 2019

Córdoba, Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO. Congreso de la mal llamada “lengua española”. Córdoba, Sábado 30 de 2018.

Fuente: https://www.lavoz.com.ar/numero-cero/completo-magistral-discurso-de-maria-teresa-andruetto-para-cierre-del-congreso-de-lengua

MARÍA TERESA ANDRUETTO

Hay una grieta en todo / así es cómo entra la luz, dice Leonard Cohen, Y entonces es ahí, en las fisuras, donde quisiera mirar.

No fue sencillo para mí aceptar la invitación a cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene, por razones también diversas, la comunidad a la que pertenezco y por mis propias disidencias.

Me tranquilizan dos cuestiones, la primera es que antes de aceptar hice saber mi posición y la invitación se sostuvo –con un espíritu democrático y una amplitud que mucho agradezco–; la otra es que estoy aquí como escritora y el lugar de quien escribe es, en lo que respecta a la lengua, un lugar de desobediencia, de disenso. En nombre de ambas cosas digo estas palabras.

La primera cuestión tiene que ver con el nombre mismo del Congreso, llamado aquí –y es al menos curioso que con la contraparte nacional se haya llegado a esa denominación– Congreso de la Lengua Española, porque para nosotros, para nuestro sistema educativo, la academia, la alta cultura y la cultura popular, esta lengua en la que aquí hablo siempre ha sido la lengua castellana.

Así llegó a América, con la conquista y con la iglesia, la lengua de Castilla, y fue esa lengua y no otras que se hablaban o se hablan en España como la que se impuso –no sin dolor, no sin lucha, no sin resistencia– sobre las lenguas originarias.

Esto nos lleva a preguntarnos de quién es la lengua, quién le da el nombre y quiénes reconocen su lengua en ese nombre. Aunque en las previas a este Congreso se ha insistido en la idea de que la lengua es de todos sus hablantes, en la amplia procedencia geográfica de los ponentes y en la alta presencia de mujeres en las mesas, me pregunto si esa que se dice de todos es la misma lengua; en caso de serlo, quiénes son sus dueños y atendiendo a que una lengua con tantos hablantes, además de un capital simbólico es un capital económico, quiénes hacen usufructo de ella.

Desde Madrid, el ministro de Educación de la Provincia, a la pregunta de un periodista acerca de ciertos contenidos, reconoció que ni la parte argentina ni la cordobesa intervienen en la elección del temario.

Es la Real Academia, dice. A su vez, el director de la Real Academia, remarcó la importancia de estos congresos con la frase: “Durante unos días, se tratará de ponerle voz española a los asuntos que nos ocupan a todos, tal vez sin tener dimensión de lo que la frase “voz española” significa aquí, para nosotros.

Entonces, no debiéramos desentendernos de ciertas preguntas, aunque incomoden. Preguntas como: ¿Para qué un congreso en estas pampas sin intervención local sobre sus contenidos? ¿Es la lengua de España la misma que se habla en América? ¿El muy diverso castellano de cada uno de nuestros países es la misma lengua española de la que el Congreso habla? Y finalmente, porque estamos en Argentina, ¿se trata de la misma lengua que aquí se habla?

Sí y no. La misma y otra. Para los hablantes de mi país se trata de una cuestión que lleva más de un centenario, cuestión desestimada o minimizada por las instituciones españolas de la lengua, sus espacios de formación, sus editores…, como lo expresa blanco sobre negro el reciente planteo del director mexicano Alfonso Cuarón, quien declaró en la clausura de un ciclo de cine en Nueva York, que le resultaba ofensivo para el público (e imagino sin dudas que para sí mismo) que su película Roma se haya subtitulado en España.

“Me parece muy, muy ridículo, a mí me encanta ver, como mexicano, el cine de Almodóvar y yo no necesito subtítulos al mexicano para entender a Almodóvar”. Le parece ridículo, dice, que un español necesite que le digan “No os acerquéis al borde” en lugar de “Nomás no se vayan hasta la orilla”. Entiendo muy bien lo que dice Cuarón, me ha pasado que una editora española haya pretendido cambiar durazneros por melocotoneros con la extraña fundamentación de que en España nadie entendería la palabra duraznero, pero sucede que melocotonero es una palabra tan artificial para un argentino que nunca jamás podría usarla.

En fin, cierta pretensión de uniformidad, la homogeneización que destruye lo singular o lo invisibiliza, el modo en que se ilumina la propia lengua al ver cómo toma caminos diversos.

Todo eso borrado, dice la cordobesa Eugenia Almeida, porque el castellano de esta América es un conjunto de variables mestizadas por pueblos originarios, aportes árabes, africanos, europeos y asiáticos que –esclavizados, sometidos, aceptados o bienvenidos- impregnaron nuestros modos de decir y de pensar. Hablaba el ruso en quince lenguas, dice en algún lugar Julia Kristeva.

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La segunda cuestión aparece cuando reparamos en que esto no es recíproco. Casi 600 millones de personas de 22 naciones hablamos la misma lengua. ¿Son soberanas lingüísticamente esas naciones? Y si es así, ¿por qué sus modos de decir necesitan ser traducidos a un decir mejor, a un bien decir?

En la Declaración Universal de los Derechos Lingüisticos firmada en Barcelona en 1996, se expresa que los hablantes pueden usar la lengua según las necesidades de cada lugar de origen, garantizando así “los principios de una paz lingüística mundial justa y equitativa, factor decisivo de la coexistencia social y cultural”.

Más del 90 por ciento de los hablantes de lengua española habita en países de América, y menos del 10 por ciento, en España. Sin embargo, las variedades idiomáticas americanas no tienen tantas posibilidades de ser reconocidas por la Academia y, cuando lo son, pasan por formas folklóricas, americanismos.

Por su parte, en el Diccionario Panhispánico de Dudas, alrededor de un 70 por ciento de lo que se considera “malos usos de la lengua” es de origen latinoamericano, lo cual tiene que ver no sólo con la idea de purismo y la pretensión de uniformidad, sino sobre todo con la convicción de que el bien decir se decide fuera de nosotros.

Se trata de las políticas de control del idioma, de la tensión entre las hablas de una comunidad y las normas que esa comunidad dicta o acepta y de la lucha entre transformación y preservación. La advertencia gramatical no me limita, sino que me recuerda que yo estoy en la lengua, y me da movilidad dentro de ella. Me recuerda que la lengua es mía y que no es solo mía… me recuerda que el vínculo es el vehículo compartido.

El interés por la gramática trasunta el interés por la conservación del espacio público, dice la colombiana Carolina Sanín. ¿Sin leyes seríamos más libres? Necesitamos instituciones reguladoras pero necesitamos también que esas instituciones nos representen de una manera más justa, porque una lengua –que por cierto es mucho más que sus reglas- vive en las bocas de sus hablantes y es asombrosa la velocidad con que lo vivo deviene en frase hecha, en palabra muerta, en clisé.

Un idioma es una entidad en permanente movimiento, una inmensidad, un río, en su adentro caben muchas lenguas como caben muchos pueblos. Argentina, para dar el ejemplo que más a mano tengo, no se hizo sólo con descendientes de hispanohablantes, es un país que mezcló la población originaria con la invasora, y recibió aluviones migratorios de italianos, gallegos, árabes, aymaras, vascos, polacos, guaraníes, armenios, coreanos, alemanes… se trata de un país que nunca vivió el purismo idiomático, la necesidad de conservar la “casticidad”, palabra por otra parte tan cercana a la castidad.

En fin, que somos impuros o mestizos (muchas veces mestizos étnicos y siempre mestizos culturales), que es impura nuestra lengua y esa impureza es nuestra riqueza. Dice el colombiano Fernando Vallejo que preguntarse quién habla bien es una tontería porque el castellano se habla como se puede en todos los ámbitos del idioma, un idioma de 22 países entre los cuales contamos a España.

En fin, que para riqueza de hablantes, escribientes y lectores, y para riqueza de nuestras literaturas, peninsulares, latinoamericanos y ecuatoguineanos debiéramos cuidarnos mucho de una lengua que se someta a la lengua oficial, una escritura que ponga en retirada a cada modalidad de la lengua en particular, cuidarnos de no confundir la lengua viva con los cementerios de la lengua, acoger, dice también Fernando Vallejo, el idioma de la vida, que es el local.

Hasta acá, un poco distraídos, podríamos pensar que se trata de diferencias de habla, de lo singular que se aleja de ciertas normas, de ciertos corrales, cierta legislación que va y viene desde una región a otra, pero por cierto que no se trata de un camino de ida y vuelta entre modos diversos de usar la lengua, sino de una corriente que va o pretende ir desde la antigua metrópoli hacia sus dominios de antaño y nunca de modo inverso.

Esa corriente de poder lingüístico unidireccional viene a nuestros países con las formas de decir y escribir que España considera correctas sin comprender que a muchas expresiones del castellano de España las comprendemos nosotros poniendo a prueba nuestros oídos, porque la música, y el habla, y el gusto, no son los mismos para todos y porque, parafraseando un relato cristiano, hay ovejas que son de este corral y otras que son de otro corral pero de todas es el universo de la lengua.

No hace mucho, una investigadora madrileña me dijo llena de sorpresa ella y más sorprendida yo por su reflexión: “No entiendo por qué los argentinos necesitan traducir a Dante (a raíz de una edición aquí de La divina comedia, con traducción del poeta Jorge Aulicino) si ya está traducido al español”, pero es que tal vez ni se advierte siquiera cómo pegan en nuestros oídos muchas traducciones de editoriales españolas, especialmente cuando se trata de escritores que trabajan con lo coloquial; pero no me extiendo en el tema porque de todo esto habrán dado cuenta las mesas sobre traducción del Congreso, ya que es materia habitual de debate entre nuestros traductores.

No se trata de una cuestión menor, ni tampoco meramente retórica. Durante la pasada dictadura, los escritores argentinos en el exilio español se preguntaban qué hacer con nuestro lenguaje. Elijo dos respuestas a esa pregunta: el escritor y crítico David Viñas, en julio de 1980, dice en una carta “¿Se academiza la cosa, se la agayega, se le pone almidón y se la plancha?” En otra carta, de agosto de 1980, el escritor Antonio Di Benedetto, dice: “He procurado clarificar un tanto el vocabulario para el lector español sin dar la espalda a mi potencial lector argentino o latinoamericano. Con tal criterio he sustituido algunas voces. Ejemplo: no “saco”, que aquí sugiere “bolsa”, sino chaqueta, dicción que no es extraña al argentino, ¿verdad? ¿Verdad?”.

Podemos oír un grito ahogado en ese ¿verdad?, un gesto de desesperación, porque la elección de la lengua (y dentro de ella, la de sus infinitos matices) indica en qué sistema literario puede o quiere insertarse un escritor, indica por quiénes y de qué modo desea ser leído y revela también el costo que ese escritor está dispuesto a pagar para encontrarse con sus lectores.

Cuando comencé a publicar y se abrió tímidamente alguna posibilidad de editar mis libros fuera de Argentina, la lengua, esa materia con la que trabaja un escritor, comenzó a presentarse como un obstáculo. No es el libro, no es la historia, es el lenguaje… tan argentino, se me dijo en muchas ocasiones.

En 1876, Juan María Gutiérrez, preocupado por el lenguaje rioplatense (como Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi, sus colegas de la Asociación de Mayo), rechazó públicamente la propuesta de integrar la Real Academia Española, lo que provocó una serie de cartas con un periodista español que también polemizó acerca de ello con Sarmiento.

La cuestión de si hablar castellano o una de las lenguas originarias del territorio que ocupa nuestro país, y en el caso de hablar castellano, qué castellano hablar y escribir, en fin, la pregunta acerca de si era conveniente seguir a pie juntillas a la Academia Real del país del cual estábamos independizándonos o si debíamos dejar que la lengua, aun siendo la misma -la misma y otra, por cierto- se independizara a su vez y corriera a su aire, aceptando nosotros, sus hablantes, las transformaciones que le íbamos dando, se discutió aquí en la segunda mitad del siglo 19, una discusión que nuestros prohombres dieron por saldada hace ya más de 150 años.

Esa cuestión, que en nuestras carreras de letras se estudia como la polémica acerca de la lengua, polémica que es por supuesto lingüística y estética pero por sobre todo fuertemente política, se dirimió en el marco del movimiento estético/político romántico, y la llevaron adelante Gutiérrez, Echeverría, Sarmiento y Alberdi, los cuatro grandes escritores románticos argentinos, a la vez cuatro políticos centrales, lo que es casi decir los fundadores de nuestra literatura y de la nación.

De todo ello emergió la convicción de que ese castellano que se hablaba no necesitaba sujetarse a los dictámenes de su casa central, de modo que ser un hablante o un escritor argentino es también ser un usuario de la lengua desobediente ante la demanda de casticidad.

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La tercera cuestión aparece cuando reparamos en la lengua como un capital no sólo simbólico, cuando comprendemos su faz económica, y entonces nos preguntamos ¿quién usufructúa los dividendos que da esta lengua en el mundo? El gobernador de la provincia dice “sabemos que es un recurso natural inmenso, un bien renovable que se multiplica con el uso, que gana valor cada día y hoy es deseable inclusive para los nacidos y criados en otras lenguas”, lo cual coloca en primer plano este aspecto de la lengua como capital económico.

A la hora de certificar internacionalmente los cursos de aprendizaje como lengua extranjera, las jornadas internacionales para profesores de español, como suelen llamarse, ¿quién certifica? ¿Quién obtiene los dividendos de esas acciones? ¿Se distribuyen esos dividendos entre los diversos países en que se habla castellano o se trata de un recurso que le pertenece mayoritariamente a instituciones españolas?

Todas las relaciones humanas están mediadas por la política, atravesadas por diferencias de poder, y ese poder se materializa en el lenguaje que, citando a Bajtin, es producto de la actividad humana colectiva y refleja en todos sus elementos tanto la organización económica como sociopolítica de la sociedad que lo ha generado.

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La búsqueda de uniformidad, el paso de un rasero que aplane las particularidades de nuestros castellanos, va en consonancia con la persecución de un mayor rendimiento económico, con que libros, películas y series, publicaciones en papel o digitales, cursos de enseñanza y literatura destinada a niños y jóvenes sirvan para la mayor cantidad posible de usuarios.

Por eso la persistente búsqueda de un castellano a la española o un latinoamericano neutro que permita a esos productos circular en todo el continente, viajando más y mejor, penetrando de modo más rápido, sin que importe que eso sea a costa de nuestra singularidades y vaya –cómo de hecho va– contra la riqueza del idioma. Baste escuchar en nuestro país a alumnos, hijos o nietos, hablando de leños, carros y neveras para comprender lo que digo.

¿Por qué hablan cómo hablan los personajes en los programas infantiles enlatados? ¿Por qué se subtitula una película de un castellano a otro, como sucedió con la ya citada Roma y sucede con tantas otras? ¿Es porque los españoles no comprenden la palabra “orilla” y necesitan que se las traduzca como “borde”? ¿O se trata de simplificar y uniformar para atraer el mayor número posible de espectadores hacia una película o una serie que pueden generar mucho dinero?

Empresas y capitales multinacionales promueven la ampliación del mercado del castellano, en su modalidad española o en lo que llaman americano neutro para, en lo uniforme y hegemónico, reforzar el monopolio de la lengua como negocio; buscan un idioma de modalidad única (para tantos hablan hablantes de culturas tan distintas), a costa de su depredación, del mismo modo que los monocultivos en su búsqueda desmedida de dinero van contra la riqueza del suelo y la diversidad que nos ofrece la naturaleza.

Víctor Klemplerer, en su libro sobre las transformaciones de la lengua alemana durante el Tercer Reich, registra en su diario de manera minuciosa cómo el lenguaje se va falsificando, va perdiendo su singularidad y su verdad, lo que constituirá la más potente difusión del nazismo en todas las capas de la población.

La vida de una lengua, si en algún sitio reside, es en lo particular, en su inestabilidad; la uniformidad como estrategia económica, la mono lengua, la neutralidad, lo que produce es destrucción, depredación. En ese arco ingresan las Industrias de la lengua, el turismo idiomático, la corrección política donde se incluyen los debates actuales sobre si el lenguaje es inclusivo o no y en qué medida es e inclusión incluye la diversidad de todo tipo, no sólo la de género.

Pero volvamos a nuestra resistencia ante la demanda de uniformidad en los modos de decir, ya que el pensamiento se construye en y con el lenguaje a través del cual se manifiesta, podríamos avanzar un paso en nuestro razonamiento y decir que se trata de una demanda de uniformidad No sólo en los modos de decir sino también en los modos de pensar.

Por eso, si bien muchos acceden a esas demandas, otros tantos nos sostenemos en el desacato, el desacomodo, el rechazo a una lengua apta para todos los públicos. No se trata de un capricho, se trata de una búsqueda de identidad que se refleja en el modo de hablar y de escribir, desvíos de cierto extranjero deber ser para encontrar en lo individual más hondo, allí donde refracta lo social, ecos de la lengua de un pueblo, una región, una comunidad, un sector social, búsqueda de un contrapoder frente a lo hegemónico.

Se dice que la lengua no es de las instituciones sino de los hablantes. Y aunque así es en lo que hace al uso cotidiano, no parece suceder lo mismo en el aprovechamiento económico que una lengua provee porque, sin dudas, no es mayoritariamente el castellano argentino, ni el mexicano, ni el peruano, ni el boliviano… el que se comercializa en la enseñanza Internacional del idioma.

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La cuarta cuestión, el lenguaje inclusivo.

“El Congreso de la Lengua se ocupará del presente del español, pero no discutirá sobre lenguaje inclusivo”, han dicho a la prensa, con total firmeza, las autoridades de la Academia.

“Tendremos participación igualitaria entre varones y mujeres”, se dijo, y yo no puedo dejar de preguntarme si habrá habido mujeres y en qué proporción en las decisiones de contenidos. Desconozco si la Academia y el Instituto tienen mujeres en sus directorios, pero si las tienen, ellas no han dado sus opiniones a la prensa. Se dijo que hay 250 ponentes de 32 países… 250 ponentes y ni una sola mesa de discusión sobre un tema como es la inclusión de género, vivamente presente en la agenda actual, tanto de América latina como de España.

El lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica de la lengua, que habitualmente nos es invisible. Claro que compartimos la lengua y que ella no es de nadie, ni siquiera de las buenas causas.

Claro que corremos riesgos de que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política. Claro que no sabemos qué pasará con la literatura, ni si es posible escribir en lenguaje inclusivo de un modo lo suficientemente cargado de ambigüedad como para conservar la función poética del lenguaje, de un modo que además de hacernos pensar, nos conmueva, nos emocione, nos complejice.

Claro que no sabemos qué sucederá en el largo plazo, si ese lenguaje que viene a irrumpir se estabilizará en la lengua y en tal caso de qué modo, si ingresará y de qué manera a nuestras literaturas, pero sabemos de su uso y expansión en ciertos sectores sociales (especialmente urbanos) y en jóvenes de cualquier género, y vemos cómo impregna y permea los usos públicos, periodísticos y políticos, y entonces resulta asombroso que no se haya incluido siquiera una mesa de discusión sobre algo que está moviendo los cimientos de nuestras sociedades.

En la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos modos de nombrar –estos que aparecen con tanta virulencia – vuelven visibles los patrones de comportamiento social. Palabras o expresiones que llegan para decir algo nuevo o para decir de otro modo algo viejo, porque el lenguaje no es neutro, refleja la sociedad de la que formamos parte y se defiende marcando, haciendo evidente que los valores de unos (rasgos de clase o geográficos o de género o de edad…) no son los valores de todos.

Algo que no existía comienza a ser nombrado, algo que ya existía quiere nombrarse de otro modo, verdadera revolución de la que no conocemos sus alcances, ni hasta dónde irá, ni si abarcará un día a la mayor parte de la sociedad, a sus diversas regiones, a las formas menos urbanas de nuestra lengua y a todos sus sectores sociales.

No podemos prever su punto de llegada, pero sí sabemos que está entre nosotros de un modo tal que no podemos obviar. Lo que queda claro, lo insoslayable, es que se trata de una cuestión política, de que la lengua responde a la sociedad en la que vive, al momento histórico que transitan sus hablantes, porque como dice también Victor Klemperer, “el espíritu de una época se define por su lengua”.

El asunto entonces es cómo se las ingeniará la lengua para conservar un territorio común entre sus hablantes, para seguir siendo en su diversidad, sus diferencias y su riqueza, su lugar de reunión, para usar el nombre de un poema de nuestro Alejandro Nicotra.

La lengua es mía pero no sólo mía, entonces cada uno de nosotros es dueño de la lengua, siempre que tenga la conciencia suficiente como para advertir su componente social.

Este código compartido, este contrato entre hablantes, esta libertad tiene siempre por límite el deseo de ser comprendidos, porque no hablamos solos ni para nosotros sino para comunicarnos con otros. Ante esa complejidad, sólo caben la diversidad y la flexibilidad; por otra parte, la lengua nos da todo el tiempo muestras de saber transformarse sin destruirse y, finalmente, sacudir el lenguaje, es –en palabras de Althusser- una forma entre otras, de práctica política.

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Otra cuestión, el castellano como lengua de las ciencias y del conocimiento.

El posicionamiento del castellano como lengua científica y filosófica, nos lleva a la disputa ante el inglés como lengua dominante, a entrar en diálogo y tensión con otras lenguas y contra la imposición de una lengua única para el universo científico.

En fin, que el mismo razonamiento sostenido en defensa de las variables americanas del castellano, ante su variante oficial se aplicaría en este campo de disputa en el que nuestro idioma está en condición de minoría con respecto a la lengua oficial de las ciencias, el inglés como lengua única.

Una tarea de principal importancia es la recuperación del castellano como lengua del saber, lo que no equivale a promover un provincianismo autoclausurado y estéril sino un universalismo en castellano que se acompaña con el aprendizaje de muchas otras lenguas para acceder a todas las culturas y entrar en interlocución con ellas contra la imposición de una lengua única.

El desarrollo del castellano como lengua del saber, del pensamiento y del conocimiento académico postularía un internacionalismo de otro orden, babélico y no monolingüe, y requeriría un cambio radical en nuestra cultura de autoevaluación universitaria y científica, dice el cordobés Diego Tatian y el argentino / mexicano Enrique Dussel, en su libro Filosofías del sur, pregona que las diversas tradiciones se dispongan para un auténtico y simétrico diálogo, gracias al cual cada una aprendería muchos aspectos desconocidos, más desarrollados por otras tradiciones. Se trataría de un mutuo enriquecimiento.

La amenaza de una lengua de comunicación única es muy real. Contra esa amenaza, es necesario que cada uno hable su lengua y más de una lengua, dice Bárbara Cassin. Lugar común la lengua y el pensamiento, donde lo común no aspira a lo uniforme, lo aceptado por todos ni lo ya dado, sino a un territorio que, abrigando las singularidades, permita encontrar en un tesoro acumulado por generaciones de escribientes y de hablantes, las palabras que nos permitan abrir la historia, decir cosas nuevas y a la vez reconocer la radical igualdad de los seres humanos.

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Para ir cerrando

El lenguaje da acogida a la experiencia de los hombres, nos promete que lo que se ha experimentado no desaparecerá del todo, dice John Berger. Una novela, un cuento, un poema, dice también él, usan los mismos materiales que el informe anual de una corporación multinacional.

El hecho de que estén hechos con casi las mismas palabras y similar sintaxis no significa más que el hecho de que un faro y la celda de una prisión puedan construirse con piedras de la misma cantera, unidas con el mismo cemento.

En fin, que casi todo depende del modo en que se articulan las palabras, el modo en el que cada uno de nosotros se vincula con el lenguaje como lugar de reunión, en el convencimiento de que él es –además de instrumento práctico- vehículo de expresión de la subjetividad de un individuo y de una sociedad, tesoro fecundado por múltiples desvíos e innovaciones, sostenido por generaciones de hablantes y escribientes como motor de creación, factor de mutación, de transformación, para dar testimonio de lo vivido e imaginado, de la ligazón con lo sagrado, la celebración de lo acontecido y el lamento por lo perdido. En fin, para construir Memoria e Historia.

Entre lo personal y lo político, lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, crece esta lengua nuestra. Para que su energía no se pierda, para que eso que habita en ella y es fácilmente corrompible, no pierda su música, nervio o alma –la diversidad puesta a vivir en nuestras bocas-, ella se distancia de lo oficial, de lo abstracto, lo general, lo convencional, en busca de lo sepultado bajo capas de artificios, condicionamientos y convenciones, porque cuando por mentirosa, farragosa, fangosa o inexacta, por excesiva, hinchada, henchida o snob, grandilocuente, críptica o burda, se corrompe la relación entre las palabras y las cosas, todo el delicadísimo equilibrio, todo el misterioso artefacto, se desploma.

La homogeneización a través de una lengua, la búsqueda de una lengua de nadie producto del capitalismo, dice Barbara Cassin y nos advierte sobre la amenaza de un lenguaje único para la comunicación. Necesitamos diversidad en las lenguas, como parte de la diversidad de los ciudadanos.

Cada palabra es el resultado de una historia y de una serie de representaciones, pero sólo adquiere su significado, que designa una cosa y no otra, en su diferencia con otras palabras de la misma lengua. Cada lengua tiene su forma de inventar, de inventariar, de describir, de concebir, de comprender. Una lengua es una energía y se inventa todo el tiempo.

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Sabemos que las leyes son necesarias para sistematizar la lengua y enseñarla a las siguientes generaciones, y sabemos también que una lengua está en permanente movimiento y que, de no ser por esos movimientos, desvíos, disidencias y transformaciones, estaríamos hablando hoy lenguas romances o latín vulgar… de hecho, el castellano comenzó desobedeciendo, como lo muestran las Glosas Emilianenses, esas anotaciones al margen en un códice escrito en latín, que en el siglo X o XI algún monje hizo para aclarar algún pasaje, anotaciones en un modo de decir en el que ya hablaba el pueblo pero que todavía no había pasado a su forma escrita. En fin, que en una lengua cabe un mundo, y en ese mundo caben los disensos y las luchas.

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Digo esto sabiendo del lugar en el que estoy, deseando profundamente que unos y otros, de aquí o allá, podamos volvernos más y más conscientes de que la uniformidad no es el camino para que la lengua que compartimos se mantenga viva; pienso entonces en congresos de la lengua donde el país receptor intervenga activamente en los contenidos, en un congreso que revise su nombre, un congreso donde se discutan los beneficios económicos de la enseñanza de castellano en el mundo y donde no se vuelva costumbre traducir en un país el castellano de otro país, porque si hay riqueza en esta lengua nuestra, esa riqueza no está en la rigidez sino en la posibilidad de aceptar la potencia de lo diverso y de lo múltiple, la riqueza del permanente movimiento, como sin ir más lejos han hecho los hablantes de lengua inglesa –donde la estandarización proviene de la literatura, los medios y el uso- en distintos modos de hablarlo y escribirlo.

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Necesitamos oírnos en nuestras semejanzas y nuestras diferencias, en los múltiples meandros que ofrece este idioma nuestro en el que Cervantes y Rulfo, Sor Juana, García Márquez, Gabriela Mistral y Roa Bastos, Teresa de Ávila, Luis de Góngora, Elvira Orphée y José Donoso, César Vallejo, Quevedo, Borges, Blanca Varela y Juana Castro, Gil de Biedma, Lemebel, Lugones, Arguedas, Watanabe, Sara Gallardo y Onetti, Humberto Akabal, Arlt, Saer y Rosario Castellanos, entre tantos otros… abrieron con mano de seda y de hierro los intersticios de la lengua que de mil maneras les había sido impuesta, para poder decir lo que aún no había sido dicho.

Alfabetizando a población chiriguana en la frontera salteña, nuestra educadora María Saleme entendió que no servían las cartillas hechas en Buenos Aires, que tenía que empezar por la palabra agua, porque el chiriguano es hombre de río, y cuando lo hizo en los valles calchaquíes descubrió que la palabra nudo no era agua, sino tierra.

Adrián Bravi, escritor argentino de la lengua italiana, en un libro que se llama La gelosia della lingua cuenta acerca de una tía que emigró a Argentina en un barco en el que faltó agua potable y donde murieron casi todos los niños de brazos, una tía que podía contar lo vivido en castellano pero al intentar decirlo en italiano, se quebraba porque al evocarlo sus recuerdos tomaba vida propia.

¿Es borde la palabra? ¿O es orilla? ¿O es canto, o línea, o costa, o ribera, o margen? Cada uno tiene sus razones para decir de uno u otro modo porque la lengua es mía, pero no solamente mía.

Esa lengua en la que nuestros recuerdos toman vida propia, en la que podemos razonar y conmovernos, conocer y cuestionarnos, aprender e imaginar, hasta que lo nombrado adquiera vida propia. Porque, como en la parábola que relata Gershom Scholem, aunque no sepamos encender el fuego ni encontrar aquel lugar en el bosque, ni seamos ya capaces de rezar, podemos seguir contándonos unos a otros nuestras historias y la Historia. Perder eso sería perdernos, sería una nueva forma de barbarie.

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CLOACAS INTITUCIONALIZADAS

30 marzo 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestra redacción.

V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez

El D’alessiogate está funcionando como esas viejas bisagras que en algún momento dejan su letargo, comienzan a moverse  ensordeciendo con su rechinar. El  crujido que produce todo lo antiguo, en esta ocasión muestra  que la corrupción,  además de tener una data un tanto veterana,  incluye a impensados  actores que la sociedad los tenía como “medios periodísticos serios y confiables”.

Para esa sociedad que ahora mira con perplejidad ciertos hechos,  estos pueden resultarle novedosos, no así para aquellos que venimos trabajando en el periodismo desde hace largo tiempo.

Esta vez, esos hechos muestran un eje  alrededor del cual giran actores. La  velocidad que tomaron los acontecimientos en las últimas semanas, generó ese natural y  fenomenal movimiento centrífugo que  desnudó y puso en evidencia la poca moral y nada de ética presente en esos actores. La utilización de la difamación mediática  a través de sicarios del periodismo (Daniel Santoro-J.Lanata-Clarín) como método extorsivo para  conseguir   beneficios económicos personales, o espurios beneficios para la empresa periodística a la que “sirven” además de facilitar la obtención de  rédito político a la corrupta gestión oficialista, fue la herramienta usada. Nada nuevo.

El tema a futuro para nuestra profesión en tanto el descreimiento sobre la tarea periodística crece por  la mala actuación de una cloaca como Clarín  pasa por las siguientes preguntas: ¿Pueden seguir gozando de impunidad aquellos periodistas y  empresas periodísticas que vienen tergiversando el rol de nuestra profesión escudados en la inmunidad que supuestamente otorga la “libertad de prensa”? ¿Continuará sin enjuiciamiento  el mentiroso,  desleal y sórdido accionar que estos “Sres.” practican? Los “soldados” de Clarín que continúan practicando “periodismo de guerra” y “blindan” el perverso accionar del actual ejecutivo nacional, caído en desgracia el “rey” Macri, ¿gritarán “Viva el nuevo rey” y acá no pasó nada? 

Lo cierto es que un abogado “trucho” que dice “ser agente de la DEA” y opera como espía de las embajadas norteamericana e israelí en el país, un sistema periodístico que viene operando de manera mafiosa desde la última dictadura militar -hecho  hasta ahora  desconocido por el gran público-, y lo peor del sistema judicial imperante,  vienen operando  de manera  conjunta poniendo en riesgo no solo el sistema democrático -y con ellos las instituciones republicanas y el estado de derecho-, sino a la sociedad toda. Hoy, cualquier “hijo de vecino” que no le “caiga bien” al gobierno nacional PRO, puede ser la próxima víctima de este nefasto accionar. Nadie está exento. Basta un escrache mediático para que la sociedad idiotizada por los medios  vuelva a utilizar aquel funesto recurso que se instaló durante la última dictadura militar -“por algo será”- con el que se justificaba secuestros, encarcelamientos y asesinatos de ciudadanos inocentes.  

CLOACAS INSTITUIONALIZADAS

La causa que lleva adelante el Juzgado Federal  con asiento en Dolores –Pcia. de Bs. As.-, a cargo del Juez Alejo Ramos Padilla iniciada por la denuncia de un empresario que venía siendo extorsionado,   está dejando al descubierto  esos métodos mafiosos  que tenían y  tienen a los medios del grupo  del “Gran diario argentino  -Clarín-”, a un sector mafioso de la justicia Federal con asiento en Comodoro Py (Bonadio y Stornelli como estrellas rutilantes), a los servicios de inteligencia del Estado –Afi- y a no pocos políticos (funcionarios y legisladores oficialistas entre los cuales aparecen la ministra Bullrich, Alonso, Carrio, Oliveto y hasta el propio Macri) como los principales ejecutores.  Estos últimos  vinieron presentándose desde hace una década como paladines de la lucha contra la corrupción focalizada en el gobierno anterior. Hoy son los principales protagonistas de actuales y gravísimos hechos de corrupción.

De lo poco que se sabe hasta el día de hoy (lo indica apenas el 25 % de lo secuestrado y en poder del Juez Ramos Padilla hasta ahora analizado), el modus operandi  utilizado y corroborado con evidencias reales, palpables y contundentes consistía en:

  1. a) Práctica de espionaje clandestino y por ende ilegal llevada adelante por operadores de “inteligencia paraestatal” y del Estado (Afi-Arribas) luego facilitada a parlamentarios para la posterior fabricación de relatos surgidos de la frondosa y perversa imaginación de Carrio (absolutamente indemostrables por carencia de pruebas).
  2. b) Apoyatura mediática –con enjuiciamiento, sentencia y escrache social incluido- llevada adelante a través de todos los medios del mencionado grupo periodístico hoy hegemónico.
  3. c) Intervención judicial vía jueces y fiscales corruptos que ya venían funcionando de manera extorsiva dentro del poder judicial.
  4. d) Filtración de escuchas ilegales avaladas por su órgano contralor –La Corte Suprema- y utilizadas para operaciones políticas desplegadas por denunciadoras seriales como Carrio, Bullrich y Laura Alonso.

Hoy  Argentina tiene varias cloacas despidiendo efluvios nauseabundos: Una con respiradero en Comodoro Py,  otra con varios respiraderos en los medios del grupo Clarín y una tercera con 2 respiraderos: Uno en algunas oficinas del gobierno nacional y otro en algunas oficinas de parlamentarios PRO-Cambiemos. ¡Ojo! Pueden seguir apareciendo nuevos “respiraderos” PRO.

Así planteados los hechos  hoy tenemos, causas judiciales fraguadas (“cuadernos”) con escraches mediáticos como parte del “show”,  avasallamiento por parte de jueces corruptos de todos los pasos de un proceso judicial ajustado a derecho, persecuciones políticas,  presos políticos entre los cuales no solo están funcionarios del gobierno anterior sino también empresarios transformados en botines para extorsionar.

Nada de esto es nuevo. Nació con la dictadura. Tanto Clarín como La Nación hoy son propietarios de Papel Prensa y con ello condicionan de manera  extorsiva a  otros medios necesitados de ese insumo. Consiguieron apropiarse de la empresa  gracias a la difamación mediática que realizaron sobre su dueño -David Graiver-  a quien previamente asociaron con los  “subversivos” para así justificar su “asesinato” (lo hicieron pasar como un “accidente” del mismo modo que el inducido suicidio de Nisman lo transformaron en asesinato kirchnerista) para luego y en mesa de tortura conseguir de su mujer (la Sra. Papaleo) la firma de  entrega de la empresa.

Hoy, un sector de la justicia –junto a la propia Corte Suprema- apesta a toda la sociedad con su repugnante accionar; apestan tanto como los chorros de tinta y las mentiras verbales  hechas retorcidos  relatos mediáticos volcados diariamente por mercenarios  periodistas que desarrollan sus tareas en los medios de la cloaca Clarín. Hoy, el diario  La Nación los acompaña  en  tan inmundo caño que arrastra las peores de las miserias humanas de “argentinos” que se vinieron presentando como luchadores contra la corrupción y defensores de la “libertad de prensa y expresión” mientras a diario blindan mediáticamente al gobierno más corrupto que recuerde la historia nacional.  Tampoco nada nuevo.


Cuando la vergüenza mata.

29 marzo 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestra redacción

“Cría cuervos y te comerán los ojos.”

PEDRO DEL ARRABAL

Por Pedro del Arrabal

Murió Franco Macri, padre de nuestro actual presidente. El presidente, dos semanas después del fallecimiento, y sin que se le caiga la cara de vergüenza, reconoció públicamente que su padre era un delincuente, y ya muerto lo mando en “cana”.

F.M. 1

Cualquier miseria humana  que se la intente vender “Duranbarbística-mente” dentro de un envase de honestidad  como un producto con “imagen virtuosa”, nunca  perderá aun así su sustancia miserable. Lo que Mauricio familiarmente y por temor a ser desheredado no hizo por el  bien de su “recitado republicanismo”, de su supuesto amor por  la “transparencia” y la “honestidad” estando el padre vivo, lo hizo descaradamente con el padre “finado”. Tardo un poquito pero apareció. La peor de las miserias que un humano con un mínimo de pudor trataría de esconder, Mauricio la sacó a relucir poniéndola en evidencia.  Este es el personaje que hoy gobierna nuestro país. Si se animó a hacer algo así con su padre muerto ya nadie puede dudar que el personaje de marras  se siente habilitado para llevar adelante cualquier otro gesto o actitud miserable  contra el que se le oponga.

Cría cuervo y te comerán los ojos.

No podía ser de otra manera tratándose de una familia italiana  de pied de grue poco emparentado con el trabajo y más afecto a operar de manera mafiosa (sin dejar de lado las prácticas pedófilas del Tío Antonio Macri).

La Mama de Macri

Tanto al finado Franco como a su hijito Mauricio les gustaba codearse e incursionar en el mundo de la “farándula”. Entonces y farandulezcamente uno podría preguntarse ¿Fue amor,  información equivocada, la sola condición   “europea”  del posible consorte, un embarazo prematuro (14 años) quizá, lo que la llevó a la burguesita Blanco Villegas –mamá de Mauricito- “casarse” con Franco? Solo Jorge Rial lo podrá descular  algún día.

Murió Franco Macri. Ni prócer para el empresariado amante de la “patria contratista”,  ni el  “limpio” empresario que siempre operó políticamente; simplemente un hábil y astuto negociante que supo amasar fortunas creando empresas (algunas “fantasmas” para el “Lavado de dinero)   y realizando negocios con el Estado como tanto otros de sus pares,  llámense estos “Nico” Caputo, Paolo Rocca, Perez Companc, etc, etc,.

F.M. 2

Un personaje  a quien nunca le importó quién estaba al frente del poder institucional; menos su color político o condición de facto. Solo le bastaba tener una buena llegada a ese poder político de turno, algo que conseguía  haciendo gala de su poder económico en cada momento de la historia reciente. Poco  le importaba si los contratos para  “obras públicas” los conseguía a fuerza de corromper funcionarios. Con el padre muerto y en plena campaña electoral el hijo presidente no dudó en reconocer tener en ese padre un empresario “sucio” en materia de obtención de negocios a fuerza de corrupción. Intentó  ponerle al finado un traje recién sacado de tintorería “trucha” aduciendo que la culpa de la roña paterna  era de la corrupción “kirchnerista”. Miserable hasta el punto de llegar a enlodar al padre y a los adversarios políticos como algo útil para su campaña electoral, pensando que ese lodo  que embarra a todo el núcleo familiar, a él no lo salpicará.

Lamentablemente el “D’alessiogate” inesperadamente lo está haciendo.

Hasta el más ignorante de nuestros ciudadanos sabe que la corrupción tiene dos patas: el corruptor y el corrupto. La corrupción nunca podría “caminar” si una de las “patas” no lo quiere hacer por ser delictivo. Mauricio Macri nunca dudó ni duda en corromper a quien sea si con eso él puede seguir con la vida que lleva; jodiendo a otros y  sin hacer nada. A  esta altura y con todas las muestras que a modo de pruebas  va dejando en su ineficaz manera de “gestionar”, a nadie puede ni debe sorprender.  

Mauricio Macri ya estrenó su veta  miserable para acceder al gobierno de la C.A.B.A. practicando (¡O casualidad!) delitos de espionaje telefónicos de rivales políticos y familiares. Hoy, y luego de tres años de gestión presidencial quedó al descubierto (¡O casualidad!) otra red mafiosa y extorsiva del tipo político-mediático-judicial (PRO-Clarín-Comodoro Py) que indirectamente lo vinieron beneficiando ya como presidente.  Una investigación llevada adelante por el juez federal de Dolores Ramos Padilla está poniendo al descubierto ramificaciones de esa red mafiosa que lo están “tocando” y señalando como posible jefe (en las sombras) de una “asociación ilícita”. Mauricio Macri, otra vez más,  no duda en ensuciar al Juez; si lo hizo con su padre, qué o quién le podría impedir hacerlo con un Juez. Ya lo había hecho con otros jueces anteriormente.

La Mama de Macri y Noticias

Pero volvamos al camino transitado por Mauricio.   Miserablemente le mintió a toda la sociedad para llegar a la presidencia. Logrado el objetivo comenzó a vender las riquezas del país, a transferir recursos de los pobres a los ricos y a facilitar la explotación de los trabajadores a manos de sus amigos CEOS. Esto viene poniendo en evidencia la falta de escrúpulos y la caradures  que por lo visto parecen no abandonarlo ni bajo el sol, menos aún en las “sombras”. Según su propia madre, “Siempre fue mentiroso; desde chiquito le gustaba mentir; ni pegándole le pude sacar esa costumbre”.

Ahora bien, el ser torpe e  ignorante no implica necesariamente carecer de  “viveza”  a la hora de hacer negocio y vivir bien. ¡A no pocos  “buscavidas”,  la “viveza criolla” los hizo rico y famosos en estas tierras! ¡Miren sino a la “Su” Gimenez! Otros hoy, hasta son empresarios. Tinelli lo sintetizaba con una frase que seguramente él la conoce como nadie: ¡Qué país generoso! Pero es claro también que toda “viveza criolla” no transita casualmente por la senda de la decencia; hasta me animaría a asegurar que son sendas antagónicas y por ende incompatibles.   

No son pocos los problemas legales y judiciales que a la familia Macri  vienen acompañando desde hace varias décadas.

F.M. 3

Empresario astuto si los hubo en este país, ese fue Franco Macri. Basta recordar el incremento del número de empresas de su propiedad durante la última dictadura pasando de 7 originales en marzo de 1976 a 47 en diciembre de 1983 (casi un 600 % en cantidad). Nadie sabe cómo ni de qué modo aumentó su patrimonio empresarial pero lo cierto es que fue real, tan real como su astucia para vincularse políticamente y así conseguir canonjías estatales desde el regreso de la democracia en nuestro país.

Los negociados más recordados  que por “torpezas” cometidas vaya uno a saber por quién  de su entorno, o por cuál de sus asesores y/o hijos, terminaron en la justicia, se encuentran: Manliba(Recolección de residuos de la C.A.B.A.), “Autopistas del Sol”, contrabando vehicular de su empresa SEVEL a Uruguay, contrato por cloacas nunca hechas en el Municipio de Morón, Correo Argentino, Panamá Papers, Parques eólicos, entre otros tantos; todas estafas contra el  fisco.

La compulsión familiar por la evasión fiscal, el amor por los paraísos fiscales y la fuerte tendencia a corromper a quien sea con tal de salir “limpios” de las causas judiciales, bien podría ser calificada como esa cuota de “suerte” que los acompañó hasta hoy. Pero el pez, una vez muerto comienza a pudrirse por la cabeza, luego se descompone el resto del cuerpo. La herencia  que dejó el viejo Franco y la calaña de sus crías comenzaron a operar en la descomposición.

Así volvemos al deceso de don Franco. El desgraciado acontecimiento familiar destapó otras ollas que ya venían oliendo mal desde hacía largo tiempo.

F.M. 4

La  “cosa”,  (término muy utilizado por Mauricio para referirse como Presidente a todo lo que desconoce; que como “cosas”  no son pocas) para papá Franco en vida, cambió cuando su hijito Mauricio comenzó a meterse en política. Primero fue la experiencia boquense.  La  pasión futbolera que el vástago, tenía, pero fundamentalmente la intervención de  otros “vivos” (Fernando Niembro por dar un ejemplo)  quienes  se habían dado cuenta que sabiendo manejar bien  estupideces ajenas se pueden hacer grandes negocios, impulsaron al muchachito a meterse en política; primero en el club de sus amores –B.J.-; luego y azuzado por  “esos amigos” y la manija mediática dada  por Clarín  junto a la “manito  del “operador deportivo Niembro” – denunciado en el 2015 por negocios “turbios”-, llegó a ser gobernador de la C.A.B.A.

Aun así y mientras las “cosas” se acotaban a la C.A.B.A.  a don Franco mucho mucho no le preocupaba porque los negocios de sus empresas con el gobierno porteño seguían vigentes y reasegurados con el hijo gobernador.  Pero la “cosa” cambio cuando ese “hijito” llegó a la presidencia. Basta recordar las descalificaciones que a modo de quita de responsabilidad paterna hizo antes de que el “nene mal criado” fuera presidente. Por “las dudas”, Franco le  transfirió a la sociedad y a los votantes toda responsabilidad  para el caso que lo eligieran. Palabras más, palabras menos, Franco prevenía a la sociedad: “miren que es medio estúpido” (hasta la propia Carrio lo calificaba de la misma manera y su actual ministra de seguridad –Bullrich- de corrupto).  Una vez elegido su hijo presidente, Franco comenzó a temblar y a sentir que su “bobo” le podía fallar en cualquier momento. La sucesión de macanazos que comenzó a cometer como Presidente del país (no sin una alta cuota de perversión claro está) producto de la marcada ignorancia que traía  por la “educación privada no recibida” donde había comprado los certificados habilitantes, el brutal desconocimiento de lo que es manejar un Estado Nacional políticamente, junto al perverso asesoramiento que recibía de un tilingo ecuatoriano como Duran Barba, y  viéndolo como un torpe y guarango empresario que a modo de un elefante comenzaba a caminar dentro de una cristalería destrozando todo a su paso, a papá Franco lo comenzaron a preocupar ya que le estaban dando muy malas señales. ¿Las razones?  A cualquier padre seguramente lo angustia que se ponga en evidencia la ignorancia y la torpeza de un hijo (por lo menos en esta sociedad que tiene como alimento predilecto el prejuicio). Una realidad de esta naturaleza es motivo más que suficiente para que un padre –también un tanto perverso- prefiera morirse a padecer  tamaña  vergüenza que significa tener un hijo “bobo”.  Y  Franco Macri se murió nomas. Lamentablemente, y vaya uno a saber sino lo hizo a modo de venganza por no tener cuenta su advertencia, le dejó a la sociedad la “pesada herencia” de tener que seguir soportando las torpezas y perversiones de su hijito bobo y perverso.


Escribió la “representante” de Dios en este “Valle de lágrimas”.

16 marzo 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO,  Derechos humanos.

V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez

En una nota publicada el 1 marzo de este 2019 por el diario “La Capital” de Mar del Plata y firmada por María Lilia Genta (hija del militante “nacionalista” ultraderechista  católico “armado”  y furibundo antiperonista, acompañante de la “Libertadora” del 55, Jordán Bruno Genta) titulada “Historia de un presunto Martirio”, la autora expresa su contrariedad por la decisión de la Santa Sede y su máxima autoridad El Papa Francisco de beatificar a el obispo Enrique Angelelli (que rigió la diócesis riojana entre 1968 y 1976), los curas Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera (todos ellos colaboradores del obispo) a quienes la Santa Sede ha declarado muertos por odio a la fe según decreto pontificio” (sic), decisión  del Vaticano dada a conocer el 8 de junio del pasado año. 

La nota es larga y tomaré lo que yo considero importante para los fines de la presente. Sin embargo y por respeto profesional no quiero cometer el mismo error que comete la Genta induciendo al lector pero esta vez en sentido contrario. Al final del presente artículo  encontrarán los lectores  la nota completa de María Lilia Genta para cotejar, comparar y sacar sus propias conclusiones.

Por empezar quiero aclarar que dicha nota es reproducción  de una columna de opinión escrita para un medio claramente ultra católico llamado “Que no te la cuenten” (cuyo logo se puede apreciar a continuación y su web es : http://www.quenotelacuenten.org/2019/03/01/angelelli-historia-de-un-presunto-martirio-i-maria-lilia-genta/). 

Que no te la cuenten 1

Esto nada tendría de importante en un país que tiene dentro de sus principios constitucionales la libertad de expresión, si dicha columna limitaba su  publicación  al medio original cuyo target de lectores profesan las mismas ideas y sentimientos de la autora. Evidentemente el diario La Capital de la ciudad balnearia (medio comunicación masivo que no reproduce algo así sino tuviera la clara intención de “formar opinión”) ideológicamente comulga con el pensamiento de la Genta.

Claramente todo lo expresado en la misma tiene una connotación ideológica (mal que le pese a la autora ya que estoy usando similar criterio para la caracterización). La identificación político-ideológica que se haga de todo aquel sector social o comunidad nacional que reivindique la justicia social y la dignidad humana como de “izquierda” y por ende merecedora de su satanización, solo es posible por provenir  de una postura político-ideológica opuesta, o sea  de “derecha. En este último caso y en términos políticos se podría decir que los de “derecha” aspiran a todo lo contrario; eligen y defienden el estilo de vida liberal- capitalista que incluye entre otras “joyitas”  las perversas desigualdades que su accionar  genera y  con las que deben “resignarse” a  convivir en el mundo terrenal los maltratados por el capitalismo   si realmente quieren  ganar el “paraíso en el cielo” después de ser banquetes de anélidos en un cementerio.[1] 

Que una de las partes niegue que ambas posturas sean ideológicas en nombre de la “Fe” que practican  es un absurdo que solo puede servir para justificar barbaridades –contrarias incluso a los mandatos cristianos en este caso- realizadas por fanatismo e ignorancia (que incluye el “conocimiento” con negación de algunos hechos por conveniencia y/o necedad; o sea “hacerse el burro”).

Muestras  de barbaridades cometidas  con la bendición de la “derecha”  eclesiástica a la largo de la historia de la humanidad (Las cruzadas; La ¿Santa? Inquisición; las masacres de pueblos originarios  llevadas adelante por los conquistadores de América hechas bajo la bandera de la cruz, negra historia por el cual el Papa Francisco tuvo el coraje de pedir PERDÓN en su visita a Bolivia; el bombardeo criminal del 16 de junio de 1955  en plaza de mayo asesinando cientos de civiles e hiriendo a miles de personas realizado por aviones que llevaban pintado en sus alas “Cristo vence”; ni que hablar de aquellos “Capellanes” y Obispos que acompañaron a torturadores de la última dictadura militar en mesas de tormentos ) no son casualmente muestras de cordura, racionalidad y menos aún una demostración de “Fe”.[2]

Dichos en términos psiquiátricos, los desequilibrios emocionales  que por fanatismo producen muerte no pueden ser justificados por una cuestión de “Fe”. “Fe” no es sinónimo de “fanatismo”; sean estos de derecha o de izquierda.

¿CÓMO RESOLVER CONTRADICCIONES?

Voy  a comenzar el análisis cotejando párrafos del texto de la nota de Genta con sus respectivas “notas al pie”.

Para fundamentar su teoría negadora de merecimientos en relación a la beatificación del obispo Angelelli y los “curas”, la Sra. Genta manifiesta: “El hecho ha causado estupor y no poco escándalo entre quienes conocen las circunstancias históricas que rodearon las muertes de los pretendidos mártires. Se han elevado varias peticiones a la Santa Sede, debidamente documentadas, en favor de una suspensión de la medida; no han faltado las súplicas dirigidas al Vicario de Cristo rogando se deje sin efecto semejante beatificación; dos obispos argentinos (ambos eméritos) han manifestado públicamente su oposición [1].  Y en la nota al pie se puede leer lo siguiente: [1] “Nos referimos al Arzobispo Emérito de La Plata, Monseñor Héctor Aguer y al Obispo Emérito Castrense Monseñor Antonio Juan Baseotto…   Monseñor Baseotto, en carta fechada el 12 de octubre de 2018 y publicada en varios medios nacionales afirmaba: «…Claramente, si hubiera sido muerto por los militares (Angelelli), no habría sido por su Fe, sino por su compromiso con las fuerzas de izquierda, entonces operantes en La Rioja…»”

Veamos:

La sola utilización del término “hubiera” por parte del “monseñor” para justificar un posible asesinato lo coloca en una muy mala posición para ser –como dice ser-  un hombre de la “fe cristiana”. La  laica  autora de la nota  no hizo otra cosa que tirarle un salvavidas de plomo.  

¿Cómo puede considerarse a sí mismo “cristiano” alguien que…?:

1) Acepta ser  “obispo castrense”, o sea la pata religiosa de un grupo militar dictatorial  que desprecia la vida de otros humanos por las razones que sea y…

2) Que una de las razones esgrimidas por “monseñor” sea la supuesta no fe de la víctima habilitando su asesinato por parte del  grupo a quien él bendice las armas criminales.

Estás paradojas con las que el poder eclesiástico cristiano viene conviviendo desde hace casi 17 centurias en relación a los fines terrenales que ellos mismos se adjudicaron,  las ponen de manifiesto en cada oportunidad que pueden los miembros del clero católico en ese  afán permanente existente en algunos por codearse con el poder político-económico en cada lugar del planeta y en otros tratando de que el valle no termine inundados por las lágrimas que la injusticia social ocasionada por los poderosos contra los más desprotegidos.

Pero en el texto existe una contradicción más flagrante todavía. La manifiesta a continuación: “Cualquiera que conozca medianamente lo sucedido en Argentina (y en Hispanoamérica) durante las décadas de los años sesenta y setenta sabe perfectamente que se trata de una historia radicalmente falsa. La verdad es muy distinta y es necesario decirla (O sea, la representante del reino celestial en este valle de lágrimas tiene la “posta”; y esa posta es la siguiente). Lo que ocurrió en aquellos dramáticos años es que el comunismo internacional con sede en la Unión Soviética y con el indiscutible apoyo de la Cuba castrista desató en prácticamente la totalidad del territorio hispanoamericano lo que se llamó la Guerra Revolucionaria….  cuyo objetivo antes que la conquista del territorio apuntaba a la conquista de la población y a la toma del poder por vía armada a fin de imponer la utopía de un «socialismo nacional» de neto corte marxista, ateo y totalitario(Y… ¡Si! Contrastado con la practicidad que en los  hechos ha mostrado la explotación del hombre por el hombre llevada adelante por el capitalismo de manera salvaje –y porqué no, apátrida también-, claro que sacarse semejante yugo de encima y sin recursos a cualquier sociedad se le  torna utópico. Claramente el capitalismo no es totalitario a la hora de la distribución de la riqueza que produce el trabajador; al contrario, es selectivo. Lo que el capitalismo  “totaliza” es la pobreza y la miseria;  en esto también es “totalitario”)   Pero este cuadro de situación no estaría completamente descripto si a todo lo dicho no se agregara la decisiva participación de un componente eclesial que sumó una cuota nada despreciable de activa colaboración ideológica y armada a la acción de las fuerzas revolucionarias del comunismo….

Que no te la cuenten 2

Este es el punto fundamental, el que se omite con demasiada frecuencia cada vez que se examina la época que estamos analizando, el punto, en suma, que la jerarquía católica argentina hasta el día se ha negado a revisar [2]  Y en la nota al pie aclara ([2] Nos referimos a los pronunciamientos y documentos oficiales de la Jerarquía. Ha habido varios obispos (muy pocos)  que, a título personal, no sólo han reconocido esta realidad sino que la han denunciado pública y valientemente) O sea para la Genta son valientes los que reafirman su parecer, el resto está contaminado por el ¿comunismo?

LOS MÁRTIRES

¡Póngase de acuerdo! O las dos son válidas para una justificación de la violencia, o ambas son deplorables; más aún en  los casos donde se “fabricaron” pruebas para “satanizar” supuestosíenemigos de un lado  mientras que del otro lado las pruebas de las atrocidades padecidas son demasiado evidentes. La clase “pudiente” y los terratenientes  riojanos  fueron los que rebautizaron a Angelelli como “satanelli” o el “obispo rojo”. ¿Se animaría la Genta a rebautizar a monseñor Plaza y a Von Wernich como los “Lucifer Negros” del catolicismo?

Las pruebas de las masacres en campos clandestinos cometidas durante la última dictadura existen y están a disposición de cualquier ciudadano con los respectivos lugares señalados por las víctimas sobreviviente… ¿Cuáles son las pruebas  que Ud. Sra. Genta tiene para demostrar que “Angelelli y los curas” colaboraron de manera ideológica y armada con las fuerzas revolucionarias del comunismo? ¿La foto de una misa dada por Angelelli donde aparece un trapo detrás que dice “Montoneros”?  Yo estoy trabajando fílmicamente el tema y en mis investigaciones me encontré de casualidad con el “travieso” (ya entradito en años)  que colocó aquel lienzo que aparece en la foto. “Lo hicimos por joder” me dijo. Ni siquiera era miembro armado de lo que usted llama “fuerza revolucionarias comunistas”; era un simple militante peronista simpatizante de aquella estructura y que en Bs. As. los llamaban los “montoneros carajo” por el cantito que siempre usaban en las movilizaciones.

Pero sigamos:

La Genta luego continua su “deducción” del siguiente modo:Pero sin la consideración de este punto es imposible entender el verdadero sentido de la vida y aún de la muerte de Angelelli y de otros que como él siguieron los pasos extraviados de lo que, con aguda precisión, se llamó la Iglesia clandestina[3]. Y en la nota al pie escribe: ([3] La expresión fue acuñada por Carlos Alberto Sacheri quien en 1970 publicó un libro con ese nombre. Al igual que Jordán B. Genta (asesinado en octubre de 1974) Sacheri murió en un atentado terrorista en diciembre del mismo año. Ambos denunciaron la ofensiva revolucionaria del comunismo en Argentina en aquellos años: Genta principalmente en el plano político y cultural, Sacheri en la Iglesia. En una carta hecha pública en 1975, sus asesinos declaraban explícitamente que habían sido asesinados por su condición de “soldados de Cristo Rey”.)

Este disparate hecho argumento no resiste la más miserable investigación histórica.  El propio cristianismo, en su nacimiento,  se movió en la clandestinidad por casi tres siglos. Pero además y de vuelta leemos a la representante terrena del “reino celestial” fijando cuáles son los pasos correcto y cuales los pasos extraviados.

Para terminar voy a intentar  poner las cosas en su lugar (el de la lógica y la racionalidad). Los “salvavidas de plomo” que les tiró  la autora a sus referente para reafirmar su postura tampoco resisten ningún análisis  incluso realizado desde la “fe”.  Bastan las siguientes preguntas para uno de sus referentes. ¿Cómo puede hablar de “fe” un supuesto “pastor terrenal” de ovejas (y encima “castrense”) que detesta a cualquiera de las otras ovejas que no quieren unirse a su rebaño porque AMAN  la libertad y prefieren NO ser domesticadas y menos obligado a profesar otra “fe” que NO sienten? ¿Quién lo habilitó para que decida y justifique asesinatos  de ovejas que él considera descarriadas y las ubica en la “izquierda”?  ¿Jesús, Jehová, la madre que pario a cristo? ¡Es evidente que en este planteo plagado de incongruentes argumentos no hay ninguna cuestión de “fe” sino y claramente un planteo IDEOLÓGICAMENTE TERRENAL!   Existen  diversas y variadas fidelidades en materia de “fe” en todo el planeta,  pero desde el punto cristiano  donde el precepto vital es el AMOR ENTRE LOS HOMBRES, es inaudito que uno de sus “pastores” justifique el asesinato. Cristo nunca  habilitó en su prédica  la aniquilación de otros humanos por cuestiones de “fe”. Una cosa es la “fe” y otra muy distinta es el fanatismo; sea este religioso o no. Digo esto porque considero que paradójicamente el “ateísmo”,  que no necesariamente se lo debe identificar únicamente con el “marxismo” (Galileo fue uno de los condenados de la inquisición del “Santo Oficio” por entregar a la humanidad su acertada teoría helio céntrica que pateaba el tablero de la Ptolomeica teoría geo céntrica de la que sea habían colgado los burócratas eclesiales para mantener en los creyentes el temor al creador “todo poderoso” y a su poder terrenal -ellos-). El ateísmo “no ideológico”   es otro modo de “fe”  asociado a la creencia que el hombre, como otra parte viviente de un todo,  es artífice de su propio destino sin que medien intervenciones divinas. Esto es tan respetable como cualquier otra idea porque son eso, ideas, abstracciones existenciales.  Estás creaciones imaginativas, con el tiempo pasaron a ser fenómenos culturales. ¿Y por qué me refiero a lo cultural? Rescatemos un ejemplo de la liturgia que nos brinda el propio catolicismo.  La propia oración llamada “Credo” pensada y elaborada por un humano  (no un “ángel”), en uno de sus párrafos sostiene que Jesús, luego de su muerte subió a los cielos y se sentó a “la derecha” de Dios Padre. ¿Por qué el autor/a de la oración decidió sentarlo a la “diestra” y no a la izquierda? ¿Quiso simbolizar que el lado izquierdo  del padre celestial era -y es- su parte maligna, siniestra? 

Estos “des-valores” hechos cultura y asumidos como “valoraciones” sociales están muy arraigados en las sociedades occidentales. Actuar bien es actuar por “derecha”,  actuar mal es actuar  por “izquierda”. Dar la “diestra” (la “derecha”) es un reaseguro de “honestidad”,  dar la izquierda  preanuncia intencionalidad “siniestra”. La bola mala en el billar tiene que tener color “negro”, la buena es “blanca”. Terminar explotado en el trabajo es “trabajar como negro”; si se está en condiciones de vida precarias sos un “negro de mierda que no quiere trabajar”.  Negro, pobre,  son sinónimos de peligro, y si encima demandan una paga más justa y un trato más digno en términos laborales, entonces  seguramente están contaminados  por ideas de izquierda, comunistas (o peronista) y por ende son “siniestros”.

Termino acá esta primera parte porque el texto, por las abundantes contradicciones que muestra y los absurdos argumentos utilizados para justificar aberraciones  humanas, no resiste un análisis pormenorizado y para eso en una segunda parte me explayaré sobre la cuestión legal en términos de los pasos judiciales que llevaron a los enjuiciamientos por asesinato..     

Notas

[1] A fuerza de ser sincero y con los padecimientos que está soportando el pueblo argentino  de la mano del impresentable gobierno de CAMBIEMOS, podría suponer que la Genta es Macrista ya que el ignorante y perverso presidente que el país hoy tiene no deja de pedir paciencia y fé en el futuro que con los antecedentes ni siquiera es como el “celestial”, aunque ambos sean incierto (que en el caso del gobierno de Macri todos tienen la  certeza de un futuro más miserable que el que nos está haciendo padecer desde  el 11 de diciembre de 2015  flagelando a la mayoría de la población con sus medidas de saqueo económico, quitándole el pán de cada día a gran parte de la sociedad.

[2] Luis Landriscina en uno de sus relatos costumbristas  manifiesta a propósito de las locuras de ciertos “evangelistas” (Las masacres a través del suicidio masivo ocasionada por el delirante pastor evangélico James Warren Jim Jones en Guyanas… o el otro caso en nuestro propio país: La masacre de  Lonco Luan, Neuquén, llevada adelante por  el pastor pentecostal  Ricardo Painetrú cuyo lema era «al mal se lo hecha a golpes de “Fe”») que dicen obrar en nombre de la “fe” cristiana   y rinden culto a la muerte invitando al suicidio colectivo o incitando al asesinato “no pueden llamarse cristianos”

ACÁ TRANSCRIBIMOS LA NOTA ORIGINAL ESCRITA POR LA Sra. GENTA

Angelelli. Historia de un presunto martirio

Por María Lilia Genta

De no mediar una vuelta atrás del Papa Francisco (cosa muy poco probable) o un milagro de la Virgen (que impetramos y esperamos) el próximo 27 de abril serán beatificados en la Provincia argentina de La Rioja el obispo Enrique Angelelli (que rigió la diócesis riojana entre 1968 y 1976), los curas Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera (todos ellos colaboradores del obispo) a quienes la Santa Sede ha declarado muertos por odio a la fe según decreto pontificio dado a conocer el 8 de junio del pasado año.

El hecho ha causado estupor y no poco escándalo entre quienes conocen las circunstancias históricas que rodearon las muertes de los pretendidos mártires. Se han elevado varias peticiones a la Santa Sede, debidamente documentadas, en favor de una suspensión de la medida; no han faltado las súplicas dirigidas al Vicario de Cristo rogando se deje sin efecto semejante beatificación; dos obispos argentinos (ambos eméritos) han manifestado públicamente su oposición[1]; en muchos medios católicos (y aún en la prensa secular) se ha dado amplia difusión a las razones que fundan tales pedidos y súplicas. Pero hasta ahora la respuesta ha sido el silencio oficial del Vaticano o, en su defecto, algunas notas periodísticas aparecidas como las tres que publicara el portal oficioso de la Santa Sede Vatican Insider en sus números de los días 30 y 31 de octubre y 2 de noviembre pasados. Estos artículos, firmados el primero por Andrea Tornielli y los otros dos por Andrés Beltramo Álvarez, pretenden rebatir con argumentos insostenibles las sólidas razones que esgrimen quienes se oponen a esta beatificación que tanta inquietud y perplejidad ha provocado en amplios sectores católicos y aún seglares.

Va de suyo que quienes nos manifestamos contrarios a esta beatificación somos católicos que procuramos ser fieles a la Fe de nuestro bautismo, a Cristo, a la Iglesia, a la Tradición y al Magisterio. Lo hemos proclamado en cuanta ocasión fue preciso hacerlo. Además, y a riesgo de parecer inmodestos, no creemos que debamos rendir examen de ortodoxia. Sin embargo, los propulsores de esta descabellada beatificación nos han dedicado los peores calificativos. Según Monseñor Marcelo Colombo, ex obispo de La Rioja y actual arzobispo de Mendoza, somos “profetas del odio que en su omnipotencia se sienten dueños de este país”, “ideólogos de la seguridad nacional” y, al parecer, nos identificamos con “los poderosos” enemigos de “los pobres”; además, nuestras críticas resultan “trasnochadas, anacrónicas e irreverentes”. Para Tornielli, en cambio, representamos sectores católicos “alérgicos a ciertas enseñanzas de la Doctrina social de la Iglesia, en relación con la justicia social”. Tales falacias se comentan solas y son muestra evidente de la ofuscación ideológica que padecen los fautores de este curioso martirologio.

  1. En realidad, todo el proceso de esta beatificación responde, en esencia, a la asunción sin más por parte de ciertos sectores eclesiales, de una historia falsa o, mejor dicho, de una enorme impostura impuesta por una abrumadora propaganda en Argentina a partir de 1983, año en que cesa el gobierno militar y se abre paso a la sucesión de gobiernos democráticos. Esa propaganda ha sostenido invariable el relato de una “historia oficial” que consiste en afirmar que en Argentina hubo una terrible dictadura militar que asesinó, secuestró e hizo desaparecer a treinta mil personas absolutamente inocentes, comprometidas con las luchas populares por la liberación, en el marco de un enorme genocidio. La versión eclesiástica de este relato supone que hubo obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que se enfrentaron valientemente a la dictadura genocida (mientras la mayoría de la cúpula jerárquica se mantenía en silencio o colaboraba directamente con los militares) lo que significó, en algunos casos, la ofrenda de la propia vida. Así, en este marco, Angelelli era un obispo comprometido con la justicia social, dedicado a los pobres, fiel al espíritu del Concilio Vaticano II: un día, unos militares perversos decidieron acabar con su vida fraguando para ello un accidente automovilístico. Felizmente, tras varios años, la impoluta justicia democrática descubrió la verdad y condenó a los asesinos. Epílogo: Angelelli murió asesinado por odio a la fe; ergo es mártir y como tal es beatificado. Lo mismo cabe decir respecto de sus “compañeros de martirio”. He aquí, en síntesis, el relato en su doble vertiente secular y eclesial.

Pero esta historia no resiste la menor crítica. Cualquiera que conozca medianamente lo sucedido en Argentina (y en Hispanoamérica) durante las décadas de los años sesenta y setenta sabe perfectamente que se trata de una historia radicalmente falsa. La verdad es muy distinta y es necesario decirla. Lo que ocurrió en aquellos dramáticos años es que el comunismo internacional con sede en la Unión Soviética y con el indiscutible apoyo de la Cuba castrista desató en prácticamente la totalidad del territorio hispanoamericano lo que se llamó la Guerra Revolucionaria. Esta guerra, atípica, desarrollada a nivel continental bien que con las debidas variantes regionales y nacionales, fue sobre todo una guerra ideológica cuyo objetivo antes que la conquista del territorio apuntaba a la conquista de la población y a la toma del poder por vía armada a fin de imponer la utopía de un “socialismo nacional” de neto corte marxista, ateo y totalitario. Por tanto, una de las etapas de este proceso revolucionario consistía en la organización de un aparato militar guerrillero cuyo modus operandi era, en esencia, el terrorismo, al principio selectivo contra las fuerzas armadas regulares y, luego, indiscriminado contra la población en general. Cuanto decimos está plenamente documentado en los periódicos de la época y en multitud de estudios y de ensayos que pueden consultarse sin mayores dificultades.

Pero este cuadro de situación no estaría completamente descripto si a todo lo dicho no se agregara la decisiva participación de un fuerte componente eclesial que sumó una cuota nada despreciable de activa colaboración ideológica y armada a la acción de las fuerzas revolucionarias del comunismo. Este es el punto fundamental, el que se omite con demasiada frecuencia cada vez que se examina la época que estamos analizando, el punto, en suma, que la jerarquía católica argentina hasta el día se ha negado a revisar[2]. Pero sin la consideración de este punto es imposible entender el verdadero sentido de la vida y aún de la muerte de Angelelli y de otros que como él siguieron los pasos extraviados de lo que, con aguda precisión, se llamó la Iglesia clandestina[3].

Nos estamos refiriendo al grave impacto que tuvieron en la vida de la Iglesia, tanto en Argentina como en el resto de Hispanoamérica, las experiencias de la llamada Teología de la Liberación y el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo que se inspiraba en ella. En ambos casos se trató de una gravísima desnaturalización del Evangelio que de mensaje salvífico ordenado a la vida eterna pasó a ser una suerte de utopía revolucionaria intramundana adoptando, incluso, la praxis y la hermenéutica marxistas de la revolución social. Con el propósito, en muchos casos noble y  bien intencionado, de ocuparse de los pobres y de dar respuesta a situaciones objetivas de injusticia en las sociedades hispanoamericanas, se sustituyó la auténtica doctrina social de la Iglesia por la temible utopía de un “socialismo cristiano”.

Sin duda que las turbulencias que siguieron inmediatamente a la clausura del Concilio Vaticano II y el estado de confusión generalizada en que quedó sumida la Iglesia en aquellos años contribuyeron de manera decisiva a la configuración de este fenómeno. De hecho, los promotores de este “socialismo cristiano” con su idea de “un hombre nuevo” -más próxima a la ideología marxista del Che Guevara que a la teología paulina- no hacían sino invocar el “espíritu del Concilio”. Este “espíritu” campeaba por doquier dejando a su paso un cúmulo de estragos y de ruinas. Es en este contexto eclesial -e insistimos en subrayar enfáticamente este punto- en el que se inscribe la activa participación de numerosos sacerdotes, religiosos y laicos en las organizaciones guerrilleras armadas y en las organizaciones colaterales de superficie que constituyeron una vasta red mundial de apoyo a la subversión marxista.

De lo que se trató, en realidad, fue lisa y llanamente de la introducción de la dialéctica marxista en el interior de la Iglesia. Esta dialéctica fue creando falsas antinomias: integrismo versus progresismo, conservación versus renovación, poder episcopal versus autoridad papal, “iglesia de los pobres” versus “iglesia de los poderosos”, “el aire enrarecido, envejecido” versus el “aire fresco” , “estructuras eclesiales caducas” versus “nuevas estructuras eclesiales”, etc. Tales antinomias aparecían como oposiciones absolutas, sin dejar lugar a matices ni a integraciones en un constante avance hacia el enfrentamiento y la disyunción.

Por otra parte, esos mencionados sectores eclesiales, en ocasión fuertemente radicalizados, no se presentaban, en todo caso, como una parte o un carisma más dentro de la unidad de la Iglesia sino, al contrario, pretendían representar el verdadero rostro de la Iglesia jactándose de poseer una asistencia especial del Espíritu Santo el cual les acordaba ciertos carismas especiales para la realización de su misión profética para la transformación de la Iglesia, transformación radical tanto en lo dogmático como en lo pastoral. Esta suerte de “nueva Iglesia” debía prestar activa colaboración al marxismo (se daba por descontado que la humanidad avanzaba ineluctablemente hacia el socialismo) como condición indispensable de toda “encarnación” de los valores cristianos en el orden temporal. Se trataba, como ya dijimos, de una grave desnaturalización del mensaje cristiano; en efecto, el cristianismo no tenía ya por objeto la salvación sobrenatural de los hombres sino una salvación intramundana, inmanente y secularizada identificada con las propuestas más radicales de la revolución comunista.

  1. Pues bien, fue en este contexto que se desarrolló la actividad pastoral de Monseñor Enrique Angelelli desde los años iniciales de su oficio episcopal. Más aún, Monseñor Angelelli es una figura paradigmática que encarna como pocos este desgraciado compromiso de la Iglesia argentina con el proceso de la guerra subversiva marxista.

Son numerosos los hechos que avalan lo que decimos. Como Obispo Auxiliar de Córdoba es muy conocida su actuación contra el Arzobispo Monseñor Ramón José Castellano quien debió abandonar su cargo a causa de ciertas acciones de un grupo de sacerdotes y profesores del Seminario Mayor (del que era Rector el propio Angelelli), que llevaron a un profundo enfrentamiento en el catolicismo cordobés; Angelelli no sólo alentaba dichas acciones sino que las lideraba en su doble condición de obispo auxiliar y de rector del Seminario. En La Rioja, al frente de cuya sede episcopal fue designado tras los sucesos de Córdoba[4], su acción estuvo notoriamente signada por el tercermundismo y la teología de la liberación. Se rodeó, en efecto, de sacerdotes y laicos de inequívoca filiación tercermundista (que fueron desde el primero al último día sus colaboradores más estrechos) al tiempo que emprendió toda clase de persecuciones contra quienes no comulgaban con su línea pastoral. De esta misma época comienza a conocerse su cercanía y compromiso con las organizaciones terroristas como Montoneros. También son muy conocidos los duros enfrentamientos que protagonizó con amplios sectores de fieles que no admitían el giro ideológico que Monseñor Angelelli imprimía a su gestión. Los enfrentamientos fueron de tal calibre que la misma Santa Sede tuvo que intervenir.

El encargado de investigar la situación e informar a la Santa Sede fue Monseñor Vicente Zaspe quien elevó al Papa Paulo VI un informe que en nada respondía a la realidad que se vivía en la Iglesia riojana. En dicho informe se hablaba de la fidelidad de Monseñor Angelelli al Evangelio y al Concilio Vaticano II. Sin embargo se omitía un dato fundamental: se trataba de un Evangelio y de un Concilio distorsionados por la suma de todas las ideologías de izquierda, de inspiración tercermundista que gravaban pesadamente sobre la integridad de la Fe.

Todo esto constituye, sin lugar a dudas, una contra ejemplaridad respecto de lo que debe ser un genuino pastor católico a quien se le encomienda regir, instruir y santificar a su pueblo. Monseñor Angelelli, por desgracia, lejos estuvo de configurar en su vida y en su obra pastoral el ejemplo de un sucesor de los Apóstoles: ni rigió, ni santificó ni instruyó al rebaño que le fue confiado ya que con su acción sólo produjo confusión y desunión; y esto, independientemente de sus intenciones que permanecen ocultas para nosotros y sólo sujetas al inapelable juicio de Dios.

 (Continuará)

Maria Lilia Genta

[1] Nos referimos al Arzobispo Emérito de La Plata, Monseñor Héctor Aguer y al Obispo Emérito Castrense Monseñor Antonio Juan Baseotto. Monseñor Aguer, en carta dirigida al diario La Nación, con fecha 5 de agosto de 2018, sostenía, entre otras cosas: “¿Por qué no se declara el martirio del filósofo Carlos Sacheri, maestro de la Doctrina Social de la Iglesia, asesinado por el ERP a la salida de misa y cuya sangre salpicó a su mujer y a sus hijos? Sospecha: se piensa que Sacheri era “de derecha”, y en su libro La Iglesia clandestina había denunciado los errores del progresismo y la infiltración marxista en ambientes católicos. Su beatificación sería eclesiásticamente incorrecta”. Por su parte, Monseñor Baseotto en carta fechada el 12 de octubre de 2018 y publicada en varios medios nacionales y del exterior afirmaba: “Voy constatando en muchos cristianos bien formados que abrigan, como yo, una duda muy seria acerca de este supuesto martirio. Claramente, si hubiera sido muerto por los militares, no habría sido por su Fe, sino por su compromiso con las fuerzas de izquierda, entonces operantes en La Rioja y hoy, en el poder, al que han llegado muy hábilmente”.

[2] Nos referimos a los pronunciamientos y documentos oficiales de la Jerarquía. Ha habido varios obispos (muy pocos)  que, a título personal, no sólo han reconocido esta realidad sino que la han denunciado pública y valientemente.

[3] La expresión “Iglesia clandestina” fue acuñada por Carlos Alberto Sacheri quien en 1970 publicó un libro con ese nombre. Al igual que Jordán B. Genta (asesinado en octubre de 1974) Sacheri murió en un atentado terrorista en diciembre del mismo año. Ambos denunciaron la ofensiva revolucionaria del comunismo en Argentina en aquellos años: Genta principalmente en el plano político y cultural, Sacheri en la Iglesia. En una carta hecha pública en 1975, sus asesinos declaraban explícitamente que habían sido asesinados por su condición de “soldados de Cristo Rey”.

[4] En realidad, el objetivo de Angelelli era ser desginado Arzobispo de Córdoba en remplazo del defenestrado Monseñor Castellano. Pero la Santa Sede adoptó una decisión en cierto modo salomónica: nombró arzobispo de Córdoba a Monseñor Primatesta, a la sazón Obispo de San Rafael (Mendoza), y traslado a Angelelli a la sede de La Rioja, sede que asumió el 24 de agosto de 1968.

Saque el lector sus propias conclusiones.


SIEMPRE NOS QUISIERON VENDER “CIPAYOS” COMO “grandes patriotas”

9 marzo 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Historia Nacional

FOTO MIA

Por Victor Leopoldo Martinez

El cipayismo  no es un fenómeno  nuevo dentro de la corta historia de nuestro país; hijos, nietos y bisnietos putativos de los primeros cipayos fueron –y son-  sus defensores y continuadores. En el siglo XIX y XX lo fueron Rivadavia, Mitre, Urquiza, Alvear, Uriburu-Justo-Roca (hijo), Prebish-Aramburu-Rojas, Martinez de Hoz-Videla-Massera-Cavallo…, Cavallo-Menem; y en los albores del siglos XXI… Mauricio  Macri.  

Comenzó a ser instalado en estos confines del mundo  a partir de las  invasiones inglesas (1806/7) y  operó posteriormente de la mano de la diplomacia de los “rubios albiones”. Para ser más preciso en cuestiones históricas, no es muy difícil deducir que la segunda de aquellas  dos invasiones, solo fue posible porque en la primera, y gracias a la sutil y muy inteligente manera de operar “astutamente”, los británicos crearon  las condiciones internas generando culturalmente los  “5ta columnas” necesarios para que la segunda se produjera. Allí nacen los burgueses “contra-bandistas”.  La “historia oficial”, dentro de un envase con envoltorio “heroico” que ensalza la resistencia popular contra aquella invasión (no le quedaba otra), se encargó de venderla “cambiada” en sus consecuencias de fondo a futuro.

Los ejemplos concretos de verdaderos PATRIOTAS que siempre fueron bien escondidos o ignorados por la historia oficial,  en contraposición al ensalzamiento que hizo de los cipayos,  merecen un párrafo explicativo.

El criollismo nació en aquellos inmigrantes que a modo de agradecimiento  hicieron de esta tierra su casa,  su PATRIA. Es el producto de esa mezcla dada entre los llegados con la conquista europea, nativos y otros africanos traídos en condición de esclavos. Aquí conocieron las desventuras infringidas por la naciente oligarquía local con base en la burguesía nobiliaria de aquellos europeos recién llegados. Estos últimos luego fueron los vende patria en esta tierra. Así conocieron y entendieron aquellos primeros criollos los deseos y las aspiraciones  conjuntas de todos los que decidieron como  pueblo ser libres, una nación soberana con una sociedad más justa e  igualitaria.

Lamentablemente en esto estuvo la clave de mucho de nuestros males posteriores, algo que hasta hoy padecemos, “la división de aguas” (o la famosa “grieta” señalada en otro artículo). Todo aquel que tuviera o manejara la idea de una nación Latinoamericana conformada por Estados soberanos comenzó a ser un peligro para el proyecto de balcanización  de la región que tenía el imperio británico (hoy anglo-norteamericano).    Es el caso de la suerte corrida por  San Martín a manos de Rivadavia; o de Rosas a manos del “unitarismo”  Mitrista y Urquiza; o la suerte de Perón a manos de la “Libertadora PRO norteamericana”. La versión contemporánea es el gobierno  vende patria Macristas que ahora se animó a calificar y juzgar –encubridor de atentados terroristas como Bonadio mediante- de traidores  a la patria a un patriota judío peronista como Timerman y a una ex presidenta peronista como Cristina Fernández de Kirchner por defender hidalgamente nuestra soberanía en cuanto foro internacional se presentó; y lo hicieron por el odio que el verdadero patriotismo despierta en el cipayaje.

LOS CIPAYOS

Dicho esto, es demasiado evidente que la “historia oficial” –hoy con complicidad mediática- se encargó se esconder la otra, la verdadera historia. Es en esto donde fácilmente se puede encontrar la razón del persistente  reaparecer del cipayismo de la mano de actualizados actores. Gracias  a las políticas comunicacionales creadas por B.  Mitre (La Nación como la máxima expresión de su genio, diario creado para que lo pinte como el intelectual eurocéntrico que siempre quiso ser;  para lograrlo utilizó el diario como “tribuna de doctrina”. ¡No! ¡Magnetto y su “Clarín” se creen muy originales pero ya estaba todo inventado!), y a la “lucha” en que se embarcó Sarmiento para sacarnos de la “barbarie” y  volvernos más “civilizados” de la mano  de la educación “libre” (que nunca fue libre), “gratuita” (que nunca lo fue  porque es el único  costo que  decidió pagar la oligarquía para ser instalada en el inconsciente social a través del ritual escolástico como que el “campo era –y es- la patria”) y “obligatoria” (porque fue –y es- el modo de domesticar y disciplinar a la sociedad), el cipayismo instaló el respeto y el amor por los valores liberales importados de Inglaterra.

Solo así se entiende lo qué pasó en la semana de mayo del 1810 y los lustros subsiguientes. La idea libertaria del  criollaje en aquel  intento estuvo movida por el deseo de salir de la condición de  colonia; pero en aquella oportunidad, la sana intensión  también fue fogoneada por operadores británicos para instalar la “peligrosidad de los españoles” (Liniers cayó en la volteada) buscando  que en la realidad nuestra  “libertad  naciera condicionada”  y terminara en un simple cambio de “collar”. Esa fue la desgracia que nos acompañó durante largos períodos  de nuestra historia.

Así como operó De la Riestra para que Mitre recibiera apoyo en “libras” y logística de Inglaterra y de esa manera solventar su infame guerra contra nuestros hermanos paraguayos en los “60” del siglo XIX, un catamarqueño -Guillermo Leguizamón, “el Cata Leguizamón”- (Fue director de una empresa ferroviaria inglesa en argentina posteriormente  nombrado “Sir” de la Corte de St. James a modo de gratitud por los “servicios” prestados), que operaba para los ingleses durante la primera década infame del siglo XX, y que acompañó al entonces vicepresidente de la república –Julio A. Roca (h)-  en la visita que este hizo a Londres,  fue el autor de la famosa frase –mal endosada en su autoría al vice- que sostenía  “La Argentina es una de las joyas más preciadas de la corona de su Graciosa Majestad”. Integraban además aquella comitiva que fue a pedir un prestamos de 13 millones de libras (todo dentro del famoso “pacto Roca-Runciman”) entre otros Miguel Ángel Cárcano, diputado conservador casado con la hija de Bemberg, Raúl Prebisch, ex gerente de la Sociedad Rural, Toribio Ayersa y Federico Pinedo. En las reuniones previas, todos estos cipayos imploraban   “formar parte de las colonias británicas”.

Macri Lagarde

Entonces no puede sorprender a nadie escuchar de boca de Mauricio Macri  decir “No tengo dudas que los argentinos terminarán enamorándose  de Cristin Lagarde” ,  la perversa y fea titular del FMI,  que le financia  su caprichitos y locuras endeudando al país en “verdes”,  enajenando así todo el patrimonio nacional. El sadismo de Macri en materia de “gustos” y pedidos rebasa con creces al practicado por el Marqués de Sade. Tampoco nos debe sorprender que en su último parloteo de apertura de sesiones parlamentarias 2019 como presidente  el pasado viernes 1 de marzo, se haya animado a utilizar un “NUNCA MÁS”; la desvergüenza y cara dures en él no tienen límites.

NUNCA MÁS; fueron dos palabras que sirvieron de cierre en la sentencia emitida por la justicia argentina en el juicio a la última dictadura militar por crímenes de lesa humanidad. Macri las utilizó con la misma frialdad con que le mintió a la sociedad toda prometiéndole cosas que sabía jamás iba a cumplir; una hipocresía sin precedentes puesta en práctica solo  para acceder  al control político de la Nación.  Encima,  y de manera persistente, nos pretende vender  que lo suyo es un “sacrificio patriótico” (algo muy cierto en cuanto a “sacrificio” en alguien que ante la sola presencia de una “pala de punta” corre riesgo de infarto ya que nunca trabajó).

A esta altura de su gestión ya nadie duda que Macri transformó el prometido “CAMBIO” en un simple, burdo y torpe recupero de privilegios para la oligarquía en su afán por pertenecer a ella; que endeudó externamente al país de una manera mucho más peligrosa que las utilizadas por    Rivadavia, Mitre, Roca (h) y Menem,  entregando el manejo de nuestro economía a los intereses financieros internacionales y al F.M.I. logrando así ser otro de los continuadores (más perverso)  de los que lo antecedieron en prácticas cipayas.

El NUNCA MÁS dicho por Macri sonó más que a una expresión de deseo de un torpe e ignorante repetidor de guiones, a otro mensaje digitado por la oligarquía financiera –solo enunciado por él-  para apagar cualquier fuego popular en gestación que intente colocar al frente del gobierno nacional un proyecto patriótico que levante nuevamente banderas de soberanía política e independencia económica; como las que  levantó siempre el peronismo. De ahí su odio visceral para con este ideario.  Su insistente señalamiento  de los males nacionales que “afectaron” al país en  los “últimos 70 años” da cuenta de esto. Hoy vemos que Macri no duda, cuando lo cree necesario, en actuar, con Patricia Bullrich como brazo ejecutor, a sangre y fuego para apagar esos fuegos libertarios; como lo hizo Mitre en sus guerras contra las montoneras (Mandando a asesinar junto a Sarmiento a Ángel Vicente  “El Chacho” Peñaloza, arrasar poblaciones enteras del interior masacrando  a  miles de argentinos federales), contra los hermanos uruguayos (en Paysandú) y contra los hermanos paraguayos (Guerra de la Triple Infamia).      

Mauricio Macri es hoy el más bruto, torpe y  perverso pero a la vez el más eficiente cipayo que haya mal parido este suelo hasta ahora.