UN “MANUAL” DE ANTIGUA ELABORACION Y MEDIOCRES ACTUALIZACIONES.

18 junio 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestra redacción.

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Por Victor Leopoldo Martinez

Es común escuchar en el campo de la “oposición política” instalada en el parlamento nacional, o en boca del periodismo opositor afirmar : “Las reacciones y los argumentos PRO MACRI utilizados por funcionarios, medios adictos y periodistas sicarios para embarrar la cancha política o justificar decisiones gubernamentales son de «manual»” .

¡Y no están equivocados! ¡Son de manual! Pero reacciones de la clase política opositora que intenten contraponerse a esas maniobras, o ponerle al menos coto desde lo legal-institucional, no aparecen por ningún lado.

Cabe preguntarse: Las nuevas reglas de la política que muchachas/chos de la oposición se auto impusieron… ¿Les exige un “no confrontar”, un “no hacer olas”, un “no mover el avispero” un “no copar la calle” para no ser defenestrados por los “medios hegemónicos” públicamente y/o evitar que maten conciudanos -literalmente- P. Bullrich” y sus fuerzas de ocupación? Los dirigentes peronistas ¿se comieron el verso “civilizador” de que hay que “actuar de manera políticamente correcta” según las reglas que impone el stablishment? ¿Es más importante llegar “ordenaditos” a octubre aunque el pueblo llegue con la dignidad humana avasallada diariamente por el piso? En una oportunidad Néstor Kirchner les dijo a los acreedores externos. “Los muertos no pagan”. ¿Porqué no traspolar el concepto y pensar por ejemplo: “Con un pueblo con moral baja por estar sin trabajo, hambreado y desnutrido y con un sistema productivo destruido será casi imposible cualquier recuperación. ¡Hagamos algo!?”. El PRO, al parlamento lo mantiene cerrado y la oposición se para en la puerta esperando que alguna vez lo abran!!! ¿Se justifica seguir soportando el daño a las instituciones de la república, al conjunto de los argentinos y a los intereses nacionales en pos de otorgar “gobernabilidad” a un grupo de delincuente e inútiles que encima demandan un segundo mandato para continuar con sus perversiones, o piden al menos ese tiempo de tranquilidad que va hasta las próximas elecciones para finalizar sus fechorías?

El país y su pueblo entró en un cono de sombra el 11 de diciembre del 2015; el 16 de junio de 2019 y como aquel otro desgraciado 16 pero de 1955, el país se oscureció. El del “19” por un apagón padecido por gente indefensa; el del “55” por un criminal bombardeo contra gente indefensa. Del luctuoso y criminal día del “55” se sabe la cantidad de víctimas fatales; las víctimas del apagón del domingo pasado fueron 45 millones y de las fatales (que seguramente las hubo) jamás nadie se enterará. Se llegó al fondo negro del cono. El gobierno PRO se corre de cualquier responsabilidad sobre el desastre que ellos mismos están produciendo; los dirigentes opositores están “rosqueando” los lugares en las lista frente al inminente cierre de plazos. ¿Solo a los tilingos de clase media, el gobierno los maneja como estúpidos?    

Es claro que a futuro la historia demandará por estos errores a todos, repito TODOS los protagonistas del presente. Pero ya será tarde; tarde hasta para querer enmendar las desgracias que viene soportando el grueso de la población en estos tiempo por el hecho consumado del macrismo en el poder. El tiempo se come la vida; las penurias y los malos tragos padecidos en un tiempo no se borran tan fácilmente con enmiendas futuras; daños sufridos en un período de nuestra vida nunca son compensados con bonanzas de tiempos futuros. Los daños siempre dejan secuelas físicas y psíquicas. Para daños padecidos alcanza y sobra con los que nos infringió e infringe  Macri.  

Macri Lagarde

Este desgraciado presente que padece el país se pudo evitar si solo se miraba a tiempo y sin soberbia los macanazos que se venían cometiendo entre el 2012 y el 2015. El peronismo le dio a la Dra. (como dice el “turco” Asís) en el 2011 el 54 % de aprobación para que siguiera haciendo peronismo. Se leyó mal políticamente aquel resultado. Se fue “limpiando” de peronistas la gestión del último gobierno para exhibir en la estantería a “técnicos y progresistas” que en la primera de cambio aparecieron “saltando el cerco” y presentándose como los “críticos de la primera hora de la autoritaria kirchnerista”. Un inmenso semáforo con su “rojo” titilante se encendió en las elecciones intermedias del 2013. la ceguera del poder impidió verlo. En el semáforo del 2015 nos estrellamos de la mano de los que “abrian cartas” porque tenía la posta de lo que había adentro.   

La realidad es este presente.  

Nada de lo que está sucediendo en materia mediática, social, política, económica y judicial en este país puede sorprender a nadie. El consumo de politiquería (operaciones políticas basura y baratas) por gran parte de la clase media argentina es moneda corriente; algo habitual en una población que viene siendo domesticada desde hace largo tiempo para que su avidez cultural y de formación política se limite a consumir fantasías y posverdades fabricada mediáticamente. Hoy se llega al colmo de tener que presenciar la aceptación por parte del tilingaje que el “vivir” con el actual y degradado nivel de vida que padecen es un merecido castigo por los tiempos de bonanzas del que disfrutaron en el pasado inmediato.

Einstein dudaba que el universo fuera infinito, no así la estupidez humana a la cual consideraba ilimitada. Esas construcciones de “posverdades” difundidas mediáticamente y lanzadas con fluidez diariamente permitieron que por lo menos en este país Einstein tuviera razón.

Pero en términos políticos nada es nuevo. Infringir padecimiento es viejo. Es el modo y la forma de entender la política en su practica concreta; un estilo que tiene a un sector social que lo hizo propio desde hace tiempo. Todo fue posible porque siempre, repito SIEMPRE, ese sector social gozó de impunidad para hacerlo ya que su poder económico les permitió “comprar” conciencias y así blindarse para evitar cualquier accionar judicial. La justicia también se compra. Me refiero a esa oligarquía cipaya y soberbia que históricamente se movió y operó haciendo concordar sus espurios intereses sectoriales con los intereses del capitalismo financiero internacional, accionando de manera conjunta en el saqueo de la Patria y la explotación de nuestro Pueblo.

Una y otra vez dijeron y utilizaron el mismo y falaz argumento: “Llegan para poner «orden», acabar con la «corrupción y el robo» y «sanear» la economía nacional de los despilfarros populistas”; todo presentado de manera mediáticamente circense y como un “esfuerzo patriótico” de parte de ellos. La revolución del “30” contra Irigoyen; la del “55” a la que llamaron pomposamente «Libertadora» contra Perón; la del “76” calificada como “Proceso de Reorganización Nacional” nuevamente contra otro gobierno peronista; todas a través de sediciones militares (golpes de Estado alentados por los sectores privilegiados –esa oligarquía- de la sociedad).

Sin embargo en el 2015 llegaron por otra vía –la democrática- previa preparación de la opinión pública utilizando los mismos y recurrentes argumentos; en este caso el desastre populista “k”. Como en ocasiones anteriores dijeron que venían a traer el CAMBIO y llegaron de la mano de un empresario de muy dudosa moral. El personaje consiguió acceder a la presidencia estando procesado y tuvieron que sobreseerlo de urgencia para que pudiera asumir. La impunidad otorgada por los grupos económicos-mediáticos comenzó a servirle para poner en marcha un saqueo como los anteriores pero esta vez a cara descubierta.

A eso, el primer mandatario le sumó su incontinencia de autoritarismo y su marcada ignorancia sobre cómo funcionan las instituciones de la república. El nombramiento por DNU de 2 integrantes de la Corte Suprema eludiendo la responsabilidad del Congreso Nacional -bestialidad en estado puro- fue una de las burradas que le siguieron al comienzo del latrocinio iniciado el 11 de diciembre del 2015: a) devaluación de la moneda, b) quita de las retenciones a no pocos empresas extranjeras que operaban en el país, c) eliminación de impuesto a los ricos, d) justificación de la evasión impositiva quitándole ilegalidad a las empresas off shore en paraísos fiscales utilizaba hasta por el propio Macri para tener sus dudosas ganancias como empresario fuera del país liberándolas de toda carga impositiva. Transferencia de riqueza para su mayor concentración en pocas manos. Cuadro pintado con brocha gorda por el “mejor equipo de los últimos 50 años”, vendido mediáticamente como una obra “transparente”.

Todos los caso que se dieron a lo largo del tiempo, señalados mas arriba, fueron y son fenómenos políticamente reaccionarios , similares entre si, con aplicación de iguales “recetas” de ajuste para el conjunto del pueblo y “libertad absoluta” para espurios negociados con el Estado y/o con las multinacionales y la banca internacional, por parte del empresariado amigo y cómplices; operaciones que siempre terminaron afectando la dignidad y los intereses de trabajadores en general; rifando la riqueza nacional.

¿Cuales fueron las consecuencia posteriores de estos 4 engendros políticos señalados 2 o 3 párrafos más arriba? Al golpe del “30” le siguió la Primera Década Infame; al golpe del “55”, el “Plan Prebisch (o retorno al coloniaje dijera Jauretche); al criminal golpe del “76”, el comienzo de los grandes endeudamientos externos y el vaciamiento del país conseguido a sangre y fuego con la última dictadura militar como protagonista central pero en aquella ocasión usada como mano de obra para trabajos sucios y criminales mientras la misma oligarquía de siempre hacia sus grandes negociados. Con Macri volvieron los eternos delincuentes de guante blanco que operaron con aquella dictadura; los mismos que luego con Menem vendieron las joyas de la abuela y a quienes hoy ya ni siquiera les importa que sus guantes se muestren muy sucios en solo 3 años de salvaje y bárbara gestión Macrista.

He mencionado los más claros ejemplos históricos que dan cuenta de la similitud en un “modus operandi”.

Pero existe un agravante más; la “cosa Macrista” apareció mostrando la peor cara de esa parte de la sociedad conformada por esa oligarquía mediocre disfrazada de “patricios” a quienes esta vez se le sumó el tilingaje de clase media y media baja con aspiraciones burguesas. Desde ese 11 de diciembre del 2015 el Estado Nacional adquirió por primera vez en su historia el síndrome de los dictacráticos (dictadura de los “calificados” –el mejor equipo de los últimos 50 años- con disfraz “democráticos”), decidiendo en lo económico-político-mediático y judicial a su antojo. Implantaron de prepo una desastrosa gestión gubernamental que hasta les permitió animarse a justificar públicamente sus torpes y no por eso menos perversos errores con un simple “estamos aprendiendo sobre la marcha”.

Ahora queda claro (lamentablemente no para toda la población) que solo se trató de un club de empresarios y operadores financieros, todos ellos simples truhanes encabezado por el propio presidente Mauricio Macri. Estos personajes hicieron primar esa “viveza criolla” que nunca los abandona para llevar adelante la mayor depredación económica e institucional que el Estado argentino haya conocido y padecido a lo largo de toda su historia.

El daño ya fue hecho. El desastre es total en los términos que se quieran analizar y en los ámbitos que uno se decida auscultar. Ni siquiera la retirada quedó sin contemplar. De ahí el orden de la secuencia: mediática, social, política, económica y judicial. Los periodistas sicarios ya comenzaron a sacar el paragua antes que llueva victimizándose para asegurarse fuentes de trabajos sucios posteriores si es que el “populismo” regresa. ADEPA (Clarín y La Nación) iniciaron sus operaciones. Ahora se le sumó el FOPEA de Sclauzero.

Lo grave está que la oposición política, hoy se presentan como un núcleo de incapaces inhabilitados para anticipar; menos prever y/o contrarrestar futuras maniobras, hechos concretos que a diario vienen hiriendo de muerte no solo a la población sino al Estado mismo en los cuerpos de todas sus instituciones republicanas y en sus soportes económicos-financieros. Hoy el pueblo argentino quedó a merced de las locuras de este engendro político llamado CAMBIEMOS. No es difícil inferir que lo seguirán haciendo hasta el 10 de diciembre de este año si es que ese día tienen que dejar el poder formal por decisión electoral. El poder real (el económico) estuvo y hoy está reasegurado a futuro; como lo estuvo siempre; y seguirá operando desde las sombras.

Seguramente son de “manual”. Pero hay que aclarar de que tipo de manual. Repito, el “modus operandi” no es original. El imperio norteamericano lo usa habitualmente en sus operaciones locales e internacionales. Copiarlo no demanda mucho trabajo. El stableshment siempre se caracterizó por ser “copiador”; la vanguardia lúcida de izquierda vernácula con su euro centrismo a cuesta nunca dejó de acompañarlo:

  • Operación mediática de preparación de la opinión pública con imputaciones sostenidas con falsos relatos para que el consumidor  aborrezca situaciones, actos, individuos o gobiernos hasta transformarlos a estos en enemigos públicos, con posterior enjuiciamiento y sentencia mediática de todos aquellos a los que hicieron víctimas por no acordar con las empresas periodísticas negocios beneficiosos para los intereses empresarios. .
  • El enjuiciamiento público-mediático tiene su correlato en operaciones judiciales llevadas adelante por el núcleo más corrupto del poder judicial encarnado en fiscales, jueces, jueces de cámara y hasta la propia Corte Suprema sobre quien se desarrolla la necesaria presión mediática por “operar” ambos de manera concomitante, buscando lograr la “vista gorda” de sus integrantes sobre estas espurias maniobras.
  • Persecución político-ideológica llevada adelante por el Ejecutivo (con escuchas y seguimiento interno por parte de los servicios de inteligencia) luego manipuladas mediáticamente para mayor impacto en la opinión publica contra todo legislador, juez, empresario, o ciudadano que no se avenga a prestarse para sus sucios juegos (ni el Papa se salva).
  • La pata política para la supuesta defensa del “republicanismo” en la denodada lucha contra la “corrupción política” (nunca empresaria) que llevan adelante los medios defensores de la “cacareada libertad de prensa” (que en realidad se trata de “libertad de empresa” para sus sucios negocios) la integran corruptos legisladores del parlamento nacional a quienes utilizan mediáticamente para sostener esas falsas denuncias señaladas más arriba y todo atropello legal que habilite cualquier tipo de operación política destructora de adversarios.
  • Todo lo anterior funciona como material distractivo (cortinas de humo) para que los más grandes y espurios negocios pasen total y absolutamente desapercibidos mientras se los ejecutan.  

El consumidor de toda esta basura político-mediática es solo una víctima confiada y engañada en su buena fe. Bien vale la pena recordar aquella historia que contó Jauretche en uno de sus trabajos, recordada por su nombre: “El chico de la bicicleta” (1) de donde podemos rescatar que la cuestión de la manipulación mediática tiene vieja data.

Nota:

(1) “El doctor Manuel Ortiz Pereyra, uno de los fundado­res de F.O.R.J.A., fallecido hace ya muchos años, dejó un pequeño libro, editado en 1926 ó 1927, que se titulaba «El S.O.S. de mi pueblo». Era hombre con mucho «estaño», do­tado de una notable inteligencia que le había permitido su­perar la solemnidad y el empaque, entonces anexos al tí­tulo universitario; había sido la suya una vida múltiple y agitada en la que había tocado los más variados niveles de la fortuna y de las actividades ciudadanas; además, Dios lo había dotado también de gracia.                      
Sobre esto de la información traía un capítulo titula­do “El chico de la bicicleta”. 
Comentaba allí la apariencia técnica con que los dia­rios presentan una página llena de cuadritos con letras y números diminutos, donde se habla de cotizaciones de la producción en mercados de los que el chacarero nunca oyó hablar y en medidas y precios de los que no tiene la menor idea. El chacarero, decía, se hace una imagen borrosa dón­de se embarullan Winnipeg, Ontario, Yokohama, Rotter­dam, con dólares, libras, yens, rupias, florines, tonela­das y bushells, todas palabras misteriosas para él. No en­tiende, pero está muy agradecido a los grandes diarios que se preocupan por ilustrarlo para la defensa del precio de la cosecha,  y supone que estos sostienen grandes oficinas llenas de peritos de toda clase, que le proporcionan la infor­mación.

No hay nada de eso, decía Ortiz Pereyra. Lo único que hay es un chico con una biciclet que va a buscar la página a lo de Bunge y Born o a lo de Dreyfus; es decir que la aparente información para el vendedor la proporciona el comprador. ¡Y hace tanto tiempo que vamos al almacén con el “Manual del Comprador” escrito por el almacenero! El último que se ha “avivado” es Raúl Prebisch.”

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Los Muertos que vos matáis…

19 mayo 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestra redacción.

FOTO MIA

Por Victor Leopoldo Martinez

La incógnita se develó más rápidamente de lo que muchos esperaban e imaginaban y dinamitó la estrategia del poder macrista-mediático-judicial. La pretensión de volcar una elección que don Mauricio ve como rotundamente adversa mostrando la “foto” de su odiada enemiga e imaginada candidata a la Presidencia sentada en un banquillo judicial -el “Lula” bis- quedó pedaleando en el aire. Los tiempos políticos volvieron a ser manejados por aquellos que -otra vez más- dieron por muertos antes de tener la verdadera partida de defunción expedida por un profesional (en este caso el pueblo argentino). La política no es un juego para improvisados; menos para empresarios inexpertos y codiciosos que cargan sobre sus espaldas una devastadora ignorancia. Lo hecho hasta ahora por los mentirosos prometedores de un CAMBIO solo sirvió para retrotraer al país y a sus habitantes a espantosas situaciones pasadas de miseria, de entrega de patrimonio y riquezas económicas, de perdida de identidad cultural con perdida de soberanía política y territorial incluida. Tres años y medios bastaron para que quedaran al desnudo todas las miserias y perversiones de la gestión macrista; que no son pocas. La “pesada herencia” que dejen será tan real como fantasiosa fue la que inventaron para justificar el planeado saqueo.

CRISTINA 10

Digo más arriba “otra vez más” en razón de que si bien el lugar y en algún modo uno de los nombres puede haber resultado sorpresivo al anunciar Cristina la fórmula del frente opositor encabezado por el peronismo para las elecciones de octubre próximo, Alberto Fernández-Cristina Fernández (F.F.), la movida no resultó novedosa en términos históricos para cualquier veterano, tenaz, fiel y perseverante militante dentro del Justicialismo, ese movimiento que creo el Gral. Perón. Existen antecedentes en la historia del peronismo que leerán más adelante.

Cuatro detalles políticos no pasaron desapercibidos en las ultimas semanas. Para los más avezados de esa militancia punteada más arriba fueron señales, signos muy claros de que en el peronismo reapareció la tan esperada conducción política ausente por largo tiempo en el mayor movimiento de masas que haya tenido América Latina. Esto fue así desde la muerte de su líder el 1 de julio de 1974 y la lamentable desaparición física de un potencial sucesor como fue Néstor Kirchner en el 2010. Esos detalles son:

a) El lanzamiento por parte de Cristina de su libro en la Rural (escenario utilizado por la oligarquía vacuna para exhibir su soberbia) ante una multitud fue algo absolutamente pensado y elaborado. El acto en la Feria del libro que terminó en una simple presentación de un material bibliográfico y sin anuncios políticos rimbombantes (esperados estos últimos por la prensa monopólica y cómplice de la actual gestión para relanzar sus dardos envenenados contra la “yegua populista”). C.F.de K. lo hizo frente a esa muchedumbre que se conformó solamente con volverla a ver para ser feliz, soportando incluso la lluvia como muestra de fe, devoción y agradecimiento; sin lugar a dudas fue un claro mensaje hacía el poder macrista sobre quién fija –hoy por hoy- los tiempos políticos en la argentina. La masividad de un acto para una simple presentación de un libro dejó en claro quién es quién en materia de convocatoria política.

b) La propuesta de un “Contrato Social” hecha por Cristina en ese mismo acto, lanzado como base para iniciar ese necesario recupero de dignidad que el pueblo argentino necesita, espera y merece es tomado por la sociedad con alivio al verlo tan antagónico y alejado de ese otro proyecto “NADA” que ofrece Macri basado en el odio atávico de un sector social hacia el peronismo y que hoy no hace otra cosa que alimentar el encono ensanchando la grieta social creada por la oligarquía a mediados del siglo XIX y que el macrismo amplía diariamente con sus perversas medidas bajo el blindaje informativo de sus socios mediáticos.

c) Dejar el espació político de su creación (Unidad Ciudadana) y con humildad cruzar de vereda para ir a la sede del PJ Nacional, participar de la reunión como una peronista más mandando una clara señal hacia la militancia y la dirigencia partidaria de su lealtad a los principios del peronismo (“Nosotros somos peronistas, no dicen kirchneristas para bajarnos el precio” Néstor Kirchner), pero también a esa “progresía” que se cuelga de su falda por izquierda.

d) El corrimiento del lugar preferencial en la esperada formula para dejar colgados de la brocha a todo el oficialismo y el periodismo aliado que venían destilando odio sin reparo alguno sobre ella. Su aparición en el segundo lugar de la formula presidencial por decisión propia mostró que su disposición a conducir este gran desafío que significará la reconstrucción de la patria después del 10 de diciembre es un hecho a todas luces auspicioso en razón de la necesaria lucidez, temple y visión de futuro que un liderazgo político debe tener. Cristina conductora sintió la necesidad de dar una señal clara a esa sociedad devastada para que se recupere y recobre la necesaria confianza en si misma en momentos donde la anarquía política, institucional y económica reinante solo siembra desesperanza en el cuerpo social.

El antecedente histórico se lo encuentra en 1972. En una argentina políticamente convulsionada desde 1968 por los Cordobazo, Viborazo, Tucumanazo, Mendozazo, Catamarcazo y una sociedad harta de dictaduras que demandaba elecciones democráticas, Lanusse, dictador militar a cargo del ejecutivo, decide convocar a elecciones para marzo de 1973 y fijarle a Perón condiciones políticas para su regreso al país. Una de ellas era que debía estar antes del 1 de agosto de 1972 en la Argentina si pretendía participar en las elecciones. Perón no volvió en el plazo previsto por el dictador. Lanusse lanzó una frase temeraria contra el histórico dirigente: “A Perón le falta cuero”. El líder Justicialista le respondió al toque con una frase que quedó en la memoria de la militancia: “Poco jamón pa’ dos huevos”. Perón regreso cuando él quiso (17 de noviembre de 1972). La militancia que fue a recibirlo a Ezeiza bajo una pertinaz llovizna y soportando balazos de goma de fuerzas militares nunca arrió esa pancarta que llevaba el dibujo de un cuero y la frase que decía: “El cuero que le sobra a Perón”.

Los tiempos políticos los fijan los verdaderos conductores, no los improvisados. Al peronismo lo dieron por muerto en no pocas ocasiones anteriores. Hoy vuelve a quedar en claro que goza de buena salud. Poco importa el nombre que le quieran endilgar de aquí en más; sus banderas siguen flameando bien en lo alto para el bien de la Patria.


POLÍTICA: Modos de hacer y practicarla según pasan los años.

15 mayo 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestra redacción

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Por Victor Leopoldo Martinez

“Entre un dicho y el hecho hay un largo trecho” reza un viejo adagio popular. La prueba de tan acertado refrán se la encuentra fácilmente con solo escuchar a cualquier joven elogiar sabidurías de viejos ya “muertos” que encuentran en registros gráficos varios y se encuadran a la perfección en el “dicho” del proverbio anterior (algo rescatable por donde se lo mire), mientras lo que menos hacen es escuchar y aprender de los viejos “vivos” a quienes generalmente se los trata de “desactualizados”, algo que también calza a la perfección en el “hacer” subrayado más arriba. Seguramente será una torpe ley de vida propia de humanos. Lo cierto es que a todos nos pasó cuando jóvenes. ¿Quién no desacató consejos paternos con un “vos no entendés las cosas de estos tiempos”? Estas rebeliones juveniles “naturalizadas” por la modernidad y luego por la posmodernidad no fueron –ni son- otra cosa que cambios culturales asentados en las formas; nunca en el fondo de las cuestiones formativas y sustanciales de la vida. La búsqueda del consejo experimentado al que se acudía en otros tiempos depositado en viejos que sabían mucho no solo por “zorros” sino –y más que nada- por viejos (los tan elogiados “Consejos de Ancianos” a los que acudían nuestros ancestros de pueblos originarios, o la actitud diferente que despertaba en nosotros la comprensión y paciencia presente en nuestros “abuelos” a quienes siempre les poníamos oídos) hoy está más ausente que nunca desde que se instaló el posmodernismo, fenómeno que se encargó de exacerbar el despreció por las experiencias (buenas y malas; de ahí su valor empírico) que a modo de enseñanzas nos regala casualmente el pasado.

Por suerte para nuestra especie, este fenómeno no afectó –ni afecta- a todos; solamente a algunos; que desgraciadamente son mayoría.

Así las cosas, esta introducción tiene un sentido práctico cuando como reflexión, es llevada a la política, madre de todas las relaciones humanas dentro de proyectos que buscan “organizar una comunidad”.

Recuerdo con mucho cariño todas las enseñanzas que recibí de viejos sindicalistas que se hicieron peronistas como consecuencia de frustrantes tropiezos anteriores, de conocer y convivir en antaño con falsas promesas que siempre habían quedado como simples expresiones de deseos de socialista y comunistas “teóricos” dentro de bonitos y progresistas discursos “vanguardistas”, copiadores de experiencias europeas. La aparición en 1943 del Coronel en la recién nacida Secretaría de Trabajo y Previsión les comenzó a cambiar la vida y a posibilitarles transformar en realidad los sueños de una vida digna. Perón no regaló nada a nadie porque nunca pensó en humillar la condición humana. Perón creo las condiciones políticas que facilitaron el ascenso de los trabajadores, de los desclasados y de los desprotegidos a una vida respetable y justa. El “viejo” los convenció con sus hechos: “Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar”. A partir de ese momento la clase trabajadora argentina prestó sus oídos a los dichos de Perón y se hizo peronista.

Cuento esto como una experiencia personal para rescatar el valor del aprendizaje que se incorpora tomando prácticas ajenas que encierran valor empírico. En mi caso y antes de conocer a Perón mi maestro político fue un dirigente gremial a quien supe escuchar con unción en sus charlas militantes (cátedras populares) sobre cómo seguir la conducción política de un viejo zorro como Perón. Cervecero el hombre para más dato. Por entonces (finales de “60” comienzo de los “70 del siglo pasado) éramos jóvenes y con esa mística propia de la edad nos vanagloriábamos de pertenecer a la gloriosa JP, algunos enarbolando las banderas de la resistencia peronista nacida el 16 de septiembre de 1955. La mayoría quedó prendida de esa mística heroica propia de los años jóvenes y miraban el horizonte sin saber cuál “colectivo” tomar. El mayo francés de 1968 aparecía en mentes universitarias como el paradigma  para las “acciones” locales sin percatarse la inutilidad de experiencias ajenas cuando se desconoce la idiosincrasia del pueblo cuya dignidad se pretendía reivindicar.    

Otros, y sin perder esa mística, buscábamos sabiduría en la experiencia política de aquellos viejos militantes obreros, algo que nos ayudó a entender la política nacional y verla con ojos criollos, razón de ser de nuestro perseverante peronismo que, gracias a Dios y a la experiencia recibida de aquellos sabios y viejos peronistas, nos acompaña hasta el día de hoy.

Hoy, lamentablemente, la historia vuelve a repetirse y dejo al lector hacer la traspolación correspondiente. Pero vale la pena aclarar; se puede tropezar con los mismo peñones una y otra vez solo cuando lo señalado anteriormente desgraciadamente no es tenido en cuenta.

CRISTINA Y PERON

Los tres últimos gobiernos peronistas encabezado por Néstor Kirchner y continuado por su compañera Cristina Fernández fueron peronista porque plasmaron políticas sociales peronistas reinstalando una cuota de justicia para con la clase trabajadora y los desprotegidos; porque implementaron políticas soberanas en defensa de los intereses de la Patria de neto corte peronista, y porque aplicaron medidas económicas con criterio propio, independiente de intereses foráneos. Pero desde el 2011 “progresista de izquierda” con su anti peronismo a cuesta como odio visceral latente se acercaron y se colgaron de las faldas de la compañera buscando transformar este último Kirchnerismo en esa instancia superadora del peronismo, sin entender (como antes, como siempre) por donde pasa la Revolución Nacional y Popular que nunca dejó de tomar al peronismo como matriz ideológica desde que apareció en la escena política nacional contemporánea.

Con su asistencia a la reunión en la sede del PJ Nacional de la Calle Matheu en la C.A.B.A. dejando su casa (el Instituto Patria), y en una fecha clave -14 de mayo del 2019-a sus sentimientos, Cristina mando una señal clara y contundente. Dio la necesaria lección de su compromiso con el peronismo que el momento histórico demanda, y puso en el tapete político actual su innegable condición y decisión de conducir desde el peronismo la recuperación de la Patria del fango al que nos arrastró este infame y cipayo gobierno macrista que hoy solo es un vil sirviente del FMI y de intereses sinárquicamente financieros manejados por el sionismo internacional con fuertes intereses en la región.

Pero hay que recordar que fue ese “Cristinismo” kirchnerista obsecuente el que nos llevó a la derrota en el 2015 y el responsable de las penurias hoy padecida por el pueblo argentino a manos de un gobierno inescrupuloso conformado por uno manga de ignorantes y codiciosos. El tema es que hoy corremos el mismo riesgo frente a un futuro posible y esperanzador. Esa “progresía” ahora intenta regresar con su purismo ideológico de base foránea nuevamente colgados de las faldas de Cristina. Esta vez lo hacen tomando diferente plataformas comunicacionales buscando volver a instalar la dicotomía Kirchnerismo-Peronismo. Periodistas y comunicadores de medios opositores que se asumen como paladines de la lucha contra el gobierno macrista no dejan de utilizar la palabra kirchnerismo para todas sus bajadas políticas denostando de paso a dirigentes peronistas que no hacen lo que ellos creen se debe hacer.

Lo grave es que “soldados del pingüino/a” y colgados de ese “hay que sumar” y “sumarse porque el enemigo es el macrismo y el FMI”, el arduo trabajo que le espera al seguro gobierno peronista para el caso de recuperar el poder político-institucional el 10 de diciembre, puede llevarnos a sufrir la misma frustración y tirar por la borda nuevos logros de la misma forma que se tiraron por la borda los logros de los últimos 12 años de gobierno peronista.    

Perón utilizaba metafóricamente un aforismo popular para explicar el arte de conducir: “Para hacer un buen adobe se requiere de buena tierra, pero también de bosta y paja” Ahora bien, Perón nunca perdió de vista que la buena tierra (la clase trabajadora) era lo fundamental para la elaboración de ese adobe; pero que la bosta nunca dejaría de ser bosta como la paja (intelectual) jamás dejaría de ser tal.

Si los “nuevos y jóvenes peronistas” no toman en cuenta las enseñanzas históricas que recogió la vieja militancia peronista en la construcción del Movimiento Nacional Justicialista (no digo partido que es solo una herramienta electoral según lo establecido por el propio Perón) en ese trágico pero heroico derrotero que trajo al peronismo hasta aquí, y vuelven a cometer los mismos errores   del pasado reciente, ya no será culpa de los “viejos peronistas” sino de un caprichoso y perverso juego llevado adelante por viejos imberbes del pasado que hoy se dedican a engatusar adolescentes y jóvenes sobre los “errores y Perón y los peronista” aduciendo que la única revolucionaria del fenómeno nacido en 1945 y que tanto odian fue Evita.

Los peronistas somos respetuosos del legado de Perón y Evita y defensores de compañeros Peronistas como Néstor y Cristina. Por la patria y por ellos nos jugamos.


Aleksandr Duguin y su devoción por Perón y el modelo sindical argentino

13 mayo 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMLIO, Política nacional e internacional

Fuente:https://mundogremial.com/aleksandr-duguin-y-su-devocion-por-peron-y-el-modelo-sindical-argentino/

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“Perón creó los principios para el futuro. El futuro peronista es hoy”

El movimiento nacional justicialista conmemoró hace semanas los 70 años del Primer Congreso Nacional de Filosofía de Mendoza donde el General Juan Domingo Perón presentó y desarrolló su concepto de Comunidad Organizada.

La obra de Perón rompió fronteras y fue estudiada por innumerable cantidad de pensadores en distintos puntos del mundo.

Tal es así, que para recordar aquel congreso de filosofía se congregaron en nuestro país destacados filósofos que dedicaron parte de sus estudios al “peronismo”. Entre ellos,Aleksandr Duguin.

Duguin es un filósofo , historiador y analista ruso, reconocido mundialmente, que analizó la figura de Perón a quien llegó a definirlo como “un ejemplo a seguir por todos los Jefes de Estado”.

Hace días, visitó la sede central de la CGT en el marco de las actividades para rememorar aquel Congreso de Filosofía junto a filósofos argentinos, historiadores y pensadores de la región.

Mundo Gremial entrevistó a Duguin para conocer su análisis del peronismo, y sobre todo su visión respecto al modelo sindical argentino y su definición del trabajo.

MG: ¿Qué opinión tiene usted del movimiento peronista?

AD: “El peronismo se basa sobre necesidades de tener una alternativa al liberalismo global, a la hegemonía de América del Norte que está representado en el pensamiento político y filosófico de Juan Perón.

En su Tercera Posición de Juan Perón veo muchos aspectos parecidos a la Cuarta Teoría Política (de su autoría) que critica el liberalismo, comunismo y nacionalismo.

Creo que Perón no era tan nacionalista, era más que nacionalista. Pensaba en los intereses de la civilización latinoamericana. Por eso iba con esta propuesta de Getúlio Vargas de Confederación, también con Chile.

La unificación del continente con su identidad manifestada con la forma política del peronismo, justicialismo, con soberanía y justicia social. Es importante la dignidad del hombre de trabajo, CGT, trabajadores, como el centro, creo que no ha perdido ninguna importancia. Eso se diferencia con Brasil que después de la caída de los Getúlio Vargas, todo el sistema de la CGT de Brasil está destruida totalmente.

Acá después de Juan Domingo Perón, la situación de la CGT está conservada; estos colectivos para defender la dignidad de los trabajadores está presente, vive hoy y es muy importante. Porque Perón ha hecho algo más que ser un líder político, ha creado los principios para el futuro. El futuro peronista es hoy. Por esto es que considero a Perón como el pensador político, es el creador del pensamiento de estos valores para el futuro”.

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Juan Manuel Morena, director de Mundo Gremial, junto a Duguin en la CGT

MG: Siguiendo esta línea, hoy hay un impacto muy fuerte en el mundo del trabajo que naturalmente va impactar en el modelo representación, ¿cómo lo analiza usted, en términos de trabajo?

AD: “Pienso que debemos concebir trabajo por fuera del marxismo. Porque el marxismo se ocupa del trabajo abstracto solamente, por eso (Karl) Marx pensaba que el capitalismo es la fase necesaria del desarrollo de la humanidad, de la economía, de la sociedad. Solamente cuando todo el trabajo deviene abstracto y no concreto, solamente después, la revolución socialista proletaria sería posible.

Eso es totalmente negativo, por eso esto juega a favor del capitalismo, liberalismo, globalización, esto se ve en la izquierda moderna, post moderna, que son los aliados del liberalismo gran capital”.

MG: Y son los grandes representantes de muchos sindicatos a nivel mundial también…

AD: “Sí, por eso el sindicalismo del trabajo peronista debe ser el sindicalismo de otra naturaleza, con otra esencia y esa esencia tiene que ser, según mis ideas, en la defensa del trabajo concreto. Es diferente trabajo concreto, es trabajo que no está hecho para vender.

Vender es una forma secundaria de manejar los objetos, es una forma de la creación, el trabajo creador. Trabajador no es proletario, trabajador es cuando hace trabajo concreto que está destinado a auto consumación o a un cambio en el contexto concreto también. Esto es trabajo para trabajo, es una forma de la dignidad humana que está presentada como arte con creación que no está para vender.

En el capitalismo todo trabajo deviene abstracto para vender, solamente para vender. La calidad de la plata no cuenta. Y por eso es que creo que tenemos que defender este trabajo concreto.

Volver al trabajo concreto que debe ser inscripto en el contexto local, humano, en el contexto de aldea, de ciudades, de la gente que si se conozca entre ellos”.

MG: ¿Y según ese pensamiento, cómo debemos pensar la economía de un país?

AD:A la economía hay que pensarla en concreto, la economía de la producción estratégica, de peso nacional, podría ser de otro nivel. Pero en ambos casos el trabajo debe ser a favor de la gente, de la sociedad, de la Nación. Esa es precisamente la diferencia entre los sindicatos marxistas o izquierdistas y los peronistas.

Por eso creo que el trabajo debe ser concebido como el hecho, el acto creador, como el arte, como un acto humano, profundamente humano que manifiesta la posibilidad del hombre de crear. Por eso el producto de este trabajo no puede tener precio, el precio es el don, el cambio del alma, del corazón; este trabajo cualitativo debe ser puesto en el medio de la lucha para la liberación del trabajo”.

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ANGELELLI, GUARDIAN Y EJECUTOR DE SECRETOS CONCILIARES

30 abril 2019

La Rioja, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestro enviado especial

MARTIRES RIOJANOS

V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez

Para poder entender el cómo y por qué los mártires riojanos llegan a ser beatificados, primero se debe conocer, aunque sea de manera somera, la historia de la iglesia católica como institución universal, sus leyes y objetivos.

El desconocimiento por parte del hombre común del significado y sentido de palabras como “concilio”, “derecho canónico”, desconocimiento muy presente en muchos creyentes que solo se mueven por una cuestión de fe, resulta hasta cierto punto comprensible. En sus fantasías estos términos juegan como mágicos y solo asociados a lo metafísico. Nada más alejado de la verdad y de la realidad terrenal. Concilio es una asamblea de autoridades religiosas donde participan obispos y otros eclesiásticos, hombres comunes que optaron por practicar y predicar el amor al semejante, a la justicia social, a la solidaridad, fomentando la hermandad entre los hombres, valores inculcados por Jesús, aquel que dijo ser el hijo de Dios hecho hombre en esta tierra.

En este caso, los concilios a los que me refiero están organizados por la Iglesia Católica. En ellos se delibera sobre materias doctrinales y cuestiones disciplinarias. Cuando es Ecuménico la participación se abre a representantes de todo el mundo.

Uno de ellos fue el Concilio Ecuménico Vaticano II (lugar donde se desarrolló). Convocado por el Papa Juan XXIII (1962-1965), en principio lo presidió él mismo hasta finalizar su primera etapa –otoño de 1962-. Las tres sesiones siguientes que concluyeron en 1965, fueron convocadas y presididas por Pablo VI, su sucesor. En este Concilio estuvo Angelelli, el que luego sería Obispo Riojano.

Si bien es cierto que el poder eclesiástico tradicional y conservador enquistado en el Estado Vaticano, logró finalmente torcer -en partes- las resoluciones finales que surgieron de aquel encuentro, no es menos cierto que en ese Concilio aparecieron figuras extraordinarias como la del arzobispo brasileño Hélder Cámara, aquel que inmortalizó la frase: “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.

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El “Vaticano II” fue un concilio pastoral, no dogmático. De esto da cuenta “GAUDIUM ET SPES” aquella CONSTITUCIÓN PASTORAL que surgió en aquel encuentro y del cual extraigo algunos conceptos para entender la pastoral social que llevó adelante Enrique Angelleli, acompañado por el sacerdote profeso de la orden de frailes menores Carlos de Dios Murias, el presbítero y misionero francés Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera, todos ellos asesinados por la última dictadura militar; hoy gracias a la gestión del Papa Francisco, Beatos de la Iglesia católica:

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente más humano que no encuentre eco en su corazón…     Es la sociedad humana la que hay que renovar.”

“Al proclamar el Concilio la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en éste se oculta, ofrece al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación. No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido.” Enrique Angelelli respetó esto; se alejó de la pompa eclesiástica, renunció en vida a todos los símbolos del poder eclesiástico y se puso a caminar a la par de los pobres, a servir al pueblo pobre, al pueblo humilde riojano, pueblo injustamente castigado por el sistema imperante donde prevalecía la injusticia social. Angelelli trató de llevar un poco de dignidad para esas vidas tan castigadas por el olvido de gobiernos, de egoístas clases sociales, vidas explotadas por el poder económico.

Pero esta decisión tomada por Angelelli tiene que ver con algo muy especial que ocurrió en aquel cónclave Vaticano II. Hélder Cámara fue uno de los proponentes y signatarios del Pacto de las catacumbas, un documento firmado por cerca de 40 padres conciliares el 16 de noviembre de 1965, después de celebrar juntos la Eucaristía en las Catacumbas de Domitila en Roma. Entre esos 40 curas estuvo Enrique Angelelli. En ese pacto los curas firmantes se comprometieron a caminar con los pobres asumiendo un estilo de vida sencillo y renunciando a todo símbolo de poder.

Entonces, la beatificación de los cuatro mártires riojanos que se dio en esa conmovedora ceremonia que tuve la suerte de vivir y experimentar el pasado el 27 de abril en la hermana provincia, al pie del cordón del Velasco, presidida por el cardenal Gionvanni Angelo Becciu, enviado especial del Vaticano, una vez más no fue un hecho casual y fortuito. Es la resultante de aquel pacto conciliar secreto que firmó el Obispo riojano junto a Hélder Cámara y que Angelelli juramentó respetar y ejecutar diariamente con su voto de pobreza cristiana sin dejar de lado nunca ese pelear contra el sistema que sea buscando un poco de dignidad humana para los pobres, para los que menos tienen, para los sufrientes que padecen la indiferencia humana frente a todo acto de injusticia social.

Angelelli - El Papa (2)

Tampoco fue un hecho casual y fortuito que esta bendición celestial bajada de la mano de un Papa argentino como Francisco se haya dado como un canto de esperanza exclamado desde este NOA rebelde y federal, cuna de Güemes, Facundo, Varela y el “Chacho” Peñaloza prorrumpido como señal de alerta al ver sobrevolar sobre la Patria vientos destructivos y traidores desde hace algunos años. La rechifla generalizada de la multitud ante la sola mención del nombre de la vicepresidenta de la Nación presente en la ceremonia da cuenta de quién es quién en estás horas aciagas para nuestro pueblo que con fé y devoción fue a agradecer a los cuatro mártires riojanos. La rechifla no fue un signo de violencia, un acto de barbarie, fue un soplido multitudinario lleno de indignación frente a una oprobiosa gestión de gobierno –el nacional- que hizo de la burla sobre desgracias ajenas un constante comunicacional.

No quiero dejar de expresar el orgullo que me produjo escuchar y saber de la presencia de la gobernadora de mí provincia, compañera Lucía Corpacci en tan magno acontecimiento. Fue una hermosa brisa refrescante para alguien que estaba trabajando, registrando el histórico momento bajo un otoñal pero ardiente sol riojano.    


LOS MEJORES CORRUPTOS DE LOS ÚLTIMOS 100 AÑOS

21 abril 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Mensaje de Pascuero 2019

*“Si hubiera sabido” ¿o “si hubiera escuchado”?*

Eduardo de la Serna

Por Eduardo de la Serna (Cura Opción por los pobres)
Una de las cosas que se ven, escuchan o leen cada vez con más frecuencia en estos días es “yo no sabía”, o “no me imaginé”, o “me desilusionó”, o “no creí qué”… Todas referidas a la debacle nacional a la que nos sigue llevando inexorablemente el gobierno (o des—) de Cambiemos. Y se me ocurre pensar.
Una de las características que los estudios bíblicos reconocen de los profetas es que “saben leer la realidad”. Los profetas no son sujetos o sujetas que adivinan o intuyen el futuro, sino quienes leen desde Dios el presente. Veamos: la historia de Israel (tal como se leía entonces, por cierto) reconocía que a medida que el pueblo olvidaba a Dios, Dios lo olvidaba a él; y entonces, los pueblos vecinos los despojaban, oprimían o incluso, esclavizaban.
 
• Por eso la idea de “este sí es un buen camino” o, por el contrario, “por este camino nos estrellamos” es característico de los profetas. 
• La idea de mirar la realidad: “si oprimimos a los pobres, si nos desentendemos del huérfano o la viuda” nos disolvemos como pueblo de hermanos, que es lo que debiéramos ser. 
Esa es la mirada de los profetas. El gran estudioso judío Abraham Herschel afirma que la característica de los profetas es su “simpatía” con Dios (del griego _syn_ = con; _pathos_ = sentir). Los profetas sienten lo que y como siente Dios ante la realidad, positiva o negativa. Entonces, decir, “si seguimos por este camino nos vamos a estrellar” no es hablar del futuro, sino del pasado. Es haber mirado la historia del pueblo con la mirada puesta en Dios y puesta en el pueblo. Y saber las consecuencias obvias del obrar de tal o cual manera.
Decir que alguien se sorprendió, o se decepcionó con lo que está haciendo el gobierno argentino (y tantos otros neoliberales de América Latina) es haber sido (¿y seguir siéndolo?) un ciego que no quiere ver, o un sordo que no quiere oír. Simplemente.
Desde que asumió el gobierno de Cambiemos el grupo de Curas en Opción por los Pobres lo dijimos a quien quisiera oír. Durante todo el año 2016 escribimos cartas quincenales “al pueblo de Dios” señalando y alertando lo que estaba ocurriendo y lo que iba a ocurrir: ¡esto mismo que hoy está ocurriendo! ¿Fuimos adivinos? ¡De ninguna manera! ¿Sabios y expertos politólogos? ¡Tampoco! ¿Profetas (en el sentido bíblico, no en el sentido habitual)? ¡Sin duda! Bastaba con mirar la historia, bastaba con tener un oído en el Evangelio y un oído en el pueblo. Con escuchar los dolores que ayer le provocaron los capataces de Egipto. 
Es cierto que uno escucha hoy a periodistas (o los que fungen de tales; más de uno, en realidad, operadores del modelo), o a curas que hasta “ayer” hablaban de “la realidad” que hoy se manifiestan sorprendidos, decepcionados, “no me imaginé” … Y “dan ganas” de responderles varias cosas. A algunos periodistas se les puede recomendar que pasen al así llamado periodismo deportivo (que vende bastantes globos, así que una mancha más no le hace nada al tigre). A algunos curas se les puede recomendar que renuncien a los cargos o suplementos y se dediquen a escuchar los clamores de su pueblo, o – para decirlo con metáforas francisquistas – que tengan “olor a oveja”. Insisto, los curas opp desde que empezó el neoliberalismo remozado de Macri y sus huestes, los mejores corruptos de los últimos 100 años (ya no son 50… por la inflación, quizás) señalábamos que rumbo a esto íbamos. Es cierto que no faltaron las voces (muchas que ahora dicen “si hubiera sabido”) nos cuestionaron, nos criticaron y dijeron que hacíamos política, etc… “Un oído en el Evangelio y un oído en el pueblo” repetía el Pelado Angelelli, ese que no murió en un accidente (como decían los eclesiásticos amigos del poder… es decir, que se metían en política, pero en “otra política”). Ese oído en el pueblo le da raíces al Evangelio; ese oído en el Evangelio propone la utopía del Reino de Dios al pueblo. El gran teólogo luterano Karl Barth afirmaba que hay dos lecturas que un cristiano no debe dejar de tener cada día: el evangelio y el periódico (claro que Barth no se refería a Clarín, o La Nación, por cierto… era inteligente). Es que, sin escuchar el sufrimiento de las víctimas, y escucharlo con los oídos de Dios, lo que digamos no será de parte de Dios, sino de parte del “poderoso caballero”, ese Don Dinero que ya Jesús nos avisaba que el que sirve al Dinero, odiará a Dios (o viceversa). Desde ese “lugar” es lógico “estar sorprendido”, o “decepcionado”.
Dan ganas, como decía, de repetirles: “nosotros te avisamos”. Pero ahora no es cosa de pedir esa autocrítica a los ciegos y sordos voluntarios. Ahora es cosa de decirles que escuchen al pueblo… a ese que ayer podía encender un ventilador en verano, o comer un asado cada tanto, o dar leche (leche de verdad) a sus hijos en su propia mesa… Aunque fuera fruto de un “plan” sus hijos comían (y sus padres compraban). Quizás escuchando al pueblo (sintiendo, pathos) entiendan de otro modo el Evangelio. No está mal, al menos, para esta Pascua.

Brillante exposición de la escritora María Teresa Andruetto para el cierre del Congreso de la Lengua en Córdoba

31 marzo 2019

Córdoba, Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO. Congreso de la mal llamada “lengua española”. Córdoba, Sábado 30 de 2018.

Fuente: https://www.lavoz.com.ar/numero-cero/completo-magistral-discurso-de-maria-teresa-andruetto-para-cierre-del-congreso-de-lengua

MARÍA TERESA ANDRUETTO

Hay una grieta en todo / así es cómo entra la luz, dice Leonard Cohen, Y entonces es ahí, en las fisuras, donde quisiera mirar.

No fue sencillo para mí aceptar la invitación a cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene, por razones también diversas, la comunidad a la que pertenezco y por mis propias disidencias.

Me tranquilizan dos cuestiones, la primera es que antes de aceptar hice saber mi posición y la invitación se sostuvo –con un espíritu democrático y una amplitud que mucho agradezco–; la otra es que estoy aquí como escritora y el lugar de quien escribe es, en lo que respecta a la lengua, un lugar de desobediencia, de disenso. En nombre de ambas cosas digo estas palabras.

La primera cuestión tiene que ver con el nombre mismo del Congreso, llamado aquí –y es al menos curioso que con la contraparte nacional se haya llegado a esa denominación– Congreso de la Lengua Española, porque para nosotros, para nuestro sistema educativo, la academia, la alta cultura y la cultura popular, esta lengua en la que aquí hablo siempre ha sido la lengua castellana.

Así llegó a América, con la conquista y con la iglesia, la lengua de Castilla, y fue esa lengua y no otras que se hablaban o se hablan en España como la que se impuso –no sin dolor, no sin lucha, no sin resistencia– sobre las lenguas originarias.

Esto nos lleva a preguntarnos de quién es la lengua, quién le da el nombre y quiénes reconocen su lengua en ese nombre. Aunque en las previas a este Congreso se ha insistido en la idea de que la lengua es de todos sus hablantes, en la amplia procedencia geográfica de los ponentes y en la alta presencia de mujeres en las mesas, me pregunto si esa que se dice de todos es la misma lengua; en caso de serlo, quiénes son sus dueños y atendiendo a que una lengua con tantos hablantes, además de un capital simbólico es un capital económico, quiénes hacen usufructo de ella.

Desde Madrid, el ministro de Educación de la Provincia, a la pregunta de un periodista acerca de ciertos contenidos, reconoció que ni la parte argentina ni la cordobesa intervienen en la elección del temario.

Es la Real Academia, dice. A su vez, el director de la Real Academia, remarcó la importancia de estos congresos con la frase: “Durante unos días, se tratará de ponerle voz española a los asuntos que nos ocupan a todos, tal vez sin tener dimensión de lo que la frase “voz española” significa aquí, para nosotros.

Entonces, no debiéramos desentendernos de ciertas preguntas, aunque incomoden. Preguntas como: ¿Para qué un congreso en estas pampas sin intervención local sobre sus contenidos? ¿Es la lengua de España la misma que se habla en América? ¿El muy diverso castellano de cada uno de nuestros países es la misma lengua española de la que el Congreso habla? Y finalmente, porque estamos en Argentina, ¿se trata de la misma lengua que aquí se habla?

Sí y no. La misma y otra. Para los hablantes de mi país se trata de una cuestión que lleva más de un centenario, cuestión desestimada o minimizada por las instituciones españolas de la lengua, sus espacios de formación, sus editores…, como lo expresa blanco sobre negro el reciente planteo del director mexicano Alfonso Cuarón, quien declaró en la clausura de un ciclo de cine en Nueva York, que le resultaba ofensivo para el público (e imagino sin dudas que para sí mismo) que su película Roma se haya subtitulado en España.

“Me parece muy, muy ridículo, a mí me encanta ver, como mexicano, el cine de Almodóvar y yo no necesito subtítulos al mexicano para entender a Almodóvar”. Le parece ridículo, dice, que un español necesite que le digan “No os acerquéis al borde” en lugar de “Nomás no se vayan hasta la orilla”. Entiendo muy bien lo que dice Cuarón, me ha pasado que una editora española haya pretendido cambiar durazneros por melocotoneros con la extraña fundamentación de que en España nadie entendería la palabra duraznero, pero sucede que melocotonero es una palabra tan artificial para un argentino que nunca jamás podría usarla.

En fin, cierta pretensión de uniformidad, la homogeneización que destruye lo singular o lo invisibiliza, el modo en que se ilumina la propia lengua al ver cómo toma caminos diversos.

Todo eso borrado, dice la cordobesa Eugenia Almeida, porque el castellano de esta América es un conjunto de variables mestizadas por pueblos originarios, aportes árabes, africanos, europeos y asiáticos que –esclavizados, sometidos, aceptados o bienvenidos- impregnaron nuestros modos de decir y de pensar. Hablaba el ruso en quince lenguas, dice en algún lugar Julia Kristeva.

……………………………………..

La segunda cuestión aparece cuando reparamos en que esto no es recíproco. Casi 600 millones de personas de 22 naciones hablamos la misma lengua. ¿Son soberanas lingüísticamente esas naciones? Y si es así, ¿por qué sus modos de decir necesitan ser traducidos a un decir mejor, a un bien decir?

En la Declaración Universal de los Derechos Lingüisticos firmada en Barcelona en 1996, se expresa que los hablantes pueden usar la lengua según las necesidades de cada lugar de origen, garantizando así “los principios de una paz lingüística mundial justa y equitativa, factor decisivo de la coexistencia social y cultural”.

Más del 90 por ciento de los hablantes de lengua española habita en países de América, y menos del 10 por ciento, en España. Sin embargo, las variedades idiomáticas americanas no tienen tantas posibilidades de ser reconocidas por la Academia y, cuando lo son, pasan por formas folklóricas, americanismos.

Por su parte, en el Diccionario Panhispánico de Dudas, alrededor de un 70 por ciento de lo que se considera “malos usos de la lengua” es de origen latinoamericano, lo cual tiene que ver no sólo con la idea de purismo y la pretensión de uniformidad, sino sobre todo con la convicción de que el bien decir se decide fuera de nosotros.

Se trata de las políticas de control del idioma, de la tensión entre las hablas de una comunidad y las normas que esa comunidad dicta o acepta y de la lucha entre transformación y preservación. La advertencia gramatical no me limita, sino que me recuerda que yo estoy en la lengua, y me da movilidad dentro de ella. Me recuerda que la lengua es mía y que no es solo mía… me recuerda que el vínculo es el vehículo compartido.

El interés por la gramática trasunta el interés por la conservación del espacio público, dice la colombiana Carolina Sanín. ¿Sin leyes seríamos más libres? Necesitamos instituciones reguladoras pero necesitamos también que esas instituciones nos representen de una manera más justa, porque una lengua –que por cierto es mucho más que sus reglas- vive en las bocas de sus hablantes y es asombrosa la velocidad con que lo vivo deviene en frase hecha, en palabra muerta, en clisé.

Un idioma es una entidad en permanente movimiento, una inmensidad, un río, en su adentro caben muchas lenguas como caben muchos pueblos. Argentina, para dar el ejemplo que más a mano tengo, no se hizo sólo con descendientes de hispanohablantes, es un país que mezcló la población originaria con la invasora, y recibió aluviones migratorios de italianos, gallegos, árabes, aymaras, vascos, polacos, guaraníes, armenios, coreanos, alemanes… se trata de un país que nunca vivió el purismo idiomático, la necesidad de conservar la “casticidad”, palabra por otra parte tan cercana a la castidad.

En fin, que somos impuros o mestizos (muchas veces mestizos étnicos y siempre mestizos culturales), que es impura nuestra lengua y esa impureza es nuestra riqueza. Dice el colombiano Fernando Vallejo que preguntarse quién habla bien es una tontería porque el castellano se habla como se puede en todos los ámbitos del idioma, un idioma de 22 países entre los cuales contamos a España.

En fin, que para riqueza de hablantes, escribientes y lectores, y para riqueza de nuestras literaturas, peninsulares, latinoamericanos y ecuatoguineanos debiéramos cuidarnos mucho de una lengua que se someta a la lengua oficial, una escritura que ponga en retirada a cada modalidad de la lengua en particular, cuidarnos de no confundir la lengua viva con los cementerios de la lengua, acoger, dice también Fernando Vallejo, el idioma de la vida, que es el local.

Hasta acá, un poco distraídos, podríamos pensar que se trata de diferencias de habla, de lo singular que se aleja de ciertas normas, de ciertos corrales, cierta legislación que va y viene desde una región a otra, pero por cierto que no se trata de un camino de ida y vuelta entre modos diversos de usar la lengua, sino de una corriente que va o pretende ir desde la antigua metrópoli hacia sus dominios de antaño y nunca de modo inverso.

Esa corriente de poder lingüístico unidireccional viene a nuestros países con las formas de decir y escribir que España considera correctas sin comprender que a muchas expresiones del castellano de España las comprendemos nosotros poniendo a prueba nuestros oídos, porque la música, y el habla, y el gusto, no son los mismos para todos y porque, parafraseando un relato cristiano, hay ovejas que son de este corral y otras que son de otro corral pero de todas es el universo de la lengua.

No hace mucho, una investigadora madrileña me dijo llena de sorpresa ella y más sorprendida yo por su reflexión: “No entiendo por qué los argentinos necesitan traducir a Dante (a raíz de una edición aquí de La divina comedia, con traducción del poeta Jorge Aulicino) si ya está traducido al español”, pero es que tal vez ni se advierte siquiera cómo pegan en nuestros oídos muchas traducciones de editoriales españolas, especialmente cuando se trata de escritores que trabajan con lo coloquial; pero no me extiendo en el tema porque de todo esto habrán dado cuenta las mesas sobre traducción del Congreso, ya que es materia habitual de debate entre nuestros traductores.

No se trata de una cuestión menor, ni tampoco meramente retórica. Durante la pasada dictadura, los escritores argentinos en el exilio español se preguntaban qué hacer con nuestro lenguaje. Elijo dos respuestas a esa pregunta: el escritor y crítico David Viñas, en julio de 1980, dice en una carta “¿Se academiza la cosa, se la agayega, se le pone almidón y se la plancha?” En otra carta, de agosto de 1980, el escritor Antonio Di Benedetto, dice: “He procurado clarificar un tanto el vocabulario para el lector español sin dar la espalda a mi potencial lector argentino o latinoamericano. Con tal criterio he sustituido algunas voces. Ejemplo: no “saco”, que aquí sugiere “bolsa”, sino chaqueta, dicción que no es extraña al argentino, ¿verdad? ¿Verdad?”.

Podemos oír un grito ahogado en ese ¿verdad?, un gesto de desesperación, porque la elección de la lengua (y dentro de ella, la de sus infinitos matices) indica en qué sistema literario puede o quiere insertarse un escritor, indica por quiénes y de qué modo desea ser leído y revela también el costo que ese escritor está dispuesto a pagar para encontrarse con sus lectores.

Cuando comencé a publicar y se abrió tímidamente alguna posibilidad de editar mis libros fuera de Argentina, la lengua, esa materia con la que trabaja un escritor, comenzó a presentarse como un obstáculo. No es el libro, no es la historia, es el lenguaje… tan argentino, se me dijo en muchas ocasiones.

En 1876, Juan María Gutiérrez, preocupado por el lenguaje rioplatense (como Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi, sus colegas de la Asociación de Mayo), rechazó públicamente la propuesta de integrar la Real Academia Española, lo que provocó una serie de cartas con un periodista español que también polemizó acerca de ello con Sarmiento.

La cuestión de si hablar castellano o una de las lenguas originarias del territorio que ocupa nuestro país, y en el caso de hablar castellano, qué castellano hablar y escribir, en fin, la pregunta acerca de si era conveniente seguir a pie juntillas a la Academia Real del país del cual estábamos independizándonos o si debíamos dejar que la lengua, aun siendo la misma -la misma y otra, por cierto- se independizara a su vez y corriera a su aire, aceptando nosotros, sus hablantes, las transformaciones que le íbamos dando, se discutió aquí en la segunda mitad del siglo 19, una discusión que nuestros prohombres dieron por saldada hace ya más de 150 años.

Esa cuestión, que en nuestras carreras de letras se estudia como la polémica acerca de la lengua, polémica que es por supuesto lingüística y estética pero por sobre todo fuertemente política, se dirimió en el marco del movimiento estético/político romántico, y la llevaron adelante Gutiérrez, Echeverría, Sarmiento y Alberdi, los cuatro grandes escritores románticos argentinos, a la vez cuatro políticos centrales, lo que es casi decir los fundadores de nuestra literatura y de la nación.

De todo ello emergió la convicción de que ese castellano que se hablaba no necesitaba sujetarse a los dictámenes de su casa central, de modo que ser un hablante o un escritor argentino es también ser un usuario de la lengua desobediente ante la demanda de casticidad.

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La tercera cuestión aparece cuando reparamos en la lengua como un capital no sólo simbólico, cuando comprendemos su faz económica, y entonces nos preguntamos ¿quién usufructúa los dividendos que da esta lengua en el mundo? El gobernador de la provincia dice “sabemos que es un recurso natural inmenso, un bien renovable que se multiplica con el uso, que gana valor cada día y hoy es deseable inclusive para los nacidos y criados en otras lenguas”, lo cual coloca en primer plano este aspecto de la lengua como capital económico.

A la hora de certificar internacionalmente los cursos de aprendizaje como lengua extranjera, las jornadas internacionales para profesores de español, como suelen llamarse, ¿quién certifica? ¿Quién obtiene los dividendos de esas acciones? ¿Se distribuyen esos dividendos entre los diversos países en que se habla castellano o se trata de un recurso que le pertenece mayoritariamente a instituciones españolas?

Todas las relaciones humanas están mediadas por la política, atravesadas por diferencias de poder, y ese poder se materializa en el lenguaje que, citando a Bajtin, es producto de la actividad humana colectiva y refleja en todos sus elementos tanto la organización económica como sociopolítica de la sociedad que lo ha generado.

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La búsqueda de uniformidad, el paso de un rasero que aplane las particularidades de nuestros castellanos, va en consonancia con la persecución de un mayor rendimiento económico, con que libros, películas y series, publicaciones en papel o digitales, cursos de enseñanza y literatura destinada a niños y jóvenes sirvan para la mayor cantidad posible de usuarios.

Por eso la persistente búsqueda de un castellano a la española o un latinoamericano neutro que permita a esos productos circular en todo el continente, viajando más y mejor, penetrando de modo más rápido, sin que importe que eso sea a costa de nuestra singularidades y vaya –cómo de hecho va– contra la riqueza del idioma. Baste escuchar en nuestro país a alumnos, hijos o nietos, hablando de leños, carros y neveras para comprender lo que digo.

¿Por qué hablan cómo hablan los personajes en los programas infantiles enlatados? ¿Por qué se subtitula una película de un castellano a otro, como sucedió con la ya citada Roma y sucede con tantas otras? ¿Es porque los españoles no comprenden la palabra “orilla” y necesitan que se las traduzca como “borde”? ¿O se trata de simplificar y uniformar para atraer el mayor número posible de espectadores hacia una película o una serie que pueden generar mucho dinero?

Empresas y capitales multinacionales promueven la ampliación del mercado del castellano, en su modalidad española o en lo que llaman americano neutro para, en lo uniforme y hegemónico, reforzar el monopolio de la lengua como negocio; buscan un idioma de modalidad única (para tantos hablan hablantes de culturas tan distintas), a costa de su depredación, del mismo modo que los monocultivos en su búsqueda desmedida de dinero van contra la riqueza del suelo y la diversidad que nos ofrece la naturaleza.

Víctor Klemplerer, en su libro sobre las transformaciones de la lengua alemana durante el Tercer Reich, registra en su diario de manera minuciosa cómo el lenguaje se va falsificando, va perdiendo su singularidad y su verdad, lo que constituirá la más potente difusión del nazismo en todas las capas de la población.

La vida de una lengua, si en algún sitio reside, es en lo particular, en su inestabilidad; la uniformidad como estrategia económica, la mono lengua, la neutralidad, lo que produce es destrucción, depredación. En ese arco ingresan las Industrias de la lengua, el turismo idiomático, la corrección política donde se incluyen los debates actuales sobre si el lenguaje es inclusivo o no y en qué medida es e inclusión incluye la diversidad de todo tipo, no sólo la de género.

Pero volvamos a nuestra resistencia ante la demanda de uniformidad en los modos de decir, ya que el pensamiento se construye en y con el lenguaje a través del cual se manifiesta, podríamos avanzar un paso en nuestro razonamiento y decir que se trata de una demanda de uniformidad No sólo en los modos de decir sino también en los modos de pensar.

Por eso, si bien muchos acceden a esas demandas, otros tantos nos sostenemos en el desacato, el desacomodo, el rechazo a una lengua apta para todos los públicos. No se trata de un capricho, se trata de una búsqueda de identidad que se refleja en el modo de hablar y de escribir, desvíos de cierto extranjero deber ser para encontrar en lo individual más hondo, allí donde refracta lo social, ecos de la lengua de un pueblo, una región, una comunidad, un sector social, búsqueda de un contrapoder frente a lo hegemónico.

Se dice que la lengua no es de las instituciones sino de los hablantes. Y aunque así es en lo que hace al uso cotidiano, no parece suceder lo mismo en el aprovechamiento económico que una lengua provee porque, sin dudas, no es mayoritariamente el castellano argentino, ni el mexicano, ni el peruano, ni el boliviano… el que se comercializa en la enseñanza Internacional del idioma.

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La cuarta cuestión, el lenguaje inclusivo.

“El Congreso de la Lengua se ocupará del presente del español, pero no discutirá sobre lenguaje inclusivo”, han dicho a la prensa, con total firmeza, las autoridades de la Academia.

“Tendremos participación igualitaria entre varones y mujeres”, se dijo, y yo no puedo dejar de preguntarme si habrá habido mujeres y en qué proporción en las decisiones de contenidos. Desconozco si la Academia y el Instituto tienen mujeres en sus directorios, pero si las tienen, ellas no han dado sus opiniones a la prensa. Se dijo que hay 250 ponentes de 32 países… 250 ponentes y ni una sola mesa de discusión sobre un tema como es la inclusión de género, vivamente presente en la agenda actual, tanto de América latina como de España.

El lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica de la lengua, que habitualmente nos es invisible. Claro que compartimos la lengua y que ella no es de nadie, ni siquiera de las buenas causas.

Claro que corremos riesgos de que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política. Claro que no sabemos qué pasará con la literatura, ni si es posible escribir en lenguaje inclusivo de un modo lo suficientemente cargado de ambigüedad como para conservar la función poética del lenguaje, de un modo que además de hacernos pensar, nos conmueva, nos emocione, nos complejice.

Claro que no sabemos qué sucederá en el largo plazo, si ese lenguaje que viene a irrumpir se estabilizará en la lengua y en tal caso de qué modo, si ingresará y de qué manera a nuestras literaturas, pero sabemos de su uso y expansión en ciertos sectores sociales (especialmente urbanos) y en jóvenes de cualquier género, y vemos cómo impregna y permea los usos públicos, periodísticos y políticos, y entonces resulta asombroso que no se haya incluido siquiera una mesa de discusión sobre algo que está moviendo los cimientos de nuestras sociedades.

En la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos modos de nombrar –estos que aparecen con tanta virulencia – vuelven visibles los patrones de comportamiento social. Palabras o expresiones que llegan para decir algo nuevo o para decir de otro modo algo viejo, porque el lenguaje no es neutro, refleja la sociedad de la que formamos parte y se defiende marcando, haciendo evidente que los valores de unos (rasgos de clase o geográficos o de género o de edad…) no son los valores de todos.

Algo que no existía comienza a ser nombrado, algo que ya existía quiere nombrarse de otro modo, verdadera revolución de la que no conocemos sus alcances, ni hasta dónde irá, ni si abarcará un día a la mayor parte de la sociedad, a sus diversas regiones, a las formas menos urbanas de nuestra lengua y a todos sus sectores sociales.

No podemos prever su punto de llegada, pero sí sabemos que está entre nosotros de un modo tal que no podemos obviar. Lo que queda claro, lo insoslayable, es que se trata de una cuestión política, de que la lengua responde a la sociedad en la que vive, al momento histórico que transitan sus hablantes, porque como dice también Victor Klemperer, “el espíritu de una época se define por su lengua”.

El asunto entonces es cómo se las ingeniará la lengua para conservar un territorio común entre sus hablantes, para seguir siendo en su diversidad, sus diferencias y su riqueza, su lugar de reunión, para usar el nombre de un poema de nuestro Alejandro Nicotra.

La lengua es mía pero no sólo mía, entonces cada uno de nosotros es dueño de la lengua, siempre que tenga la conciencia suficiente como para advertir su componente social.

Este código compartido, este contrato entre hablantes, esta libertad tiene siempre por límite el deseo de ser comprendidos, porque no hablamos solos ni para nosotros sino para comunicarnos con otros. Ante esa complejidad, sólo caben la diversidad y la flexibilidad; por otra parte, la lengua nos da todo el tiempo muestras de saber transformarse sin destruirse y, finalmente, sacudir el lenguaje, es –en palabras de Althusser- una forma entre otras, de práctica política.

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Otra cuestión, el castellano como lengua de las ciencias y del conocimiento.

El posicionamiento del castellano como lengua científica y filosófica, nos lleva a la disputa ante el inglés como lengua dominante, a entrar en diálogo y tensión con otras lenguas y contra la imposición de una lengua única para el universo científico.

En fin, que el mismo razonamiento sostenido en defensa de las variables americanas del castellano, ante su variante oficial se aplicaría en este campo de disputa en el que nuestro idioma está en condición de minoría con respecto a la lengua oficial de las ciencias, el inglés como lengua única.

Una tarea de principal importancia es la recuperación del castellano como lengua del saber, lo que no equivale a promover un provincianismo autoclausurado y estéril sino un universalismo en castellano que se acompaña con el aprendizaje de muchas otras lenguas para acceder a todas las culturas y entrar en interlocución con ellas contra la imposición de una lengua única.

El desarrollo del castellano como lengua del saber, del pensamiento y del conocimiento académico postularía un internacionalismo de otro orden, babélico y no monolingüe, y requeriría un cambio radical en nuestra cultura de autoevaluación universitaria y científica, dice el cordobés Diego Tatian y el argentino / mexicano Enrique Dussel, en su libro Filosofías del sur, pregona que las diversas tradiciones se dispongan para un auténtico y simétrico diálogo, gracias al cual cada una aprendería muchos aspectos desconocidos, más desarrollados por otras tradiciones. Se trataría de un mutuo enriquecimiento.

La amenaza de una lengua de comunicación única es muy real. Contra esa amenaza, es necesario que cada uno hable su lengua y más de una lengua, dice Bárbara Cassin. Lugar común la lengua y el pensamiento, donde lo común no aspira a lo uniforme, lo aceptado por todos ni lo ya dado, sino a un territorio que, abrigando las singularidades, permita encontrar en un tesoro acumulado por generaciones de escribientes y de hablantes, las palabras que nos permitan abrir la historia, decir cosas nuevas y a la vez reconocer la radical igualdad de los seres humanos.

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Para ir cerrando

El lenguaje da acogida a la experiencia de los hombres, nos promete que lo que se ha experimentado no desaparecerá del todo, dice John Berger. Una novela, un cuento, un poema, dice también él, usan los mismos materiales que el informe anual de una corporación multinacional.

El hecho de que estén hechos con casi las mismas palabras y similar sintaxis no significa más que el hecho de que un faro y la celda de una prisión puedan construirse con piedras de la misma cantera, unidas con el mismo cemento.

En fin, que casi todo depende del modo en que se articulan las palabras, el modo en el que cada uno de nosotros se vincula con el lenguaje como lugar de reunión, en el convencimiento de que él es –además de instrumento práctico- vehículo de expresión de la subjetividad de un individuo y de una sociedad, tesoro fecundado por múltiples desvíos e innovaciones, sostenido por generaciones de hablantes y escribientes como motor de creación, factor de mutación, de transformación, para dar testimonio de lo vivido e imaginado, de la ligazón con lo sagrado, la celebración de lo acontecido y el lamento por lo perdido. En fin, para construir Memoria e Historia.

Entre lo personal y lo político, lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, crece esta lengua nuestra. Para que su energía no se pierda, para que eso que habita en ella y es fácilmente corrompible, no pierda su música, nervio o alma –la diversidad puesta a vivir en nuestras bocas-, ella se distancia de lo oficial, de lo abstracto, lo general, lo convencional, en busca de lo sepultado bajo capas de artificios, condicionamientos y convenciones, porque cuando por mentirosa, farragosa, fangosa o inexacta, por excesiva, hinchada, henchida o snob, grandilocuente, críptica o burda, se corrompe la relación entre las palabras y las cosas, todo el delicadísimo equilibrio, todo el misterioso artefacto, se desploma.

La homogeneización a través de una lengua, la búsqueda de una lengua de nadie producto del capitalismo, dice Barbara Cassin y nos advierte sobre la amenaza de un lenguaje único para la comunicación. Necesitamos diversidad en las lenguas, como parte de la diversidad de los ciudadanos.

Cada palabra es el resultado de una historia y de una serie de representaciones, pero sólo adquiere su significado, que designa una cosa y no otra, en su diferencia con otras palabras de la misma lengua. Cada lengua tiene su forma de inventar, de inventariar, de describir, de concebir, de comprender. Una lengua es una energía y se inventa todo el tiempo.

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Sabemos que las leyes son necesarias para sistematizar la lengua y enseñarla a las siguientes generaciones, y sabemos también que una lengua está en permanente movimiento y que, de no ser por esos movimientos, desvíos, disidencias y transformaciones, estaríamos hablando hoy lenguas romances o latín vulgar… de hecho, el castellano comenzó desobedeciendo, como lo muestran las Glosas Emilianenses, esas anotaciones al margen en un códice escrito en latín, que en el siglo X o XI algún monje hizo para aclarar algún pasaje, anotaciones en un modo de decir en el que ya hablaba el pueblo pero que todavía no había pasado a su forma escrita. En fin, que en una lengua cabe un mundo, y en ese mundo caben los disensos y las luchas.

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Digo esto sabiendo del lugar en el que estoy, deseando profundamente que unos y otros, de aquí o allá, podamos volvernos más y más conscientes de que la uniformidad no es el camino para que la lengua que compartimos se mantenga viva; pienso entonces en congresos de la lengua donde el país receptor intervenga activamente en los contenidos, en un congreso que revise su nombre, un congreso donde se discutan los beneficios económicos de la enseñanza de castellano en el mundo y donde no se vuelva costumbre traducir en un país el castellano de otro país, porque si hay riqueza en esta lengua nuestra, esa riqueza no está en la rigidez sino en la posibilidad de aceptar la potencia de lo diverso y de lo múltiple, la riqueza del permanente movimiento, como sin ir más lejos han hecho los hablantes de lengua inglesa –donde la estandarización proviene de la literatura, los medios y el uso- en distintos modos de hablarlo y escribirlo.

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Necesitamos oírnos en nuestras semejanzas y nuestras diferencias, en los múltiples meandros que ofrece este idioma nuestro en el que Cervantes y Rulfo, Sor Juana, García Márquez, Gabriela Mistral y Roa Bastos, Teresa de Ávila, Luis de Góngora, Elvira Orphée y José Donoso, César Vallejo, Quevedo, Borges, Blanca Varela y Juana Castro, Gil de Biedma, Lemebel, Lugones, Arguedas, Watanabe, Sara Gallardo y Onetti, Humberto Akabal, Arlt, Saer y Rosario Castellanos, entre tantos otros… abrieron con mano de seda y de hierro los intersticios de la lengua que de mil maneras les había sido impuesta, para poder decir lo que aún no había sido dicho.

Alfabetizando a población chiriguana en la frontera salteña, nuestra educadora María Saleme entendió que no servían las cartillas hechas en Buenos Aires, que tenía que empezar por la palabra agua, porque el chiriguano es hombre de río, y cuando lo hizo en los valles calchaquíes descubrió que la palabra nudo no era agua, sino tierra.

Adrián Bravi, escritor argentino de la lengua italiana, en un libro que se llama La gelosia della lingua cuenta acerca de una tía que emigró a Argentina en un barco en el que faltó agua potable y donde murieron casi todos los niños de brazos, una tía que podía contar lo vivido en castellano pero al intentar decirlo en italiano, se quebraba porque al evocarlo sus recuerdos tomaba vida propia.

¿Es borde la palabra? ¿O es orilla? ¿O es canto, o línea, o costa, o ribera, o margen? Cada uno tiene sus razones para decir de uno u otro modo porque la lengua es mía, pero no solamente mía.

Esa lengua en la que nuestros recuerdos toman vida propia, en la que podemos razonar y conmovernos, conocer y cuestionarnos, aprender e imaginar, hasta que lo nombrado adquiera vida propia. Porque, como en la parábola que relata Gershom Scholem, aunque no sepamos encender el fuego ni encontrar aquel lugar en el bosque, ni seamos ya capaces de rezar, podemos seguir contándonos unos a otros nuestras historias y la Historia. Perder eso sería perdernos, sería una nueva forma de barbarie.