Aleksandr Duguin y su devoción por Perón y el modelo sindical argentino

13 mayo 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMLIO, Política nacional e internacional

Fuente:https://mundogremial.com/aleksandr-duguin-y-su-devocion-por-peron-y-el-modelo-sindical-argentino/

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“Perón creó los principios para el futuro. El futuro peronista es hoy”

El movimiento nacional justicialista conmemoró hace semanas los 70 años del Primer Congreso Nacional de Filosofía de Mendoza donde el General Juan Domingo Perón presentó y desarrolló su concepto de Comunidad Organizada.

La obra de Perón rompió fronteras y fue estudiada por innumerable cantidad de pensadores en distintos puntos del mundo.

Tal es así, que para recordar aquel congreso de filosofía se congregaron en nuestro país destacados filósofos que dedicaron parte de sus estudios al “peronismo”. Entre ellos,Aleksandr Duguin.

Duguin es un filósofo , historiador y analista ruso, reconocido mundialmente, que analizó la figura de Perón a quien llegó a definirlo como “un ejemplo a seguir por todos los Jefes de Estado”.

Hace días, visitó la sede central de la CGT en el marco de las actividades para rememorar aquel Congreso de Filosofía junto a filósofos argentinos, historiadores y pensadores de la región.

Mundo Gremial entrevistó a Duguin para conocer su análisis del peronismo, y sobre todo su visión respecto al modelo sindical argentino y su definición del trabajo.

MG: ¿Qué opinión tiene usted del movimiento peronista?

AD: “El peronismo se basa sobre necesidades de tener una alternativa al liberalismo global, a la hegemonía de América del Norte que está representado en el pensamiento político y filosófico de Juan Perón.

En su Tercera Posición de Juan Perón veo muchos aspectos parecidos a la Cuarta Teoría Política (de su autoría) que critica el liberalismo, comunismo y nacionalismo.

Creo que Perón no era tan nacionalista, era más que nacionalista. Pensaba en los intereses de la civilización latinoamericana. Por eso iba con esta propuesta de Getúlio Vargas de Confederación, también con Chile.

La unificación del continente con su identidad manifestada con la forma política del peronismo, justicialismo, con soberanía y justicia social. Es importante la dignidad del hombre de trabajo, CGT, trabajadores, como el centro, creo que no ha perdido ninguna importancia. Eso se diferencia con Brasil que después de la caída de los Getúlio Vargas, todo el sistema de la CGT de Brasil está destruida totalmente.

Acá después de Juan Domingo Perón, la situación de la CGT está conservada; estos colectivos para defender la dignidad de los trabajadores está presente, vive hoy y es muy importante. Porque Perón ha hecho algo más que ser un líder político, ha creado los principios para el futuro. El futuro peronista es hoy. Por esto es que considero a Perón como el pensador político, es el creador del pensamiento de estos valores para el futuro”.

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Juan Manuel Morena, director de Mundo Gremial, junto a Duguin en la CGT

MG: Siguiendo esta línea, hoy hay un impacto muy fuerte en el mundo del trabajo que naturalmente va impactar en el modelo representación, ¿cómo lo analiza usted, en términos de trabajo?

AD: “Pienso que debemos concebir trabajo por fuera del marxismo. Porque el marxismo se ocupa del trabajo abstracto solamente, por eso (Karl) Marx pensaba que el capitalismo es la fase necesaria del desarrollo de la humanidad, de la economía, de la sociedad. Solamente cuando todo el trabajo deviene abstracto y no concreto, solamente después, la revolución socialista proletaria sería posible.

Eso es totalmente negativo, por eso esto juega a favor del capitalismo, liberalismo, globalización, esto se ve en la izquierda moderna, post moderna, que son los aliados del liberalismo gran capital”.

MG: Y son los grandes representantes de muchos sindicatos a nivel mundial también…

AD: “Sí, por eso el sindicalismo del trabajo peronista debe ser el sindicalismo de otra naturaleza, con otra esencia y esa esencia tiene que ser, según mis ideas, en la defensa del trabajo concreto. Es diferente trabajo concreto, es trabajo que no está hecho para vender.

Vender es una forma secundaria de manejar los objetos, es una forma de la creación, el trabajo creador. Trabajador no es proletario, trabajador es cuando hace trabajo concreto que está destinado a auto consumación o a un cambio en el contexto concreto también. Esto es trabajo para trabajo, es una forma de la dignidad humana que está presentada como arte con creación que no está para vender.

En el capitalismo todo trabajo deviene abstracto para vender, solamente para vender. La calidad de la plata no cuenta. Y por eso es que creo que tenemos que defender este trabajo concreto.

Volver al trabajo concreto que debe ser inscripto en el contexto local, humano, en el contexto de aldea, de ciudades, de la gente que si se conozca entre ellos”.

MG: ¿Y según ese pensamiento, cómo debemos pensar la economía de un país?

AD:A la economía hay que pensarla en concreto, la economía de la producción estratégica, de peso nacional, podría ser de otro nivel. Pero en ambos casos el trabajo debe ser a favor de la gente, de la sociedad, de la Nación. Esa es precisamente la diferencia entre los sindicatos marxistas o izquierdistas y los peronistas.

Por eso creo que el trabajo debe ser concebido como el hecho, el acto creador, como el arte, como un acto humano, profundamente humano que manifiesta la posibilidad del hombre de crear. Por eso el producto de este trabajo no puede tener precio, el precio es el don, el cambio del alma, del corazón; este trabajo cualitativo debe ser puesto en el medio de la lucha para la liberación del trabajo”.

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ANGELELLI, GUARDIAN Y EJECUTOR DE SECRETOS CONCILIARES

30 abril 2019

La Rioja, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestro enviado especial

MARTIRES RIOJANOS

V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez

Para poder entender el cómo y por qué los mártires riojanos llegan a ser beatificados, primero se debe conocer, aunque sea de manera somera, la historia de la iglesia católica como institución universal, sus leyes y objetivos.

El desconocimiento por parte del hombre común del significado y sentido de palabras como “concilio”, “derecho canónico”, desconocimiento muy presente en muchos creyentes que solo se mueven por una cuestión de fe, resulta hasta cierto punto comprensible. En sus fantasías estos términos juegan como mágicos y solo asociados a lo metafísico. Nada más alejado de la verdad y de la realidad terrenal. Concilio es una asamblea de autoridades religiosas donde participan obispos y otros eclesiásticos, hombres comunes que optaron por practicar y predicar el amor al semejante, a la justicia social, a la solidaridad, fomentando la hermandad entre los hombres, valores inculcados por Jesús, aquel que dijo ser el hijo de Dios hecho hombre en esta tierra.

En este caso, los concilios a los que me refiero están organizados por la Iglesia Católica. En ellos se delibera sobre materias doctrinales y cuestiones disciplinarias. Cuando es Ecuménico la participación se abre a representantes de todo el mundo.

Uno de ellos fue el Concilio Ecuménico Vaticano II (lugar donde se desarrolló). Convocado por el Papa Juan XXIII (1962-1965), en principio lo presidió él mismo hasta finalizar su primera etapa –otoño de 1962-. Las tres sesiones siguientes que concluyeron en 1965, fueron convocadas y presididas por Pablo VI, su sucesor. En este Concilio estuvo Angelelli, el que luego sería Obispo Riojano.

Si bien es cierto que el poder eclesiástico tradicional y conservador enquistado en el Estado Vaticano, logró finalmente torcer -en partes- las resoluciones finales que surgieron de aquel encuentro, no es menos cierto que en ese Concilio aparecieron figuras extraordinarias como la del arzobispo brasileño Hélder Cámara, aquel que inmortalizó la frase: “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.

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El “Vaticano II” fue un concilio pastoral, no dogmático. De esto da cuenta “GAUDIUM ET SPES” aquella CONSTITUCIÓN PASTORAL que surgió en aquel encuentro y del cual extraigo algunos conceptos para entender la pastoral social que llevó adelante Enrique Angelleli, acompañado por el sacerdote profeso de la orden de frailes menores Carlos de Dios Murias, el presbítero y misionero francés Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera, todos ellos asesinados por la última dictadura militar; hoy gracias a la gestión del Papa Francisco, Beatos de la Iglesia católica:

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente más humano que no encuentre eco en su corazón…     Es la sociedad humana la que hay que renovar.”

“Al proclamar el Concilio la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en éste se oculta, ofrece al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación. No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido.” Enrique Angelelli respetó esto; se alejó de la pompa eclesiástica, renunció en vida a todos los símbolos del poder eclesiástico y se puso a caminar a la par de los pobres, a servir al pueblo pobre, al pueblo humilde riojano, pueblo injustamente castigado por el sistema imperante donde prevalecía la injusticia social. Angelelli trató de llevar un poco de dignidad para esas vidas tan castigadas por el olvido de gobiernos, de egoístas clases sociales, vidas explotadas por el poder económico.

Pero esta decisión tomada por Angelelli tiene que ver con algo muy especial que ocurrió en aquel cónclave Vaticano II. Hélder Cámara fue uno de los proponentes y signatarios del Pacto de las catacumbas, un documento firmado por cerca de 40 padres conciliares el 16 de noviembre de 1965, después de celebrar juntos la Eucaristía en las Catacumbas de Domitila en Roma. Entre esos 40 curas estuvo Enrique Angelelli. En ese pacto los curas firmantes se comprometieron a caminar con los pobres asumiendo un estilo de vida sencillo y renunciando a todo símbolo de poder.

Entonces, la beatificación de los cuatro mártires riojanos que se dio en esa conmovedora ceremonia que tuve la suerte de vivir y experimentar el pasado el 27 de abril en la hermana provincia, al pie del cordón del Velasco, presidida por el cardenal Gionvanni Angelo Becciu, enviado especial del Vaticano, una vez más no fue un hecho casual y fortuito. Es la resultante de aquel pacto conciliar secreto que firmó el Obispo riojano junto a Hélder Cámara y que Angelelli juramentó respetar y ejecutar diariamente con su voto de pobreza cristiana sin dejar de lado nunca ese pelear contra el sistema que sea buscando un poco de dignidad humana para los pobres, para los que menos tienen, para los sufrientes que padecen la indiferencia humana frente a todo acto de injusticia social.

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Tampoco fue un hecho casual y fortuito que esta bendición celestial bajada de la mano de un Papa argentino como Francisco se haya dado como un canto de esperanza exclamado desde este NOA rebelde y federal, cuna de Güemes, Facundo, Varela y el “Chacho” Peñaloza prorrumpido como señal de alerta al ver sobrevolar sobre la Patria vientos destructivos y traidores desde hace algunos años. La rechifla generalizada de la multitud ante la sola mención del nombre de la vicepresidenta de la Nación presente en la ceremonia da cuenta de quién es quién en estás horas aciagas para nuestro pueblo que con fé y devoción fue a agradecer a los cuatro mártires riojanos. La rechifla no fue un signo de violencia, un acto de barbarie, fue un soplido multitudinario lleno de indignación frente a una oprobiosa gestión de gobierno –el nacional- que hizo de la burla sobre desgracias ajenas un constante comunicacional.

No quiero dejar de expresar el orgullo que me produjo escuchar y saber de la presencia de la gobernadora de mí provincia, compañera Lucía Corpacci en tan magno acontecimiento. Fue una hermosa brisa refrescante para alguien que estaba trabajando, registrando el histórico momento bajo un otoñal pero ardiente sol riojano.    


LOS MEJORES CORRUPTOS DE LOS ÚLTIMOS 100 AÑOS

21 abril 2019

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Mensaje de Pascuero 2019

*“Si hubiera sabido” ¿o “si hubiera escuchado”?*

Eduardo de la Serna

Por Eduardo de la Serna (Cura Opción por los pobres)
Una de las cosas que se ven, escuchan o leen cada vez con más frecuencia en estos días es “yo no sabía”, o “no me imaginé”, o “me desilusionó”, o “no creí qué”… Todas referidas a la debacle nacional a la que nos sigue llevando inexorablemente el gobierno (o des—) de Cambiemos. Y se me ocurre pensar.
Una de las características que los estudios bíblicos reconocen de los profetas es que “saben leer la realidad”. Los profetas no son sujetos o sujetas que adivinan o intuyen el futuro, sino quienes leen desde Dios el presente. Veamos: la historia de Israel (tal como se leía entonces, por cierto) reconocía que a medida que el pueblo olvidaba a Dios, Dios lo olvidaba a él; y entonces, los pueblos vecinos los despojaban, oprimían o incluso, esclavizaban.
 
• Por eso la idea de “este sí es un buen camino” o, por el contrario, “por este camino nos estrellamos” es característico de los profetas. 
• La idea de mirar la realidad: “si oprimimos a los pobres, si nos desentendemos del huérfano o la viuda” nos disolvemos como pueblo de hermanos, que es lo que debiéramos ser. 
Esa es la mirada de los profetas. El gran estudioso judío Abraham Herschel afirma que la característica de los profetas es su “simpatía” con Dios (del griego _syn_ = con; _pathos_ = sentir). Los profetas sienten lo que y como siente Dios ante la realidad, positiva o negativa. Entonces, decir, “si seguimos por este camino nos vamos a estrellar” no es hablar del futuro, sino del pasado. Es haber mirado la historia del pueblo con la mirada puesta en Dios y puesta en el pueblo. Y saber las consecuencias obvias del obrar de tal o cual manera.
Decir que alguien se sorprendió, o se decepcionó con lo que está haciendo el gobierno argentino (y tantos otros neoliberales de América Latina) es haber sido (¿y seguir siéndolo?) un ciego que no quiere ver, o un sordo que no quiere oír. Simplemente.
Desde que asumió el gobierno de Cambiemos el grupo de Curas en Opción por los Pobres lo dijimos a quien quisiera oír. Durante todo el año 2016 escribimos cartas quincenales “al pueblo de Dios” señalando y alertando lo que estaba ocurriendo y lo que iba a ocurrir: ¡esto mismo que hoy está ocurriendo! ¿Fuimos adivinos? ¡De ninguna manera! ¿Sabios y expertos politólogos? ¡Tampoco! ¿Profetas (en el sentido bíblico, no en el sentido habitual)? ¡Sin duda! Bastaba con mirar la historia, bastaba con tener un oído en el Evangelio y un oído en el pueblo. Con escuchar los dolores que ayer le provocaron los capataces de Egipto. 
Es cierto que uno escucha hoy a periodistas (o los que fungen de tales; más de uno, en realidad, operadores del modelo), o a curas que hasta “ayer” hablaban de “la realidad” que hoy se manifiestan sorprendidos, decepcionados, “no me imaginé” … Y “dan ganas” de responderles varias cosas. A algunos periodistas se les puede recomendar que pasen al así llamado periodismo deportivo (que vende bastantes globos, así que una mancha más no le hace nada al tigre). A algunos curas se les puede recomendar que renuncien a los cargos o suplementos y se dediquen a escuchar los clamores de su pueblo, o – para decirlo con metáforas francisquistas – que tengan “olor a oveja”. Insisto, los curas opp desde que empezó el neoliberalismo remozado de Macri y sus huestes, los mejores corruptos de los últimos 100 años (ya no son 50… por la inflación, quizás) señalábamos que rumbo a esto íbamos. Es cierto que no faltaron las voces (muchas que ahora dicen “si hubiera sabido”) nos cuestionaron, nos criticaron y dijeron que hacíamos política, etc… “Un oído en el Evangelio y un oído en el pueblo” repetía el Pelado Angelelli, ese que no murió en un accidente (como decían los eclesiásticos amigos del poder… es decir, que se metían en política, pero en “otra política”). Ese oído en el pueblo le da raíces al Evangelio; ese oído en el Evangelio propone la utopía del Reino de Dios al pueblo. El gran teólogo luterano Karl Barth afirmaba que hay dos lecturas que un cristiano no debe dejar de tener cada día: el evangelio y el periódico (claro que Barth no se refería a Clarín, o La Nación, por cierto… era inteligente). Es que, sin escuchar el sufrimiento de las víctimas, y escucharlo con los oídos de Dios, lo que digamos no será de parte de Dios, sino de parte del “poderoso caballero”, ese Don Dinero que ya Jesús nos avisaba que el que sirve al Dinero, odiará a Dios (o viceversa). Desde ese “lugar” es lógico “estar sorprendido”, o “decepcionado”.
Dan ganas, como decía, de repetirles: “nosotros te avisamos”. Pero ahora no es cosa de pedir esa autocrítica a los ciegos y sordos voluntarios. Ahora es cosa de decirles que escuchen al pueblo… a ese que ayer podía encender un ventilador en verano, o comer un asado cada tanto, o dar leche (leche de verdad) a sus hijos en su propia mesa… Aunque fuera fruto de un “plan” sus hijos comían (y sus padres compraban). Quizás escuchando al pueblo (sintiendo, pathos) entiendan de otro modo el Evangelio. No está mal, al menos, para esta Pascua.

Brillante exposición de la escritora María Teresa Andruetto para el cierre del Congreso de la Lengua en Córdoba

31 marzo 2019

Córdoba, Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO. Congreso de la mal llamada “lengua española”. Córdoba, Sábado 30 de 2018.

Fuente: https://www.lavoz.com.ar/numero-cero/completo-magistral-discurso-de-maria-teresa-andruetto-para-cierre-del-congreso-de-lengua

MARÍA TERESA ANDRUETTO

Hay una grieta en todo / así es cómo entra la luz, dice Leonard Cohen, Y entonces es ahí, en las fisuras, donde quisiera mirar.

No fue sencillo para mí aceptar la invitación a cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene, por razones también diversas, la comunidad a la que pertenezco y por mis propias disidencias.

Me tranquilizan dos cuestiones, la primera es que antes de aceptar hice saber mi posición y la invitación se sostuvo –con un espíritu democrático y una amplitud que mucho agradezco–; la otra es que estoy aquí como escritora y el lugar de quien escribe es, en lo que respecta a la lengua, un lugar de desobediencia, de disenso. En nombre de ambas cosas digo estas palabras.

La primera cuestión tiene que ver con el nombre mismo del Congreso, llamado aquí –y es al menos curioso que con la contraparte nacional se haya llegado a esa denominación– Congreso de la Lengua Española, porque para nosotros, para nuestro sistema educativo, la academia, la alta cultura y la cultura popular, esta lengua en la que aquí hablo siempre ha sido la lengua castellana.

Así llegó a América, con la conquista y con la iglesia, la lengua de Castilla, y fue esa lengua y no otras que se hablaban o se hablan en España como la que se impuso –no sin dolor, no sin lucha, no sin resistencia– sobre las lenguas originarias.

Esto nos lleva a preguntarnos de quién es la lengua, quién le da el nombre y quiénes reconocen su lengua en ese nombre. Aunque en las previas a este Congreso se ha insistido en la idea de que la lengua es de todos sus hablantes, en la amplia procedencia geográfica de los ponentes y en la alta presencia de mujeres en las mesas, me pregunto si esa que se dice de todos es la misma lengua; en caso de serlo, quiénes son sus dueños y atendiendo a que una lengua con tantos hablantes, además de un capital simbólico es un capital económico, quiénes hacen usufructo de ella.

Desde Madrid, el ministro de Educación de la Provincia, a la pregunta de un periodista acerca de ciertos contenidos, reconoció que ni la parte argentina ni la cordobesa intervienen en la elección del temario.

Es la Real Academia, dice. A su vez, el director de la Real Academia, remarcó la importancia de estos congresos con la frase: “Durante unos días, se tratará de ponerle voz española a los asuntos que nos ocupan a todos, tal vez sin tener dimensión de lo que la frase “voz española” significa aquí, para nosotros.

Entonces, no debiéramos desentendernos de ciertas preguntas, aunque incomoden. Preguntas como: ¿Para qué un congreso en estas pampas sin intervención local sobre sus contenidos? ¿Es la lengua de España la misma que se habla en América? ¿El muy diverso castellano de cada uno de nuestros países es la misma lengua española de la que el Congreso habla? Y finalmente, porque estamos en Argentina, ¿se trata de la misma lengua que aquí se habla?

Sí y no. La misma y otra. Para los hablantes de mi país se trata de una cuestión que lleva más de un centenario, cuestión desestimada o minimizada por las instituciones españolas de la lengua, sus espacios de formación, sus editores…, como lo expresa blanco sobre negro el reciente planteo del director mexicano Alfonso Cuarón, quien declaró en la clausura de un ciclo de cine en Nueva York, que le resultaba ofensivo para el público (e imagino sin dudas que para sí mismo) que su película Roma se haya subtitulado en España.

“Me parece muy, muy ridículo, a mí me encanta ver, como mexicano, el cine de Almodóvar y yo no necesito subtítulos al mexicano para entender a Almodóvar”. Le parece ridículo, dice, que un español necesite que le digan “No os acerquéis al borde” en lugar de “Nomás no se vayan hasta la orilla”. Entiendo muy bien lo que dice Cuarón, me ha pasado que una editora española haya pretendido cambiar durazneros por melocotoneros con la extraña fundamentación de que en España nadie entendería la palabra duraznero, pero sucede que melocotonero es una palabra tan artificial para un argentino que nunca jamás podría usarla.

En fin, cierta pretensión de uniformidad, la homogeneización que destruye lo singular o lo invisibiliza, el modo en que se ilumina la propia lengua al ver cómo toma caminos diversos.

Todo eso borrado, dice la cordobesa Eugenia Almeida, porque el castellano de esta América es un conjunto de variables mestizadas por pueblos originarios, aportes árabes, africanos, europeos y asiáticos que –esclavizados, sometidos, aceptados o bienvenidos- impregnaron nuestros modos de decir y de pensar. Hablaba el ruso en quince lenguas, dice en algún lugar Julia Kristeva.

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La segunda cuestión aparece cuando reparamos en que esto no es recíproco. Casi 600 millones de personas de 22 naciones hablamos la misma lengua. ¿Son soberanas lingüísticamente esas naciones? Y si es así, ¿por qué sus modos de decir necesitan ser traducidos a un decir mejor, a un bien decir?

En la Declaración Universal de los Derechos Lingüisticos firmada en Barcelona en 1996, se expresa que los hablantes pueden usar la lengua según las necesidades de cada lugar de origen, garantizando así “los principios de una paz lingüística mundial justa y equitativa, factor decisivo de la coexistencia social y cultural”.

Más del 90 por ciento de los hablantes de lengua española habita en países de América, y menos del 10 por ciento, en España. Sin embargo, las variedades idiomáticas americanas no tienen tantas posibilidades de ser reconocidas por la Academia y, cuando lo son, pasan por formas folklóricas, americanismos.

Por su parte, en el Diccionario Panhispánico de Dudas, alrededor de un 70 por ciento de lo que se considera “malos usos de la lengua” es de origen latinoamericano, lo cual tiene que ver no sólo con la idea de purismo y la pretensión de uniformidad, sino sobre todo con la convicción de que el bien decir se decide fuera de nosotros.

Se trata de las políticas de control del idioma, de la tensión entre las hablas de una comunidad y las normas que esa comunidad dicta o acepta y de la lucha entre transformación y preservación. La advertencia gramatical no me limita, sino que me recuerda que yo estoy en la lengua, y me da movilidad dentro de ella. Me recuerda que la lengua es mía y que no es solo mía… me recuerda que el vínculo es el vehículo compartido.

El interés por la gramática trasunta el interés por la conservación del espacio público, dice la colombiana Carolina Sanín. ¿Sin leyes seríamos más libres? Necesitamos instituciones reguladoras pero necesitamos también que esas instituciones nos representen de una manera más justa, porque una lengua –que por cierto es mucho más que sus reglas- vive en las bocas de sus hablantes y es asombrosa la velocidad con que lo vivo deviene en frase hecha, en palabra muerta, en clisé.

Un idioma es una entidad en permanente movimiento, una inmensidad, un río, en su adentro caben muchas lenguas como caben muchos pueblos. Argentina, para dar el ejemplo que más a mano tengo, no se hizo sólo con descendientes de hispanohablantes, es un país que mezcló la población originaria con la invasora, y recibió aluviones migratorios de italianos, gallegos, árabes, aymaras, vascos, polacos, guaraníes, armenios, coreanos, alemanes… se trata de un país que nunca vivió el purismo idiomático, la necesidad de conservar la “casticidad”, palabra por otra parte tan cercana a la castidad.

En fin, que somos impuros o mestizos (muchas veces mestizos étnicos y siempre mestizos culturales), que es impura nuestra lengua y esa impureza es nuestra riqueza. Dice el colombiano Fernando Vallejo que preguntarse quién habla bien es una tontería porque el castellano se habla como se puede en todos los ámbitos del idioma, un idioma de 22 países entre los cuales contamos a España.

En fin, que para riqueza de hablantes, escribientes y lectores, y para riqueza de nuestras literaturas, peninsulares, latinoamericanos y ecuatoguineanos debiéramos cuidarnos mucho de una lengua que se someta a la lengua oficial, una escritura que ponga en retirada a cada modalidad de la lengua en particular, cuidarnos de no confundir la lengua viva con los cementerios de la lengua, acoger, dice también Fernando Vallejo, el idioma de la vida, que es el local.

Hasta acá, un poco distraídos, podríamos pensar que se trata de diferencias de habla, de lo singular que se aleja de ciertas normas, de ciertos corrales, cierta legislación que va y viene desde una región a otra, pero por cierto que no se trata de un camino de ida y vuelta entre modos diversos de usar la lengua, sino de una corriente que va o pretende ir desde la antigua metrópoli hacia sus dominios de antaño y nunca de modo inverso.

Esa corriente de poder lingüístico unidireccional viene a nuestros países con las formas de decir y escribir que España considera correctas sin comprender que a muchas expresiones del castellano de España las comprendemos nosotros poniendo a prueba nuestros oídos, porque la música, y el habla, y el gusto, no son los mismos para todos y porque, parafraseando un relato cristiano, hay ovejas que son de este corral y otras que son de otro corral pero de todas es el universo de la lengua.

No hace mucho, una investigadora madrileña me dijo llena de sorpresa ella y más sorprendida yo por su reflexión: “No entiendo por qué los argentinos necesitan traducir a Dante (a raíz de una edición aquí de La divina comedia, con traducción del poeta Jorge Aulicino) si ya está traducido al español”, pero es que tal vez ni se advierte siquiera cómo pegan en nuestros oídos muchas traducciones de editoriales españolas, especialmente cuando se trata de escritores que trabajan con lo coloquial; pero no me extiendo en el tema porque de todo esto habrán dado cuenta las mesas sobre traducción del Congreso, ya que es materia habitual de debate entre nuestros traductores.

No se trata de una cuestión menor, ni tampoco meramente retórica. Durante la pasada dictadura, los escritores argentinos en el exilio español se preguntaban qué hacer con nuestro lenguaje. Elijo dos respuestas a esa pregunta: el escritor y crítico David Viñas, en julio de 1980, dice en una carta “¿Se academiza la cosa, se la agayega, se le pone almidón y se la plancha?” En otra carta, de agosto de 1980, el escritor Antonio Di Benedetto, dice: “He procurado clarificar un tanto el vocabulario para el lector español sin dar la espalda a mi potencial lector argentino o latinoamericano. Con tal criterio he sustituido algunas voces. Ejemplo: no “saco”, que aquí sugiere “bolsa”, sino chaqueta, dicción que no es extraña al argentino, ¿verdad? ¿Verdad?”.

Podemos oír un grito ahogado en ese ¿verdad?, un gesto de desesperación, porque la elección de la lengua (y dentro de ella, la de sus infinitos matices) indica en qué sistema literario puede o quiere insertarse un escritor, indica por quiénes y de qué modo desea ser leído y revela también el costo que ese escritor está dispuesto a pagar para encontrarse con sus lectores.

Cuando comencé a publicar y se abrió tímidamente alguna posibilidad de editar mis libros fuera de Argentina, la lengua, esa materia con la que trabaja un escritor, comenzó a presentarse como un obstáculo. No es el libro, no es la historia, es el lenguaje… tan argentino, se me dijo en muchas ocasiones.

En 1876, Juan María Gutiérrez, preocupado por el lenguaje rioplatense (como Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi, sus colegas de la Asociación de Mayo), rechazó públicamente la propuesta de integrar la Real Academia Española, lo que provocó una serie de cartas con un periodista español que también polemizó acerca de ello con Sarmiento.

La cuestión de si hablar castellano o una de las lenguas originarias del territorio que ocupa nuestro país, y en el caso de hablar castellano, qué castellano hablar y escribir, en fin, la pregunta acerca de si era conveniente seguir a pie juntillas a la Academia Real del país del cual estábamos independizándonos o si debíamos dejar que la lengua, aun siendo la misma -la misma y otra, por cierto- se independizara a su vez y corriera a su aire, aceptando nosotros, sus hablantes, las transformaciones que le íbamos dando, se discutió aquí en la segunda mitad del siglo 19, una discusión que nuestros prohombres dieron por saldada hace ya más de 150 años.

Esa cuestión, que en nuestras carreras de letras se estudia como la polémica acerca de la lengua, polémica que es por supuesto lingüística y estética pero por sobre todo fuertemente política, se dirimió en el marco del movimiento estético/político romántico, y la llevaron adelante Gutiérrez, Echeverría, Sarmiento y Alberdi, los cuatro grandes escritores románticos argentinos, a la vez cuatro políticos centrales, lo que es casi decir los fundadores de nuestra literatura y de la nación.

De todo ello emergió la convicción de que ese castellano que se hablaba no necesitaba sujetarse a los dictámenes de su casa central, de modo que ser un hablante o un escritor argentino es también ser un usuario de la lengua desobediente ante la demanda de casticidad.

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La tercera cuestión aparece cuando reparamos en la lengua como un capital no sólo simbólico, cuando comprendemos su faz económica, y entonces nos preguntamos ¿quién usufructúa los dividendos que da esta lengua en el mundo? El gobernador de la provincia dice “sabemos que es un recurso natural inmenso, un bien renovable que se multiplica con el uso, que gana valor cada día y hoy es deseable inclusive para los nacidos y criados en otras lenguas”, lo cual coloca en primer plano este aspecto de la lengua como capital económico.

A la hora de certificar internacionalmente los cursos de aprendizaje como lengua extranjera, las jornadas internacionales para profesores de español, como suelen llamarse, ¿quién certifica? ¿Quién obtiene los dividendos de esas acciones? ¿Se distribuyen esos dividendos entre los diversos países en que se habla castellano o se trata de un recurso que le pertenece mayoritariamente a instituciones españolas?

Todas las relaciones humanas están mediadas por la política, atravesadas por diferencias de poder, y ese poder se materializa en el lenguaje que, citando a Bajtin, es producto de la actividad humana colectiva y refleja en todos sus elementos tanto la organización económica como sociopolítica de la sociedad que lo ha generado.

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La búsqueda de uniformidad, el paso de un rasero que aplane las particularidades de nuestros castellanos, va en consonancia con la persecución de un mayor rendimiento económico, con que libros, películas y series, publicaciones en papel o digitales, cursos de enseñanza y literatura destinada a niños y jóvenes sirvan para la mayor cantidad posible de usuarios.

Por eso la persistente búsqueda de un castellano a la española o un latinoamericano neutro que permita a esos productos circular en todo el continente, viajando más y mejor, penetrando de modo más rápido, sin que importe que eso sea a costa de nuestra singularidades y vaya –cómo de hecho va– contra la riqueza del idioma. Baste escuchar en nuestro país a alumnos, hijos o nietos, hablando de leños, carros y neveras para comprender lo que digo.

¿Por qué hablan cómo hablan los personajes en los programas infantiles enlatados? ¿Por qué se subtitula una película de un castellano a otro, como sucedió con la ya citada Roma y sucede con tantas otras? ¿Es porque los españoles no comprenden la palabra “orilla” y necesitan que se las traduzca como “borde”? ¿O se trata de simplificar y uniformar para atraer el mayor número posible de espectadores hacia una película o una serie que pueden generar mucho dinero?

Empresas y capitales multinacionales promueven la ampliación del mercado del castellano, en su modalidad española o en lo que llaman americano neutro para, en lo uniforme y hegemónico, reforzar el monopolio de la lengua como negocio; buscan un idioma de modalidad única (para tantos hablan hablantes de culturas tan distintas), a costa de su depredación, del mismo modo que los monocultivos en su búsqueda desmedida de dinero van contra la riqueza del suelo y la diversidad que nos ofrece la naturaleza.

Víctor Klemplerer, en su libro sobre las transformaciones de la lengua alemana durante el Tercer Reich, registra en su diario de manera minuciosa cómo el lenguaje se va falsificando, va perdiendo su singularidad y su verdad, lo que constituirá la más potente difusión del nazismo en todas las capas de la población.

La vida de una lengua, si en algún sitio reside, es en lo particular, en su inestabilidad; la uniformidad como estrategia económica, la mono lengua, la neutralidad, lo que produce es destrucción, depredación. En ese arco ingresan las Industrias de la lengua, el turismo idiomático, la corrección política donde se incluyen los debates actuales sobre si el lenguaje es inclusivo o no y en qué medida es e inclusión incluye la diversidad de todo tipo, no sólo la de género.

Pero volvamos a nuestra resistencia ante la demanda de uniformidad en los modos de decir, ya que el pensamiento se construye en y con el lenguaje a través del cual se manifiesta, podríamos avanzar un paso en nuestro razonamiento y decir que se trata de una demanda de uniformidad No sólo en los modos de decir sino también en los modos de pensar.

Por eso, si bien muchos acceden a esas demandas, otros tantos nos sostenemos en el desacato, el desacomodo, el rechazo a una lengua apta para todos los públicos. No se trata de un capricho, se trata de una búsqueda de identidad que se refleja en el modo de hablar y de escribir, desvíos de cierto extranjero deber ser para encontrar en lo individual más hondo, allí donde refracta lo social, ecos de la lengua de un pueblo, una región, una comunidad, un sector social, búsqueda de un contrapoder frente a lo hegemónico.

Se dice que la lengua no es de las instituciones sino de los hablantes. Y aunque así es en lo que hace al uso cotidiano, no parece suceder lo mismo en el aprovechamiento económico que una lengua provee porque, sin dudas, no es mayoritariamente el castellano argentino, ni el mexicano, ni el peruano, ni el boliviano… el que se comercializa en la enseñanza Internacional del idioma.

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La cuarta cuestión, el lenguaje inclusivo.

“El Congreso de la Lengua se ocupará del presente del español, pero no discutirá sobre lenguaje inclusivo”, han dicho a la prensa, con total firmeza, las autoridades de la Academia.

“Tendremos participación igualitaria entre varones y mujeres”, se dijo, y yo no puedo dejar de preguntarme si habrá habido mujeres y en qué proporción en las decisiones de contenidos. Desconozco si la Academia y el Instituto tienen mujeres en sus directorios, pero si las tienen, ellas no han dado sus opiniones a la prensa. Se dijo que hay 250 ponentes de 32 países… 250 ponentes y ni una sola mesa de discusión sobre un tema como es la inclusión de género, vivamente presente en la agenda actual, tanto de América latina como de España.

El lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica de la lengua, que habitualmente nos es invisible. Claro que compartimos la lengua y que ella no es de nadie, ni siquiera de las buenas causas.

Claro que corremos riesgos de que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política. Claro que no sabemos qué pasará con la literatura, ni si es posible escribir en lenguaje inclusivo de un modo lo suficientemente cargado de ambigüedad como para conservar la función poética del lenguaje, de un modo que además de hacernos pensar, nos conmueva, nos emocione, nos complejice.

Claro que no sabemos qué sucederá en el largo plazo, si ese lenguaje que viene a irrumpir se estabilizará en la lengua y en tal caso de qué modo, si ingresará y de qué manera a nuestras literaturas, pero sabemos de su uso y expansión en ciertos sectores sociales (especialmente urbanos) y en jóvenes de cualquier género, y vemos cómo impregna y permea los usos públicos, periodísticos y políticos, y entonces resulta asombroso que no se haya incluido siquiera una mesa de discusión sobre algo que está moviendo los cimientos de nuestras sociedades.

En la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos modos de nombrar –estos que aparecen con tanta virulencia – vuelven visibles los patrones de comportamiento social. Palabras o expresiones que llegan para decir algo nuevo o para decir de otro modo algo viejo, porque el lenguaje no es neutro, refleja la sociedad de la que formamos parte y se defiende marcando, haciendo evidente que los valores de unos (rasgos de clase o geográficos o de género o de edad…) no son los valores de todos.

Algo que no existía comienza a ser nombrado, algo que ya existía quiere nombrarse de otro modo, verdadera revolución de la que no conocemos sus alcances, ni hasta dónde irá, ni si abarcará un día a la mayor parte de la sociedad, a sus diversas regiones, a las formas menos urbanas de nuestra lengua y a todos sus sectores sociales.

No podemos prever su punto de llegada, pero sí sabemos que está entre nosotros de un modo tal que no podemos obviar. Lo que queda claro, lo insoslayable, es que se trata de una cuestión política, de que la lengua responde a la sociedad en la que vive, al momento histórico que transitan sus hablantes, porque como dice también Victor Klemperer, “el espíritu de una época se define por su lengua”.

El asunto entonces es cómo se las ingeniará la lengua para conservar un territorio común entre sus hablantes, para seguir siendo en su diversidad, sus diferencias y su riqueza, su lugar de reunión, para usar el nombre de un poema de nuestro Alejandro Nicotra.

La lengua es mía pero no sólo mía, entonces cada uno de nosotros es dueño de la lengua, siempre que tenga la conciencia suficiente como para advertir su componente social.

Este código compartido, este contrato entre hablantes, esta libertad tiene siempre por límite el deseo de ser comprendidos, porque no hablamos solos ni para nosotros sino para comunicarnos con otros. Ante esa complejidad, sólo caben la diversidad y la flexibilidad; por otra parte, la lengua nos da todo el tiempo muestras de saber transformarse sin destruirse y, finalmente, sacudir el lenguaje, es –en palabras de Althusser- una forma entre otras, de práctica política.

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Otra cuestión, el castellano como lengua de las ciencias y del conocimiento.

El posicionamiento del castellano como lengua científica y filosófica, nos lleva a la disputa ante el inglés como lengua dominante, a entrar en diálogo y tensión con otras lenguas y contra la imposición de una lengua única para el universo científico.

En fin, que el mismo razonamiento sostenido en defensa de las variables americanas del castellano, ante su variante oficial se aplicaría en este campo de disputa en el que nuestro idioma está en condición de minoría con respecto a la lengua oficial de las ciencias, el inglés como lengua única.

Una tarea de principal importancia es la recuperación del castellano como lengua del saber, lo que no equivale a promover un provincianismo autoclausurado y estéril sino un universalismo en castellano que se acompaña con el aprendizaje de muchas otras lenguas para acceder a todas las culturas y entrar en interlocución con ellas contra la imposición de una lengua única.

El desarrollo del castellano como lengua del saber, del pensamiento y del conocimiento académico postularía un internacionalismo de otro orden, babélico y no monolingüe, y requeriría un cambio radical en nuestra cultura de autoevaluación universitaria y científica, dice el cordobés Diego Tatian y el argentino / mexicano Enrique Dussel, en su libro Filosofías del sur, pregona que las diversas tradiciones se dispongan para un auténtico y simétrico diálogo, gracias al cual cada una aprendería muchos aspectos desconocidos, más desarrollados por otras tradiciones. Se trataría de un mutuo enriquecimiento.

La amenaza de una lengua de comunicación única es muy real. Contra esa amenaza, es necesario que cada uno hable su lengua y más de una lengua, dice Bárbara Cassin. Lugar común la lengua y el pensamiento, donde lo común no aspira a lo uniforme, lo aceptado por todos ni lo ya dado, sino a un territorio que, abrigando las singularidades, permita encontrar en un tesoro acumulado por generaciones de escribientes y de hablantes, las palabras que nos permitan abrir la historia, decir cosas nuevas y a la vez reconocer la radical igualdad de los seres humanos.

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Para ir cerrando

El lenguaje da acogida a la experiencia de los hombres, nos promete que lo que se ha experimentado no desaparecerá del todo, dice John Berger. Una novela, un cuento, un poema, dice también él, usan los mismos materiales que el informe anual de una corporación multinacional.

El hecho de que estén hechos con casi las mismas palabras y similar sintaxis no significa más que el hecho de que un faro y la celda de una prisión puedan construirse con piedras de la misma cantera, unidas con el mismo cemento.

En fin, que casi todo depende del modo en que se articulan las palabras, el modo en el que cada uno de nosotros se vincula con el lenguaje como lugar de reunión, en el convencimiento de que él es –además de instrumento práctico- vehículo de expresión de la subjetividad de un individuo y de una sociedad, tesoro fecundado por múltiples desvíos e innovaciones, sostenido por generaciones de hablantes y escribientes como motor de creación, factor de mutación, de transformación, para dar testimonio de lo vivido e imaginado, de la ligazón con lo sagrado, la celebración de lo acontecido y el lamento por lo perdido. En fin, para construir Memoria e Historia.

Entre lo personal y lo político, lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, crece esta lengua nuestra. Para que su energía no se pierda, para que eso que habita en ella y es fácilmente corrompible, no pierda su música, nervio o alma –la diversidad puesta a vivir en nuestras bocas-, ella se distancia de lo oficial, de lo abstracto, lo general, lo convencional, en busca de lo sepultado bajo capas de artificios, condicionamientos y convenciones, porque cuando por mentirosa, farragosa, fangosa o inexacta, por excesiva, hinchada, henchida o snob, grandilocuente, críptica o burda, se corrompe la relación entre las palabras y las cosas, todo el delicadísimo equilibrio, todo el misterioso artefacto, se desploma.

La homogeneización a través de una lengua, la búsqueda de una lengua de nadie producto del capitalismo, dice Barbara Cassin y nos advierte sobre la amenaza de un lenguaje único para la comunicación. Necesitamos diversidad en las lenguas, como parte de la diversidad de los ciudadanos.

Cada palabra es el resultado de una historia y de una serie de representaciones, pero sólo adquiere su significado, que designa una cosa y no otra, en su diferencia con otras palabras de la misma lengua. Cada lengua tiene su forma de inventar, de inventariar, de describir, de concebir, de comprender. Una lengua es una energía y se inventa todo el tiempo.

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Sabemos que las leyes son necesarias para sistematizar la lengua y enseñarla a las siguientes generaciones, y sabemos también que una lengua está en permanente movimiento y que, de no ser por esos movimientos, desvíos, disidencias y transformaciones, estaríamos hablando hoy lenguas romances o latín vulgar… de hecho, el castellano comenzó desobedeciendo, como lo muestran las Glosas Emilianenses, esas anotaciones al margen en un códice escrito en latín, que en el siglo X o XI algún monje hizo para aclarar algún pasaje, anotaciones en un modo de decir en el que ya hablaba el pueblo pero que todavía no había pasado a su forma escrita. En fin, que en una lengua cabe un mundo, y en ese mundo caben los disensos y las luchas.

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Digo esto sabiendo del lugar en el que estoy, deseando profundamente que unos y otros, de aquí o allá, podamos volvernos más y más conscientes de que la uniformidad no es el camino para que la lengua que compartimos se mantenga viva; pienso entonces en congresos de la lengua donde el país receptor intervenga activamente en los contenidos, en un congreso que revise su nombre, un congreso donde se discutan los beneficios económicos de la enseñanza de castellano en el mundo y donde no se vuelva costumbre traducir en un país el castellano de otro país, porque si hay riqueza en esta lengua nuestra, esa riqueza no está en la rigidez sino en la posibilidad de aceptar la potencia de lo diverso y de lo múltiple, la riqueza del permanente movimiento, como sin ir más lejos han hecho los hablantes de lengua inglesa –donde la estandarización proviene de la literatura, los medios y el uso- en distintos modos de hablarlo y escribirlo.

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Necesitamos oírnos en nuestras semejanzas y nuestras diferencias, en los múltiples meandros que ofrece este idioma nuestro en el que Cervantes y Rulfo, Sor Juana, García Márquez, Gabriela Mistral y Roa Bastos, Teresa de Ávila, Luis de Góngora, Elvira Orphée y José Donoso, César Vallejo, Quevedo, Borges, Blanca Varela y Juana Castro, Gil de Biedma, Lemebel, Lugones, Arguedas, Watanabe, Sara Gallardo y Onetti, Humberto Akabal, Arlt, Saer y Rosario Castellanos, entre tantos otros… abrieron con mano de seda y de hierro los intersticios de la lengua que de mil maneras les había sido impuesta, para poder decir lo que aún no había sido dicho.

Alfabetizando a población chiriguana en la frontera salteña, nuestra educadora María Saleme entendió que no servían las cartillas hechas en Buenos Aires, que tenía que empezar por la palabra agua, porque el chiriguano es hombre de río, y cuando lo hizo en los valles calchaquíes descubrió que la palabra nudo no era agua, sino tierra.

Adrián Bravi, escritor argentino de la lengua italiana, en un libro que se llama La gelosia della lingua cuenta acerca de una tía que emigró a Argentina en un barco en el que faltó agua potable y donde murieron casi todos los niños de brazos, una tía que podía contar lo vivido en castellano pero al intentar decirlo en italiano, se quebraba porque al evocarlo sus recuerdos tomaba vida propia.

¿Es borde la palabra? ¿O es orilla? ¿O es canto, o línea, o costa, o ribera, o margen? Cada uno tiene sus razones para decir de uno u otro modo porque la lengua es mía, pero no solamente mía.

Esa lengua en la que nuestros recuerdos toman vida propia, en la que podemos razonar y conmovernos, conocer y cuestionarnos, aprender e imaginar, hasta que lo nombrado adquiera vida propia. Porque, como en la parábola que relata Gershom Scholem, aunque no sepamos encender el fuego ni encontrar aquel lugar en el bosque, ni seamos ya capaces de rezar, podemos seguir contándonos unos a otros nuestras historias y la Historia. Perder eso sería perdernos, sería una nueva forma de barbarie.


El deleite de volver a la mística original

25 noviembre 2018

La Rioja, Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, historia y política nacional

Fuente: https://eltalacomunicacionpopular.com/2018/11/24/el-deleite-de-volver-a-la-mistica-original/

Por Alejandro León

Se presentó en la Casa de Todos “Cuadernos el Emilio -Tomo IV-“, un libro sobre el pensamiento “jaurecheano” escrito por el  catamarqueño Víctor Leopoldo Martínez. La presentación y la convocatoria en sí, más allá de los valiosos  conceptos vertidos por el escritor, reflejaron  un nuevo momento en el justicialismo provincial. Nota con Audio – Testimonio de la Ex senadora y ex presa política,  Ada Maza.

EL TALA 1

El libro, presentado el martes pasado y no por  casualidad en el día de la Soberanía Nacional en la Sede central del PJ,   fue  editado por Publicaciones de DDHH,  a cargo de “Pocho” Brizuela. La convocatoria  fue organizada por  “La 20 – Agrupación Peronista”,  como un aporte al Pensamiento Nacional, Federal y peronista,   con la presencia de su autor, el escritor e investigador Víctor Leopoldo Martínez,  quien llegó a la provincia especialmente para la ocasión.

Con este motivo se hicieron presentes (ver crónica fotográfica), referentes y  militantes justicialistas que no llegaban desde hacía bastante tiempo a la Casa de Todos, pero que decidieron hacerlo con esta convocatoria. Hablar de Jauretche en la Casa de Todos, es afirmar la identidad de un Movimiento político, que por su doctrina  se ubica en las antípodas de neoliberalismo y el imperialismo,  es como mínimo un acto de coherencia.

Para este humilde observador,  el hecho encaja con el clima de época,  pero mueve  a pensar más cosas;  por ejemplo  la  impronta de  Sergio Casas como actual conductor del PJ;  también la    profundización de  la crisis neoliberal y el sentido de la ubicación histórica  de  aquellos que rescatan el Movimiento Justicialista como una  herramienta de unidad que cobra cada vez más relevancia y legitimidad. Esto último de cara al 2019 y  el desafío que se impone evitar la profundización del actual modelo.

EL TALA 2

Al cierre de la presentación,  antes de las empanadas y el vino tinto, la Marcha Peronista empezó a sonar y el salón Blanco estalló de emoción. El momento, intenso,   conjugó sentimientos de pertenencia,  de victoria y compromiso militante, acordes también con  la historia de vida de  los referentes allí reunidos.

Pasaron muchas cosas, pasaron varios gobiernos, pero como nunca en los últimos 40 años, aquel poder factico, al que se enfrentaron militantes del PJ y la jotap,    en nombre de la justicia social, ha mostrado su cara como lo hace a través  del gobierno de Macri. La rémora de la dictadura,  del  desprecio por el Estado de Derecho,  de  la “fagocitación” neoliberal y la exclusión como norma, ha vuelto;   así como los actores que la ejecutaron antes con terrorismo de estado,  hoy con operaciones mas sofisticadas pero igualmente prepotentes.

Quizás este volver a la Casas de Todos surgió el pasado 17 de Octubre en el acto de Luz y Fuerza, cuando Sergio  Casas reconoció el lugar de los “compañeros que levantaron las banderas del Partido en los momentos más difíciles”;  dicho esto  en obvia alusión a quienes sufrieron persecuciones, cárceles y torturas  a lo largo de la historia del partido, pero sobre todo en la última dictadura.

EL TALA

 

 


EL SENTIMIENTO DE EVITA EN RELACIÓN AL PERONISMO Y EL MARXISMO.

2 septiembre 2018

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Cultura, política y filosofía.

EVITA I

V.L.M. 3

Por Victor Leopoldo Martinez

La -o las- izquierdas vernáculas  siempre criticaron la religiosidad (ese “opio para los pueblos”) existente desde siempre, en sus distintas formas y manifestaciones, dentro de  los movimientos populares; básicamente en esta América.  Continente colonizado a sangre y fuego por un “cristianismo europeo” bastante perverso en su accionar, históricamente terminó siendo  combatido por otros vehementes seres, también europeos,  que vienen practicando la misma religiosidad  que critican  en los cristianos  pero colgados del “racionalismo crítico” un tanto  Popperiano; un conflicto filosófico y existencial que por ser netamente eurocéntrico, a su geografía cultural debió circunscribirse en cuanto a modelo de aplicación; digo por lo poco traspolable si nos ajustamos a que la historia nunca se repite de igual forma; por cuestiones de tiempos, formas y conformaciones culturales. Lamentablemente  no ocurrió así y la colonización cultural lo exportó a estas tierras, no solo en lo sustancialmente europeo en cuanto a  disquisiciones  ideológicas  y/o filosóficas, sino hasta en el modo de análisis. En el abordaje de un estudio antropológico social sobre fenómenos americanos en los claustros de estudios superiores se encuentra el más claro ejemplo de la falta de originalidad.  Lógicamente dentro de este contexto y a la hora de la crítica, no  por casualidad, el peronismo cae en la “volteada”. Lo dije y escribí en reiteradas oportunidades: “El peronismo antes que nada es un sentimiento y como tal difícil de explicarlo y/o ponerlo en palabras; como cualquier sentimiento amoroso, o de odio”.   

Aclarado esto, a mí -como peronista y a modo de simple señalamiento-, no me resulta difícil inferir que los  marxistas vernáculos, en sus modos y formas de análisis,  no se diferencia metodológicamente del resto de sus pares europeos por estar colonizados mentalmente por aquellos. En esto encuentro  la razón por la cual  profesan una fe ciega en la doctrina y los principios marxista que hace que también incluyan al peronismo dentro de sus enemigos.  O sea, para las izquierdas (en nuestro país  son muchas y en eterno conflicto entre ellas) y la derecha local, el enemigo en términos político-ideológico-“doctrinales” sigue siendo –desde su nacimiento- el peronismo; llamativamente no así la oligarquía terrateniente latifundista, tampoco los capitalistas grupos económicos concentrados;   menos aún lo son esos aliados naturales y de mayor peso formativo en la opinión pública para que esta acepte la expoliación y la explotación del hombre por el hombre como algo “lógico y normal” como son las empresas periodísticas multimedios.

Ninguno de los “lúcidos” de las vanguardias “progre” de izquierda y menos aún los liberales “técnicos económicos” sirvientes de la derecha cipaya local se reconocerán a sí mismo como claros exponentes de una colonización cultural que restringe su capacidad de análisis a una simple rayita de la cual equidistan (como los rieles ferroviarios) las dos únicas e inmaculadas concepciones ideológicas existentes en el mundo: izquierda y derecha. Para colmo de males Perón los deschavetó con su creación de la “Tercera Posición”.

Los tienen tan obnubilados estos modos de mirar y analizar la realidad político-social local  y regional que no se dan cuenta que, en términos de perspectiva -para colmo negativa-,  ambos rieles se juntas en ese  horizonte de quimeras ideológicas  y  terminan operando  de manera  desgraciada sobre  destino final de nuestro pueblo, coadyuvando y facilitando así  la explotación de los trabajadores por parte del capitalismo, al  tiempo que ahuecan de contenido el concepto  PATRIA permitiendo así el vaciamiento del patrimonio no solo cultural sino también territorial y  de  riquezas naturales; todo esto  a manos de intereses foráneos .    

Se me ocurre pensar y sugerir que, si filosóficamente y tomando el materialismo dialéctico como base  para la comprensión de ciertos fenómenos políticos-sociales locales y regionales, partimos de la tesis asentada en el cientificismo dialéctico marxista-lenninista (descubrimiento científico de la ley de la evolución de la historia humana), abrimos ese cientificismo a la incorporación de elementos  que si bien no nos pueden  resultar novedosos pero por apego a esas abstracciones  importadas los fuimos dejando de lado, y los incorporamos  como elementos muy presentes en los fenómenos que tomaron forma de movimientos populares en un lugar del mundo como el continente americano donde la evolución de la historia de sus pueblos originarios parte de una cosmovisión disímil  a la construida por el occidentalismo europeo, y por ende un ordenamiento histórico-social donde la originalidad hace la diferencia en su conformación(1),  y a esto lo colocamos   en lo que sería la antítesis, el peronismo bien podría ser la síntesis –o por lo menos una posible variante de síntesis- si es que pretendemos ser tan puntillosos a la hora de intentar entender  “científicamente” al peronismo desde un marxismo más americano.

karl-marx

Quizá en esto pensó Evita cuando aseguró en su libro «Historia del peronismo»: “Carlos Marx es el ‘jefe’ del movimiento obrero internacional”.  Pero acto seguido no se privó de arriesgar su diferencia con parte del ideario marxista al criticar su antirreligiocidad  ya que según ella “no hay nada más popular que la religión a la que no hay que confundir con clericalismo”.

Esta aclaración hecha por Evita no niega al marxismo; al contrario, resalta el valor de los aportes hechos por Carlos Marx  a las causas obreras internacionales.(2)  Pero según mi entender ese “internacionalismo” está para Evita circunscrito al proletariado europeo. De ahí que Evita hace foco en el “clericalismo” y no por casualidad.  El “clericalismo” también es un fenómeno netamente europeo  impuesto en estas tierras por la conquista y colonización. Desde el preciso momento en que en el año 380 el cristianismo pasó a formar parte del Imperio Romano como “Religión Oficial”, la “Institución Iglesia” siempre tuvo peso político primero en los reinos y luego en los gobiernos nacionales. Tradicionalmente, y como ocurrió en Europa,  en nuestro país, fue una doctrina instrumentada políticamente. Siempre se  inmiscuyó en los asuntos públicos y profanos como un poder  más corrigiendo, intentado  orientar y supervisar políticas de Estado conforme a sus dictados. Su oposición a las leyes de matrimonio igualitario y  legalización de la interrupción voluntaria del embarazo son las dos últimas y más claras muestras de su accionar en estos últimos años que estamos viviendo, 2012- 2018. En nuestra historia reciente los ejemplos del  accionar clerical a la usanza Torquemada sobran: La participación cuasi militar de la cúpula eclesiástica en el golpe de estado de 1955 (bombardeo a plaza de mayo asesinando a civiles inocentes); el apoyo a las persecuciones políticas contra la resistencia peronista; sus fuertes vínculos con la última dictadura militar; la vista gorda para con el asesinato del Obispo Angelelli  junto a otros curas riojanos, la masacre de los Palotinos en la C.A.B.A. por mencionar solo algunos,  son claros  ejemplos de cómo ese poder clerical se sacaba de encima a los molestos de sus propias filas, y el nivel de perversión puesto en práctica con total hipocresía con tal de mantener ese poder. Los milicos asesinos eran soldados de Dios; le pasaban a ellos el trabajo sucio y solo se limitaban a “justificarlos y perdonarlos”. Es ese poder clerical el que Evita no quería y viceversa.  Esta son las razones para que  el justicialismo sea anticlerical; pero no por eso dejó de ser profundamente humanista y cristiano; básicamente por los principios sociales y morales establecidos por el flaco Jesús. 

Ahora bien, si queremos ir más allá sobre los dichos de Evita, los mismos también podrían basarse en algo que en términos Hegelianos  estaría más asociado el rescate que el filósofo de Stuttgart hace del Estado al considerarlo  “justo cuando posibilita la realización de la libertad de todos sus miembros”. Para corroborar esto bien vale  acudir al estudio que publicó en el 2010 Gerardo Ávalos Tenorio.(3)  Según Tenorio,  Hegel aborda el estudio de la positividad de la religión cristiana: “Para Hegel  y otros estudiosos, -dice Tenorio– lo que en principio fue la fe en un hombre, más tarde sirvió para que otros hombres lo sustituyeran  por una fe en esa secta que finalmente incide en la política como un  Estado eclesiástico.” A partir de esto deduzco, según mi modesta formación, que  Evita  realiza  la diferenciación: Estado político + Estado Clerical…  ¿Justo o acomodaticio según intereses? El razonamiento de Hegel apunta a descubrir la falta de sustancia moral en el Estado eclesiástico; por lo visto, Evita acompaña este razonamiento.

Pero además esta -para mi- brillante observación de Evita es clave para entender dos fenómenos muy claros pero poco estudiado dentro de las necesarias investigaciones que se deben hacer sobre las razones de la incomprensión que para no pocos  resulta  nuestro sentimiento  de “ser” dentro del “estar” en América:  Diferencia entre Ser europeo y el “soy” en tanto “estoy” americano; “somos”  en tanto “estamos”.

RodolfoKusch

Es en esto donde Rodolfo Kusch(4) descubre la diferencia sustancial existente en la valoración del “Ser”. Una cosa es el  “Ser” (dentro de la concepción europea) como producto individual  funcional a las necesidades de un status quo predeterminado universalmente hecho sistema social imperante (importada concepción social netamente eurocéntrica en términos culturales). Europa centro de lo “universal”.  Otra muy distinta es para Kusch el “Estar” que me hace “Ser” dentro de una cosmovisión diferente, donde hombre y naturaleza son una sola cosa, una relación religiosa biunívoca que es lo que le da -y se lo visualiza claramente- ese sentido solidario que uno encuentra en los originarios, en los nativos humildes que habitan suelos americanos; a lo largo de toda su extensión.  Es el hecho de “ser” en tanto existo y tengo valor para mis semejantes, tanto como lo tienen ellos para mí; es el convivir  en ese medio propio que hasta se lo siente original por el solo hecho de contenernos. De allí la genialidad de Eva para plantear la diferenciación entre Justicialismo y Marxismo, no en lo sustancial ya que los dos buscan lo mismo, pero si en la concepción  y  entendimiento de cómo tomar y respetar al hombre en su fas sentimental. De ahí también la identificación  del Justicialismo  con el cristianismo en un Jesús político que busca poner justicia donde no la hay y lucha para que la dignidad humana no sea moneda de cambio y motivo para negocio casualmente dentro de los templos (sinagogas como instituciones políticas).

Rodolfo Kusch, en su trabajo “La negación del pensamiento popular” nos dice lo siguiente y es importantísimo rescatarlo por su vigencia en relación a lo que hoy estamos viviendo: “… ante la crisis, no caben las soluciones elaboradas minuciosamente por los estudiosos en nombre de un racionalismo de estudiante recién recibido, sino que es preciso entroncar con alguna constante. Y en América no hay otra constante que la de su pueblo. La base de nuestra razón de ser está en el subsuelo social (Scalabrini Ortiz). Es lo que demuestra el peronismo y este, a su vez, es la consecuencia de una verdad que América viene arrastrando a través de toda su historia. Fue la verdad que alentaba detrás del Inca Atahualpa, y es la que sigue palpitando, aun hoy, después de la muerte de Perón. Contra esa constante que es el pueblo mismo, se estrellan las izquierdas y las derechas y los centros. Quizá ni siquiera quepa ahí la política (sublimemente paradójico esto último) … De ahí entonces la ubicación de una trampa lógica que opera en el pensamiento popular mediante un anti-discurso, a través del cual aquel logra constituirse existencialmente en su pura emocionalidad, lo que por su parte se concreta ya sea en valores, ya sea en un puro querer o en un puro pensar desde el corazón. Como si se tratara de un pensar sin finalidad que sin embargo esconde una finalidad recóndita, quizá la de subsistir, fundando siempre al existir mismo y afianzando sus valores.”(5)

eva y peron

Este entender la originalidad desde  lo nuestro que hace  Rodolfo Kusch, Eva Perón lo pone en palabras y sentimientos: “Me animo a hablar, porque como mujer, como argentina y como la más fervorosa y apasionada peronista, nada puede haber más grande que hablar de Perón y de su doctrina extraordinaria…. nuestro primer maestro, el general Perón, va a enseñarnos su Doctrina: el Justicialismo, que él nos ha dado, arrancándola de la claridad genial de su inteligencia y del fuego ardoroso de su corazón.” . En mi caso, siento que en gran medida y a su manera,  Kusch, por ser contemporáneo, corrobora a Evita. Solo un ser surgido de ese subsuelo social de la patria misma como María Eva, bajo determinadas condiciones y una realidad político-social incontrastable como fue el gobierno de Perón, ese subsuelo se anima a hablar; y lo hace como mujer, como mujer americana; lo hace desde el fervor y de  manera apasionada porque ya siente a la doctrina justicialista como propia en tanto es producto de una necesidad cubierta, encubierta, ocultada enterrada en el subsuelo de su Patria, que nunca dejo de ser sentimiento y que con Perón emergió como tal. Evita lo valora como “inteligente” en tanto surgió de un ardoroso corazón (el de Perón). Que Evita considere y asocie lo que sale el corazón con algo inteligente es un razonamiento en esencia, sustancialmente americano; por ende peronista.

Notas:

(1) .-“…el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión; que por tanto la producción de los medios materiales inmediatos de vida y, por consiguiente, la correspondiente fase de la evolución económica de un pueblo o de una época son la base sobre la que se han desarrollado las instituciones estatales, las concepciones jurídicas, el arte y también las ideas religiosas de los hombres, con arreglo a la que por tanto deben explicarse y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo” (Engels). Esto vale para la historia europea y se acopla a la teoría marxista que, desarrollada, concluye en: “El hombre, con la ayuda de los instrumentos de trabajo, de la técnica, en el proceso de producción influye sobre la Naturaleza”. Analizado esto último minuciosamente, en el fondo no se diferencia mucho de la concepción judeo-cristiana netamente europea sobre que el hombre, por mandato religiosamente divino o por mandato científico, es dueño de la naturaleza y puede disponer de ella según sus intereses y como se le antoje. Los pueblos europeos siempre imbuyeron a sus vidas un sentido práctico; lógicamente por razones propias y particulares en términos geográficos y de recursos naturales. Usufrutuaron y hasta se masacraron entre ellos por el control  de sus colonias de ultramar en la gran guerra del XIV; todo esto  asociados a las necesidades, codicia y designios de sus pueblos. Muy diferente a la de los pueblos americanos donde el hombre no es el dueño de la naturaleza sino parte de ella. Visto y analizado así, la matriz analítica cambia radicalmente.

(2).- Vale señalar sintéticamente la historia de la “Internacionales”. La 1ra juntó en Londres a trabajadores ingleses, franceses e italianos republicanos en 1864. En la segunda (1889) –promovida por Frederick Engels- ya aparece el Partido Socialista Argentino como afiliado a la “Internacional” junto con el socialismo uruguayo. La 3ra Internacional ya es organizada por el Partido Comunista Soviético y se realizó en Petrogrado (San Petersburgo), entre el 2 y el 6 de marzo de 1919. La mayoría de las organizaciones proletarias convocadas –Salvo EE.UU., Japón y Australia- eran todas de países europeos. En 1938 se pudre el rancho de las “Internacionales” y León Trotsky patea el burocrático tablero soviético con lo que fue la IV Internacional. Trotsky termina asesinado en México y posteriormente aparece en escena dentro del trotskismo un argentino que adquiere relevancia internacional por su participación en varios hechos revolucionarios en América Latina (Cuba por citar un ejemplo) llamado Homero Rómulo Cristali Frasnelli, más conocido como “J. Posadas”. A los fines del presente escrito queda claro que la cuestión de la “internacionalización” del proletariado tuvo como finalidad reunir fundamentalmente al proletariado europeo que pasó a ser el principal afectado por la revolución industrial desde 1870 hasta el comienzo de la Primera Guerra, periodo conocido como la Belle Epoque.

(3).- Doctor en Ciencia Política por la UNAM, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco y  miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México.

(4).- Rodolfo Kusch (1922-1979), antropólogo y filósofo argentino.

(5).- Rodolfo Kusch, Obras completas- Tomo II – Pág. 569/71