EL “OTRO” COMO UN VALOR INCALCULABLE.

27 febrero 2017

Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestra redacción

V.L.M. 3

Por Victor Leopoldo Martinez

El querido amigo y compañero riojano Aldo Fermín Morales –Ex Juez, compañero de militancia por los DD.HH. y perseverante luchador por las causas justas-, compartió con nuestra publicación una misiva que le hizo llegar Monseñor Hesayne y que por su contenido vale la pena socializarla. En tiempos donde los silencios mediáticos cómplices invisibilizan todas las perversiones y atrocidades que a diario comente contra el pueblo argentino, en particular contra los más vulnerables, la hipócrita gestión de gobierno que encabeza Macri (me niego a llamarlo Sr.), leer estas líneas pueden significar un reencuentro con esos nobles valores humanos que a fuerza de regar individualismo, el neoliberalismo va logrando imponer como cultura de vida en las sociedades mundiales.

Esa rara y maligna intención muy presente en los sectores sociales privilegiados y/o poderosos económicamente de separar la prédica y militancia evangelizadoras –la religión- de la “política terrenal”, como si ambas no fueran compatibles, no es para nada nueva. Por siglos estos sectores vienen separando astutamente los “reinos” de los que son merecedores los humanos: El “político terrenal” para ser disfrutado por ellos y el “celestial” como premio después de muertos para aquellos obedientes pobres y miserables que no se animen a cuestionar los privilegios de los ricos.

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Nuestro Papa Francisco está intentando por primera vez dentro de la religión católica, tirarlo por la borda por ser una simple hipocresía.

Ya hemos escuchado en boca de psicóticas como Carrio, de hipócritas como Laura Alonso todas las diatribas en contra de Francisco por su “incursión” enjuiciadora en materia política cuando pone en tela de juicio las perversas decisiones que “gobiernos de ricos y/o para ricos” implementan en el mundo de las “políticas terrenales”.

Si hay algo positivo dentro de la iglesia católica mundial es la recuperación –gracias al Papa Francisco- de su rol protagónico en las decisiones políticas terrenales. Los pobres y los miserables de la tierra hoy tienen un vocero y un militante que no se achica ante ningún poderoso. Hoy tenemos un Papa con los huevos bien puestos, dispuesto a luchar para que el reino de la Justicia Social también se concrete en esta tierra. Y este no es un detalle menor; de ahí los enojos de los poderosos del mundo para con él.

El que esto escribe en un momento tomó posición en contra de Monseñor Bergoglio cuando este era Presidente de la Comisión Episcopal Argentina en relación a su llamado a la “guerra santa” (ver: http://redaccionpopular.com/content/la-santa-inquisición-de-un-cruzado-fuera-del-tiempo) a raíz de la decisión del gobierno peronista de impulsar la ley de Matrimonio Igualitario que finalmente fue sancionada en el 2010. Aquel Bergoglio, ya Papa Francisco, hizo un giro de 180º respecto de su visión del tema y de muchos otros asociados a la búsqueda de un mundo más justo e inclusivo para todos; yo, lo digo con toda humildad ya que a la par de su envergadura político-social soy nadie, no podía hacer otra cosa que cambiar mi postura y mi mirada sobre él como hombre político.

Sin nada más que agregar, los invito a leer este texto más que aleccionador que invita a reflexionar sobre muchas cuestiones “mundanas”:

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“Recibí saludo Pascual del Obispo Emérito Monseñor Miguel Hesayne, acompañando un msj del Papa Francisco, con pedido de leerlo y compartirlo, por lo que lo comparto, junto con sus buenos deseos. “La Palabra es un don. El otro es un don Queridos hermanos y hermanas: La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016). La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión. 1. El otro es un don La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado. La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016). Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico. 2. El pecado nos ciega La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013). El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz. La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62). El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación. Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24). 3. La Palabra es un don El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7). También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios. El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes. La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31). De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano. Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua. Vaticano, 18 de octubre de 2016 Fiesta de san Lucas Evangelista”.


Lecturas de verano.

17 enero 2015

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, De nuestra redacción

Foto de V.L.M.Por Victor Leopoldo Martinez

Sin ánimo ni pretensión de querer “arruinar el descanso a nadie” teniendo “vacaciones militantes”, resulta por demás interesante acudir a esas lecturas que generalmente venimos postergando durante el año, a veces por falta de tiempo, otras por no querer recargar el “mate” más de lo que de por si la vorágine laboral lo hace cotidianamente durante 44 semanas anuales.

Eso me pasó en estas mini “vaca” que me tome y que sirvieron no solo para conocer un poco más la extraordinaria e histórica gestación de ese ser argentino a través de la excelente obra de Victor Hugo Robledo titulada “LA RIOJA NEGRA” que gentilmente me obsequió el gran compañero y amigo Dr. Aldo Fermín Morales, ex Juez y gran luchador por la causa de los derechos humanos, sino tener acceso –gracias también él- a la obra de ese extraordinario hombre de armas que fue el Capitan (R) José Luis D’Andrea Mohr –uno de los integrantes del CEMIDA (Centro de Militares Para La Democracia Argentina)- y que título “EL ESCUADRÓN PERDIDO”.

Solo me limitaré a realizar algunas observaciones respecto de los fragmentos que transcribiré para no faltarle el respeto al lector ni atentar contra su intelecto.

-1-

Una guerra “cultural”

Comenzaré por uno de los testimonios que aparecen en el “apéndice” de la segunda obra señalada en la introducción y que Mohr tituló así. Decidí comenzar por el final de ella porque luego de conocer la totalidad de la obra que en serie aquí presentaremos, el lector comprenderá las razones de la manipulación interpretativa que hacen del término “ideología” por un lado y el no valor de la legalidad junto a la falta de respeto por las leyes y la constitución por el otro los sectores de poder económico y los colonizados intelectuales liberales de izquierda cuando sus mezquinos intereses están en juego, momento en el que no dudan en avasallar los derechos del resto de la sociedad hasta con las debidas justificaciones que los intelectualoides hacen. Cuando el fin justifica los medios, para ellos poco importan las leyes. Solo les alcanza con asociar el término “ideología” exclusiva y maléficamente a posturas políticas de izquierda por un lado y/o a experiencias revolucionarias como el Peronismo o el Chavismo por el otro a las que se las asocia o bien con Nazi-fascismo (“Nipo-Nazi-Falange-Fascista” dijera Jauretche) o al “marxismo apátrida”. De no tratarse de dolorosos momentos de nuestra historia uno hasta podría reírse de lo que estos sectores entienden por “Patria”; acotado exclusivamente a sus intereses de clase.

El título es correcto porque es esa la batalla inconclusa que tenemos por delante para que estos sectores salgan de la estupidez y la ignorancia y asuman que la de ellos es la contracara ideológica de los que califican como “enemigos”; dos maneras de entender la vida social: La que ellos pretenden con privilegiados y esclavos y la nuestra donde prima la Justicia Social. Es una batalla cultural y en esa tarea está incluida la revalorización de las palabras Patria y Nacionalismo, que esta última hoy bien podría reemplazarse o extenderse a Regionalismo. Necesitamos hacerlo para salir del viejo y rancio Nazionalismo militarista importado por nuestras clases dominantes de una Europa que hoy se debate entre caos financiero, las reacciones ciudadanas y el pretendido ordenamiento que intenta imponer la vieja pero vigente concepción social de Derecha donde los atentados son instrumentos que entran en el juego y que hace que sus ciudadanos terminen siempre cayendo en la trampa y vuelvan una y otra vez a elegirlos como “la mejor opción”:

Pero vamos a la transcripción directamente.

“La guerra sucia empezó en 1975”; tal es el título de un artículo firmado por Martin Andersen y Antonio López Crespo publicado en el número 73 de la revista El Periodista de Buenos Aires. Contiene transcripciones y comentarios de un libro escrito por el general Adel Vilas y cuya publicación fue prohibida entonces por el Comando en Jefe del Ejército. El contenido del libro inédito resulta de interés histórico y jurídico, especialmente para entender el porqué de tantas desapariciones de personas. A continuación se transcriben fragmentos del libro de Vilas citado en el artículo de Andersen y López Crespo:

“Mi intención fue la de suplantar, aun utilizando medios que me estuvieran vedados, a la autoridad de la provincia de Tucumán, tratando de superar, aunando los esfuerzos de civiles y militares, el brote guerrillero marxista que tenía en vilo a los tucumanos y amenazaba expandirse a otras provincias […]



Si bien mi tarea no era reemplazar a las autoridades, pronto me di cuenta que, de atenerme al reglamento, manteniéndome en el mismo plano que el gobernador, el Operativo concluiría en un desastre […]

Si yo me limitaba a ordenar, entrenar y comandar mis tropas, descuidando esferas que en el papel no me correspondía atender -la esfera gremial, empresaria, universitaria, social, etc.- el enemigo seguiría teniendo los “santuarios» de que disponía hasta el momento.

Haciendo caso omiso a órdenes conforme a las cuales mi acción debía estar encaminada a combatir el brote guerrillero en la zona selvática, creí conveniente darle a la acción militar su importancia y a la política la suya.

De todo lo visto y actuado pude concluir que no tenía sentido combatir a la subversión con un Código de Procedimientos en lo Criminal… Decidí prescindir de la justicia, no sin declarar una guerra a muerte a abogados y jueces cómplices de la subversión […]



Desde que comprobé la realidad de la justicia y la burla que significaba para mis soldados, decidí cambiar la estrategia. Fue entonces cuando di órdenes expresas de clasificar a los prisioneros del ERP según su importancia y peligrosidad, de forma tal que sólo llegaran al juez los inofensivos, vale decir, aquellos que carecían de entidad dentro de los cuadros del enemigo.

Reconozco, y lo digo con orgullo, que desde antiguo venía prestando atención a los trabajos sobre el particular editados en Francia -y traducidos en la Argentina y en España- debidos a oficiales de la OAS y el ejército francés que luchó en Indochina y en Argelia […]

En base a la experiencia recogida a través de estos clásicos del tema y el análisis de la situación argentina, comencé a impartir órdenes tratando, siempre, de preparar a mis subordinados. Porque, claro está, muchas veces las órdenes recibidas no se correspondían con lo que durante años habíamos aprendido en el Colegio Militar y la Escuela Superior de Guerra. Demás está decir que no creía en la posibilidad de “traumas síquicos” o “trastornos emocionales”. pero determinadas misiones -más siendo la primera vez que debían cumplirse- resultaban difíciles de asumir y llevar a cabo […]



Cuando en Tucumán nos pusimos a investigar las causas y efectos de la subversión llegamos a dos conclusiones ineludibles. Uno, que entre otras causas, la cultura era verdaderamente motriz. La guerra a la cual nos veíamos enfrentados era una guerra eminentemente cultural. Dos, que existía una perfecta continuidad entre la ideología marxista y la práctica subversiva, sea en su faceta militar armada, sea en la religiosa, institucional, educacional o económica. Por eso a la subversión había que herirla de muerte en lo profundo, en su esencia, en su estructura, o sea, en su fundamento ideológico […]



De ahí en más todo profesor o alumno que demostrase estar enrolado en la causa marxista fue considerado subversivo, y cual no podía ser de manera distinta, sobre él cayeron las sanciones militares de rigor.
Si la lucha en la que estábamos empeñados dependía de la inteligencia, el lugar de Reunión de Detenidos sería clave para el desenvolvimiento del Operativo Independencia

En principio, tras seleccionar a los guardiacárceles, les impuse un horario rotativo que les impidiera continuar los contactos tomados con subversivos. Pero como ello no era suficiente, decidí separar en tres grupos a los guerrilleros de modo tal que los más peligrosos e importantes nunca llegaran al penal. Entre estos últimos y para evitar riesgos inútiles, muchos eran retenidos en Famaillá, procediéndose a su interrogatorio hasta que no fueran de más utilidad. Desde el 10 de febrero hasta el 18 de diciembre de 1975, pasaron por el lugar de reunión de detenidos 1507personas acusadas de mantener relación estrecha con el enemigo […].”

Saque el lector sus propias conclusiones.