“LAS FLORES DE ROMERO” y “LAS FLORES DE CEIBO”

27 marzo 2009

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Por ARTURO JAURETCHE (*)

Conviene tener presente que el texto se este capítulo es de las ediciones de 1957 y en él se habla de ese momento. En El Medio pelo en la sociedad argentina se ha recordado que la “flor de ceibo”, muchos años atrás consagrada como la flor nacional, y tal vez por ese carácter, constituyó un símbolo peyorativo para denigrar nuestra producción industrial sustitutiva de la importada, y que la expresión se extendió en la Universidad para calificar a los profesores de tendencia nacional que habían sustituido a los tradicionales, liberales y de izquierda, que haciendo causa común habían hecho abandono de la cátedra en la solidaridad de toda la “intelligentzia” contra la irrupción de lo popular. La expresión “flor de romero” para designar a los profesores impuestos por la Revolución Libertadora en sustitución de los “flor de ceibo” nace del nombre del interventor de la Universidad de Buenos Aires, el socialista democrático Dr. José Luis Romero, que fue el ejecutor de la medida, pues en el contubernio de la izquierda y derecha que es la “intelligentzia”, los liberales que se apoderaron de las direcciones económicas y políticas, resignaron en los grupos socializantes de la extranjería en el manejo de la Universidad, lo que prueba una vez más, cómo para la estructura económica y política oligárquica y dependiente, la izquierda no representa un peligro cuando el que amenaza es el país verdadero. Por el contrario, ésta cumple la función diversionista que en lo intelectual permite desviar hacia soluciones y críticas importadas.

Así no sólo fueron expulsados de la Universidad los profesores “flor de ceibo”. También se les prohibió competir. No serían tan “flor de ceibo” como técnicos, por cuanto se los excluyó de la participación en los concursos. ¿Se temía su competencia?

En efecto. El decreto 6.403 del Gobierno del General Aramburu estableció en el Artículo 32: “No serían admitidos al concurso quienes hayan realizado actos positivos y ostensibles de solidaridad con la dictadura, que comprometan al concepto de independencia y dignidad de la cátedra.” Esta es la actitud de los liberales y ahora viene la de estos “marxistas”.

José Luis Romero como interventor de la Universidad de Buenos Aires produce otro decreto destinado a precisar más el alcance de la medida: “Los que hayan propuesto o participado en actos individuales o colectivos, encomiando la obra de la dictadura, realizados dentro o fuera de la universidad, invocando o no su condición de universitarios.”

Es que lo que importa es que la Universidad cumpla su papel como expresión de la “intelligentzia”; no importa su orientación siempre que no sea nacional. El pretexto es la “dictadura” y dictadura es toda manifestación auténtica de lo popular en cuanto desborda las estructuras creadas para el país, por eso “intelligentzia”. El pretexto puede ser Perón, como lo fue Irigoyen. El objeto es el monopolio de la universidad por el pensamiento anti-racional y en eso están de acuerdo, en el momento crítico, las alas de la intelligentzia.

LOS PROFETAS DEL ODIO

La enseñanza superior cumple entre nosotros la función de resolver el problema económico de los hijos de las minorías y parte de las clases medias y extraer, accidentalmente, algunos elementos calificados del seno del pueblo para incorporarlos. Carece de finalidades sociales más amplias y lógicamente carece de finalidad nacional.

LA REFORMA UNIVERSITARIA

Al tratarse el tema de al enseñanza superior es imprescindible tener presente la Reforma Universitaria porque si el anti-reformismo es el signo de la universidad de espaldas al país –simple fábrica de técnicos-, el reformismo, en la desnaturalización del movimiento original, ha terminado por ser un concurrente a la función negadora.

Aquí conviene señalar que la Reforma ha dado mejores frutos en el resto del continente que en nuestro país, pues allá representó una aproximación del universitario a la realidad inmediata, mientras que aquí principió por desconocer y contradecir el hecho histórico que le daba nacimiento.

La Reforma Universitaria, creada por la primer presencia del pueblo en el Estado, se vuelve contra aquel, una y otra vez. Así la Reforma nació con Irigoyen, cuando el pasado, vencido por el país, se refugio en la Universidad para aislarla como su reducto. (Por eso la Reforma fue anti-católica en Córdoba, y anti-liberal en Buenos Aires y La Plata, correspondiendo a las características del sector dominante en cada caso que impedía la incorporación de la Universidad al país nuevo que empezaba). Pero fue uniformemente anti-yrigoyenista, volviéndose contra el movimiento nacional que la generaba, como después fue anti-peronista, en la misma medida que perdía contacto con la realidad que le parteaba. El Fracaso de la Reforma fue que no supo integrar la Universidad en el país, esto sin descargar los errores de conducción de los procesos, frente al estudiante.

El desiderátum entonces es una Universidad aséptica, depurada de toda preocupación vinculada con el destino de la comunidad y, por consecuencia, de la nación, a la que da expertos despreocupados de los fines de la técnica y el resultado de su aplicación.

El egresado de esa Universidad obtiene lo que en un número anterior he llamado una “patente de corso”. Ha sido formado como profesional para su aprovechamiento, y en la etapa de su vida en que se forma como hombre, ha estado al margen de todas las preocupaciones e inquietudes que lo vinculan al destino del pueblo y el país al que pertenece. Trabajando en probetas o en laboratorios, en bibliotecas o archivos, y oyendo clases magistrales, ingresa al mundo como el producto exclusivo de la probeta, el laboratorio, el libro o la lección magistral. Cuanto más desvinculado de la realidad a que pertenece, es más perfecto como técnico. Ninguna importancia tiene que se haya graduado en el país o en el extranjero: la técnica que domina es universal y su función en la vida es meramente aplicarla. Tampoco se le puede pedir otra cosa, pues no es un hombre como los demás; asépticamente aislada toda su adolescencia y juventud, se diferencia de los otros adolescentes y jóvenes, a quienes su actividad específica no los aísla de al vida sino que por el contrario los hace actores. Es el único argentino cuya juventud ignora la política.

Una Universidad Argentina de esta naturaleza, sólo será argentina por su radicación geográfica, y el lógico producto de esa Universidad serán los contadores que manejan las cifras y los asientos falsos de las empresas, los doctores en ciencias económicas que distribuyen las doctrinas de encargo que se importan, los filósofos e historiadores que adecuan el pensamiento y la versión de la historia conveniente a esos mismos intereses, los ingenieros que planifican y construyen sin vincular su obra con el destino nacional, los médicos que curan a los enfermos sin buscar las raíces económicas y sociales de los males, y los abogados y jueces que consolidan la estructura jurídica de la dependencia.

El país necesita una Universidad profundamente politizada; que el estudiante sea parte activa de la sociedad y que incorpore a la técnica universalista la preocupación-por las necesidades de la comunidad, el afán de resolverlas, y que, por consecuencia, no vea en la técnica el fin, sino el medio para la realización nacional.

Esta es la disciplina de la técnica dentro del pensamiento nacional que lleva la vida a la técnica y permite que sus aportes universales se nacionalicen, se filtren, se acomoden con la sociedad que la va a utilizar. Es decir, todo lo contrario de lo que significa la despolitización de la Universidad, que es su aislamiento como simple fábrica de expertos, sin otro espíritu que el de la “intelligentzia” –es decir el de la idea básica de la misma desde su origen, que identifica instrucción co0n educación y civilización con cultura.

(*)Ver nota “Varsavsky y Jauretche – Universidad y Ciencia” en el Nº 10 de nuestra revista en: http://www.revistaelemilio.com.ar