Venezuela: Golpe en tiempo real

3 febrero 2015

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, Venezuela, Internacionales

Eva GolingerPor Eva Golinger

Hay un golpe de Estado en marcha en Venezuela. Las piezas están cayendo en su lugar como una mala película de la CIA. A cada paso un nuevo traidor se revela, una traición nace, llena de promesas para entregar la papa caliente que justifique lo injustificable. Las infiltraciones aumentan, los rumores circulan como reguero de pólvora, y la mentalidad de pánico amenaza con superar la lógica. Titulares en los medios gritan peligro, crisis y derrota inminente, mientras que los sospechosos de siempre declaran la guerra encubierta contra un pueblo cuyo único delito es ser guardián de la mayor mina de oro negro en el mundo.

Esta semana, mientras el ‘The New York Times’ publicó una editorial desacreditando y ridiculizando el presidente venezolano Nicolás Maduro, calificándolo “errático y despótico” (“El señor Maduro en su laberinto”, NYT 26 de enero 2015), un periódico en el otro lado del Atlántico acusó al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, la figura política más destacada del país después de Maduro, de ser un capo del narcotráfico (“El jefe de seguridad del número dos chavista deserta a EE.UU. y le acusa de narcotráfico”, ABC.es 27 de enero 2015). Las acusaciones vienen de un ex oficial de la Guardia de Honor presidencial de Venezuela, Leasmy Salazar, quien sirvió bajo el presidente Chávez y fue captado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), ahora convirtiéndose en el nuevo “niño de oro” en la guerra de Washington contra Venezuela.

Dos días después, ‘The New York Times’ publicó un artículo de primera plana atacando a la economía y la industria petrolera venezolana, y prediciendo su caída (“Escasez y largas filas en Venezuela tras caída del petróleo”, 29 de enero de 2015, ‘The New York Times’). Obvias omisiones del artículo incluyeron mención de los cientos de toneladas de alimentos y otros productos de consumo que han sido acaparados o vendidos como contrabando por los distribuidores privados y empresas, con el fin de crear escasez, pánico, descontento con el Gobierno y de justificar la especulación de los precios inflados. Además, el artículo se niega a mencionar las medidas e iniciativas en curso implementadas por el Gobierno para superar las dificultades económicas.

Al mismo tiempo, un titular sensacionalista, absurdo y engañoso fue publicado en varios diarios estadounidenses, en forma impresa y en línea, que vincula a Venezuela a las armas nucleares y un plan para bombardear la ciudad de Nueva York (“Encarcelado científico en Estados Unidos por tratar de ayudar a Venezuela a construir bombas”, 30 de enero, 2015, NPR). Mientras que el titular hace a los lectores creer que Venezuela estuvo directamente involucrada en un plan terrorista contra EE.UU., el texto del artículo deja claro que no hay ninguna participación venezolana en el suceso. Toda la farsa era una trampa creada por el FBI, cuyos agentes pretendieron ser funcionarios venezolanos para capturar a un científico nuclear que una vez trabajó en el laboratorio de Los Álamos y no tenía ninguna conexión con Venezuela.

Ese mismo día, la portavoz del Departamento de Estado, Jan Psaki, condenó la supuesta “criminalización de la disidencia política” en Venezuela, al ser consultado por un periodista acerca de la llegada del fugitivo general venezolano Antonio Rivero a Nueva York para pedir el apoyo del Comité de Trabajo de Naciones Unidas sobre la detención arbitraria. Rivero huyó de una orden de arresto en Venezuela después de su participación en protestas antigubernamentales violentas que causaron la muerte de más de 40 personas, en su mayoría partidarios del Gobierno y las fuerzas de seguridad del Estado, en febrero pasado. Su llegada a EE.UU. coincidió con Salazar, evidenciando un esfuerzo coordinado para debilitar a las Fuerzas Armadas de Venezuela, exponiendo públicamente a dos oficiales militares de alto perfil –ambos vinculados a Chávez- que se han volteado en contra de su Gobierno y están buscando activamente la intervención extranjera contra su propio país.

Estos ejemplos son sólo una parte de la creciente y sistemática cobertura negativa y distorsionada de la situación en Venezuela en los medios de comunicación estadounidenses, pintando una imagen exageradamente sombría de la situación actual del país y retratando al Gobierno como incompetente, dictatorial y criminal. Si bien este tipo de campaña mediática coordinada contra Venezuela no es nueva -los medios de comunicación constantemente proyectaron al presidente Hugo Chávez, elegido cuatro veces por una mayoría abrumadora, como un dictador tiránico que destruía al país– sin duda evidencia que se está intensificando claramente a un ritmo acelerado.

‘The New York Times’ tiene una historia vergonzosa cuando se trata de Venezuela. El Consejo Editorial aplaudió felizmente el violento golpe de Estado en abril de 2002 que derrocó al presidente Chávez y resultó en la muerte de más de 100 personas. Cuando Chávez regresó al poder dos días después, gracias a sus millones de seguidores y las Fuerzas Armadas leales, el ‘Times’ no se retractó por su error anterior, sino que con arrogancia imploró a Chávez a “gobernar responsablemente”, alegando que él era el responsable por el golpe. Pero el hecho de que el ‘Times’ ha comenzado una persistente campaña directa contra el actual Gobierno de Venezuela, con artículos distorsionados y claramente agresivos -editoriales, blogs, opinión y noticias- indica que Washington ha colocado a Venezuela en la vía rápida del “cambio de régimen”.

El momento de la llegada de Leamsy Salazar en Washington como un presunto colaborador de la DEA, y su exposición pública, no es casual. Este mes de febrero se cumple un año desde que las protestas antigubernamentales violentamente trataron de forzar la renuncia del presidente Maduro, y grupos de la oposición están actualmente tratando de ganar impulso para volver a encender las manifestaciones. Los líderes de las protestas, Leopoldo López y María Corina Machado, han sido elogiados por el ‘The New York Times’ como “luchadores por la libertad”, “verdaderos demócratas”, y el ‘Times’ se refirió recientemente a Machado como “una inspiración”. Incluso el presidente Obama pidió la liberación de López (fue detenido y está siendo juzgado por su papel en los levantamientos violentos) durante un discurso el pasado septiembre en un evento en las Naciones Unidas. Estas voces influyentes deliberadamente omiten la participación de López y Machado en actos violentos, antidemocráticos e incluso criminales. Ambos participaron en el golpe de 2002 contra Chávez. Ambos han recibido ilegalmente fondos extranjeros para actividades políticas para derrocar a su Gobierno, y ambos lideraron las protestas mortales contra Maduro el año pasado, pidiendo públicamente su derrocamiento por vías ilegales.

La utilización de una figura como Salazar, que era conocido como alguien cercano a Chávez y uno de sus leales guardias, como una fuerza para desacreditar y atacar al Gobierno y sus líderes es una táctica de inteligencia de escuela vieja, y muy eficaz. Infiltrar, reclutar, y neutralizar al adversario desde dentro o a través de uno de los suyos -una dolorosa, chocante traición, que crea desconfianza y miedo entre las filas-. Aunque no ha surgido evidencia para respaldar las acusaciones escandalosas de Salazar contra Diosdado Cabello, el titular en los medios sirve para hacer una historia sensacional y crea otra mancha contra Venezuela en la opinión pública. También causa un gran revuelo entre los militares venezolanos y puede dar lugar a nuevas traiciones de oficiales que podrían apoyar un golpe de Estado contra el Gobierno. Las acusaciones infundadas de Salazar también apuntan a neutralizar una de las más poderosas figuras políticas del chavismo, y tratan de crear divisiones internas, intriga y desconfianza.

Las tácticas más eficaces que el FBI usó contra el Partido de las Panteras Negras y otros movimientos radicales que luchaban por cambios profundos en Estados Unidos, fueron la infiltración, la coerción y la guerra psicológica. Infiltrar agentes en esas organizaciones, o captarlas desde adentro, que luego fueron capaces de obtener acceso y confianza a los más altos niveles, ayudó a destruir esos movimientos desde adentro, desglosándolos psicológicamente y neutralizándolos políticamente. Estas tácticas y estrategias encubiertas fueron exhaustivamente documentadas y evidenciadas en documentos del Gobierno estadounidense obtenidos a través de la Ley de Acceso a la Información (FOIA) y publicados en el excelente libro de Ward Churchill y Jim Vander Wall ‘Agentes de Represión: las guerras secretas del FBI contra las Panteras Negras y el Movimiento indio Americano’ (South End Press, 1990).

Venezuela está sufriendo de la caída repentina y dramática de los precios del petróleo. Su economía dependiente del petróleo ha sido afectada fuertemente y el Gobierno está tomando medidas para reorganizar el presupuesto y garantizar el acceso a bienes y servicios básicos, pero la gente todavía está experimentando dificultades. A diferencia de la representación triste en ‘The New York Times’, los venezolanos no se mueren de hambre, no están sin hogar o sufriendo del desempleo masivo, como Grecia y España han experimentado bajo las políticas de austeridad. A pesar de ciertas carencias -algunas causadas por los controles de divisas y otras por acaparamiento, sabotaje o contrabando- 95% de los venezolanos consumen tres comidas al día, una cantidad que se ha duplicado desde la década de los noventa. La tasa de desempleo no llega al 6% y la vivienda está subvencionada por el Estado.

Sin embargo, hacer a la economía venezolana “gritar” es sin duda una estrategia ejecutada por intereses extranjeros y sus contrapartes venezolanos, y es muy eficaz. Mientras la escasez continúa y el acceso a los dólares se vuelve cada vez más difícil, el caos y el pánico aumentan. Este descontento social está capitalizado por agencias de Estados Unidos y las fuerzas antigubernamentales en Venezuela que presionan por un cambio de régimen. Una estrategia muy similar fue utilizada en Chile para derrocar al presidente socialista Salvador Allende. Primero destruyeron la economía, produciendo descontento social, y luego los militares se activaron para derrocar a Allende, apoyados por Washington en cada etapa. Para que no olvidemos el resultado: una brutal dictadura encabezada por el general Augusto Pinochet que torturó, asesinó, desapareció y obligó al exilio a decenas de miles de personas. No es exactamente un modelo para replicar.

Este año, el presidente Obama aprobó un fondo especial del Departamento de Estado de 5 millones de dólares para apoyar a los grupos antigubernamentales en Venezuela. Además, la Fundación Nacional para la Democracia (NED) financia grupos de la oposición venezolana con más de 1,2 millones de dólares y apoya a los esfuerzos para socavar el Gobierno de Maduro. No hay duda de que millones de dólares más para el cambio de régimen en Venezuela están siendo canalizados a través de otros mecanismos que no están sujetos al escrutinio público.

El presidente Maduro ha denunciado estos continuos ataques contra su Gobierno y ha pedido directamente al presidente Obama que cese los esfuerzos para hacer daño a Venezuela. Recientemente, los 33 países de América Latina y el Caribe, miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), expresaron públicamente su apoyo a Maduro y condenaron la injerencia norteamericana en curso en Venezuela. América Latina rechaza firmemente cualquier intento de erosionar la democracia en la región y no avalará otro golpe de Estado en la región. Es hora de que Washington escuche al hemisferio y deje de emplear las mismas tácticas sucias contra sus vecinos.

Fuente: http://actualidad.rt.com/opinion/eva_golinger/165149-venezuela-golpe-tiempo-real#.VNC5gwL7exE.facebook


EL REGRESO DE LAS POLEMICAS JAURETCHANAS

3 marzo 2009

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Afortunadamente hoy vemos como se ha  instalado un debate que hace años se vio postergado por dirigencias cómplices o carente de idoneidad para el desarrollo del mismo, cuando no, con ausencia de autoridad moral. Y no solo con respecto a medidas puntuales sobre un tópico tan urticante como lo es el conflicto con el campo, sino, que proyecto o modelo de país expresan los sectores en pugna y cuál es la cosmovisión del hombre y de la historia que subyacen en las posiciones asumidas, más allá de errores de coyuntura que pudimos advertir como espectadores o activistas en uno u otro sentido. Arturo Jauretche protagonista de las famosas polémicas, nos alcanza hoy; y plumas relevantes asumen opiniones encontradas, como si en el seno del campo nacional estuviera el verdadero debate de la significancia e importancia de lo que nos concierne a todos. Desde otros lugares la cosa parece muy clara, nada se discute. Y también esto despierta suspicacia.

Con Uds. Luis Brunati y Norberto Galasso

Aldo Battisacco

OPINION

El enemigo principal

Por Luis Brunati *

Saludamos el tono del artículo de Norberto Galasso (en Página/12, el 2 de febrero pasado), aunque no la tendencia a eludir los temas de debate. En efecto, Galasso enumera los temas, pero lo que interesa no es saber cuántos son, sino qué opina sobre cada uno de ellos. También se dice que el artículo de Alcira Argumedo (en Página/12, el 27 de enero) no refutó “las apreciaciones correctas de Barcia sobre la mortalidad infantil”. Al respecto, creo conveniente señalar que el hambre es un crimen siempre, e independientemente de la variación de uno o dos puntos en los guarismos. Sin embargo, en el caso particular de la Argentina, el hambre es un crimen calificado, consentido y evitable. ¿Cómo se puede justificar que en un país que produce 134 millones de toneladas de alimentos y una renta inmensa discutamos el tema en base a cifras del Indec, cuyo contraste con la realidad es para todos inquietante? Aquí, es un tema de prioridades y voluntad política. ¿Qué es prioritario, pagar deuda externa o salvar vidas? Tanto Menem, como De la Rúa y la gestión K han privilegiado el pago de los servicios de la deuda externa, además de aceptar que los recursos petroleros y mineros se extraigan sin control público y se exporten dejando las divisas en el exterior. El ciento por ciento para el caso de las mineras y el 70 para las petroleras, tema denunciado reiteradamente por Pino Solanas y Proyecto Sur.

No obstante, la clave del artículo de Galasso está en la definición del “enemigo principal”. Al respecto, ya nadie discute que, utilizando el terrorismo de Estado, la dictadura militar contribuyó a consolidar un nuevo bloque de poder hegemónico en el país, conformado por grupos económico-financieros locales y externos –incluyendo a los grandes propietarios de tierras, cada vez más concentradas y extranjerizadas– con el apoyo de Estados Unidos, países europeos, el FMI y el Banco Mundial. Estos fueron los beneficiarios del saqueo de recursos públicos y sociales durante los treinta años siguientes, comenzando por el carácter fraudulento de la deuda externa y la estatización de la deuda privada, realizada por Domingo Cavallo desde el Banco Central, durante la dictadura. Con el retorno de la democracia, la fortaleza alcanzada por ese bloque de poder, sumada a la escasa voluntad política, permitió desarticular el Estado de Bienestar y el Estado Empresario y la potestad soberana del Estado Nacional, facilitando un descomunal traslado de recursos públicos y sociales en favor de los nuevos dueños de la Argentina.

Así, el saqueo articulado al amparo del terror durante la dictadura se consolidó en democracia a través de verdaderas estructuras de corrupción, conformadas por los grupos económico-financieros, parte de la dirigencia gremial y los dos partidos mayoritarios.

La alternancia bipartidista –incluyendo la cooptación de sectores como el Frepaso– permitió la continuidad de los mecanismos de despojo: subsidios a la descentralización industrial y a las exportaciones; especulación financiera; pago de la deuda sin evaluar su legitimidad; privatizaciones leoninas; altas tarifas en dólares sobre mercados cautivos; prebendas a los “amigos del poder”; complicidades espurias; intercambio de expertos económicos o referentes políticos; “empresarios nacionales” súbitamente enriquecidos y similares; lo cual no está exento de conflictos de intereses y tensiones en su interior. Dadas las dramáticas consecuencia de esta estructura de corrupción, preocupa que se banalice el tema de la corrupción económica. En todo caso, ese bloque de poder y sus cómplices son el enemigo principal. Son ellos los que se benefician con el sacrificio y dolor de nuestro pueblo.

Precisamente, en Venezuela, Bolivia y Ecuador, las fuerzas populares lograron quebrar la trampa de ese tipo de bipartidismo. Por ello, la nacionalización de los recursos estratégicos y empresas clave para esas economías y el repudio a la deuda externa ilegítima no constituyen una “casualidad permanente”, sino movimientos clave para garantizar la redistribución de la riqueza y el bienestar del pueblo. Si se considera que solamente la derecha política, junto a la “nueva derecha” y la oligarquía rural, conforman el “enemigo principal”, por carácter transitivo parecieran pertenecer al campo del pueblo Techint, Monsanto, British Petroleum, Repsol, Pan American Energy, Shell, Esso, Ford, Barrick Gold, Minera La Alumbrera, Grobocopatel, Bunge y Born, Cargill o la Aceitera General Deheza del senador oficialista Urquía, entre otros tantos “amigos del poder”, y entonces se comprende por qué razón muchas de estas corporaciones han recibido subsidios o prebendas del orden de los 10 mil millones de dólares anuales.

En cuanto al tema de la Resolución 125, sistemáticamente se omiten varias claves. Son el diputado Lozano, los diputados del SI y el ex diputado Mario Cafiero quienes denuncian que el proyecto oficial encubre una maniobra que perjudica al Estado, en una suma superior a los 1700 millones de dólares (no pesos) y presentan un proyecto propio a favor de las retenciones móviles segmentadas, que incluye la investigación del ilícito denunciado. Este proyecto no fue llevado a votación, porque en Diputados ganó el proyecto oficial. Para colmo de males, gracias a la maniobra, el Estado nunca llegó a cobrar las alícuotas fijadas en “la 125” y que sí las agroexportadoras descontaron a los productores. Otro dato interesante es que antes del voto no positivo de Cobos, catorce diputados del Frente para la Victoria votaron en contra del proyecto oficial. Por todo ello, no es bueno que se pretenda comparar el sentido de nuestro voto con el voto de la derecha. Nosotros nos negamos a acompañar al Gobierno en el fraude, no en las retenciones. Galasso reconoce el negociado, al hablar de las acciones judiciales iniciadas por AFIP, pero soslaya que son posteriores a nuestra denuncia, cuando la maniobra entre los funcionarios del Gobierno y las agroexportadoras había tomado estado público. Pero la cosa no queda allí, la posterior ley de blanqueo exime a las agroexportadoras también de esa responsabilidad. Por todo ello, nos parece en extremo injusto que el compañero Galasso pretenda adjudicarnos “una grave responsabilidad si se frustra esta gran oportunidad”. En todo caso, si se frustrara esta gran oportunidad, no sería a causa de nuestras humildes críticas, sino a consecuencia de los propios errores políticos del Gobierno y su definición del “enemigo principal”.

Finalmente, en relación con las apreciaciones que el compañero Galasso realiza sobre la obra de Perón y, más allá de que sin duda hubo errores que no intentaré justificar, sus extraordinarias realizaciones en el campo social, los derechos del trabajador, la ancianidad, la niñez, la educación, la salud, energía, infraestructura industrial, obra pública, desarrollo tecnológico e incluso su concepción ambientalista expresada hace casi 40 años en el “Proyecto Nacional” tornan injusta cualquier comparación con gestiones posteriores.

* Docente, integrante de la mesa nacional de Proyecto Sur.

Respuesta de Norberto Galasso

OPINION

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-120467-2009-02-24.html

El enemigo principal (polémica)

Por Norberto Galasso *

En Página/12, el 17 de febrero último, el compañero Luis Brunati se suma a la polémica que venimos desarrollando acerca de si Proyecto Sur debe atacar frontalmente y con todo furor al Gobierno, considerándolo el enemigo principal, como lo está haciendo (Pino dice: “Kirchner es perverso”, “traidor”, “el Gobierno es antinacional y antipopular”, “Scalabrini Ortiz y Jauretche habrían visto con simpatía esta protesta rural”, “Scalabrini no estaría en Carta Abierta”, etc.) o si, en cambio, corresponde una crítica lateral, reconociendo aciertos –empujando, para profundizarlos– y señalando errores. Aquí reside el aspecto central de la discusión: quién es el enemigo principal, que ahora retoma Brunati.

Le contesto: lea el compañero Luis el diario La Nación, mire los noticiosos de TN, observe la perversidad de la casi totalidad del periodismo televisivo y la opinión de la casi totalidad de la dirigencia que aparece en “los medios” –ferozmente opositora al Gobierno– y se convencerá de que no puede coincidir con ellos. López Murphy, Carrió, Escribano, Grondona, la Mesa de Enlace agropecuaria, Longobardi y tantos otros saben bien quién es “el enemigo principal de ellos” y en este momento le apuntan agresivamente, con burlas y saña, al kirchnerismo. Por tanto, Luis, éste no puede ser, al mismo tiempo, el enemigo principal de Proyecto Sur.

Esta gente antinacional y antipopular pretendió “desgastar” al Gobierno, quiso voltearlo con un cacerolazo, logró debilitarlo con sus cortes de ruta, se apropió del cerebro de gran parte de los sectores medios reverdeciendo el gorilismo, apelando al racismo “anticabecita”, al machismo –incluso al “machismo de las mujeres”– ensañándose con Cristina y ahora intenta organizar algo parecido a la Unión Democrática, aunque en dos alas. Una, la liberal-oligárquica de Carrió –UCR en declinación conservadora, traidores como Cobos y hombres de paja del imperio como “el Bulldog”, con el aporte de la hija de Pepe Estensoro y la prepotencia aristocrática de una Bullrich Luro Pueyrredón, renegada de sus osadías juveniles. La otra, la monstruosa degeneración de un sector del peronismo, que retoma la línea menemista-duhaldista, con millonarios como De Narváez, oportunistas como Solá y el fantasma del viejo Pinedo resurrecto en su nieto. Todos ellos, juntos o separados, se esmeran por bajar el telón sobre la experiencia de Néstor y Cristina. A su vez, Fidel, Chávez, Lula, Evo y Correa no quieren que esto ocurra porque consideran a la pareja como compañeros del hundimiento del ALCA y de la necesaria reunificación de América latina con Banco del Sur, moneda latinoamericana y comité de defensa ante cualquier prepotencia imperialista.

De esto no hay duda alguna. Vos me decís en tu artículo que también son enemigos Bunge y Born, Urquía, la Aceitera General Deheza, Monsanto, etc., ¡qué duda cabe! Sólo que el diputado de Proyecto Sur votó a favor de esos intereses sojeros contra la Resolución 125 con el alborozo de La Nación, Clarín, Perfil y otros (lo menos que cabía era abstenerse). También mencionás a otros que, esos sí, hacen buenos negocios como las grandes empresas mineras y petroleras. No eludí este tema –como me criticás por mi nota anterior– ni lo eludo ahora. Digo que hay “amigos del poder”, efectivamente, como también los hay en todos los movimientos que algunos catedráticos llaman despectivamente “populistas”, incluso en el peronismo del ’45. Pero esos negocios no alcanzan para confundir los campos. Son suficientes sí, para señalar compromisos, contradicciones, concesiones del Gobierno. Por eso hay que empujarlo, movilizando al pueblo, para que profundice su política y adopte medidas audaces en esas áreas hoy sujetas al saqueo. Pero no podés caracterizar al Gobierno solamente por esta cuestión, como ocurría con radicales y nacionalistas que conspiraban contra Perón diciendo que entregaba el petróleo o no había nacionalizado la CADE. También te puedo recordar que Perón, seguramente a disgusto, llevó al balcón de la Rosada al asesino de Sandino. ¿Esta actitud tan criticable invalidaba las nacionalizaciones, el no ingreso al FMI, el más del 50 por ciento de la participación de los trabajadores en el ingreso y tantas otras cosas positivas? Evidentemente, no. Había que hacerse el distraído si se estaba dentro del peronismo o criticarlo lateralmente, sin dejar de reconocer el carácter nacional y popular del gobierno, si se estaba en la izquierda nacional (porque de la otra izquierda mejor no hablar). Fue también una concesión cuando el General encarceló a los exilados guatemaltecos del gobierno de Arbenz derrocado por los yanquis. De esta desgraciada medida algunos sacaron la conclusión de que el gobierno era proimperialista, lo recuerdo. Así actuó gente honesta, con grandes ilusiones y quimeras. Lenin también los soportó y los calificó como “el izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”. Como vos sabés, colaboraron para que llegaran los Rojas y Aramburu, quienes liberaron a los guatemaltecos, pero fusilaron a los trabajadores peronistas y dictaron el 4161 y todo lo demás.

En mi anterior artículo decía que me sorprende que compañeros de larga lucha en el peronismo no comprendan las vacilaciones de los gobiernos policlasistas, que también las tuvo el peronismo, aun en sus mejores momentos (Actas de Chapultepec, ¿te acordás?). También me sorprende que omitan los avances de este gobierno y algo tan caro al peronismo como son los derechos de los trabajadores. Porque ahora no sólo hubo disminución de la desocupación y recupero de las paritarias, sino que desde la Comisión parlamentaria de Legislación Laboral presidida por Héctor Recalde se recuperaron conquistas que el menemismo había destruido (sextuplicación del salario mínimo, vital y móvil, suspensión de despidos sin causa, derogación de la ley Banelco, prohibición de uso de banderas extranjeras en los buques para eludir la legislación laboral argentina, limitación a ocho horas de la jornada para peones rurales, modificación de la ley de pasantías, el “dubio pro operario” en juicios laborales, jueces laborales en materia de quiebras, etc.). Y esto no lo promueve “el enemigo principal”, sino el Frente para la Victoria.

Es correcto que Proyecto Sur critique, pero, por favor, no desde el campo del enemigo, no desde La Nación y Perfil, ni en los programas de los periodistas del imperio, que se solazan escuchando las críticas. Elogien lo elogiable y critiquen lo criticable, pero con sumo cuidado para no ser funcionales a la reacción. Crezcan, desarróllense, si pueden, cabalgando junto a lo mejor del Gobierno y cuando deban votar, no le den pasto al enemigo.

También ha salido al ruedo, por correo electrónico, otro dirigente y amigo, Mario Mazitelli, quien señala que la política del imperio es “la alternancia”. Según él, el imperialismo deja hacer al centroizquierda hoy, después en 2011 vendrá la centroderecha y así sucesivamente mientras Proyecto Sur –sostiene un militante honesto como Mario– construye el partido “para hacer la revolución social”. Este supuesto poder inmenso de los sectores dominantes previendo varios gobiernos y manejando a su gusto a todos los argentinos –menos a Proyecto Sur– me sorprende porque se sustenta en categorías liberales, como centroizquierda o centroderecha, que utilizan Morales Solá y sus congéneres. Creo, en cambio, que hay una cuestión nacional que divide a la sociedad en antiimperialistas y proimperialistas y una cuestión social que la divide en explotadores y explotados. Del ensamble de ambas cuestiones nace un proyecto de Liberación Nacional en marcha hacia el socialismo.

Pero esta polémica no la voy a seguir por dos motivos. La primera, porque la egolatría es mala consejera. Y esto de que la plana mayor de Proyecto Sur (sólo faltás vos, Carlitos del Frade, y espero que no lo hagas) se prodigue en discutir conmigo puede provocarme cierta vanidad y apartarme de aquello que aconsejaba Scalabrini: “Ser uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera”. La segunda, porque aparecen quienes rebajan el nivel de la discusión, como un tal José Luis que por correo electrónico intenta descalificarme tratándome benévolamente de “anciano”. Como se comprende, a los 72, no estoy para coqueterías, pero si la calificación viene de Proyecto Sur les advierto que si yo soy anciano, Pino es seis meses más anciano que yo.

Pero no es así, Pino, vos y yo sabemos que no somos viejos. Ocurre simplemente –como decía Jauretche– que hace muchos años que somos jóvenes y mantenemos la juventud suficiente para polemizar acerca del destino de esta América latina que insoslayablemente va hacia la unidad y al socialismo. Y, por mi parte, bajo el telón sobre esta polémica, en la certeza de que tarde o temprano las duras luchas por la liberación nacional y social nos encontrarán a todos nosotros, otra vez juntos, en la misma vereda de siempre.

* Historiador y ensayista.



CARICATURAS

27 enero 2009

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la-gorda-carrio

La Doctora Carrió está en campaña. De eso no queda mucha duda, ni hace falta ser un Morales Solá para darse cuenta.

Lo interesante de la campaña de este grotesco personaje es su necesidad de tomar el perfil “catch all”, y de predicar en todas las parroquias. No está mal que un político en campaña trabaje para llegar a múltiples sectores, después de todo, de eso se trata gobernar: de aunar voluntades diversas para respaldar un proyecto común.

Pero la manera que elige Carrió para llegar a todos es algo burdo. Para muestra sobra un botón (o dos):

Por un lado nos provoca con una declaración del calibre de “no tengo ideología” en el tono PRO que predomina el discurso político mediático desde hace años, y que expone esa idea tan poco sustentable de que se puede llevar un gobierno sin un programa ideológico. Pero con la vuelta de rosca de reemplazar ideología por ética, considerando que no importa lo que se haga sino que se haga con decencia.

La Alianza que encumbró a De La Rúa – Chacho Álvarez en la presidencia en el año 1999 nos dió ya a los argentinos una lección de cómo funciona la Ética por sobre la Ideología, demostrando que quienes enarbolan este discurso tan hueco no sólo tienen una ideología clara (la conservadora) sino que demás carecen de la afectada ética que tanto proclaman.

Lo más lamentable resulta que estos predicadores de la Ética y la Esperanza locales traten de colocarse en la huella de Barack Obama, transmitiendo la idea de que la asunción de Obama es la consolidación de la política no ideológica. Peor aún, dicen que las gestas de “esperanza vacía” como la que le imputan a Obama son la tendencia política del Siglo XXI, por sobre la política conflictiva e ideologizante del Siglo XX que exponen nuestros representantes al reunirse con Fidel Castro y Chávez.

Alguien debería aclararles que la asunción de Barack Obama como presidente de Estados Unidos es justamente todo lo contrario: Es la recuperación del contenido ideológico en la política, luego se ser ésta vaciada de todo su contenido por el moralista Reagan y todos los sucedáneos a partir de los ´80. El discurso de Obama tiene un contenido progresista en dirección de una economía con mayor presencia estatal, con un sistema de salud público; gratuito y universal y otras tantas “consignas ideológicas” que tanto desagrado le provocan a nuestra oposición vernácula.

Todo esto no excede por mucho lo que estamos acostumbrados a oir por parte de la oposición, que reincide en un discurso político chato y anacrónico. Pero el costado desagradeble de la campaña de Carrió es su estrategia para tentar a los sectores populares, a la sazón más afines al justicialismo. Desde un “a Evita la amo (al parecer anduvo hojeando La Razón de mi Vida) hasta mandar a un amanuense a que la compare con la misma Evita, la Dra. Carrió -por lo pronto más de la escuela de los Azules– comprendió que no se puede gobernar pacificamente en este país si no se cuenta con (al menos algo de) el respaldo del pueblo justicialista.

Y así es que llegamos a leer en el diario Perfil que la Hermana Superiora dijo:”comer un choripán con las patas sobre la mesa es casi la eucaristía”. ¿Se nos puede ocurrir una imagen más desagradable que la de ver a la Sra. Carrió bañada en transpiración engullendo un choripán, con sus pies apoyados sobre la mesa? ¿Alguna vez Carrió presenció este espectáculo? Vamos a ser sinceros ¿Alguna vez el lector vió algo así? ¿Es acaso una práctica habitual llevada a cabo por las clases populares? ¿O es simplemente una práctica de mal gusto digna de un asqueroso? ¿Humildad es sinónimo de asquerosidad? Al parecer para Carrió sí lo es.
Y en su total desconocimiento de lo que es un laburante, Elisa Avelina caricaturiza los hábitos del pueblo trabajador imaginándose escenas vulgares de este tipo. Lo que no se da cuenta es que al conducirse de esta manera, ella se va volviendo cada vez más y más una caricatura de sí misma.

No lo digo por los problemas cromáticos de su piel ni por sus grotescas dimensiones físicas. Carrió es la caricatura de una señora gorda de barrio acomodado; moralista y venenosa en su forma de hablar, prejuiciosa y falluta, de afectada religiosidad y poco aprecio por las otras mujeres. Algo así como una Mirta Legrand, pero ordinaria como para poner las patas arriba de la mesa.

ManuK