POCOS PRESIDENTES LATINOAMERICANOS GOZAN DE UNA LEGITIMIDAD DEMOCRÁTICA TAN CORRECTAMENTE DEMOSTRADA COMO LA DEL DIRIGENTE VENEZOLANO.

28 marzo 2009

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Por Salim Lamrani

Para Kaos en la Red

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El presidente Hugo Chávez acaba de dar una lección de democracia a sus detractores otra vez. El 15 de febrero de 2009, por decimoquinta vez en diez años, los venezolanos fueron llamados a las urnas, esa vez para pronunciarse sobre la enmienda constitucional que anulará la limitación de mandatos del presidente, los alcaldes, los diputados y los gobernadores. Por decimocuarta vez en un decenio, los electores demostraron su apoyo al líder bolivariano expresándose el 54,86% a favor de la enmienda que permitirá a Chávez presentarse de nuevo en 2012.

Ningún presidente latinoamericano goza de una legitimidad democrática tan demostrada como la del dirigente venezolano. La participación en el referéndum fue masiva, llegando al 70%. Con respecto al fracaso de diciembre de 2007, cuando la reforma constitucional (69 artículos), mal explicada, fue rechazada por una ínfima minoría de un 50,7%, el gobierno venezolano ganó cerca de dos millones de votos, reforzando su popularidad.

A pesar de las quejas y las acusaciones de fraude por parte de la oposición, una vez más el escrutinio fue alabado por la comunidad internacional por su transparencia.  El Grupo de Río, que agrupa a 33 naciones del continente americano, calificó el referendo de «nueva expresión de civismo y se felicit[ó] del ejercicio democrático» de los venezolanos, subrayando al mismo tiempo «la amplia participación política». Estados Unidos también saludó un proceso «consecuente con los principios democráticos» y declaró su voluntad de «mantener una relación positiva» con Caracas. Frente a todo ello, la oposición no tuvo más remedio que admitir su derrota.

El presidente Chávez, por su parte, se alegró de la victoria: «Hoy ha ganado la verdad contra la mentira, ganó la constancia de un pueblo», refiriéndose a la campaña mediática de la oposición. «Sale fortalecido el socialismo bolivariano ante el mundo», añadió.

En efecto, la oposición y los medios occidentales han desarrollado una campaña de desprestigio contra las autoridades venezolanas acusando a Hugo Chávez de querer convertirse en «presidente vitalicio», y se han olvidado de que en democracia es el pueblo quien tiene la última palabra. Desde luego, las multinacionales de la información se guardaron de señalar que en numerosas democracias occidentales la limitación de mandatos no existe. Tampoco consideraron necesario recordar que los venezolanos tienen la posibilidad de revocar a su presidente a medio mandato si su política resulta insatisfactoria, realidad inimaginable en Occidente.

En diez años de poder, Hugo Chávez ha emprendido reformas económicas y sociales espectaculares que han mejorado singularmente el nivel de vida de las categorías más vulnerables de la población, ha dotado de soberanía política y económica a su país, ha infundido un sentimiento de dignidad nacional a sus ciudadanos, ha dado una estatura internacional a Venezuela, cuyo prestigio no deja de crecer en el Tercer Mundo, ha agrupado a una gran parte de las naciones latinoamericanas en torno a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), un proyecto emancipador e integrador, y ha hecho de la solidaridad hacia los más necesitados el principio fundamental de su política exterior. He aquí brevemente las raíces de la popularidad del líder venezolano.

No obstante, Hugo Chávez tiene que enfrentar al menos cuatro retos mayores todavía: la bajada del precio del petróleo del cual depende la economía venezolana, la tasa de criminalidad, que aunque ha bajado sigue siendo un problema serio, la inflación todavía alta, un nivel de corrupción relativo pero presente en algunas esferas del poder y sobre todo una oposición que se niega a prestarse al juego democrático multiplicando las campañas mediáticas de desinformación cuya eficacia es innegable. Pero el escrutinio del 15 de febrero ilustra la confianza de los venezolanos en su presidente para hacer frente a estos obstáculos y proseguir su política de construcción de una alternativa al neoliberalismo salvaje en la que el ser humano se ubica en el centro del proyecto de sociedad.

Contacto: lamranisalim@yahoo.fr

www.kaosenlared.net/noticia/leccion-democracia-presidente-hugo-chavez

EL “DERECHO POLÍTICO”

13 febrero 2009

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Nota publicada en el blog del Cumpa

Fraudes
Me sorprendió que unos partidos que ganaron elecciones con este sistema de boletas –UCR, CC, PS, Pro– lo consideren garantía de fraude.”.

Por M. Caparrós

¿No exageran, muchachos? Se reúnen y claman indignados: que si el Gobierno no acepta cambiar las boletas de las próximas elecciones significa que está preparando “un nuevo fraude”. No sé cuál era el anterior pero, en cualquier caso, me sorprendió que unos partidos que han ganado elecciones con este sistema de boletas –UCR, CC, PS, Pro– lo consideren garantía de fraude. Así que me preocupé, leí sus explicaciones: repiten una y otra vez que el sistema de boleta única que proponen sirve “para que no falten boletas de una fuerza política dentro del cuarto oscuro”. Para eso, en mi pueblo, se usaban los fiscales, que tenían que ir a revisar de tanto en tanto que esas boletas estuvieran ahí. Durante algunas décadas el mecanismo funcionó, pero de pronto les parece mal. Uno podría sospechar que es porque ya no tienen fiscales: porque ya no tienen militantes. Muchachos, tengan fiscales: dejen de hacer televisión, dejen de hacer transitas, hagan política, convenzan militantes, consigan adherentes, organícenlos y pídanles que fiscalicen. Y si no pueden, no les echen la culpa a los que sí. Quizá suene incorrecto, pero si un partido político no consigue juntar siquiera los fiscales necesarios no sé si tiene derecho –político– a querer ganar en unas elecciones.


Me pregunto también si no se confunden, muchachos. Digo, porque claman indignados por el tema de la boleta única y se olvidan de aquello que sí modifica radicalmente la forma en que elegimos a nuestros representantes: la lista sábana, el curro que siguen usando sus partiditos para hacernos votar todo tipo de sapos, y para negociar con dudosos elementos y pagarles sus favores: no te preocupes, hermano, cuando salgas de la cárcel te pongo 11 en la lista y capaz que podés ser concejal. Esta boleta única que proponen resultaría, entre otras cosas, la consagración de la sábana: votaríamos, dicen ustedes, con un papel donde ni siquiera están escritos los nombres de los candidatos que caigan más allá del tercer puesto de las listas.

Y me vuelvo a preguntar si no exageran. Por momentos uno pensaría que lo hacen a propósito: que lanzan la propuesta con tanta ira que el Gobierno no puede aceptarla porque estaría claudicando; entonces, como no lo va a hacer, ustedes podrán decir que las elecciones fueron fraudulentas –porque se hicieron igual que todas las anteriores–. Pero uno no es mal pensado, así que prefiere imaginar que esa ira, muchachos, es un efecto de la crispación argenta actual. Todo tan tremebundo: un asesinato es una masacre, un accidente una tragedia, una medida de gobierno el fin de la nación o, si acaso, del mundo –a veces, por suerte, el universo parece estar a salvo–. Esos sí que son fraudes. Yo no estoy en contra de la crispación: creo que hay situaciones en que vale la pena y algunas en que corresponde ir incluso más allá. Pero esta crispación permanente por pavadas se acerca a la caricatura y ni siquiera es muy graciosa. Y encima es un peligro: si no lo creen, pregúntenle al pastorcito mentiroso.

Martín Caparrós