LA HISTORIA QUE ENSEÑA A PENSAR EN NACIONAL ES IGNORADA POR LA EDUCACIÓN FORMAL.

17 julio 2017

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Historia; de nuestra redacción.

Para un Radical de alma

Roque Eduardo Molas,

amigo y colega,

con admiración y

profundo respeto.

V.L.M.

Victor L Martinez 4

Por Victor Leopoldo Martinez(1)

Quizá uno de los más notable historiadores argentinos, de lectura obligada para todos los que militamos en el campo Nacional y Popular, hoy en vida, sea Norberto Galasso.

GALASSO

De sus mejores trabajos entre los que se destacan SAN MARTIN, PERÓN, la excelente semblanza de nuestro FELIPE VARELA que yo haya leído (nombre que lleva su Centro de Estudios Históricos), tomé de mi biblioteca “JAURETCHE Y SU ÉPOCA, de Yrigoyen a Perón, 1901-1955”. Y lo hice por esa necesidad de compartir en este escrito un sentimiento que suele estrujarme el pecho. Lo quiero compartir con un gran amigo, casi hermano, radical alfonsinista el hombre. Tal vez porque en este texto documental él encuentre como encontré yo hace tiempo ya, las raíces comunes que nos unen; esa línea histórica que unifica las sendas que cada uno transitó políticamente pero que confluyen en lo Nacional, Popular y Latinoamericano.

Cuenta Galasso en este trabajo que: «Jaureche toma cada vez mayor distancia de los que se califican pomposamente intelectuales, esos compañeros reformistas que hacen gala de antiyrigoyenismo y rotulan a don Hipólito como “bárbaro ignorante”, como lo hace por entonces Sanchez Viamonte, personaje de esos para quienes los intelectuales son seres privilegiados que no deben contaminarse con las miserias del mundo y que solo en abstracto están dispuestos a apoyar las reivindicaciones populares, y eso a condición de que el pueblo analfabeto esté dispuesto a obedecer sus directivas pues la política es una “cuestión de cultura”, de “educar al soberano”».

ARTURO JAURETCHE 1

Galasso rescata de unos de los escritos inéditos de Jauretche lo siguiente: “Un estudiante yrigoyenista necesariamente tenía que ser un burro para un dirigente estudiantil…así me decía, años después, un compañero de Universidad que me tenía conceptuado a mi, como burro, por mi militancia yrigoyenista. (mi identificación con esta historia era total porque en los “70” y en la Facultad de Ing. de Bs. As. yo cargué por no poco tiempo el estigma que me adosaron los militantes de izquierda de aquella facultad y con el cual trataban de denigrarme: “Que otra cosa podía ser un “cabecita negra” -por mi provincianismo- que no sea ser peronista”). Si hasta Homero Guglielmini que siendo estudiante había entrado con el handicap de ser el presunto destinatario de una carta de Ortega y Gasset, se quedó atrás como inteligente desde que se lo supo yrigoyenista. (y después lo borrarían del todo cuando se lo supo peronista). Intelectuales eran los izquierdistas: Alejandro Lastra, Miguel Ángel Zabala Ortiz, Rodolfo Aráoz Alfaro, todo aquel grupo “Espartaco” que asistía a clase de guantes patito… Existía por entonces el Centro Izquierda – nosotros éramos el centro y ellos la izquierda – conjunción en la que ellos aportaban el espíritu y nosotros el cuero cuando había pelea. Los intelectuales de guante patito querían enseñarle a García, el del puerto, cómo se hacen huelgas y al negro Montiel que se andaba haciendo planchar el lomo en Misiones, !cómo organizar a los mensú, cómo se hace sindicalismo…!”.

HOMERO MANZI

HOMERO MANZI Y ARTURO JAURETCHE

En otro momento de este trabajo, Galasso toma una pintura hecha por uno de los grandes de la Cultura Nacional, oriundo de Añatuya- Santiago del Estero-, de nombre Homero Manzioni (más conocido como Homero Manzi), sobre su vínculo con Jauretche en la cual el santiagueño le relata al hombre de Lincoln su encuentro con Hipólito Yrigoyen: «Fuimos un grupo de estudiantes universitarios hasta su casa de la calle Brasil a describirle nuestra angustia ante la reacción que paralizaba los impulsos de la Reforma (Universitaria) del año 18. Aquella vez sentí – recuerda Manzi – que su alma –la de Yrigoyense encendía detrás de los serenos ojos grises y escuché de sus labios este juicio: “Yo soñé que la universidad habría de ser la cuna del alma argentina. Pensé que la ciencia que llegaba desde la vieja Europa iba a ser un instrumento al que la universidad daría emoción nacional. Y pensé también que esa cultura argentinizada en justicia, se convertiría en un ejemplo para las juventudes de América. Pero me he equivocado…he visto que lo que nos llega no toma nuestra forma y que corremos el riesgo de esclavizarnos con modelos ajenos que no habrán de servir para profundizar nuestro destino…”. Y Manzi concluye el relato, resumiendo su concepción de cultura nacional: “Ese día mi asombrada adolescencia, realizó la síntesis de su pensamiento: ¡nacional pero no nacionalista; universal pero no universalista…, es decir, lo nacional, en tanto argentino y antiimperialista y no lo nacionalista, expresión de medioevalismo y xenofobia; y lo universal, en tanto progreso y avance de la humanidad, pero no universalista en el sentido de cosmopolitismo o mentalidad colonial impuesta por un imperialismo».

Posteriormente Jauretche reconoce que “Mucho de mi irigoyenismo se lo debo a Homero Manzi. Yo era nuevo en el irigoyenismo, él era yrigoyenista de antes y todo fue producto de una evolución puramente intelectual que hizo él.”

JAURETCHE SEGÚN SCALABRINI ORTIZ

SCALABRINI

En otro párrafo Galasso transcribe a Scalabrini: “Arturo Jauretche es un hermoso arquetipo de la humanidad que estamos gestando en esta tierra –comienza Ortiz con su semblanza de don Arturo. Y por eso mi pluma, desconfiada para el elogio, corre sobre el papel con la alegría del agua que cabrillea en el arroyo… Sus dones de observador y la amplitud fecunda de su imaginación han sido siempre un regalo para sus amigos. Es hábil de pluma, un verdadero escritor de garra y sus cuentos hubieran sido suficiente para labrarle una respetable posición que el desdeñó, como a desdeñado tanta otras cosas. Es fácil para versificar y maneja los adjetivos al modo Lugoniano, virtud que no usa sino al servicio de la regeneración argentina. Hay un pequeño mundo de posibilidades sacrificadas en la vida de Arturo Jauretche… No hago literatura ni me dejo llevar por la inercia de las palabras y del impulso justiciero. Digo exactamente lo que pienso y siento.. A los dieciocho años era secretario del partido conservador (de su pueblo). Tenía ante sí un fructífero destino de brillantez, de holgura y un marco de lucimiento para esa ingeniosa campechanía con que Arturo disimula su innato temperamento de caudillo. Pero vio el problema del país en su esencia irreductible. De un lado estaban los capataces de la colonia; del otro, los colonos, todo el país argentino. De un lado todo lo que la vida puede ofrecer de más tentador para los sentidos. Del otro , un pueblo casi hambriento, desmunido de bienes, traicionado, zaherido, maniatado por doctrinas económicas, sociales y políticas, especialmente estudiadas y propaladas para quitarle todo impulso, toda convicción, toda esperanza, toda posibilidad de redención y enaltecimiento. De un lado, la riqueza y su oropel de vanidad y estulticia. Del otro, el trabajo sin horizonte, el esfuerzo sin premio, las largas noches del silencio en una verdadera estepa intelectual donde los esfuerzos se pierden y las mejores voces se ahogan en un ámbito sin resonancia. Arturo Jauretche no dudó. Renuncio a su cargo en que una diputación nacional estaba esperando que cumpliera la edad legal, y se adscribió a la fracción política más íntimamente confundida con el interés popular: se hizo radical yrigoyenista”.

Estos fueron los verdaderos arquetipos del pensamiento político nacional en nuestro país cuya lectura sigue vedada en los establecimientos educativos. Por eso difícilmente las nuevas generaciones, desde 1976 en adelante, puedan sentirse y pensar como Argentinos y latinoamericanos. Solo así se entienden los triunfos de Menem en su reelección (la primera elección fue a fuerza de promesas mentirosas como las que hizo Macri) y el de Macri (que espero no tenga reelección) .

(1)Documentalista, escritor, periodista.


JAURETCHE, ante todo un MAESTRO de lo NACIONAL

30 enero 2015

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, de nuestra redacción.

En Prosa de hacha y tiza, bajo el título “los novios asépticos de la revolución”, citó una frase del Profesor Silvio Frondizi que dice: “Hasta la aparición del Partido Comunista, el Socialista fue le único partido de base científica”. Esto desencadenó mi siguiente comentario: “Dado el éxito del Partido Socialista habrá que convenir que en la Argentina la ciencia sirve para todo menos para hacer política, o que este es un país anti-científico”.

Arturo Jauretche-Manual de las zonceras argentinas -Pág. 104

Foto de V.L.M.Por Victor Leopoldo Martinez(*)

“FUI UN AFORTUNADO”

En materia pedagógica, las enseñanzas y el pensamiento de Arturo Jauretche están presentes en todos mis trabajos. Fue uno de los tres grandes maestros, hoy todos ellos ausentes, que tuve; los otros dos, Gustavo Francisco Cirigliano y Paulo Freire. Orgullosamente sostengo esto desde mi condición docente y humilde aprendiz de sus enseñanzas, además de ser un loco que intenta vanamente constituirse en otro de sus discípulos.

Voy a focalizar esta semblanza de don Arturo en la importancia que tuvo para él lo educativo, algo que a través de sus textos me trasmitió. Es un tema con el que siempre estuve vinculado de “oficio” (1) y comencé a conocer de manera medianamente seria, o mejor dicho a descubrir la seriedad del mismo, cuando él tuvo la osadía de mostrarlo íntimamente ligado a nuestra falta de independencia mental a la hora de pensar lo nacional.

Jauretche encontró en la educación el nudo gordiano de nuestros males culturales, algo que aún hoy nos sigue privando de tener una identidad definida. En homenaje a él -con poca modestia y mucha pedantería de mi parte al tratar de emularlo- titulé mi último trabajo sobre educación: “Guarda-Polvos, aorta pedagógica de la dependencia” (2).

Fui un afortunado al conocerlo personalmente. Desde el momento que escuche por primera y única vez una brillante “clase” suya sobre pensamiento nacional, mi visión del valor de la educación que hasta ese momento estaba asociada exclusivamente a lo “académico”, cambió radicalmente; dio un giro de 180º y se instaló en su lógico y correcto lugar, el político. Este fortuito encuentro ocurrió luego del triunfo del peronismo en aquel 11 de marzo de 1973 y previo a la asunción del “Tío” Cámpora, disertación que disfruté junto a mi inseparable ladero Pedro del Arrabal en un saloncito del sindicato de Luz y Fuerza de la calle Perú al 800 de esta Capital Federal.

Hasta ese momento y desde el año “70” del siglo pasado había sido un simple pero ferviente militante callejero de la JP en este Bs.As.(ni siquiera universitario que en ese momento lo era pero prefería militar en mi laburo y barrialmente). No tenía una clara conciencia de la disociación que existía entre universidad y sociedad-país; pero escuchar hablar a compañeros militantes que actuaban en mi facultad en contra de la “burocracia sindical” me pegaba como muy disonante, independientemente de que en algunos casos fuera cierto y en otros una simple infamia. La formación peronista recibida de mi abuela materna había internalizado en mi la idea de que la clase trabajadora argentina (todos sindicalizados) constituía la columna vertebral de movimiento justicialista; “Lo dice Perón” me aclaraba. En ese entonces yo era un simple laburante a lo que le sumaba mi condición universitaria, única forma de poderme mantener y estudiar al mismo tiempo. Escuchar a mis pares de facultad hablar en contra de los dirigentes sindicales era como hablar mal de los laburantes; yo lo era. Junto a mis compañeros de yugo, todos “cabecita negra” como yo, no lo sentíamos justo. Había una historia de resistencia peronista encabezada por trabajadores y dirigentes gremiales; muchos de ellos perseguidos, encarcelados, asesinados después del “55” y eso constituía parte de la historia que habiamos mamado en los estratos populares de donde proveníamos. Ese trato despectivo para con los laburantes generaba en mi desconfianza que hizo en primera instancia que me alejara de la militancia universitaria.

Fue aquella charla de Jauretche la que casualmente me impulsó a “parar la bocha”, ese el momento en que comencé a desandar el camino que me había llevado a ser un maestro zonzo (17 años iba a cumplir cuando me recibí de Maestro Normal Nacional en mi lejana y amada Catamarca donde había sido capacitado y profesionalizado para enseñar zonceras técnicas y falsedades históricas como verdades absolutas por el supuesto “rigor científico” que las avalabas).

Aquel día inicié mi transitar inverso -a contramano- por la senda recorrida con anterioridad a través de la educación formal. En ese regreso y gracias a los señalamientos puntuales que aparecían en los textos de don Arturo fui descubriendo todos y cada uno de los grandes baches que existían en la empedrada senda por donde se había deslizado la historia oficial y el conocimiento en general montados ambos en carros tirados por sirvientes fieles… fieles a los intereses imperiales de turno. Jauretche me “avispó” la mirada y gracias a eso pude encontrar la olla pedagógica donde se había cocinado el elixir hecho “pensamiento cipayo”,   con el cual nos inoculaban “desde nuestra más tierna infancia y en dosis para adultos” como socarronamente sostenía él.

Mirado a la distancia y con no poca nostalgia casualmente, uno lamenta que salvo esa honrosa excepción que constituye por si solo el querido Maestro, compañero y amigo Norberto Galasso, hoy por hoy y en nuestro medio no existan pensadores e intelectuales nacionales -con la excepción señalada- de la talla de un Jauretche. Solo un talentoso como él pudo superar en su época esa colonización pedagógica tan bien estructurada por “tatita Bartolo Mitre” y apadrinada por un ambivalente Dominguito Sarmiento (que con sus “chupa mortajas” aún hoy siguen jodiendo).

Leyendo y releyendo sus escritos no resulta difícil imaginar el perfil del joven político que fue. Acodao en una pulpería de pueblo o en un bar de Av. de Mayo y agudizando su mirada, solo un tipo curtido por el barro, a puro estaño y adoquín como Jauretche pudo ver lo que antes había visto José Hernandez; peribió algo muy distinto de esa Argentina acartonada que le habían presentado en los claustros de estudio. Desde esos lugares contempló el país real, su grandeza construida por hombres y mujeres cuyos nombres no figuraban en las guías sociales pero si en las telefónicas, necesario señalamiento hecho por él para “separar la paja del trigo” en materia de pretendidos hacedores de Patria. La figura utilizada no podía ser mejor aun sabiendo que la gran mayoría de los laburantes ni en esta última guía aparecían porque no tenían teléfono; se valió de ella para diferenciar a la parasita clase que se decía “patricia” del pueblo trabajador, constructor diario de la grandeza nacional y muy poco agraciado a la hora de distribuir sus riquezas. Jauretche vio y experimentó la miserable vida que padecía ese vulgo trabajador que habitaba zonas rurales y empobrecidos ejidos urbanos.

Arturo+Jauretche1

¡LA EDUCACIÓN…!

Gracias a él nos quedó claro por qué los egresados de nuestras universidades, la mayoría de las veces y en muchos casos aún hoy, siguen siendo fagocitados por un sistema estructurado por la clase dominante quien parió una educación en función de sus intereses, algo que según mi modesto punto de vista todavía no fue tocado en la profundidad que demanda la hora actual y el proyecto hoy en el gobierno.

La vigencia de aquellas observaciones realizadas en antaño por Jauretche lo muestran como el político patriota diferente que fue. En su obra “Los Profetas del Odio”, utilizando ejemplos concretos mostró claramente el apoderamiento de las cuestiones pedagógicas realizado por la clase dominante desde la génesis misma de la estructuración del sistema educativo nacional:

“La Reforma Universitaria (1918) creada por la primer presencia del pueblo en el Estado, se vuelve contra aquel una y otra vez. Así la reforma nació con Irigoyen, cuando el pasado, vencido por el país, se refugió en la universidad para aislarla como su reducto (Por eso la Reforma fue anti-católica en Córdoba y anti-liberal en Bs. As. y La Plata, correspondiendo a las características del sector dominante en cada caso que impedía la incorporación de la Universidad al país nuevo que empezaba). Por eso también fue uniformemente anti-Irigoyenista, volviéndose contra el movimiento nacional que la había generado; como después fue anti-peronista en la misma medida que perdía contacto con la realidad que se parteaba... …Así, el egresado universitario obtiene una “patente de corso”. Formado como profesional ninguna importancia tiene que se haya graduado en el país o en el extranjero; la técnica que maneja y domina es universal y su función en la vida es meramente aplicarla”.

Con esta sencillez explicaba Jauretche la falacia del valor universal de ciertos conocimientos y técnicas. El sentido común siempre le indicó la inutilidad de esa uniformidad de contenidos, simplemente porque las realidades político-sociales entre naciones y pueblos diferenciaban a estos notoriamente. En este mundo vienen convivíendo de manera forzada dominantes y dominados, cruel y lamentable realidad que la historia se encarga de mostrarnos a cada paso; quizá una consecuencia natural de ciertas debilidades humanas no superadas.

Los poderosos imperios nunca perdieron de vista la importancia del know how (conocimientos) y siempre lo valoraron adecuadamente. Invertían en investigación, o se apoderaban de él cuando no lo tenían; y si era necesario a través de la ocupación y la fuerza bruta. En algunos caso bajo el manto de una buena causa como fue la decisión de combatir al psicótico Hitler (“encanute” de científicos alemanes que estaban al servicio del Tercer Reich para apropiarse de sus conocimientos; y a ninguno de nuestros intelectuales se le ocurrió llamar a Roosevelt “pro-Nazi” como se lo calificó a Perón); o utilizaron el conocimiento como herramienta de dominación económico-comercial sobre los pueblos sojuzgados cuando lo poseían.

¡Y minga de compartirlo sin previo pago de royalty (regalías)!

Imperios… En sus planes jamás estuvo el no atentar contra la diversidad cultural y las diferentes idiosincrasias de los pueblos que caían bajo sus garras. Lo primero para ellos era apoderarse de bienes y riquezas naturales y lo segundo conseguir mano de obra barata para su explotación. El paso siguiente consistía en invadir culturalmente al dominado. Para eso solo se necesitaba buscar o generar “agentes cipayos”. ¡Que mejor que las casas de altos estudios para este cometido! En nuestro caso a ese conocimiento servicial se le llamó “Civilización”; todo lo que se oponía a esto fue calificado de “Barbarie”, y lógicamente la universidad con sus universitarios adentro siempre esquivaron la barbarie; de ahí la mentalidad cipaya de muchos de nuestros egresados.

La capacidad deductiva que poseía don Arturo le permitía concluir fácilmente que si lo universal no se adaptaba a lo nacional, lo correcto debía ser acudir a la creación original; “para eso tenían (y tienen) que estar las casas de altos estudios”, razonaba. En el fondo Jauretche siempre peleó con su pluma y militancia por un sueño: que nuestros universitarios miraran las necesidades de nuestro país y su pueblo y estuvieran dispuesto a poner los conocimientos adquiridos a su servicio; simplemente porque ese pueblo fue quien siempre solvento todos los estudios (primarios medios y “altos”). Creía en la lógica gratitud humana. Soñaba con un país que tuviera universitarios que por formación priorizaran el interés social y nacional por encima de lo rentable que pudiera resultar vender sus conocimientos técnicos y/o científicos poniéndolos al servicio de expoliadoras empresas extranjeras.

La educación y los conocimientos ¿eran bienes capitales, o sociales y nacionales? ¡Esa era la cuestión para Jauretche!

Otro de sus grandes hallazgos concretado gracias a esa aguda mirada que le permitía auscultar minuciosamente la cambiante realidad social argentina fue “el medio pelo”. Jauretche delineo a la perfección el perfil de dos nuevas creaciones locales surgidas de esa colonización cultural: El tilingo y el guarango, fieles exponentes de ese medio pelaje social argentino. Se trata de tristes híbridos culturales que siempre miraron con desprecio a nuestra “chicha” mientras convivían con la impotencia de no tener el pied de grue (pedriguee) necesario para saborear la “limonada”. Pueblan este sector desde intelectuales “progres” y liberales de izquierda que hacen cola para escribir en La Nación, hasta nuevos y mitómanos ricos que reniegan de su origen y se niegan a ver el origen y las razones de su ascenso social.

ABRIENDO SURCO CON AZADÓN NACIONAL

Fundador FORJA junto a Homero Manzi, Dellepiane, del Mazo, Dario Alessandro(Padre), Scalabrini Ortiz entre otros allá por el “35” del siglo pasado, Jauretche comienza allí a meter azadón abriendo surcos en las mentes argentinas con la esperanza que algún día florezca la Conciencia Nacional. Eran épocas donde el gobierno era para los “cultos”, y “bajo esa fachada se escondían los intereses antinacionales”, sostenía. Se refería nada más y nada menos que al cipayaje vernáculo enquistado en las clases pudientes a través del cual los intereses foráneos lograban mancillar, ultrajar no solo a bastos sectores sociales sino también los intereses nacionales. Corrían los años de la Primera Década Infame.

Su trabajo no fue en vano. Orgulloso por la tarea realizada y parado en la esquina de Perú y Av. de Mayo, el 17 octubre de 1945 contempló gustoso el paso de esa masa sudorosa que estaba pariendo un nuevo intento por hacer de este país una Nación Soberana. La “barbarie” comenzaba a olfatear la proximidad de la Justicia Social. Había aparecido un hijo de india llamado Juancito Sosa (Perón) que acaudillaba a los hijos de obreros de una Nación parturienta. Aquel 17 de octubre “la chusma” reclamaba la libertad del Gral. Perón. Ninguno de los manifestantes reconoció a don Arturo. Ese hecho lo ayudo a descubrir que todo estaba bien; esos que luego serían los “grasitas” de Evita, simplemente lo veían y sentían como uno más, “es otro de los nuestros” pensarían; para la grandeza de un Jauretche eso…, eso ya era suficiente.

Sin hacerse Peronista acompañó aquel movimiento de masas en la seguridad que no le pifiaba en todo lo relacionado con los intereses populares y nacionales. Aplaudió aquel intento del gobierno peronista -a pesar de su fracaso- por querer hacer de nuestras universidades las acompañantes del naciente movimiento nacional; redobló los aplausos cuando Perón creo la Universidad obrera, aquella que producía técnicos e ingenieros necesarios para el proyecto de país en marcha y cuyos títulos eran invalidados por los “académicos cipayos” que controlaban las universidades nacionales.

Con el cruel golpe militar del “55” se arrancaron las “flores de ceibos” que estaban en las universidades (así llamaba Jauretche a los docentes universitarios con conciencia nacional) para implantar las “Flores de Romero” (nombre que también le asignó Jauretche a todo ese profesorado cipayo que retornó a la universidad de la mano del “Socialista pro-libertadora” José Luis Romero a quien aquella sangrienta y cipaya revolución designo interventor en la UBA).

Sin embargo uno que otro profesor universitario -antiperonista desde ya- al poco tiempo de aquel golpe, sin reconocerlo y menos aún mencionarlo, terminó dándole la razón a don Arturo. Tal es el caso de Oscar Varsavky, aquel docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales que retornó a esa casa de estudios tras el golpe gorila y antipopular y a quien se le encomendó el control de los concursos docentes y los futuros nombramientos. Solo basta con transcribir fragmentos de una disertación de Varsavky en Caracas, allá por el año 1966 para corroborarlo:  “El resultado práctico de nuestros esfuerzos fue que “triunfamos”, digámoslo entre comillas (muchas personas siguen creyendo lo mismo; yo no). Lo que conseguimos fue estimular el cientificismo, lanzar a los jóvenes a esa olimpiada que es la ciencia según los criterios del hemisferio norte, donde hay que estar compitiendo constantemente contra los demás científicos, que más que colegas son rivales (“virtudes” del sistema capitalista señalaría yo) . Por eso no resulta extraño que ninguno de los muchos papers publicados por nuestros investigadores desde 1955 haya hecho adelantar notablemente ninguna rama de la ciencia. Si no se hubieran escrito, la diferencia no se notaría.” En lo personal no entiendo cómo una mente brillante como la de Varsavky pudo alguna vez creer que una simple publicación podía hacer adelantar a la ciencia. ¿Tan tarde se dio cuenta que en la valoración de los trabajos realizada por las editoriales que publican revistas científicas(¿?), estaba escondida otra “zoncera”? (3)

Anteriormente Jauretche ya había identificado a estos productos universitarios perfilados por Varsavky de la siguiente manera: “Trabajando en probetas o en laboratorios, en bibliotecas o archivos y oyendo clases magistrales, el egresado de nuestras universidades ingresa al mundo como el producto exclusivo de la probeta, el laboratorio, el libro o la lección magistral. Cuanto mas desvinculado de la realidad a la que pertenece esté, es más perfecto como técnico.”

Varsavky reconoce en la siguiente cita lo que Jauretche desde una postura más crítica respecto del inservible academicismo cientificista -básicamente por antinacional- ya sostenía: “Poco a poco la facultad se fue transformando en una sucursal de las universidades del hemisferio norte. En nuestros laboratorios trabajaba gente joven, muy capaz, becada al hemisferio norte apenas graduado. Recibían allí un tema de trabajo, y ahora de regreso en el país seguían con ese tema porque era lo único que sabían bien y lo único que les permitía seguir publicando.”

No puedo cerrar este paralelo sin volver a transcribir lo que el simple sentido común le indicaba a un brillante Jauretche: “Una universidad Argentina de esta naturaleza , solo será Argentina por su radicación geográfica y los lógicos productos de esa universidad serán contadores que manejan las cifras y los asientos falsos de las empresas, doctores en ciencias económicas que distribuyen las doctrinas de encargo que se importan, filósofos e historiadores que adecuan el pensamiento y la versión de la historia conveniente a esos mismos intereses, ingenieros que planifican y construyen sin vincular su obra con el destino nacional., médicos que curan a los enfermos sin buscar las raíces económicas y sociales de los males, y abogados y jueces que consolidan la estructura jurídica de la dependencia.”

En lo personal lamento mucho la ausencia de sus textos como lectura obligatoria en los claustro de estudio y en una necesaria asignatura que debería llamarse “formación de Argentinos”; lamento también la no utilización de su pensamiento como elemento disparador en talleres de reflexión, no solo en enseñanza media sino y básicamente en las universidades; exigible esto último en todas las carreras, aún sabiendo que a los integrantes de las Academias de Educación, Ciencias e Historia, esto les revolvería las tripas; con mayor razón lo debemos hacer por este motivo. En una de esas se les hace un favor y de esa manera se sacan del entripao los restos de pensamiento cipayo que les queda para así comenzar a sanar sus mentes empezando a ser más argentinos.

Arturo Jauretche fue y seguirá siendo otro gran patriota dentro de la memoria popular; no solo en términos nacionales sino Latinoamericano. El antinacional discurso dominante fijado por agenda desde los monopolios mediáticos, bajado por periodistas que impúdicamente dicen defender la libertad de prensa y expresión cuando son ellos los que trabajan en su contra actuando mercenariamente a favor de intereses económicos monopólicos y corporativos, es otra prueba del por qué para el “Jauretche periodista” era tan importante una educación que apunte esencialmente a formar más y mejores Argentinos por encima de formar periodistas premiables para un stablishmen, o brillantes científicos que de argentino solo tengan el rótulo asentado en el item “nacionalidad” en su pasaporte internacional.

Si como pueblo y con trabajo no logramos -porque no nos dejarán tan fácilmente- construir esa gran Nación a la que aspira la gran mayoría silenciosa, Nación liberada y con justicia social para su pueblo, al menos no renunciemos a dar hasta nuestra vida si es necesario en todos los intentos que sean necesarios para que alguna vez el habitante de esta tierra sea lo que siempre debió y quiso ser, ARGENTINO Y LATINOAMERICANO; en honor a San Martín, Irigoyen, Perón, don Arturo Jauretche y tantos otros patriotas.

Notas

(*) Director de EL EMILIO.

(1)Así denominó despectivamente a la tarea del maestro el ex ministro de Educación J.C. Tedesco de esta gestión “kirchnerista” argumentando que los maestros no eran profesionales y se dedicaban a “eso”(la docencia primaria) por ser “universitarios frustrados”.

(2)Obra en tres tomos publicada por Ediciones El Emilio en el 2012. Triunvirato 3971, Dto “C” C.A.B.A. Tel cel:111555134976; fijo: 03834426714.

(3)“Cualquier trivialidad puede hacerse publicar en alguna revista internacional con solo tener un conocido en el cuerpo editor”, manifestó Varsavky en esa misma disertación. A confesión de parte, relevo de pruebas.


Unca y Unoca: Entre “las Flores de Romero y las de Ceibo”

12 enero 2015

Catamarca, Argentina, UNASUR-CELAC,

http://www.elesquiu.com/noticias/2015/01/12/198247-unca-y-unoca-entre-las-flores-de-romero-y-las-de-ceibo

Foto de V.L.M.Por Víctor Leopoldo Martínez (*) Especial para El Esquiú.com

Parecería que “la historia vuelve a repetirse”, pero esta vez en mi patria chica, Catamarca. El tema –como entonces- pasa por el manejo político de las casas de “Altos Estudios”, algo que ya se dio en el pasado a nivel nacional y que no estaría mal que así sea si los actores “blanquearan” su postura ideológica y algunos no se escudaran en un pseudo academicismo para mantener privilegios y no perder el negocio político del “kiosquito” universitario.

Un poco de historia
Como en otra oportunidad, me veo en la necesidad de rescatar y extraer algunos conceptos de la obra “Los profetas del Odio, la colonización pedagógica… y la yapa”, escrita por uno de los grandes protagonistas de “la otra historia Argentina”, hombre de origen radical, pero de los Yrigoyenistas. Se llamó Arturo Jauretche.
Fundador de aquella patriótica agrupación surgida en la primera década infame -1933/43-llamada Forja (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), en su seno logró juntar a los más grandes pensadores nacionales del siglo XX, entre ellos Raúl Scalabrini Ortiz, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Dellepiane, Orsi, Manuel Ugarte, etc. Fueron “los locos” que se animaron a denunciar en los “30” la caída de los ideales de la reforma universitaria del “18”.
Con la irrupción revolucionaria de la clase trabajadora en el manejo del poder político nacional de la mano del peronismo (que no se lo recita, se lo practica), Jauretche junto a otros integrantes decidieron disolver aquella agrupación para unirse al naciente movimiento nacional y popular.
Pero… ¿a dónde fueron a atrincherarse los reaccionarios intelectuales de la época? A las universidades. Desde allí “calificaban” y “descalificaban” a esa masa “inculta” que se reunía los 17 de octubre para celebrar su dignificación, que pretendía para sí más y mejor educación, pero que veía que los claustros de estudios superiores estaban vedados para ellos por ser “peronistas, negros y cabecitas”. Entonces Perón creó la UTN (Universidad Tecnológica Nacional) para que los obreros pudieran acceder a la alta formación, pero desde una educación con conciencia nacional, que mirase las necesidades del país y su pueblo. Como era de esperar, los “académicos de la Universidades Nacionales”, de manera reaccionaria, invalidaban los títulos que otorgaba aquella Universidad Obrera.
Luego del sangriento golpe militar de 1955, Jauretche comenzó a ver cómo la “Intelligenzia” vernácula –todos liberales de izquierda, conservadores y radicales de la vieja y caduca “Unión Democrática”- retornaban al escenario político y se apoderaban de la educación y de las casas de Altos Estudios para desde allí crear una pedagogía antiperonista que no era otra cosa que antinacional. A la UBA (Universidad de Buenos Aires) fue a parar José Luis Romero, quien se encargó de echar de todas las facultades a los profesores que comulgaban con la idea de una Universidad Nacional -y a quienes Jauretche llamó “Flores de Ceibo”.
Los reemplazó por reaccionarios “académicos” que el mismo Jauretche, con su ácido humor, tildó de “Flores de Romero” (por el interventor puesto por la “Libertadora”). De este lamentable hecho da cuenta un excelente científico, Oscar Varsavsky, quien siendo un genuino antiperonista que regresó a la universidad de la mano de Romero, reconoce años después la torpeza e inutilidad a los fines, requerimientos y necesidades nacionales del “academicismo cientificista” impuesto por Romero y la “Libertadora”. Algo que según Varsavsky “sólo sirvió para formar expertos útiles a los intereses económicos de empresas imperiales transnacionales sin costo alguno en su formación; o teorizadores para “paper” de revistas científicas que sólo servían para «chapear», pero inútiles para los intereses del país”.

UNCA, UNOCA

En los tiempos que corren 
Según parece, en una de sus últimas declaraciones, el legislador nacional Isauro Molina, un tanto “Jauretcheanamente”, intentó desmitificar el “academicismo” de la UNCA reduciéndola a un gueto radical.
La verdad puede doler, pero nunca ofende. Esa casa de “Altos Estudios” se consolidó ideológicamente gracias al paraguas de la última dictadura, que a nivel local tuvo en jerarcas radicales la complicidad civil de su terrorífico accionar. Los desaparecidos catamarqueños dan cuenta de esto. Por eso ciertas reacciones se asemejan a las de las recordadas “flores de Romero” de la “Libertadora”.
Los insustanciales argumentos utilizados por autoridades académicas de la Unca, dirigentes universitarios de la “Franja Radical” con dudosa formación histórica en términos de política universitaria y políticos “opositores”, en esa intención conjunta por “devaluar” el proyecto de la Unoca, no hacen otra cosa que darle la razón al diputado nacional, a la autora del proyecto –la senadora Blas de Zamora- y al fuerte y contundente respaldo que la iniciativa recibió de la gobernadora Lucía Corpacci.
Por lo visto se oponen porque sí, porque hay que oponerse. Lamentable.
Todo catamarqueño es un ser digno y merecedor de la mejor formación posible para elevar su calidad de vida. Además, tenemos un pueblo con hombres y mujeres que bien podrían ser grandes aportantes de saberes previos que seguramente enriquecerían y afianzarían nuestra identidad cultural. Puedo asegurar esto luego de ver, conversar con lugareños y estudiar la realidad educativa y la riqueza potencial existente en el lugar para el desarrollo socio-económico y cultural del Oeste provincial. Sin lugar a ninguna duda, la Unoca mejorará la calidad de vida de esos comprovincianos sin demasiado costo para ellos. Pero esto sólo será posible si acercamos los estudios superiores a nuestros hermanos de la región y no al revés. Para que reaparezcan las “Flores de ceibo” catamarqueñas la educación superior tiene que ser considerada una inversión, no un gasto inútil, como algún académico sostuvo no hace mucho tiempo.

(*) Periodista, documentalista, director de El Emilio, revista digital de debate político-educativo nacional