CARTA DE UN DOCENTE DESILUSIONADO (11 de septiembre de 2018).

12 septiembre 2018

Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Historia, educación y política

V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez

Me tomé tiempo este 11 de septiembre para escribir la siguiente reflexión. Soy docente. No soy maestro –aunque mi  título de enseñanza media  así lo indique-. Y no lo quiero ser  porque  en estas tierras, serlo, en realidad es semejarse a un asesino disfrazado de inmaculado, justificar sus decisiones criminales, cantarle un himno honorifico (pero mentiroso) a un ser deleznable;  ser cómplice en esa tarea educativa que hasta el día de hoy se sigue cumpliendo a rajatabla (y yo jamás lo hice) en ese ritual anual al que se ven sometidos nuestros párvulos.  Muchos se llenan la boca con  la ley 1420 pero pocos profundizan el tema. Con Roca en la presidencia se la promulga, y en realidad lo que se buscaba con esta ley era contar con una herramienta fundamental para cohesionar a una población heterogénea constituida por grupos étnicos tan diversos, así como el modelado de la población a semejanza de los ideales del grupo dominante; o sea nuestra oligarquía. Eran años donde se habían conquistado miles de kilómetros cuadrados de territorios indígenas, se habían repartido y alambrado esas tierras, se sometían a los gauchos a la condición de peones rurales en estado de servidumbre, se promovía la inmigración de miles de europeos empobrecidos, marginados sociales producto de la revolución industrial y la “belle epoque” para que sirvieran como mano de obra barata. Pero de esto nunca se habla; ni por izquierda menos por derecha.

DIA DEL MAESTRO

No pocos me dirán “separa el valor del término «Maestro»  de la figura del sanjuanino”. No lo puedo hacer porque mis vísceras no me lo permiten y porque en este país, en materia educativa, nadie lo hace.   No quiero –y nunca quise-  ser otro responsable de inculcar a nuestros pibes, valores pensados por un personaje siniestro, nefasto a quien llaman  “padre del aula”. No quiero que me confundan con ese ser perverso; con alguien que dio cobertura legal a la colonización mental asentada  en  una creación pedagógica cuyo único fin fue domesticar a la “barbarie” (la “chusma”; o sea nuestro pueblo); que buscó  justificar y dar sustento ideológico al exterminio de todo criollo que se negara a tal disciplinamiento.

A esta altura de mi vida poco me importan las descalificaciones e insultos sobre mi persona que estas reflexiones puedan generar en todos aquellos hipócritas chupa mortaja de don Domingo.

Hoy los “maestros defensores de la educación pública,  libre y gratuita” que el macrismo está destruyendo,  sin dudarlo puedo asegurar que en un 80% votaron a este presidente por ser “clarito y de ojos claros”; una clara –valga el juego de palabras- prueba de la vigencia cultural de aquel viejo proyecto oligárquico PRO europeo.   Hoy esos maestros celebran su día y poco les importa que les esté destruyendo no solo su medio de vida e ingresos para su  subsistencia sino que poco les importa que este gobierno este destruyendo el país mismo, sus recursos, desparramando hambruna a lo largo y ancho de él. Hoy esos  «maestros» seguramente disfrutaran de su merecido día de descanso después de haber rendido homenaje en el día de ayer al “ilustre e inmortal sanjuanino”.

Por eso, «ministros, supervisores y maestros» todos los 11 de septiembre obligan  a nuestros ingenuos niños  cantar: “…en su pecho la niñez de amor un templo, te ha levantado y en el sigues viviendo, y al latir tu corazón va repitiendo: ¡Honor y gratitud al gran Sarmiento!

¡Claro! ¡Cómo voy a osar llenar la cabeza de esos inocentes niños con la sucia política contándoles la verdad de este personaje siniestro! ¡Cómo voy a decir que Sarmiento fue un asesino! ¡Peñaloza merecía ser asesinado porque junto a Felipe Varela fueron los infames precursores de los hoy choripaneros! Por eso nunca entraron a nuestros sacrosantos establecimientos educativos; ni ellos ni el mal viviente Dorrego, ni el tirano Rosas, ni Facundo, ni Peñaloza ni Varela y tanto otros de la “chusma delincuencial”. Tampoco entró Santiago Maldonado; menos Rafael Nahuel, dos pibes de la chusma indígena también asesinados. Esa política sucia (porque está hecha por “negros sucios”) nunca deberá entrar en los colegios. Si podrán entrar los “argumentos técnicos” del vaciamiento del país dados por el “10 de la championg league, Caputo”. Y los «maestros» lo enseñaran así porque fueron educados para obedecer, para ser obsecuentes con toda manifestación de hipocresía. En este país, mi país siempre se vivió de la mentira. El actual presidente Mauricio Macri es la mejor muestra (peor aún, es producto de otra mentira: la eficiencia de la educación privada y como tal  el máximo exponente de lo que es ignorancia). Macri, Michetti, Bermang, Alonso son los alumnos sobresaliente de lo que sería la educación sarmientina: Ignorantes, mentirosos y arteros; todas esta cualidades del mundo civilizado que desde la segunda mitad del siglo XIX, Sarmiento pretendió instalar como valores supremos en este país para que se pareciera a su soñado EE.UU. (o a la Europa soñada por don Bartolo)

Cómo le vamos a contar a nuestros niños y adolescentes que ese ¿padre?; padre de las aulas sostenía: “Se nos habla de gauchos… la lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esa chusma criolla incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos”.[1]

Cómo voy a osar contar a mis alumnos adolescentes que Sarmiento tenía pensamientos hecho dichos como estos, hablándoles a los sanjuaninos: “Conciudadanos, vosotros conocéis La Rioja… Es hoy un desierto poblado por muchedumbres que solo el idioma adulterado conservan de pueblos cristianos. Habéislo visto en 1853 en San Juan, incendiando inútilmente las propiedades y robando cuanto atraía sus miradas  para cubrir su desnudez y saciar sus instintos rapaces. Tendrais otra vez a esa chusma en San Juan, n o solo para robaros vuestros bienes, sino para hacerse de medios con que llevar la guerra y la desolación a otros puntos de la Republica. Vuestras mercaderías, vuestras mulas, vuestros caballos, ganados, trabajadores y vuestro dinero, arrancados por la extorsión y la violencia, son los elementos  con que cuentan para llevar adelante sus intentos salvajes, porque mal los honraríamos con llamarlos planes de subversión…”[2]

Es muy claro que a don Faustino poco le importaba la desnudez de los desaparrapados y miserables de esta tierra; menos aún las razones de que vivan en tal situación. Le preocupaban más el cuidado de  los bienes materiales de los “ciudadanos civilizados” -aunque sean mal habidos- que la dignidad humana de sus congéneres. Además lo expresado en la última parte no es otra cosa que la reproducción de los dichos de su mandamás, Bartolo Mitre: “Mi idea –decía Mitre-se resume en dos palabras: «Quiero hacer en la Rioja una Guerra de policía», declarando ladrones a los montoneros, sin hacerles el honor de considerarlos partidario políticos (que es lo que en realidad eran; defensores del ideario Federal que encarnaban Peñaloza y Varela porque Urquiza se corrió de su responsabilidad) ni elevar sus depredaciones  al rango de reacción…” Y como todo ladino y embustero le sugiere a Sarmiento: “Digo a Ud. en esas instrucciones que procure no  comprometer al gobierno nacional en una campaña militar de operaciones, porque dado los antecedentes  del país y las consideraciones  que le he expuesto en mis anteriores cartas (sus acuerdos con la banca del imperio británico), no quiero dar a ninguna operación sobre La Rioja, el carácter de una guerra civil.”[3] (Que en realidad lo era y que tenía dos mentores del lado unitario: Mitre y Sarmiento)     

¿Cómo voy  a osar contar que hasta el propio José Hernández, sarmiento lo hizo su enemigo?   

Tras la traición de Urquiza al Federalismo, ese que encarnaban Varela y Peñaloza y luego del asesinato del Sr. del Palacio de San José,  surge otro Entrerriano –López Jordán- levantando las banderas del catamarqueño y el riojano, y como ya lo había hecho junto a su hermano cuando acudió en ayuda del gran Leandro Gómez  en aquellos días de diciembre-enero de 1864/65 para defender Paysandú, José Hernández se pone nuevamente del lado de los federales que por aquellos años de comienzo de los “70” del 1800 encabezó Jordán decidido a continuar la lucha contra la oligarquía portuaria pro inglesa –repito… PRO ¿No le suena?- que encabezaba Mitre  

Hacia fines de mayo de  1873 Sarmiento –presidente desde 1868- remite un proyecto de ley a la Legislatura poniendo precio a las cabezas dirigentes de la revolución entrerriana: 100 mil pesos fuertes para la de López Jordán, 10 mil para la de Mariano Querencio, y mil para las de los demás alzados principales, entre ellos se encuentra el autor del Martín Fierro, José Hernández.

Sarmiento tenía sus pueriles y vergonzosas razones. Hernández le contaba al pueblo y le decía a Sarmiento: “Cuando llegó a Buenos Aires la noticia de la muerte de Peñaloza, La Tribuna, al transmitirla al público, le dedicó estas palabras: “Séale la tierra pesada”. El diario autor de esa explosión de odio que va más allá de la tumba, y el autor del abrazo de San Juan (Sarmiento), se juntan hoy, después de doce años, animados de los mismos rencores (…) que quiere hundir en un hondo abismo a todos sus adversarios…

“Cuando los que mataban, los que aplaudían la matanza y los que predicaban la justicia me llamaban a mí mazorquero porque condenaba aquellos excesos y defendía en tantos desgraciados el derecho de vivir, yo no podía ni debía quedarme sin retribuir el sangriento apóstrofe. Era una injuria recíproca. Recibía una y le devolvía otra que era correlativa.

“Pero los que mataron, Sr. Sarmiento, los que mataron son más culpables, cualquiera que sea la forma en que lo hicieron, que los que condenaron a los matadores, cualesquiera que sean los términos en que escribieron… Si no querían oír la condenación, señor Sarmiento, ¿por qué lo mataron…?” [4]

Como afirmara Arturo Jauretche: “No es un problema de historiografía, sino de política: lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia, en que ésta es sólo un instrumento de planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de la Nación” (Jauretche, 1959:79)

Hoy, 11 de septiembre es para mí un día más en mi vida de educador. Prefiero el mote de docente; me dignifica más.

Notas

[1] Carta de Domingo F. sarmiento a Bartolomé Mitre. 20 de septiembre de 1861.

[2] Sarmiento: Obras. Tomo 7, pág. 337

[3] Sarmiento: Obras. Tomo 19, pág 292/3

[4] Fuente: Diario La Opinión Cultural, domingo 6 de febrero de 1972


“LOS ESCLAVOS FELICES NO TIENEN HISTORIA.”*

14 noviembre 2016

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Mitos y realidades sobre nuestra América.

Foto de V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez (1)

En su trabajo “La historiografía paraguaya y los afrodescendientes” publicado por CLACSO, Ignacio Telesca comienza señalando la escasa documentación y los muy pocos trabajos historiográficos que existen al día de hoy en Paraguay, algo que por lo que se lee en la obra, continua imposibilitando los más variados intentos de no pocos investigadores curiosos de hurgar en los orígenes y el pasado de la nación hermana. Telesca es uno de esos investigadores. Por los datos y característica de la obra, su lectura resulta altamente recomendable. Acá simplemente voy a realizar rescates de fragmentos y algunos señalamiento sobre los mismos que por sus singularidades resultan más que interesantes. Para ello recurriré al paralelismo con otros textos de similares valoraciones conceptuales en materia de significantes a la hora de evaluar conductas y gestos humanos.

En el mencionado trabajo el autor rescata la tarea de registros –cuasi históricos- hechos por un integrante de una comisión demarcatoria de límites entre Paraguay y los dominios portugueses –límites según lo que establecía el tratado de San Ildefonso de 1777-, de nombre Félix de Azara; y otro escrito –el de Josefina Pla- de donde extraje el título de esta entrega.

Antes de transcribir fragmentos de la obra de Telesca que a mi entender resultan atrayentes y significativos, deseo detenerme en la oración que utilice para titular la presente reflexión.

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Resulta impactante leer una oración donde la paradoja está claramente expresada en el significante de dos de sus términos presentes en el sujeto: “esclavos felices”; pero además, con un predicado por demás llamativo como colofón: la negación del hombre como sujeto histórico (el “feliz” no tiene historia) en razón de estar transitando un estado de “júbilo y satisfacción”, en este caso por su condición de esclavo “bien tratado”. ¡Suena alocadamente desestructurante en términos de racionalidad¡

Es dable suponer que todo estado de esclavitud no puede hacer feliz al que lo padece; cualquiera sea el modo o forma del mismo. Hasta podría incluir aquella que hace a un individuo “esclavo de sus palabras” ya que nunca tendrá certeza total –dudas existenciales que en algunos casos acompañan hasta la muerte- sobre el grado de verdad o falsedad de las mismas en tanto ser social y las variopinta valoraciones que de conductas y actitudes individuales frente a temas o situaciones sociales que a manera de desafíos mundanos suelen presentarse. Por ejemplo, esa atribución interpretativa que se toma la autora a partir de priorizar el estado emocional de un sujeto para deconstruir –sacarlo, abatirlo en términos de Heidegger(2)- privándolo de tener historia . Se lo podrá sacar de un relato histórico ya que muchos de ellos hacen hincapié únicamente en la parte trágica; pero no sacarlo de la historia.

Sin embargo y como atenuante, esto de “esclavos felices” podría ser parcialmente aceptado solo si se lo analiza en términos comparativos tomando las diferentes situaciones y formas de esclavitud que existieron a lo largo del tiempo en el mundo y en nuestra América en particular –lo acoto a mi realidad y lo que he estudiado sobre ella-, según el grado de humanidad o perversión de los esclavista de turno. Pero de ningún modo esto puede significar la barbaridad de aceptar que hay esclavitudes buenas y esclavitudes malas, que es como justificar y avalar por fatalismo histórico, proyectos imperialistas porque los hay buenos, estupidez muy presente en muchos de nuestros sirvientes cipayos de los imperialismos -ingles o norteamericano- según sea la paga para los quinta columnas al servicio de ellos.

Existen otros textos casi del mismo tenor, también justificatorios de esto último. Tomo otro caso como ejemplo que por lo llamativo no deja de asombrar. Aparece en : http://primeross.blogspot.com.ar/2013/10/la-mentira-de-la-esclavitud-y-el.html . En él y desde un razonamiento muy particular que ya escuché y/o leí en boca y textos de otros, se intenta inferir que los pueblos masacrados, sometidos, esclavizados, a pesar de eso deben ser pueblos agradecidos por los aportes “culturales” de los conquistadores, masacradores, sometedores, esclavizadores. Paradójico planteo bien Darwiniano hecho en medio de denostaciones al imperialismo anglosajón que –según sus sostenedores- por “oscuros intereses” crea y recrea la “leyenda negra” de la conquista española; como si Europa fuera cuna de las virtudes humanas hecha civilización; o peor aún, como si Europa se dividiera entre conquistadores buenos y malos (Hermann Hesse los calificaba de pueblos belicosos). Solo bastaría para desmitificar la supuesta bondad de los europeos, la opinión de los pobres africanos al respecto quienes por proximidad fueron los primeros que los padecieron en sus más denigrantes conductas humanas (no todos los europeos desde ya, pero en estos casos las excepciones de poco sirven a la hora de evaluar consecuencias y costos en términos de vidas y valores humanos). Rescatar la audacia de invasores elevándola a rango de gesta heroica sin señalar la codicia que motorizó la decisión, es un atentado a la razón. Transcribo textualmente:

Título: La mentira de la esclavitud y el genocidio español.

Texto: “Todo proceso histórico conquistador o colonizador conlleva el uso de la violencia y de las armas. Si bien el Imperio Romano invadió y conquistó España desde el siglo III A.C., arrasando y aniquilando a nuestros antepasados celtíberos, lucitanos, astures o cántabros, a nadie con un mínimo de inteligencia se le ocurriría hoy decir que Roma es la culpable de la aniquilación de España y del sometimiento injusto de nuestro pueblo…”

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Por empezar y en esos tiempos España como país, nación, no existía. Más bien eran territorios donde habitaban los originarios del lugar –si es que lo fueron- que el texto menciona. En esos tiempos (y aún hoy) la codicia territorial garantizaba sustento en materia de necesidades básicas. Que el Imperio Romano fue arrasador y aniquilador como lo fueron otros europeos en otros momentos y hasta entre ellos -las Cruzadas sin ir más lejos-, es un hecho que hasta el propio cristianismo y judaísmo dan cuenta con Barrabas y Jesús enfrentándolo. Hasta hoy no escuche a ningún judío, cristiano o palestino mostrarse “agradecido” a Roma; a menos que al relato haya que cambiarlo solicitándole a los actores históricos (algo tan absurdo como pedirle a Netanyahu, Abbas y al propio Papa Francisco) que pidan disculpa a Berlosconi o Mattarella como representantes de los emperadores Octavio Augusto y Tiberio por los alzamientos de los desacataos Barrabás y Jesús; como Macri disculpándose ante el padre del Rey de España por la “aunque angustiante, irrespetuosa osadía  de nuestro independentista”.

Lo que si se puede sacar como aleccionador de aquellos tiempos es reconocer que tanto Jesús como Barrabás mostraron al mundo que existen dos modos de revolucionar al hombre y a los pueblos sojuzgados: A través de la palabra o de manera violenta. “Hay dos formas de hacer una revolución, con mucho tiempo y poca sangre o en poco tiempo y con mucha sangre. Yo prefiero la primera; el justicialismo eligió la primera (J.D.P)”. Por eso el peronismo por definición doctrinaria es profundamente humanista y cristiano.

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Regresando a “La mentira de la esclavitud…” el texto continua: “… Más bien, los españoles mantendremos una deuda eterna con Roma por habernos dejado un legado inigualable tras su paso, latinizándonos y regalándonos su influencia y su organización. Algo parecido, o quizá de superior magnitud, sucedió en lo que respecta a la transmisión de riqueza a América tras nuestra llegada. La diferencia, sin embargo, es que el Imperio Romano no tuvo la mala suerte de contar con un enemigo anglosajón que volcara sobre él durante siglos infinitas mentiras y leyendas destinadas a diezmar su legitimidad y grandeza incontestable”.

Si no fuera que esto está registrado como serio, entraría en la categoría de chiste de gallegos!!! Digo por eso de la “eterna deuda” para con Roma. ¿A cambio de influencia y métodos organizativos? ¡Vaya vaya con este tipo de “españoles”!!! Cuando habla de la transmisión de riqueza a América con su llegada (¿valores humanos entre los cuales debe figurar el agradecimiento al invasor-conquistador por sus perversiones? ¿la lengua? ¿religión? ¿la santa inquisición como método disciplinante? ¿de qué riquezas habla?), es más evidente lo contrario. Fue muy alto el costo que debió pagar este continente en vidas humanas (que este señor justifica a cambio de…) nuevos alimentos y metales preciosos saqueados de estas tierra y que sus ociosas e inútiles monarquías ni siquiera supieron aprovechar adecuadamente para crecer como imperio que debió capitalizarse (según los principios económicos clásicos). En todo caso la espiritualidad latina fue muy bien recibida por los hombres de estas tierras y sumada a la ya existente acá, no así la estupidez de la sumisión impuesta por el temor desde la concepción religiosa a la cual resistieron heroicamente muchos pueblos originarios del ¿nuevo? continente donde la conquista europea también arrasó bellas manifestaciones culturales de esta América. Basta trazar un simple paralelo entre la magnitud de la Tenochtitlan con sus 300 mil habitantes, su infraestructura edilicia, calidad habitacional y de servicios sanitarios básicos que encontró Cortés en 1521, con la ciudad más importante y poblada de Europa en aquellos tiempo, Florencia, con solo 45 mil habitantes y un déficit espantoso en la materia comparado con lo que contaba la ciudad Azteca. Es mucha más la deuda que tiene Europa (decir España es una torpeza) por el saqueo de bienes que hizo durante 300 años en América que la estupidez reclamada por el actual y torpe “soberano español”. En todo caso es Europa la que debería pedir perdón por los crímenes cometidos, y estar eternamente agradecida de América por los bienes que le sustrajo, disculpándose por el daño en sus valores culturales que produjo.

Con esto no estoy negando los aporte culturales que hizo la conquista en sus distintas manifestaciones y que fuimos incorporando, como tampoco se puede negar la barbaridad de los “conquistadores” de hacer desaparecer manifestaciones culturales de nuestros nativos por simple codicia y desvalorización de lo supuestamente inferior (El que aún hoy muchos traten de diferenciarse del latinoamericano de manera despectiva y deseen parecerse al europeo es la muestra más evidente). Tampoco significa negar que muchos somos descendientes de esos que bajaron de los barcos y las posteriores mezclas que maravillosamente aquí se dieron. Ahora bien, esto no significa que se deba aceptar como “lógicos y normales” los tratos perversamente injustos que existieron en estas tierras por parte de la conquista, tratos injustos inclusos entre hombres de diferentes clases sociales de los propios conquistadores, situaciones que con el correr del tiempo sirvieron para que , casualmente por esa situación existente, las mezclas de originarios con criollos que se dio en las tolderías -refugio del gaucho perseguido- fueran posibles tal como lo describe nuestro José Hernández en el Martín Fierro; solicitar encima que a esa injusticia se le manifieste gratitud; que “el negro sea blanco”, que el maltrato y los crímenes cometidos contra los “indios limpios y buenitos” que dijo Colombus encontró aquí nunca existieron. Eso es tan torpe como aceptar que 1+1=3 al calificar de serviles a los intereses anglosajones a todos aquellos que hurgamos nuestro pasado sin otro fin que conocer otras verdades, la otra historia, no solo aceptar mansamente la escrita por los ganadores. 

Ahora bien, si los anglosajones son brillantes a la hora de operar sobre imbecilidades ajenas no es culpa de los “perversos anglosajones” sino porque existen imbéciles sobre los cuales se puede operar psicológicamente. Churchill sentó a su país -destrozado y diezmado por la II guerra- en la mesa de negociaciones de Yalta y Potsdam para participar del reparto del mundo. Nunca fueron giles.

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Pero volvamos a la cuestión de los afrodescendientes paraguayos.  

Según Telesca, Félix de Azara cuenta en su obra Viajes por la América Meridional lo siguiente: “No se puede dejar de admirar aquí la generosidad de los españoles del Paraguay, que han dado libertad a ciento setenta y cuatro de sus negros y mulatos por cada ciento, aunque nadie los necesita tanto como ellos. No se conocen esas leyes y esos castigos atroces que se quieren disculpar como necesario para retener a los esclavos en el trabajo. La suerte de estos desgraciados no difiere nada de la de los blancos de la clase pobre y hasta mejor. […] La mayoría muere sin haber recibido un solo latigazo, se los trata con bondad, no se los atormenta jamás en el trabajo, no se les pone marca, y no se los abandona en la vejez […] se los viste tan bien o mejor que a los blancos pobres y se les da un buen alimento. En fin, para creer la manera de tratar a los esclavos en este país es necesario haberlo visto, […] así nunca habrá derecho a quejarse de los esclavos. Yo he visto a varios esclavos a rehusar la libertad que se les ofrecía y no querer aceptarla más que a la muerte de sus dueños (Azara, 1969: 276-277).

Con esta cita –según Telesca- Azara da origen al mito del esclavo feliz. Uno se quedaría con la duda acerca de la veracidad de la misma si es que no fuera porque a renglón seguido agrega: “Los españoles de este país tratan con la misma dulzura y humanidad a los indios de sus encomiendas”

Estas caracterizaciones de Azara –continua Telesca- se han convertido en moneda común en los subsiguientes trabajos sobre los afrodescendientes. Si bien la bibliografía sobre el punto no es abundante, tampoco está ausente del escaso debate historiográfico paraguayo. Podemos decir que la misma se inicia con la obra de Josefina Pla, Hermano Negro en 1972. Es el primer trabajo que intenta abarcar todas las facetas del universo esclavo en Paraguay utilizando como fuente el Archivo Nacional de Asunción, con cuyos documentos ha formado un importante apéndice. Su trabajo se extiende hasta la Guerra contra la Triple Alianza de 1864-1870.

Pla –señala Telesca- sin lugar a dudas es la que comienza a arar la tierra archivística y quien va a dar la pauta de los temas a seguir investigando. Ya desde el título de su obra se puede apreciar el tinte de la misma. Sin dejar de realizar un análisis global y general de la temática, siempre insiste en esa supuesta armoniosa relación entre los afrodescendientes y el resto de la sociedad. Según Pla, las “actitudes sórdidas y crueles” que dan material a los archivos “constituyen la excepción”, haciéndose célebre su frase, “los esclavos felices no tienen historia”. Sin embargo, -sostiene Telesca- podríamos pensar de manera contraria, que los expedientes judiciales que se encuentran en el Archivo Nacional de Asunción (ANA) representan a esa minoría de esclavos y pardos libres que pudieron, por una razón u otra, llegar a los estrados judiciales. Que hubo esclavos felices no puede ponerse en duda, pero no creemos que sean la norma sino exactamente su excepción. –termina diciendo Telesca.

Interesante material para aquellos amantes de la investigación histórica sobre temas relacionados con la vida de los afro-esclavos y sus descendientes, como es mi caso, además del deseo de socializarlo, algo necesario para seguir debatiendo sobre estas cuestiones que siento jamás serán resueltas a menos que nos despojemos de nuestras sagradas subjetividades, algo por ahora imposible a Dios gracia para no terminar sumidos en el aburrimiento de la total concordancia.

Notas:

* Frase de Josefina Pla que aparece en su obra “Hermano Negro”.

(1)Director de EL EMILIO

(2) “Ser y tiempo”; Martín Heidegger


EDUCACIÓN: los datos que no aparecen en los contenidos curriculares (II)

4 octubre 2015

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestra redacción

SEGUNDA ENTREGA

Foto de V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez

Como dije en la primera entrega (1), siento necesario seguir explicitando lo que entiendo son contenidos sumamente necesarios, contenidos que no pueden quedar afuera de las curriculas de Ciencias Sociales de los llamados “ciclos de estudios formales”; fundamentalmente para ir poniendo un poco de luz en la conciencia de nuestros educandos sobre  hechos históricos.

Para eso lo mejor es acudir a distintas fuentes,  rescatar de ellas ciertos datos que, en algunos casos  corroborarían dichos y hechos que en la  realidad existieron y solo fueron preservados, consolidados y conservados en un cuidadosos  anonimato desde y por la memoria popular (fuente tratada peyorativamente por “academicista” y “cientificistas”) y de esa forma confirmar su grado de verdad o falsedad;  en otros aportando los claro-oscuros de la vida y  pensamiento de no pocos protagonistas de la historia nacional que estuvieron haciendo PATRIA en algunos casos, en otros  trabajando contra de ella sin querer queriendo; seres humanos como todos, con virtudes y defectos, con aciertos y errores pero considerados y medidos en dichos y acciones con la vara que permite saber si los mismos fueron para defender el interés Nacional y Popular o en su contra.

En ocasiones “ciertos pícaros”  toman algunos dichos y hechos de no pocos protagonistas de nuestra historia, los presentan como cuestiones virtuosas que luego exaltan hasta el paroxismo pero que en la realidad se tratan de semi verdades en tanto cuidadosamente esconden ciertos aspectos para nada menores que, lógicamente, sacarían sustento a la exaltación. Entonces dichos y  hechos  suelen ser no solo sacados de contexto sino también traídos de los pelos  con cierto grado de oportunismo político para avalar  hipótesis y teorías político-económicas con serias consecuencias sociales para las grandes mayorías pero presentadas como necesarias y patrióticas hasta en textos de estudios  con el solo fin de  reafirmar una  línea de pensamiento destinadas a dar sustento teórico a la descarada defensa de  determinados intereses sectoriales vendiéndolas como verdades irrefutables.

MITRE

Extraer de los hechos lo que conviene y enterrar el resto al construir el discurso histórico tuvo  un claro padre y se llamó Bartolomé Mitre. Sin lugar a dudas  un hombre brillante en tanto creador y vendedor de  héroes y villanos que en esa  realidad de la que hablo,  y cuando se trató de cuestiones relacionadas a  la defensa de intereses nacionales, tuvieron roles invertidos, los héroes fueron en honor a la verdad  grandes villanos y viceversa. Seguramente no faltará el que cuestiones esta observación argumentando que “todo depende desde donde se lo mire”; y no estará faltando a la verdad; con una salvedad: Los intereses sectoriales no son los de la Nación toda, ni la Nación fue  instituida y pensaba según los  intereses y valores oligárquicos (sector) presentados estos últimos como  “patricios”. El sentido común y la historia popular claramente indican –como bien lo decía don Arturo Jauretche- que es más fácil encontrar hacedores de patria en las guías telefónicas que en las guías “sociales” (señaladoras de linaje). Pero para la historia oficial las que tienen valor son la “sociales”.

Bartolo sembró escuela en materia de sustraer datos del marco histórico donde se produjeron los hechos y realizar interpretaciones funcionales a las clases privilegiadas. . Sin embargo hay algo peor aún; los seguidores y defensores del ideario mitrista, sin explicación alguna juzgan lapidariamente los posibles cambios de posturas políticas o ideológicas que en no pocos  protagonistas pudo haberse dado con el paso del tiempo, algo natural que lleva a cada hombre a reencontrarse con cuestiones esenciales a la condición humana en relación a lo comunitario. “Ningún hombre se puede realizar en una sociedad que no se realiza” (J.D.P)

Pero en estos menesteres las cosechas en materia intelectual de don Bartolo fueron extraordinarias. No solo consiguió “plumas” que escribieran según su visión y preceptos “liberales” (en materia económica, no política. En el “liberalismo económico” -según él- estaba el “progreso y la civilización”) para admiración de esos Patricios locales para quienes Mitre trabajó denodadamente;  también cautivó a “intelectuales progresista de izquierda” que hasta  hoy los chupa mortajas de aquellos pululan en las academias y en cuanto pasillo universitario exista dando cátedra desde su colonizada visión de la historia Argentina. El propio Arturo Jauretche lo definió como “mitro-marxismo” y un conspicuo hombre del Partido Socialista como lo Juan B. Justo es uno de los más claros ejemplos de esto: cronista parlamentario de la Prensa y  pluma puesta al servicio de  La Nación.  O sea tanto los “diestros” como los “siniestros” terminaron siendo funcionales a las apetencias  universales del imperio de turno,  cuando para liberar la patria el camino a recorrer siempre será el inverso: pensar en argentino.

DE  1840  A 1870   

Basta tomar de nuestra historia un ejemplo al voleo de los muchos que existen  para explicitar lo anterior.

ALBERDI

Juan Bautista Alberdi fue un personaje si se quiere un tanto controvertido. Comienza siendo un anti Rosista declarado como lo fue Sarmiento. Sin embargo Alberdi, opositor   a la “primera Tiranía” como tantos unitarios, termina dándose cuenta la clase de “tipejo” que era el otro (Sarmiento). Esto quedó asentado y se lo puede encontrar en el intercambio epistolar entre Sarmiento y Alberdi más conocido como “Cartas Quillotanas”.

Un detalle no menor: Las “Quillotanas” no figuran en ningún texto de historia argentina de nivel medio (secundario). ¿Por qué? Los adolescentes y jóvenes… ¿son todos tan idiotas e incapaces de trabajar críticamente los textos de esta polémica, fundamentales para entender una parte clave de la historia nacional? O había que preservar la imagen y el culto al sanjuanino “maestro de maestros (cipayos)”, defensor de la “civilización” y no exponerlo al ridículo. Algo más grave aún ¿Cuántos profesores de historia formados en los últimos 60 años conocen  el tema? Si la respuesta fuera  “Todos”, entonces cualquier argentino que haya cursado el secundario las conocería. Si estaba en conocimiento de los educadores, los profesores ¿estaban impedidos de hablar del tema? ¿En que textos de lectura obligatoria del secundario aparecía esto? ¿Por qué en los mismos textos si aparecían “lecciones sobre la “tiranía Rosista” y Peñaloza y Varela como “bandidos”?  En fin…

Volviendo a  Alberdi, en una de aquellas cartas planteaba que la cuestión belicosa que anidaba en el espíritu del  sanjuanino rondaba lo patológico. Señalaba que después de Caseros y desaparecido Rosas como tema de sus relatos literarios  o periodísticos el hombre se puso como loco y se la agarro con Urquiza. Alberdi consideraba  que a Sarmiento le resultaba difícil escribir en momentos de paz ya que se había pasado 10 años haciendo la guerra con la pluma detrás de un escritorio (lucha¿? rescatada hasta en su himno: “Por ver grande (¿?) a la patria tu luchaste con la espada, con la pluma y la palabra).

Sarmiento

Alberdi decía al respecto de Sarmiento: «Los que han peleado durante 10 o 15 años, no saben hacer otra cosa más que pelear… La guerra militar de  exterminio contra el modo de ser de nuestra poblaciones pastoras y sus representantes naturales (se refería a los caudillos) tuvo su fórmula y su código en el “Pampero” y en el “Granizo”, imitaciones periodísticas de la prensa francesa del tiempo de Marat y Danton, inspirada por un ardor patriótico, sincero si se quiere, pero inexperto, ciego, pueril, impaciente, de los que pensaban que un par de escuadrones de lanceros de Lavalle bastarían para traer en las puntas de sus lanzas el desierto y el caudillaje, que es el resultado, en la desierta República Argentina.»

De la participación de Sarmiento en el ejército grande de Urquiza donde el sanjuanino escribía  sus propias lecturas llenas de críticas hacia el Entrerriano Jefe de Ejercito, Alberdi le espetaba en aquellas cartas: «Si San Martín y Bolívar hubiesen llevado a su lado redactores que al tiempo de escribir  el boletín de sus jornadas llevaren diarios secretos para desmentir más tarde al boletín oficial, la gloria americana sería hoy la mitad de lo que es, y el conde Toreno se habría ahorrado el trabajo realista de achicar nuestros triunfos… Usted no es soldado; no conoce la estrategia, que no ha estudiado ni es ciencia infusa. Su grado de teniente coronel es gracia que usted debió al Gral. Urquiza, antes de dar principio a la campaña, no después de la batalla. Su saber militar sólo prueba la generalidad de sus  lecturas y conocimientos teóricos que le permitirían disertar con igual gracia sobre medicina…. (“traslados teóricos mecanografiados de un país a otro”, calificaría a las fuentes de “ilustración” del sanjuanino  Hernández Arregui)   ¿Y cuál es la base de su criterio militar? El clasicismo más rudimental y más rancio de la estrategia europea, cuya aplicación ha producido siempre la derrota de sus importadores en esta América desierta. Usted leía por la noche “manuales de estrategia francesa y cuando a la mañana siguiente veía usted gauchos y no soldados europeos a su alrededor,  exclamaba usted: “barbarie, atraso, rudeza. Y repetía y repetía las murmuraciones de nuestros oficiales clásicos. ¿Y qué es la ciencia militar para nuestros oficiales clásicos? El producto de lecturas francesas sobre arte militar, como es la ciencia de nuestros publicistas el resultado de algunas lecturas de libros europeos.»

HERNANDEZPor su parte Hernández (José, autor del Martín Fierro) dará un paso más y mostrará en su folleto la figura de Sarmiento como la de un caudillo hecho y derecho, “bárbaro”, violento y salvaje asesino.

La noticia de la muerte de Peñaloza conmueve  las fibras más íntimas de Hernández quien desde «E1 Argentino» hace la apología del «Chacho» al tiempo que anatematiza a sus enemigos políticos: «ASESINATO ATROZ. El general de la Nación Don. Ángel Vicente Peñaloza ha sido cosido a puñaladas en su lecho, degollado y llevada su cabeza de regalo al asesino de Benavídez, de los Virasoro, Ayes, Rolta, Giménez y demás mártires, en Olta, la noche del 12 del actual. »

En otra de ellas, titulada «La política del puñal» decía Hernández, entre otras cosas: «Los salvajes unitarios están de fiesta. Celebran en estos momentos la muerte de uno de los caudillos más prestigiosos, más generosos y valientes que ha tenido la República Argentina. El partido Federal tiene un nuevo mártir. El partido Unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos crímenes. El general Peñaloza ha sido degollado. El hombre ennoblecido por su inagotable patriotismo, fuerte por la santidad de su causa, el Viriato (2) Argentino, ante cuyo prestigio se estrellaban Las huestes conquistadoras, acaba de ser cosido a puñaladas en su propio lecho, degollado y su cabeza ha sido conducida como prueba del buen desempeño del asesino, al bárbaro Sarmiento.»

Ni que hablar de ciertos historiadores y/o filósofos contemporáneos que aparecieron con el nuevo siglo de este segundo milenio de manera mediática. Con  “extrañas intensiones” disfrazadas de objetividad, estos señores se detienen “ex profesamente” en las debilidades de no pocos de nuestros personajes históricos mostrándolas como defectos. Luego  acá cabría también eso de: “depende de dónde se lo mire” para asegurar si los defectos son tales.

Lo importante es poder discutir los  hechos y las ideas de hombres y mujeres  del  pasado lejano y reciente en relación a un solo objetivo: rescatar cuales fueron las virtudes y los aciertos que permitieron forjar nuestra argentinidad, y cuales los errores que jugaron en contra de los intereses sociales, nacionales y populares.

Pero de esto  escribiré en mi próxima entrega.

Nota

(1) https://revistaelemilio.wordpress.com/2015/09/27/educacion-los-datos-que-no-aparecen-en-los-contenidos-curriculares/)

(2) – Caudillo lusitano (m.139 a. C.) cabecilla de los  sublevados contra la tiranía del Pretor romano Galba, que durante mucho tiempo tuvo en jaque a los ejércitos romanos. Fue asesinado en su tienda por sus propios amigos.


JAURETCHE, ante todo un MAESTRO de lo NACIONAL

30 enero 2015

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, de nuestra redacción.

En Prosa de hacha y tiza, bajo el título “los novios asépticos de la revolución”, citó una frase del Profesor Silvio Frondizi que dice: “Hasta la aparición del Partido Comunista, el Socialista fue le único partido de base científica”. Esto desencadenó mi siguiente comentario: “Dado el éxito del Partido Socialista habrá que convenir que en la Argentina la ciencia sirve para todo menos para hacer política, o que este es un país anti-científico”.

Arturo Jauretche-Manual de las zonceras argentinas -Pág. 104

Foto de V.L.M.Por Victor Leopoldo Martinez(*)

“FUI UN AFORTUNADO”

En materia pedagógica, las enseñanzas y el pensamiento de Arturo Jauretche están presentes en todos mis trabajos. Fue uno de los tres grandes maestros, hoy todos ellos ausentes, que tuve; los otros dos, Gustavo Francisco Cirigliano y Paulo Freire. Orgullosamente sostengo esto desde mi condición docente y humilde aprendiz de sus enseñanzas, además de ser un loco que intenta vanamente constituirse en otro de sus discípulos.

Voy a focalizar esta semblanza de don Arturo en la importancia que tuvo para él lo educativo, algo que a través de sus textos me trasmitió. Es un tema con el que siempre estuve vinculado de “oficio” (1) y comencé a conocer de manera medianamente seria, o mejor dicho a descubrir la seriedad del mismo, cuando él tuvo la osadía de mostrarlo íntimamente ligado a nuestra falta de independencia mental a la hora de pensar lo nacional.

Jauretche encontró en la educación el nudo gordiano de nuestros males culturales, algo que aún hoy nos sigue privando de tener una identidad definida. En homenaje a él -con poca modestia y mucha pedantería de mi parte al tratar de emularlo- titulé mi último trabajo sobre educación: “Guarda-Polvos, aorta pedagógica de la dependencia” (2).

Fui un afortunado al conocerlo personalmente. Desde el momento que escuche por primera y única vez una brillante “clase” suya sobre pensamiento nacional, mi visión del valor de la educación que hasta ese momento estaba asociada exclusivamente a lo “académico”, cambió radicalmente; dio un giro de 180º y se instaló en su lógico y correcto lugar, el político. Este fortuito encuentro ocurrió luego del triunfo del peronismo en aquel 11 de marzo de 1973 y previo a la asunción del “Tío” Cámpora, disertación que disfruté junto a mi inseparable ladero Pedro del Arrabal en un saloncito del sindicato de Luz y Fuerza de la calle Perú al 800 de esta Capital Federal.

Hasta ese momento y desde el año “70” del siglo pasado había sido un simple pero ferviente militante callejero de la JP en este Bs.As.(ni siquiera universitario que en ese momento lo era pero prefería militar en mi laburo y barrialmente). No tenía una clara conciencia de la disociación que existía entre universidad y sociedad-país; pero escuchar hablar a compañeros militantes que actuaban en mi facultad en contra de la “burocracia sindical” me pegaba como muy disonante, independientemente de que en algunos casos fuera cierto y en otros una simple infamia. La formación peronista recibida de mi abuela materna había internalizado en mi la idea de que la clase trabajadora argentina (todos sindicalizados) constituía la columna vertebral de movimiento justicialista; “Lo dice Perón” me aclaraba. En ese entonces yo era un simple laburante a lo que le sumaba mi condición universitaria, única forma de poderme mantener y estudiar al mismo tiempo. Escuchar a mis pares de facultad hablar en contra de los dirigentes sindicales era como hablar mal de los laburantes; yo lo era. Junto a mis compañeros de yugo, todos “cabecita negra” como yo, no lo sentíamos justo. Había una historia de resistencia peronista encabezada por trabajadores y dirigentes gremiales; muchos de ellos perseguidos, encarcelados, asesinados después del “55” y eso constituía parte de la historia que habiamos mamado en los estratos populares de donde proveníamos. Ese trato despectivo para con los laburantes generaba en mi desconfianza que hizo en primera instancia que me alejara de la militancia universitaria.

Fue aquella charla de Jauretche la que casualmente me impulsó a “parar la bocha”, ese el momento en que comencé a desandar el camino que me había llevado a ser un maestro zonzo (17 años iba a cumplir cuando me recibí de Maestro Normal Nacional en mi lejana y amada Catamarca donde había sido capacitado y profesionalizado para enseñar zonceras técnicas y falsedades históricas como verdades absolutas por el supuesto “rigor científico” que las avalabas).

Aquel día inicié mi transitar inverso -a contramano- por la senda recorrida con anterioridad a través de la educación formal. En ese regreso y gracias a los señalamientos puntuales que aparecían en los textos de don Arturo fui descubriendo todos y cada uno de los grandes baches que existían en la empedrada senda por donde se había deslizado la historia oficial y el conocimiento en general montados ambos en carros tirados por sirvientes fieles… fieles a los intereses imperiales de turno. Jauretche me “avispó” la mirada y gracias a eso pude encontrar la olla pedagógica donde se había cocinado el elixir hecho “pensamiento cipayo”,   con el cual nos inoculaban “desde nuestra más tierna infancia y en dosis para adultos” como socarronamente sostenía él.

Mirado a la distancia y con no poca nostalgia casualmente, uno lamenta que salvo esa honrosa excepción que constituye por si solo el querido Maestro, compañero y amigo Norberto Galasso, hoy por hoy y en nuestro medio no existan pensadores e intelectuales nacionales -con la excepción señalada- de la talla de un Jauretche. Solo un talentoso como él pudo superar en su época esa colonización pedagógica tan bien estructurada por “tatita Bartolo Mitre” y apadrinada por un ambivalente Dominguito Sarmiento (que con sus “chupa mortajas” aún hoy siguen jodiendo).

Leyendo y releyendo sus escritos no resulta difícil imaginar el perfil del joven político que fue. Acodao en una pulpería de pueblo o en un bar de Av. de Mayo y agudizando su mirada, solo un tipo curtido por el barro, a puro estaño y adoquín como Jauretche pudo ver lo que antes había visto José Hernandez; peribió algo muy distinto de esa Argentina acartonada que le habían presentado en los claustros de estudio. Desde esos lugares contempló el país real, su grandeza construida por hombres y mujeres cuyos nombres no figuraban en las guías sociales pero si en las telefónicas, necesario señalamiento hecho por él para “separar la paja del trigo” en materia de pretendidos hacedores de Patria. La figura utilizada no podía ser mejor aun sabiendo que la gran mayoría de los laburantes ni en esta última guía aparecían porque no tenían teléfono; se valió de ella para diferenciar a la parasita clase que se decía “patricia” del pueblo trabajador, constructor diario de la grandeza nacional y muy poco agraciado a la hora de distribuir sus riquezas. Jauretche vio y experimentó la miserable vida que padecía ese vulgo trabajador que habitaba zonas rurales y empobrecidos ejidos urbanos.

Arturo+Jauretche1

¡LA EDUCACIÓN…!

Gracias a él nos quedó claro por qué los egresados de nuestras universidades, la mayoría de las veces y en muchos casos aún hoy, siguen siendo fagocitados por un sistema estructurado por la clase dominante quien parió una educación en función de sus intereses, algo que según mi modesto punto de vista todavía no fue tocado en la profundidad que demanda la hora actual y el proyecto hoy en el gobierno.

La vigencia de aquellas observaciones realizadas en antaño por Jauretche lo muestran como el político patriota diferente que fue. En su obra “Los Profetas del Odio”, utilizando ejemplos concretos mostró claramente el apoderamiento de las cuestiones pedagógicas realizado por la clase dominante desde la génesis misma de la estructuración del sistema educativo nacional:

“La Reforma Universitaria (1918) creada por la primer presencia del pueblo en el Estado, se vuelve contra aquel una y otra vez. Así la reforma nació con Irigoyen, cuando el pasado, vencido por el país, se refugió en la universidad para aislarla como su reducto (Por eso la Reforma fue anti-católica en Córdoba y anti-liberal en Bs. As. y La Plata, correspondiendo a las características del sector dominante en cada caso que impedía la incorporación de la Universidad al país nuevo que empezaba). Por eso también fue uniformemente anti-Irigoyenista, volviéndose contra el movimiento nacional que la había generado; como después fue anti-peronista en la misma medida que perdía contacto con la realidad que se parteaba... …Así, el egresado universitario obtiene una “patente de corso”. Formado como profesional ninguna importancia tiene que se haya graduado en el país o en el extranjero; la técnica que maneja y domina es universal y su función en la vida es meramente aplicarla”.

Con esta sencillez explicaba Jauretche la falacia del valor universal de ciertos conocimientos y técnicas. El sentido común siempre le indicó la inutilidad de esa uniformidad de contenidos, simplemente porque las realidades político-sociales entre naciones y pueblos diferenciaban a estos notoriamente. En este mundo vienen convivíendo de manera forzada dominantes y dominados, cruel y lamentable realidad que la historia se encarga de mostrarnos a cada paso; quizá una consecuencia natural de ciertas debilidades humanas no superadas.

Los poderosos imperios nunca perdieron de vista la importancia del know how (conocimientos) y siempre lo valoraron adecuadamente. Invertían en investigación, o se apoderaban de él cuando no lo tenían; y si era necesario a través de la ocupación y la fuerza bruta. En algunos caso bajo el manto de una buena causa como fue la decisión de combatir al psicótico Hitler (“encanute” de científicos alemanes que estaban al servicio del Tercer Reich para apropiarse de sus conocimientos; y a ninguno de nuestros intelectuales se le ocurrió llamar a Roosevelt “pro-Nazi” como se lo calificó a Perón); o utilizaron el conocimiento como herramienta de dominación económico-comercial sobre los pueblos sojuzgados cuando lo poseían.

¡Y minga de compartirlo sin previo pago de royalty (regalías)!

Imperios… En sus planes jamás estuvo el no atentar contra la diversidad cultural y las diferentes idiosincrasias de los pueblos que caían bajo sus garras. Lo primero para ellos era apoderarse de bienes y riquezas naturales y lo segundo conseguir mano de obra barata para su explotación. El paso siguiente consistía en invadir culturalmente al dominado. Para eso solo se necesitaba buscar o generar “agentes cipayos”. ¡Que mejor que las casas de altos estudios para este cometido! En nuestro caso a ese conocimiento servicial se le llamó “Civilización”; todo lo que se oponía a esto fue calificado de “Barbarie”, y lógicamente la universidad con sus universitarios adentro siempre esquivaron la barbarie; de ahí la mentalidad cipaya de muchos de nuestros egresados.

La capacidad deductiva que poseía don Arturo le permitía concluir fácilmente que si lo universal no se adaptaba a lo nacional, lo correcto debía ser acudir a la creación original; “para eso tenían (y tienen) que estar las casas de altos estudios”, razonaba. En el fondo Jauretche siempre peleó con su pluma y militancia por un sueño: que nuestros universitarios miraran las necesidades de nuestro país y su pueblo y estuvieran dispuesto a poner los conocimientos adquiridos a su servicio; simplemente porque ese pueblo fue quien siempre solvento todos los estudios (primarios medios y “altos”). Creía en la lógica gratitud humana. Soñaba con un país que tuviera universitarios que por formación priorizaran el interés social y nacional por encima de lo rentable que pudiera resultar vender sus conocimientos técnicos y/o científicos poniéndolos al servicio de expoliadoras empresas extranjeras.

La educación y los conocimientos ¿eran bienes capitales, o sociales y nacionales? ¡Esa era la cuestión para Jauretche!

Otro de sus grandes hallazgos concretado gracias a esa aguda mirada que le permitía auscultar minuciosamente la cambiante realidad social argentina fue “el medio pelo”. Jauretche delineo a la perfección el perfil de dos nuevas creaciones locales surgidas de esa colonización cultural: El tilingo y el guarango, fieles exponentes de ese medio pelaje social argentino. Se trata de tristes híbridos culturales que siempre miraron con desprecio a nuestra “chicha” mientras convivían con la impotencia de no tener el pied de grue (pedriguee) necesario para saborear la “limonada”. Pueblan este sector desde intelectuales “progres” y liberales de izquierda que hacen cola para escribir en La Nación, hasta nuevos y mitómanos ricos que reniegan de su origen y se niegan a ver el origen y las razones de su ascenso social.

ABRIENDO SURCO CON AZADÓN NACIONAL

Fundador FORJA junto a Homero Manzi, Dellepiane, del Mazo, Dario Alessandro(Padre), Scalabrini Ortiz entre otros allá por el “35” del siglo pasado, Jauretche comienza allí a meter azadón abriendo surcos en las mentes argentinas con la esperanza que algún día florezca la Conciencia Nacional. Eran épocas donde el gobierno era para los “cultos”, y “bajo esa fachada se escondían los intereses antinacionales”, sostenía. Se refería nada más y nada menos que al cipayaje vernáculo enquistado en las clases pudientes a través del cual los intereses foráneos lograban mancillar, ultrajar no solo a bastos sectores sociales sino también los intereses nacionales. Corrían los años de la Primera Década Infame.

Su trabajo no fue en vano. Orgulloso por la tarea realizada y parado en la esquina de Perú y Av. de Mayo, el 17 octubre de 1945 contempló gustoso el paso de esa masa sudorosa que estaba pariendo un nuevo intento por hacer de este país una Nación Soberana. La “barbarie” comenzaba a olfatear la proximidad de la Justicia Social. Había aparecido un hijo de india llamado Juancito Sosa (Perón) que acaudillaba a los hijos de obreros de una Nación parturienta. Aquel 17 de octubre “la chusma” reclamaba la libertad del Gral. Perón. Ninguno de los manifestantes reconoció a don Arturo. Ese hecho lo ayudo a descubrir que todo estaba bien; esos que luego serían los “grasitas” de Evita, simplemente lo veían y sentían como uno más, “es otro de los nuestros” pensarían; para la grandeza de un Jauretche eso…, eso ya era suficiente.

Sin hacerse Peronista acompañó aquel movimiento de masas en la seguridad que no le pifiaba en todo lo relacionado con los intereses populares y nacionales. Aplaudió aquel intento del gobierno peronista -a pesar de su fracaso- por querer hacer de nuestras universidades las acompañantes del naciente movimiento nacional; redobló los aplausos cuando Perón creo la Universidad obrera, aquella que producía técnicos e ingenieros necesarios para el proyecto de país en marcha y cuyos títulos eran invalidados por los “académicos cipayos” que controlaban las universidades nacionales.

Con el cruel golpe militar del “55” se arrancaron las “flores de ceibos” que estaban en las universidades (así llamaba Jauretche a los docentes universitarios con conciencia nacional) para implantar las “Flores de Romero” (nombre que también le asignó Jauretche a todo ese profesorado cipayo que retornó a la universidad de la mano del “Socialista pro-libertadora” José Luis Romero a quien aquella sangrienta y cipaya revolución designo interventor en la UBA).

Sin embargo uno que otro profesor universitario -antiperonista desde ya- al poco tiempo de aquel golpe, sin reconocerlo y menos aún mencionarlo, terminó dándole la razón a don Arturo. Tal es el caso de Oscar Varsavky, aquel docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales que retornó a esa casa de estudios tras el golpe gorila y antipopular y a quien se le encomendó el control de los concursos docentes y los futuros nombramientos. Solo basta con transcribir fragmentos de una disertación de Varsavky en Caracas, allá por el año 1966 para corroborarlo:  “El resultado práctico de nuestros esfuerzos fue que “triunfamos”, digámoslo entre comillas (muchas personas siguen creyendo lo mismo; yo no). Lo que conseguimos fue estimular el cientificismo, lanzar a los jóvenes a esa olimpiada que es la ciencia según los criterios del hemisferio norte, donde hay que estar compitiendo constantemente contra los demás científicos, que más que colegas son rivales (“virtudes” del sistema capitalista señalaría yo) . Por eso no resulta extraño que ninguno de los muchos papers publicados por nuestros investigadores desde 1955 haya hecho adelantar notablemente ninguna rama de la ciencia. Si no se hubieran escrito, la diferencia no se notaría.” En lo personal no entiendo cómo una mente brillante como la de Varsavky pudo alguna vez creer que una simple publicación podía hacer adelantar a la ciencia. ¿Tan tarde se dio cuenta que en la valoración de los trabajos realizada por las editoriales que publican revistas científicas(¿?), estaba escondida otra “zoncera”? (3)

Anteriormente Jauretche ya había identificado a estos productos universitarios perfilados por Varsavky de la siguiente manera: “Trabajando en probetas o en laboratorios, en bibliotecas o archivos y oyendo clases magistrales, el egresado de nuestras universidades ingresa al mundo como el producto exclusivo de la probeta, el laboratorio, el libro o la lección magistral. Cuanto mas desvinculado de la realidad a la que pertenece esté, es más perfecto como técnico.”

Varsavky reconoce en la siguiente cita lo que Jauretche desde una postura más crítica respecto del inservible academicismo cientificista -básicamente por antinacional- ya sostenía: “Poco a poco la facultad se fue transformando en una sucursal de las universidades del hemisferio norte. En nuestros laboratorios trabajaba gente joven, muy capaz, becada al hemisferio norte apenas graduado. Recibían allí un tema de trabajo, y ahora de regreso en el país seguían con ese tema porque era lo único que sabían bien y lo único que les permitía seguir publicando.”

No puedo cerrar este paralelo sin volver a transcribir lo que el simple sentido común le indicaba a un brillante Jauretche: “Una universidad Argentina de esta naturaleza , solo será Argentina por su radicación geográfica y los lógicos productos de esa universidad serán contadores que manejan las cifras y los asientos falsos de las empresas, doctores en ciencias económicas que distribuyen las doctrinas de encargo que se importan, filósofos e historiadores que adecuan el pensamiento y la versión de la historia conveniente a esos mismos intereses, ingenieros que planifican y construyen sin vincular su obra con el destino nacional., médicos que curan a los enfermos sin buscar las raíces económicas y sociales de los males, y abogados y jueces que consolidan la estructura jurídica de la dependencia.”

En lo personal lamento mucho la ausencia de sus textos como lectura obligatoria en los claustro de estudio y en una necesaria asignatura que debería llamarse “formación de Argentinos”; lamento también la no utilización de su pensamiento como elemento disparador en talleres de reflexión, no solo en enseñanza media sino y básicamente en las universidades; exigible esto último en todas las carreras, aún sabiendo que a los integrantes de las Academias de Educación, Ciencias e Historia, esto les revolvería las tripas; con mayor razón lo debemos hacer por este motivo. En una de esas se les hace un favor y de esa manera se sacan del entripao los restos de pensamiento cipayo que les queda para así comenzar a sanar sus mentes empezando a ser más argentinos.

Arturo Jauretche fue y seguirá siendo otro gran patriota dentro de la memoria popular; no solo en términos nacionales sino Latinoamericano. El antinacional discurso dominante fijado por agenda desde los monopolios mediáticos, bajado por periodistas que impúdicamente dicen defender la libertad de prensa y expresión cuando son ellos los que trabajan en su contra actuando mercenariamente a favor de intereses económicos monopólicos y corporativos, es otra prueba del por qué para el “Jauretche periodista” era tan importante una educación que apunte esencialmente a formar más y mejores Argentinos por encima de formar periodistas premiables para un stablishmen, o brillantes científicos que de argentino solo tengan el rótulo asentado en el item “nacionalidad” en su pasaporte internacional.

Si como pueblo y con trabajo no logramos -porque no nos dejarán tan fácilmente- construir esa gran Nación a la que aspira la gran mayoría silenciosa, Nación liberada y con justicia social para su pueblo, al menos no renunciemos a dar hasta nuestra vida si es necesario en todos los intentos que sean necesarios para que alguna vez el habitante de esta tierra sea lo que siempre debió y quiso ser, ARGENTINO Y LATINOAMERICANO; en honor a San Martín, Irigoyen, Perón, don Arturo Jauretche y tantos otros patriotas.

Notas

(*) Director de EL EMILIO.

(1)Así denominó despectivamente a la tarea del maestro el ex ministro de Educación J.C. Tedesco de esta gestión “kirchnerista” argumentando que los maestros no eran profesionales y se dedicaban a “eso”(la docencia primaria) por ser “universitarios frustrados”.

(2)Obra en tres tomos publicada por Ediciones El Emilio en el 2012. Triunvirato 3971, Dto “C” C.A.B.A. Tel cel:111555134976; fijo: 03834426714.

(3)“Cualquier trivialidad puede hacerse publicar en alguna revista internacional con solo tener un conocido en el cuerpo editor”, manifestó Varsavky en esa misma disertación. A confesión de parte, relevo de pruebas.