La democracia brasileña está en peligro

2 febrero 2018

Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Política Internacional-Regional

Fuente: http://www.elesquiu.com/correoyopinion/2018/2/2/democracia-brasilena-esta-peligro-275868.html

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Boaventura de Sousa

Por Boaventura de Sousa Santos (*)

Vivimos un tiempo de emociones fuertes. Para quienes –como yo y tantos otros– acompañamos en estos años las luchas e iniciativas en el sentido de consolidar y profundizar la democracia en Brasil y de contribuir a una sociedad más justa, menos racista y menos prejuiciosa, este no es un momento de júbilo. Para quienes –como yo y tantos otros– en las últimas décadas nos dedicamos a estudiar el sistema judicial brasileño y a promover una cultura de independencia democrática y de responsabilidad social entre los jueces y los jóvenes estudiantes de Derecho, éste es un momento de gran frustración. Para quienes –como yo y tantos otros– estuvimos atentos a los objetivos de las fuerzas reaccionarias brasileñas y del imperialismo norteamericano en el sentido de volver a controlar los destinos del país –como siempre hicieron, aunque esta vez pensaban que las fuerzas populares y democráticas habían prevalecido sobre ellas–, éste es un momento de algún desaliento. Las emociones fuertes son preciosas si son parte de la razón caliente que nos impulsa a continuar; si la indignación, lejos de hacernos desistir, refuerza el inconformismo y alimenta la resistencia; si la rabia ante sueños injustamente destrozados no liquida la voluntad de soñar. 
Éste no es el lugar ni el momento para analizar los últimos quince años de la historia de Brasil. Me concentro en los últimos tiempos. La gran mayoría de los brasileños saludó el surgimiento de la operación Lava Jato como un instrumento que contribuiría a fortalecer la democracia por la vía de la lucha contra la corrupción. Sin embargo, frente a las chocantes irregularidades procesales y la grosera selectividad de las investigaciones, pronto nos dimos cuenta de que no se trataba de eso sino de liquidar, por la vía judicial, tanto las conquistas sociales de la última década como las fuerzas políticas que las hicieron posibles. Sucede que las clases dominantes pierden frecuentemente en lucidez lo que ganan en arrogancia. La destitución de Dilma Rousseff, que tal vez fue la presidenta más honesta de la historia de Brasil, fue la señal de que la arrogancia era la otra cara de la casi desesperada impaciencia por liquidar el pasado reciente. Fue todo tan grotescamente obvio que, por un momento, los brasileños consiguieron apartar la cortina de humo del monopolio mediático. La señal más visible de su reacción fue el modo en que se entusiasmaron con la campaña por el derecho del ex presidente Lula da Silva a ser candidato en las elecciones de 2018, un entusiasmo que contagió incluso a aquellos que no lo votarían si fuese candidato. Se trató, pues, de un ejercicio de democracia de alta intensidad.
Dada la popularidad de Lula da Silva, era muy posible que ganara las elecciones en caso de ser candidato y eso significaría que el proceso de contrarreforma que se había iniciado con la destitución de Dilma Rousseff y la conducción política del Lava Jato habría sido en vano. Toda la inversión política, financiera y mediática habría sido desperdiciada, todas las ganancias económicas ya obtenidas estarían en peligro o perdidas. Desde el punto de vista de estas fuerzas, Lula no podía volver al gobierno. Si el Poder Judicial no hubiera cumplido su función, tal vez Lula fuera víctima de un accidente de aviación o algo similar. Pero la inversión imperial en el Poder Judicial (mucho mayor de lo que se puede imaginar) permitió que no se llegara a tales extremos. 
La democracia brasileña está en peligro y sólo las fuerzas políticas de izquierda y de centroizquierda pueden salvarla. Para muchos quizá sea triste constatar que en este momento no es posible confiar en las fuerzas de derecha para colaborar en la defensa de la democracia. Pero esa es la verdad. No excluyo que haya grupos de derecha que sólo se reconozcan en los modos democráticos de luchar por el poder; pese a eso, no están dispuestos a colaborar genuinamente con las fuerzas de izquierda. ¿Por qué? Porque se ven como parte de una elite que siempre gobernó el país y que aún no se ha curado de la herida caótica que le infligieron los gobiernos lulistas, una herida profunda que proviene del hecho de que un grupo social extraño a la elite osó gobernar el país y encima, cometió el grave error (y fue realmente grave) de querer gobernar como si fuese una elite.
En este momento, la supervivencia de la democracia brasileña está en manos de la izquierda y centroizquierda. Sólo pueden tener éxito en esta exigente tarea si se unen. Las fuerzas de izquierda son diversas y la diversidad debe ser bienvenida. Además, una de ellas, el PT, sufre el desgaste de haber gobernado, un desgaste que fue omitido durante la campaña por el derecho de Lula a ser candidato. Pero a medida que entramos en el período post Lula (por más que cueste a muchos), el desgaste pasará factura y la mejor manera de enfrentarlo es democráticamente, a través de un retorno a las bases y de una discusión interna que lleve a cambios de fondo. Seguir evitando esta discusión bajo el pretexto del apoyo unitario a otro candidato es una invitación al desastre. El patrimonio simbólico e histórico de Lula salió intacto de las manos de los justicieros de Curitiba & Co. Es un patrimonio a preservar para el futuro. Sería un error desperdiciarlo, usándolo instrumentalmente para indicar nuevos candidatos. Una cosa es el candidato Lula; otra, muy diferente, son los candidatos de Lula. Lula se equivocó muchas veces y los nombramientos para el Supremo Tribunal Federal así lo están mostrando. La unidad de las fuerzas de izquierda debe ser pragmática, pero basada en principios y compromisos detallados. Pragmática, porque lo que está en juego es algo básico: la supervivencia de la democracia. Pero con principios y compromisos, porque el tiempo de los cheques en blanco le causó mucho mal al país en todos estos años. Sé que, para algunas fuerzas, la política de clase debe ser privilegiada, mientras que, para otras, las políticas de inclusión deben ser más amplias y diversas. La verdad es que la sociedad brasileña es una sociedad capitalista, racista y sexista. Y es extremadamente desigual y violenta. Entre 2012 y 2016 fueron asesinadas más personas en Brasil que en Siria (279 mil contra 256 mil), a pesar de que el país asiático estaba en guerra y Brasil, en “paz”. La izquierda que piensa que sólo existe la política de clase está equivocada, la que piensa que no hay política de clase está desarmada.

(*) Doctor en Sociología del Derecho; profesor de las universidades de Coimbra y Wisconsin-Madison

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OBAMA Y LAS TOCADAS DE OREJA

13 febrero 2009

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Gentileza de Aldo Battisacco

Estoy cansado de viajar a Londres y Nueva York, para que yuppies de 30 años me digan lo que debemos hacer en Brasil, cuando ellos no saben dónde queda. Que hagan lo mismo con Obama“.

Lula Da Silva

Por Enrique Oliva

Los enormes y brutales errores de la política exterior norteamericana, muestran en sus últimos mandatarios una lamentable mediocridad política (por no decir inferioridad) sin sentido de responsabilidad ni justicia a la hora de tomar decisiones. Ninguno de ellos se exime de culpa por intervenciones militares con ventajas o por alentar y financiar otras contiendas utilizando mercenarios, pero cosechando también algunas derrotas nada decorosas. Todo movilizado por el egoísmo y la seguridad inspirada en un sentido de sociedad superior, infalible. Justifican los medios más despreciables para obtener fines también despreciables. Han sembrado odios en la seguridad de contar con la impunidad de la justicia temporal y el juicio de la historia que suponen escribirán ellos mismos. Fueron por petróleo para alimentar la fría máquina de hacer dinero. Mas la codicia, lleva a la ceguera.

Ahora desde gran altura, con aviones sin pilotos y sin pelotas en los comandos, cotidianamente se sigue sembrando muerte y destrucción. Con esas semillas, desde los escombros nutridos de sangre inocente fertilizante, la cosecha solo dará más odio, suicidas, vengadores,  “terroristas”.

Despreciar la memoria de los pueblos es un error, una deuda que perdura en las conciencias y el tiempo. Hace unos 3 años, desde un portaaviones atómico estacionado frente a las costas de California, el ex presidente George W. Bush anunció jubiloso al pueblo norteamericano que la misión de Estados Unidos en Iraq había concluido en “victoria total”. “El tirano está muerto e Iraq es libre” vociferó. ¿Y ahora qué?

El día de la asunción del nuevo presidente Barack Obama alentó esperanzas  a sus compatriotas, al gusto norteamericano: “somos y seguiremos siendo una gran potencia“. Y deliraron los aplausos en un mar de agitadas banderitas. Nadie se preguntó sobre el cómo y el  con qué. ¿Será más de lo mismo, nada entre dos platos?

Estados Unidos y sus cómplices están enfermos. El sistema hace aguas por  todos lados. De muchos rincones del globo crece la protesta con tocaduras de oreja y la presentación de facturas, incluso internas. Veamos algunos ejemplos.

Los 700.000 millones de dólares del “salvataje” dispuesto por George W. Bush para socorrer a bancos y empresas líderes, resultó una cifra tan fuera de lo habitual que no cabía en las computadoras de Wall Street. Hasta Barack Obama y su contrincante John McCain en la carrera a la presidencia, interrumpieron la campaña electoral para ir a Washington a votar el “salvataje” como senadores, que aun eran. La montaña de dinero regalada a los grandes bancos especuladores “para que dispongan de líquido, reiniciaran el crédito para así estimular la economía en bien de todos”. ¿Y cuál fue el resultado? Que los financistas no dieron créditos sin explicar dónde fueron a parar tantos dólares. ¡Y ahora se les piensa dar otro “salvataje” mayor! Todo a sabiendas que ese derroche será pagado por el pueblo norteamericano ya estafado con las hipotecas, y por los países del tercer mundo.

Una vez en funciones el primer mandatario negro de la historia yanqui, envió al Capitolio su Plan de Estímulo Económico pidiendo autorización para utilizar una cantidad de dinero superior al acordada a su predecesor: 920.000 millones de dólares. En la Cámara de Representantes (diputados), pasó rápido y sin problemas. Pero los mayoritarios republicanos en el Senado pusieron palos en la rueda. Interpretando la obstrucción, ciertos analistas independientes vieron la maniobra como una intencionada demostración de fuerza para doblarle el brazo a Obama, obligándolo a concurrir personal y patéticamente a suplicar aprobación. En realidad, la presión tuvo su efecto mediático, poniendo en evidencia que el presidente no tenía tanto mando. Al nuevo mandatario le hicieron ver que el real poder en Estados Unidos y el mundo, no está en la Casa Blanca

Este lunes 9 cuando se escribían estas líneas, se pudo ver por televisión a un Obama eufórico dando por aprobado su plan a votar mañana martes en el Senado. Repitió casi textualmente el justificativo del anterior proyecto burlado de Bush. “Fortalecer las finanzas”, “abrir créditos”, etc. etc.

A solo dos semanas de los impresionantes festejos de la asunción, Obama debió soportar las tristes escenas difundidas repetidamente por los medios, con desocupados en las calles, separados de la policía por vallas. El día coincidió con el anuncio oficial del record de parados ascendido al 7,6 %. Quizás no fue casual que las fotos más difundidas de demandantes de nuevos empleos eran hombres y mujeres negros. ¿Será un mensaje para recordarle al presidente que los más  grandes y tradicionales diarios norteamericanos tienen sus balances en rojo, con elevadas deudas, viéndose obligados a reducir gastos y rematar activos?.

En Suramérica y el Caribe también está padeciendo Obama críticas que sus allegados califican de “provocaciones” o “tocadas de oreja”. Fidel Castro, a pesar de sus primeras declaraciones esperanzadas con el nuevo presidente, ha lanzado una serie de ataques al quien repetidas veces llama “inquilino de la Casa Blanca”, como insinuando tu temporalidad, cuando él ha estado medio siglo en el poder y aun no lo suelta. Los calificativos lanzados desde Cuba, parecerían demostrar que en La Habana no se espera nada de Washington. Como menudean los opinólogos que interpretan la actitud de Castro como una operación mediática para mostrar lucidez y recuperar presencia e iniciativa política, De todas formas ha ganado en promoción, generando suspenso y especulaciones variadas, obligando a hablar de él. Y logró sus efectos, con una demorada foto de la mano de Cristina Kirchner que ha dado la vuelta al mundo acaparando pantallas y primeras planas.

La contundencia de las ideas expuestas por Hugo Chávez contra el “imperio yanqui”, ha obligado a Barack Obama a referirse a él con una frase: “Venezuela es un  problema para el desarrollo”.

Evo Morales no pierde la costumbre de ganar elecciones. Ya tiene promulgada la nueva constitución por él diseñada, destacando no haber precisado para ello la venia de Washington. Expulsó al embajador norteamericano, como a los miembros de la DEA y otros voluntarios “culturales” del mismo origen, por “intromisión en cuestiones internas”. Asimismo, impuso la obligación de visado para entrar a su país, en especial en reciprocidad por la misma medida vigente para los bolivianos en viaje a EEUU.

Y el pasado viernes 6, un cable de la agencia rusa Novosti, de Moscú, distribuido por la red Rebanadas de realidad, informaba que “Gazprom trazará un esquema para el desarrollo de la industria del gas en Bolivia“. ¿Intromisión en el “patio trasero”?.

Tanto Lula como Rafael Correas se han permitido despacharse con severas condenas al capitalismo salvaje financiero que el liberalismo busca resucitar en un vano intento de introducir algunas reformas  cosméticas para no cambiar nada. Y vale la pena repetir una frase plena de ironía del presidente del Brasil, pronunciada en el Foro Social de Belém días atrás, ante 10.000 delegados internacionales: “Estoy cansado de viajar a Londres y Nueva York, para que yuppies de 30 años me digan lo que debemos hacer en Brasil, cuando ellos no saben dónde queda. Que hagan lo mismo con Obama“.

Deben abrumar en estos días al presidente norteamericano los sabiondos consejeros y premios nobel económicos desacreditados por la impiadosa realidad, ante el caos del liberalismo. Pero Obama ha abierto el paraguas anunciando el viernes pasado que deben esperarse “decisiones difíciles”, referidas a Iraq y Afganistán. El primer tema lo considera el más urgente, y al segundo, más delicado pero a mayor plazo, según escribe Yolanda Monge desde Washington para El País de Madrid. En la nota se habla e insiste en un “ordenado” retiro de fuerzas norteamericanas en Iraq (142.000 soldados por ahora) en el término de 16 meses. La cifra no comprende a varios miles de paramilitares y contratistas que prestan servicios privados, a los cuales George Bush les quitó las inmunidades a partir del 1º de enero pasado. Lo de “ordenado” repliegue parece referirse a un mal recuerdo que fue el humillante escape de Vietnam donde los gorilas bajaban a trompadas de los últimos helicópteros a los vietnamitas que fueron colaboradores de las fuerzas de ocupación. Todo bien televisado.

Respecto a Afganistán no hay tampoco precisiones. Solo se ha adelantado un proyecto de incrementar con 30.000 soldados más a los 36.000 ya existentes en ese país devastado y con más de 2 millones de refugiados amenazantes en países vecinos. No se entiende este deseo de insistir en “tranquilizar” con el tiempo a los afganos, poseedores de una de las historias más impactantes de lucha contra infinidad de conquistadores que no pudieron instalarse seguros en sus tierras, incluyendo entre ellos a Alejandro Magno, 26 siglos atrás. El paso Kiber, frontera con Pakistán, ha sido de tránsito obligado para todos los conquistadores venidos del Este como del Oeste. Y allí siguen los afganos, en un territorio de 652.225 K2 (no hay en Europa otro más extenso) y más de 25 millones de habitantes. Pese a múltiples intentos del exterior por imponerles una religión, solo aceptaron el islamismo, que practica el 99 % de la población.

De Afganistán, los ingleses pueden darle a Obama mejores informes que los expertos del Pentágono, nombre del edificio donde estuvo el presidente el viernes 7, requiriendo “la pura verdad” sobre la situación militar en ese frente y en Iraq. Los británicos saben más por experiencia propia. Durante la guerra de 1842, tomaron Kabul y gran parte del país. Las guerrillas (terroristas los llamarían hoy) los fueron  desgastando hasta que su ejército de 14.000 cipayos y 1,700 ingleses debieron replegarse poco a poco hasta concentrarse todos en Kabul y allí encerrarse en la vieja fortaleza junto a la capital. Rodeados los invasores y asediados por el hambre, sin dar batalla decidieron las fuerzas de su Majestad salir de las murallas y emprender una retirada de 200 kilómetros para volver a la India, en lo que es actualmente la ciudad de Peshawar en Pakistán. Luego de atravesar un desierto, encararon los 57 kilómetros del estrecho sendero del paso Kiber, lleno de cuevas, precipicios y…cobras. (1) Los ataques sorpresivos de guerrilleros no dieron cuartel durante la travesía del retorno. Los asedios fueron tantos y decididos, que solo lograron regresar con vida dos soldados hindúes y el subteniente médico Vincent Eyre. Este último pudo escribir un informe militar con la historia del desastre.

ENRIQUE OLIVA

(1) El autor de esta nota conoce el trayecto de Kabul a Peshawar, por haberlo realizado en enero de 1980 por un único y angosto camino de cornisa del Kiber en un desvencijado ómnibus alquilado con otros 3 periodistas franceses.