EL “OTRO” COMO UN VALOR INCALCULABLE.

27 febrero 2017

Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, de nuestra redacción

V.L.M. 3

Por Victor Leopoldo Martinez

El querido amigo y compañero riojano Aldo Fermín Morales –Ex Juez, compañero de militancia por los DD.HH. y perseverante luchador por las causas justas-, compartió con nuestra publicación una misiva que le hizo llegar Monseñor Hesayne y que por su contenido vale la pena socializarla. En tiempos donde los silencios mediáticos cómplices invisibilizan todas las perversiones y atrocidades que a diario comente contra el pueblo argentino, en particular contra los más vulnerables, la hipócrita gestión de gobierno que encabeza Macri (me niego a llamarlo Sr.), leer estas líneas pueden significar un reencuentro con esos nobles valores humanos que a fuerza de regar individualismo, el neoliberalismo va logrando imponer como cultura de vida en las sociedades mundiales.

Esa rara y maligna intención muy presente en los sectores sociales privilegiados y/o poderosos económicamente de separar la prédica y militancia evangelizadoras –la religión- de la “política terrenal”, como si ambas no fueran compatibles, no es para nada nueva. Por siglos estos sectores vienen separando astutamente los “reinos” de los que son merecedores los humanos: El “político terrenal” para ser disfrutado por ellos y el “celestial” como premio después de muertos para aquellos obedientes pobres y miserables que no se animen a cuestionar los privilegios de los ricos.

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Nuestro Papa Francisco está intentando por primera vez dentro de la religión católica, tirarlo por la borda por ser una simple hipocresía.

Ya hemos escuchado en boca de psicóticas como Carrio, de hipócritas como Laura Alonso todas las diatribas en contra de Francisco por su “incursión” enjuiciadora en materia política cuando pone en tela de juicio las perversas decisiones que “gobiernos de ricos y/o para ricos” implementan en el mundo de las “políticas terrenales”.

Si hay algo positivo dentro de la iglesia católica mundial es la recuperación –gracias al Papa Francisco- de su rol protagónico en las decisiones políticas terrenales. Los pobres y los miserables de la tierra hoy tienen un vocero y un militante que no se achica ante ningún poderoso. Hoy tenemos un Papa con los huevos bien puestos, dispuesto a luchar para que el reino de la Justicia Social también se concrete en esta tierra. Y este no es un detalle menor; de ahí los enojos de los poderosos del mundo para con él.

El que esto escribe en un momento tomó posición en contra de Monseñor Bergoglio cuando este era Presidente de la Comisión Episcopal Argentina en relación a su llamado a la “guerra santa” (ver: http://redaccionpopular.com/content/la-santa-inquisición-de-un-cruzado-fuera-del-tiempo) a raíz de la decisión del gobierno peronista de impulsar la ley de Matrimonio Igualitario que finalmente fue sancionada en el 2010. Aquel Bergoglio, ya Papa Francisco, hizo un giro de 180º respecto de su visión del tema y de muchos otros asociados a la búsqueda de un mundo más justo e inclusivo para todos; yo, lo digo con toda humildad ya que a la par de su envergadura político-social soy nadie, no podía hacer otra cosa que cambiar mi postura y mi mirada sobre él como hombre político.

Sin nada más que agregar, los invito a leer este texto más que aleccionador que invita a reflexionar sobre muchas cuestiones “mundanas”:

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“Recibí saludo Pascual del Obispo Emérito Monseñor Miguel Hesayne, acompañando un msj del Papa Francisco, con pedido de leerlo y compartirlo, por lo que lo comparto, junto con sus buenos deseos. “La Palabra es un don. El otro es un don Queridos hermanos y hermanas: La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016). La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión. 1. El otro es un don La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado. La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016). Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico. 2. El pecado nos ciega La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013). El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz. La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62). El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación. Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24). 3. La Palabra es un don El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7). También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios. El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes. La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31). De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano. Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua. Vaticano, 18 de octubre de 2016 Fiesta de san Lucas Evangelista”.

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“LOS ESCLAVOS FELICES NO TIENEN HISTORIA.”*

14 noviembre 2016

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Mitos y realidades sobre nuestra América.

Foto de V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez (1)

En su trabajo “La historiografía paraguaya y los afrodescendientes” publicado por CLACSO, Ignacio Telesca comienza señalando la escasa documentación y los muy pocos trabajos historiográficos que existen al día de hoy en Paraguay, algo que por lo que se lee en la obra, continua imposibilitando los más variados intentos de no pocos investigadores curiosos de hurgar en los orígenes y el pasado de la nación hermana. Telesca es uno de esos investigadores. Por los datos y característica de la obra, su lectura resulta altamente recomendable. Acá simplemente voy a realizar rescates de fragmentos y algunos señalamiento sobre los mismos que por sus singularidades resultan más que interesantes. Para ello recurriré al paralelismo con otros textos de similares valoraciones conceptuales en materia de significantes a la hora de evaluar conductas y gestos humanos.

En el mencionado trabajo el autor rescata la tarea de registros –cuasi históricos- hechos por un integrante de una comisión demarcatoria de límites entre Paraguay y los dominios portugueses –límites según lo que establecía el tratado de San Ildefonso de 1777-, de nombre Félix de Azara; y otro escrito –el de Josefina Pla- de donde extraje el título de esta entrega.

Antes de transcribir fragmentos de la obra de Telesca que a mi entender resultan atrayentes y significativos, deseo detenerme en la oración que utilice para titular la presente reflexión.

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Resulta impactante leer una oración donde la paradoja está claramente expresada en el significante de dos de sus términos presentes en el sujeto: “esclavos felices”; pero además, con un predicado por demás llamativo como colofón: la negación del hombre como sujeto histórico (el “feliz” no tiene historia) en razón de estar transitando un estado de “júbilo y satisfacción”, en este caso por su condición de esclavo “bien tratado”. ¡Suena alocadamente desestructurante en términos de racionalidad¡

Es dable suponer que todo estado de esclavitud no puede hacer feliz al que lo padece; cualquiera sea el modo o forma del mismo. Hasta podría incluir aquella que hace a un individuo “esclavo de sus palabras” ya que nunca tendrá certeza total –dudas existenciales que en algunos casos acompañan hasta la muerte- sobre el grado de verdad o falsedad de las mismas en tanto ser social y las variopinta valoraciones que de conductas y actitudes individuales frente a temas o situaciones sociales que a manera de desafíos mundanos suelen presentarse. Por ejemplo, esa atribución interpretativa que se toma la autora a partir de priorizar el estado emocional de un sujeto para deconstruir –sacarlo, abatirlo en términos de Heidegger(2)- privándolo de tener historia . Se lo podrá sacar de un relato histórico ya que muchos de ellos hacen hincapié únicamente en la parte trágica; pero no sacarlo de la historia.

Sin embargo y como atenuante, esto de “esclavos felices” podría ser parcialmente aceptado solo si se lo analiza en términos comparativos tomando las diferentes situaciones y formas de esclavitud que existieron a lo largo del tiempo en el mundo y en nuestra América en particular –lo acoto a mi realidad y lo que he estudiado sobre ella-, según el grado de humanidad o perversión de los esclavista de turno. Pero de ningún modo esto puede significar la barbaridad de aceptar que hay esclavitudes buenas y esclavitudes malas, que es como justificar y avalar por fatalismo histórico, proyectos imperialistas porque los hay buenos, estupidez muy presente en muchos de nuestros sirvientes cipayos de los imperialismos -ingles o norteamericano- según sea la paga para los quinta columnas al servicio de ellos.

Existen otros textos casi del mismo tenor, también justificatorios de esto último. Tomo otro caso como ejemplo que por lo llamativo no deja de asombrar. Aparece en : http://primeross.blogspot.com.ar/2013/10/la-mentira-de-la-esclavitud-y-el.html . En él y desde un razonamiento muy particular que ya escuché y/o leí en boca y textos de otros, se intenta inferir que los pueblos masacrados, sometidos, esclavizados, a pesar de eso deben ser pueblos agradecidos por los aportes “culturales” de los conquistadores, masacradores, sometedores, esclavizadores. Paradójico planteo bien Darwiniano hecho en medio de denostaciones al imperialismo anglosajón que –según sus sostenedores- por “oscuros intereses” crea y recrea la “leyenda negra” de la conquista española; como si Europa fuera cuna de las virtudes humanas hecha civilización; o peor aún, como si Europa se dividiera entre conquistadores buenos y malos (Hermann Hesse los calificaba de pueblos belicosos). Solo bastaría para desmitificar la supuesta bondad de los europeos, la opinión de los pobres africanos al respecto quienes por proximidad fueron los primeros que los padecieron en sus más denigrantes conductas humanas (no todos los europeos desde ya, pero en estos casos las excepciones de poco sirven a la hora de evaluar consecuencias y costos en términos de vidas y valores humanos). Rescatar la audacia de invasores elevándola a rango de gesta heroica sin señalar la codicia que motorizó la decisión, es un atentado a la razón. Transcribo textualmente:

Título: La mentira de la esclavitud y el genocidio español.

Texto: “Todo proceso histórico conquistador o colonizador conlleva el uso de la violencia y de las armas. Si bien el Imperio Romano invadió y conquistó España desde el siglo III A.C., arrasando y aniquilando a nuestros antepasados celtíberos, lucitanos, astures o cántabros, a nadie con un mínimo de inteligencia se le ocurriría hoy decir que Roma es la culpable de la aniquilación de España y del sometimiento injusto de nuestro pueblo…”

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Por empezar y en esos tiempos España como país, nación, no existía. Más bien eran territorios donde habitaban los originarios del lugar –si es que lo fueron- que el texto menciona. En esos tiempos (y aún hoy) la codicia territorial garantizaba sustento en materia de necesidades básicas. Que el Imperio Romano fue arrasador y aniquilador como lo fueron otros europeos en otros momentos y hasta entre ellos -las Cruzadas sin ir más lejos-, es un hecho que hasta el propio cristianismo y judaísmo dan cuenta con Barrabas y Jesús enfrentándolo. Hasta hoy no escuche a ningún judío, cristiano o palestino mostrarse “agradecido” a Roma; a menos que al relato haya que cambiarlo solicitándole a los actores históricos (algo tan absurdo como pedirle a Netanyahu, Abbas y al propio Papa Francisco) que pidan disculpa a Berlosconi o Mattarella como representantes de los emperadores Octavio Augusto y Tiberio por los alzamientos de los desacataos Barrabás y Jesús; como Macri disculpándose ante el padre del Rey de España por la “aunque angustiante, irrespetuosa osadía  de nuestro independentista”.

Lo que si se puede sacar como aleccionador de aquellos tiempos es reconocer que tanto Jesús como Barrabás mostraron al mundo que existen dos modos de revolucionar al hombre y a los pueblos sojuzgados: A través de la palabra o de manera violenta. “Hay dos formas de hacer una revolución, con mucho tiempo y poca sangre o en poco tiempo y con mucha sangre. Yo prefiero la primera; el justicialismo eligió la primera (J.D.P)”. Por eso el peronismo por definición doctrinaria es profundamente humanista y cristiano.

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Regresando a “La mentira de la esclavitud…” el texto continua: “… Más bien, los españoles mantendremos una deuda eterna con Roma por habernos dejado un legado inigualable tras su paso, latinizándonos y regalándonos su influencia y su organización. Algo parecido, o quizá de superior magnitud, sucedió en lo que respecta a la transmisión de riqueza a América tras nuestra llegada. La diferencia, sin embargo, es que el Imperio Romano no tuvo la mala suerte de contar con un enemigo anglosajón que volcara sobre él durante siglos infinitas mentiras y leyendas destinadas a diezmar su legitimidad y grandeza incontestable”.

Si no fuera que esto está registrado como serio, entraría en la categoría de chiste de gallegos!!! Digo por eso de la “eterna deuda” para con Roma. ¿A cambio de influencia y métodos organizativos? ¡Vaya vaya con este tipo de “españoles”!!! Cuando habla de la transmisión de riqueza a América con su llegada (¿valores humanos entre los cuales debe figurar el agradecimiento al invasor-conquistador por sus perversiones? ¿la lengua? ¿religión? ¿la santa inquisición como método disciplinante? ¿de qué riquezas habla?), es más evidente lo contrario. Fue muy alto el costo que debió pagar este continente en vidas humanas (que este señor justifica a cambio de…) nuevos alimentos y metales preciosos saqueados de estas tierra y que sus ociosas e inútiles monarquías ni siquiera supieron aprovechar adecuadamente para crecer como imperio que debió capitalizarse (según los principios económicos clásicos). En todo caso la espiritualidad latina fue muy bien recibida por los hombres de estas tierras y sumada a la ya existente acá, no así la estupidez de la sumisión impuesta por el temor desde la concepción religiosa a la cual resistieron heroicamente muchos pueblos originarios del ¿nuevo? continente donde la conquista europea también arrasó bellas manifestaciones culturales de esta América. Basta trazar un simple paralelo entre la magnitud de la Tenochtitlan con sus 300 mil habitantes, su infraestructura edilicia, calidad habitacional y de servicios sanitarios básicos que encontró Cortés en 1521, con la ciudad más importante y poblada de Europa en aquellos tiempo, Florencia, con solo 45 mil habitantes y un déficit espantoso en la materia comparado con lo que contaba la ciudad Azteca. Es mucha más la deuda que tiene Europa (decir España es una torpeza) por el saqueo de bienes que hizo durante 300 años en América que la estupidez reclamada por el actual y torpe “soberano español”. En todo caso es Europa la que debería pedir perdón por los crímenes cometidos, y estar eternamente agradecida de América por los bienes que le sustrajo, disculpándose por el daño en sus valores culturales que produjo.

Con esto no estoy negando los aporte culturales que hizo la conquista en sus distintas manifestaciones y que fuimos incorporando, como tampoco se puede negar la barbaridad de los “conquistadores” de hacer desaparecer manifestaciones culturales de nuestros nativos por simple codicia y desvalorización de lo supuestamente inferior (El que aún hoy muchos traten de diferenciarse del latinoamericano de manera despectiva y deseen parecerse al europeo es la muestra más evidente). Tampoco significa negar que muchos somos descendientes de esos que bajaron de los barcos y las posteriores mezclas que maravillosamente aquí se dieron. Ahora bien, esto no significa que se deba aceptar como “lógicos y normales” los tratos perversamente injustos que existieron en estas tierras por parte de la conquista, tratos injustos inclusos entre hombres de diferentes clases sociales de los propios conquistadores, situaciones que con el correr del tiempo sirvieron para que , casualmente por esa situación existente, las mezclas de originarios con criollos que se dio en las tolderías -refugio del gaucho perseguido- fueran posibles tal como lo describe nuestro José Hernández en el Martín Fierro; solicitar encima que a esa injusticia se le manifieste gratitud; que “el negro sea blanco”, que el maltrato y los crímenes cometidos contra los “indios limpios y buenitos” que dijo Colombus encontró aquí nunca existieron. Eso es tan torpe como aceptar que 1+1=3 al calificar de serviles a los intereses anglosajones a todos aquellos que hurgamos nuestro pasado sin otro fin que conocer otras verdades, la otra historia, no solo aceptar mansamente la escrita por los ganadores. 

Ahora bien, si los anglosajones son brillantes a la hora de operar sobre imbecilidades ajenas no es culpa de los “perversos anglosajones” sino porque existen imbéciles sobre los cuales se puede operar psicológicamente. Churchill sentó a su país -destrozado y diezmado por la II guerra- en la mesa de negociaciones de Yalta y Potsdam para participar del reparto del mundo. Nunca fueron giles.

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Pero volvamos a la cuestión de los afrodescendientes paraguayos.  

Según Telesca, Félix de Azara cuenta en su obra Viajes por la América Meridional lo siguiente: “No se puede dejar de admirar aquí la generosidad de los españoles del Paraguay, que han dado libertad a ciento setenta y cuatro de sus negros y mulatos por cada ciento, aunque nadie los necesita tanto como ellos. No se conocen esas leyes y esos castigos atroces que se quieren disculpar como necesario para retener a los esclavos en el trabajo. La suerte de estos desgraciados no difiere nada de la de los blancos de la clase pobre y hasta mejor. […] La mayoría muere sin haber recibido un solo latigazo, se los trata con bondad, no se los atormenta jamás en el trabajo, no se les pone marca, y no se los abandona en la vejez […] se los viste tan bien o mejor que a los blancos pobres y se les da un buen alimento. En fin, para creer la manera de tratar a los esclavos en este país es necesario haberlo visto, […] así nunca habrá derecho a quejarse de los esclavos. Yo he visto a varios esclavos a rehusar la libertad que se les ofrecía y no querer aceptarla más que a la muerte de sus dueños (Azara, 1969: 276-277).

Con esta cita –según Telesca- Azara da origen al mito del esclavo feliz. Uno se quedaría con la duda acerca de la veracidad de la misma si es que no fuera porque a renglón seguido agrega: “Los españoles de este país tratan con la misma dulzura y humanidad a los indios de sus encomiendas”

Estas caracterizaciones de Azara –continua Telesca- se han convertido en moneda común en los subsiguientes trabajos sobre los afrodescendientes. Si bien la bibliografía sobre el punto no es abundante, tampoco está ausente del escaso debate historiográfico paraguayo. Podemos decir que la misma se inicia con la obra de Josefina Pla, Hermano Negro en 1972. Es el primer trabajo que intenta abarcar todas las facetas del universo esclavo en Paraguay utilizando como fuente el Archivo Nacional de Asunción, con cuyos documentos ha formado un importante apéndice. Su trabajo se extiende hasta la Guerra contra la Triple Alianza de 1864-1870.

Pla –señala Telesca- sin lugar a dudas es la que comienza a arar la tierra archivística y quien va a dar la pauta de los temas a seguir investigando. Ya desde el título de su obra se puede apreciar el tinte de la misma. Sin dejar de realizar un análisis global y general de la temática, siempre insiste en esa supuesta armoniosa relación entre los afrodescendientes y el resto de la sociedad. Según Pla, las “actitudes sórdidas y crueles” que dan material a los archivos “constituyen la excepción”, haciéndose célebre su frase, “los esclavos felices no tienen historia”. Sin embargo, -sostiene Telesca- podríamos pensar de manera contraria, que los expedientes judiciales que se encuentran en el Archivo Nacional de Asunción (ANA) representan a esa minoría de esclavos y pardos libres que pudieron, por una razón u otra, llegar a los estrados judiciales. Que hubo esclavos felices no puede ponerse en duda, pero no creemos que sean la norma sino exactamente su excepción. –termina diciendo Telesca.

Interesante material para aquellos amantes de la investigación histórica sobre temas relacionados con la vida de los afro-esclavos y sus descendientes, como es mi caso, además del deseo de socializarlo, algo necesario para seguir debatiendo sobre estas cuestiones que siento jamás serán resueltas a menos que nos despojemos de nuestras sagradas subjetividades, algo por ahora imposible a Dios gracia para no terminar sumidos en el aburrimiento de la total concordancia.

Notas:

* Frase de Josefina Pla que aparece en su obra “Hermano Negro”.

(1)Director de EL EMILIO

(2) “Ser y tiempo”; Martín Heidegger


Carta abierta al terrorista Luis D´elia

28 enero 2015

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, notas compartidas aparecidas en otros medios virtuales

Ante la inmensa ola de opiniones que se vienen vertiendo en los medios de comunicación masivos y las redes sociales acerca del líder piquetero Luis D´elia he decidido publicar esta carta abierta al señor D´elia, carta cuyo contenido y conclusiones seguramente serán compartidas por millones de ciudadanos democráticos de la Argentina.

Luis D'elia

 

Carta abierta al terrorista Luis D´elia

Luis:

En primer lugar debo explicar por que dirigirme a vos como “terrorista” en el encabezado de esta carta.

Sin duda el terrorista produce terror, de ahí el término tan utilizado por estos días y vos lo producís. Vos Luis producís terror en amplios sectores de la sociedad Argentina.

No es ni fue mi caso, mas allá de algunas diferencias de estilo, mas allá de cuestiones estéticas o tácticas a mi no me das miedo ni un tantito así, claro que a muchos si, y veamos el por qué:

Les produce terror el color de tu piel, tus kilos de mas, tus centímetros de menos pero sobre todo que seas de de origen humilde y que pese a ello sepas llegar al corazón de millones de compatriotas que te siguen y te respetan, tal vez por que vos los respetás a ellos.

Sí, efectivamente esa clase social, ese mediopelo con aspiraciones de clases alta, a la que nunca pertenecerán te tiene pánico, un pánico que no le tuvieron a Videla, con el que se sentían seguros y cómodos porque en ese entonces los argentinos éramos derechos y humanos.

Te tienen pánico cuando no se lo tuvieron a Cavallo, el desquiciado, ni a Menem el perverso, por que les daba dólares a un mango y la deuda mas descomunal de la historia como contrapartida. Te temen como no le temieron a Harguindegui o a Galtieri aunque metieran a sus hijos o hermanos en una aventura bélica embriagada de megalomanía y scotch.

Te tienen terror Luis, por que vos andás por ahí amparando refugiados, negros, putos, trabas y lesbianas, musulmanes, judíos, disidentes y excluídos. Por que bajo tu ala Luis caben todos los perseguidos, los dejados de lado, los patitos feos, los que no tienen lugar ni amparo en otros sitios.

Estoy seguro Luis, que si mañana la mano viniera pesada con los blanquitos descendientes de europeos como yo, tu solidaridad sería la misma.

Te temen por que sin tener un Master en Comunicación en Harvard ni un media coaching como Mauricio, les copaste la parada en ese programa dónde todos gritan y nadie entiende a nadie y como un campeón tomaste el centro de la escena y le hablaste de los pibes del conurbano y les hablaste de amor, amor, amor, y los dejaste perplejos y con la sabiduría de los grandes te retiraste en el punto mas alto. Pocos resisten a un minuto mas de cámara, y vos lo hiciste, por que la misión estaba cumplida, por que al igual que Evita le diste luz en la pantalla a los grasitas y como Walsh denunciaste a los matones.

¿Cómo no te van a tener terror Luis, si a ese programa van licenciados y doctores nadie puede decir una palabra sin que lo interrumpan, y vos un negro maleducado y ordinario les dió el Sermón de la montaña en la era del Twiteer?

Claro que nunca te van a decir que te temen por complejo de inferioridad, por miedo a que seas tan humano o mas que ellos, y por eso te tienen que demonizar, como hicieron hasta con Cristo, el poder es implacable por que siempre hay una gilada que los consiente Luis.

De modo que hay que encontrarte cosas sinuosas, por ejemplo esas escuchas inocentes dónde ni mas ni menos decís lo que decís en privado o abiertamente en tus programas de radio y de TV , que Irán no es el responsable de los atentados tal como lo afirman desde hace mas de una década los cuatro periodistas que investigaron a fondo el tema, entre ellos, claro que si Jorge Lanata.

O la piña al ruralista que te provocó un kilómetro seguido insultándote al oído. Si hasta el Papa Francisco te absolvió sin mencionarte. Te condenan por una piña a un provocador esos que si les tocas la 4×4 te descargan una Glock en el balero. Y te aclaro que te entiendo, aunque no apruebe la trompada, vos estás para mas, Luis.

O que te manden a la hoguera por decirle “paisano” a un paisano como le dicen tano a los italianos paragua a los paraguas o nos dicen gallegos a los gallegos. Claro que ellos pueden decir que vos sos un negro de mierda, pero la vara es despareja, ya lo sabés, tan despareja que hasta una causa te hicieron, despilfarrando recursos de la justicia ( mejor digamos, Poder Judicial ) mientras quedan genocidas sueltos y cómplices civiles de tanto saqueo y tanta muerte.

O que tomaste una comisaría, aunque se olviden que el Pepe Mujica al que tan hipócritamente dicen admirar, hizo lo mismo aunque dejando unos cuántos muertos allá en sus años de Tupamaro, mientras vos lo hiciste sin sangre.

Y por supuesto Luis no le tienen tanto terror a tu lengua que a veces convendría que cuides, sino a tu coraje, ese que te puso al lado de Néstor aquella noche del golpe de estado organizado por las patronales del agro, los medios de comunicación Cut&Paste globalizados y los servicios que hoy mismo te están poniendo en la picota.

A vos Luis, y a unos cuantos patriotas mas, les debemos el conservar la democracia mas inclusiva de los últimos cincuenta años. ¿Cómo no vas a producirles terror, hermano?

Atentamente

Juan Carlos Romero López

http://www.facepopular.net/juancarlosromerolopez