MODELO PARA ARMAR.

6 junio 2018

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Modelo político para armar.

Imperialismo Yanqui

V.L.M.

Por Victor Leopoldo Martinez

¡EE.UU. es el país de las oportunidades!!! (consigna de venta hacia el exterior de una democracia total y absolutamente relativa se la mire por donde se la mire ya que el voto no es obligatorio y la estatua de la libertad –su símbolo- no opina).

Con una población de 270 millones, el país tiene entre 40 y 60 millones de adictos a las drogas pesadas, algo que para el americano medio no resulta un problema y para el Estado menos. ¿Por qué? ¿Por qué al tilingo medio pelo argentino esto no le llama la atención y se muestra horrorizado por nuestro “faloperos”? Que cada uno es libre y dueño de hacer lo que se le cante las pelotas con su vida, a eso yo no me opongo. Pero de ahí a venderse o venderlo como “modelo” de uso de esa libertad me parece una reverenda mierda. Simplemente porque hay “vivos” que se llenan de guita con esa estupidez.

EL POBRE ANGELITO

En EE.UU. ¿Cuántos mafiosos locales y extranjeros están metidos en ese negocio gracias a los adictos que lógicamente multiplican el consumo por ser potenciales vendedores (traficando) agrandando un negocio altamente rentable para los “vivos” que lo manejan? ¿Adónde está o quién tiene el manejo de la -de tu-  libertad individual? ¿El americano medio goza de esa libertad? Los americanos “poderosos” hacen muchísima guita con esta estupidez de llenar los vacíos existenciales que genera el buen vivir y el qué hacer con el tiempo sobrante, en la mayoría de los casos mal usado para cubrir ese ocio.  Wall Street, la mafia financiera, y los mafiosos que viven del trabajo ajeno son fenómenos nacidos al calor de la conquista del oeste, del este y del mundo. La droga es el modo de hacer guita con el vacío existencial de otros. En este caso el progreso y el confort para 1/3 de la humanidad bien vale celebrarlo con un buen “saque”, con un “toque de blanca” ya que ella te evade de la realidad e impide tomar conciencia que los humanos que conforman ese 2/3 restante viven miserablemente para que ellos puedan disfrutar hasta del ocio.  Para el común del norteamericano la vida es un negocio como tantos otros donde podes perder o ganar. Hasta en sus películas hacen culto de su estilo de valorar la libertad y hacer de la muerte un culto. Allí es el “individuo” el que elige, optas libremente; hasta cómo morir y/o dejándose matar. En la periferia global  matan miserablemente casualmente ellos, con su “Flotas” (1ra, 2da, 3ra, 4ta, y las que sean necesarias), los que se dicen “paladines y defensores  la sacro santa democracia, la sacro santa libertad y las instituciones republicanas que ellos corrompen.

OTRO

Ahora bien, a partir de lo anterior y políticamente hablando ¿El “negocio” solo se torna preocupante si lo manejan unos miserables sudacas (colombianos, Mexicanos)? Estoy hablando de un negocio que entre Europa y EE.UU. (donde están los mayores consumidores) mueven la friolera cifra de 600 mil millones de u$s al año!!! ¿La libertad para ser adicto no es una cuestión social preocupante para el Estado norteamericano? ¿Por qué a la solución de la “alta demanda local” la buscan afuera focalizada en los “carteles colombianos o mexicanos” , cuando el problema del consumo y las facilidades para conseguirlo están adentro? La eliminación del consumo en la cabeza del imperio ¿jodería un gran negocio para políticos, policías y militares, todos corruptos y responsables del otro gran negocio: El tráfico de armas? ¿Cuántos pibes –soldaditos norteamericanos- se hicieron adictos en Vietnam con droga distribuida por el propio ejército, en aquella intervención salvadora de la “sacrosanta democracia” que vivía la corrupta Vietnam del Sur que ellos apoyaban y que solo le devolvió a la sociedad norteamericana, no heroicos soldados, sino miles de mutilados y cadáveres en sobretodos de madera?

¿Por qué Trump se preocupa solo por la inmigración ilegal centro americana y propone la construcción de un muro? ¿No será una simple cortina de humo para colaborar con el negocio de la droga dentro de su país, que trabaja con los propios carteles de la droga mexicanos, quienes en operaciones conjuntas con el ejército de ese país y los distribuidores dentro de los EE.UU. ya asesinaron a ciento de miles de mexicanos?

DOCTRINA MONROE

¿No resulta llamativo qué con el pretexto de una “supuesta lucha contra el narcotráfico” se hayan estacionados a modo de colaboración y por pedido de la Bullrich-Macri, tropas norteamericanas en la “triple frontera” y a partir de ese momento la actividad del tráfico de drogas se haya incrementado de manera monstruosa en nuestro país con guerra de “carteles” en Rosario incluído, que a esta altura del partido del gobierno de CAMBIEMOS aparezcan involucrados intendentes PRO y otros funcionarios provinciales justo en el NEA donde está la “triple frontera” con los guardianes del orden planetario actuando?

¿Es este modelo de “libertad y progreso” norteamericano el que se nos quieren vender como el ideal de vida?

¡Claro que Norteamérica fue la tierra prometida!!! Pero para los vivos anglosajones que recalaron en esas tierras hace 300 años y cuyo origen no es otro que el de los pueblos belicosos europeos como bien supo definirlos aquel brillante escritor alemán llamado Herman Hesse. Y esos vivos construyeron un poder al que solo acceden los privilegiados que comulgan con sus principios bélicos para sostener su proyecto imperial y su objetivo de dominación mundial.      

Solo basta con recordar el célebre discurso de adiós del 17 de enero de 1961, donde el presidente Eisenhower declaró: «En los consejos de gobierno, tenemos que tener cuidado con la adquisición de una influencia ilegítima, deseada o no, por parte del complejo militar-industrial. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado y [ese riesgo] se mantendrá. No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunción ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos».

Eisenhower se refería a lo que hoy es una realidad: un gobierno militar fantasma designado para reemplazar el gobierno civil, en caso de que este último quedase decapitado durante un ataque nuclear.

¿Pruebas de esto? Ningún observador internacional cree que Ronald Reagan o George W. Bush ejercieron realmente el poder inherente al cargo presidencial. Entonces ¿quién presidió en esos períodos? Baste recordar que, después del segundo recuento de los votos, Al Gore había ganado la elección presidencial del 2000. Entonces, ¿por qué se aparecío George W. Bush en la Casa Blanca? Preguntas a las que ningún periodista quiere responder. Thierry Meyssan (Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace) fue el único que rompió con el tabú.

Empiece a pensar usted, señor lector, en manos de quien estamos en este momento, la no casualidad de un Macri en la presidencia, una ex montonera al frente de las fuerzas de represión (otro ex monto terminó como jefe de los custodios del empresario Jorge Born) la vuelta al fondo, la pérdida de soberanía, la intensión de volver a épocas negras dictatoriales con los milicos en la calle; pero fundamentalmente preocúpese por la cantidad de estúpidos e ignorantes que se siguen educando a través del multimedio Clarín que hegemoniza la información en nuestro país; y repiten las imbecilidades que consumen allí. Aclaro… La deformación informativa también funciona como narcotizante.

¡Y viva la sociedad del CAMBIO!!!


El Escuadrón Perdido… y desaparecido

6 febrero 2015

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC,  de nuestra redacción

LECTURAS DE VERANO

Foto de V.L.M.Por Victor Leopoldo Martinez

Tal como lo hicimos el 17 de enero pasado, continuamos presentando fragmentos del trabajo escrito por el Capitan (R) José Luis D’Andrea Mohr, y que el tituló “El Escuadrón Perdido… y desaparecido”. En esta ocasión entregaremos el prólogo de la obra  firmando por Jaime Steimberg 
y Wenceslao Alberto Garcia, y la presentación de la misma escrita por el Capitán de Caballería Federico Eduardo Mittelbach. Lea este anticipo que luego viene lo mejor.

Prólogo
  
 

¡Vaya tarea la que nos encomendara el amigo José Luis! No es fácil prologar su enjundioso trabajo sobre El escuadrón perdido.

A nuestro entender, tiene dos partes, las dos importantes. En una de ellas desmenuza el terrorismo de Estado en sus aspectos de planificación y ejecución, sustentados en la ideología fascista y asesina, y en la otra aporta una detallada investigación sobre las ciento veintiocho “deserciones”.

Qué tremenda falacia, qué gran mentira decir que fueron “desertores’ aquellos que fueran asesinados o arrojados vivos al mar por quienes juraron defender a la Patria. Por quienes demostraron ineptitud en Malvinas y llevaron a la muerte a soldados conscriptos que confiaban en la profesionalidad de sus jefes, y en algunos casos se rindieron al enemigo sin luchar. Por quienes subvirtieron las leyes y el Derecho al no iniciar juicio con debida defensa a aquellos que tildaron de “subversivos”.

La “deserción” fue inventada por quienes aplicaron el más salvaje y siniestro terrorismo de Estado e ignoraron el honor militar.

¿Cómo explicar que, en las planillas de haberes del Colegio Militar de la Nación, Luis Pablo y Luis Daniel aparezcan percibiendo esos “haberes” en los dos meses posteriores a sus “deserciones”? Esto confirma la falacia a que nos referíamos.

Lo que afirmamos en pocas líneas, no por ello menos terribles, está clara y detalladamente probado y demostrado por D’Andrea Mohr. Este libro servirá a todos los que luchamos por la verdad y la justicia y ayudará, seguramente, a lograr el juicio y castigo de los culpables.

Gracias, José Luis, por esta ayuda solidaria.

Como decía el poeta:

No hay deuda que no se pague
ni plazo que no se cumpla

Con nuestro agradecimiento sincero y no recitativo:

A Don Carlos Oliveri, Juez justiciero (que no es redundancia), paradigma de investigador probo y lúcido, junto a todos los integrantes de su Juzgado que procesó y encarceló al secuestrador y asesino Reynaldo Benito Bignone. Agradecimiento que pudimos manifestarle personalmente en vida y que ahora, tras su fallecimiento, reiteramos constantemente al recordarlo.

A los familiares de desaparecidos.

A todos los organismos de Derechos Humanos.

A todos aquellos que desde la tarea cotidiana fueron y son solidarios en nuestra lucha por el “nunca más” y la búsqueda de la verdad.

Con nuestra emoción y nuestro recuerdo:

A los 30.000 desaparecidos.

Y nuestro homenaje y el amor de siempre a nuestros hijos Luis Pablo y Luis Daniel, soldados conscriptos del Colegio Militar de la Nación, desaparecidos, torturados y arrojados vivos al mar, y no desertores, que con su martirio apuntalan nuestra lucha de siempre.



JAIME STEIMBERG  
y WENCESLAO ALBERTO GARCÍA 

Presentación
El espantoso asesinato del soldadito Omar Carrasco tuvo una inmediata cuanto disparatada respuesta del Poder Ejecutivo: eliminó de un plumazo el Servicio Militar Obligatorio (SOM). Tan burda maniobra política – a todas luces meramente efectista cuanto exenta de intención jurídica alguna – pudo tener, para cualquier desprevenido ciudadano, alguna de estas despistadas interpretaciones:

Que, en realidad, la culpa del vil asesinato la tenía el SMO: si no hubiese existido, Carrasco habría conservado su vida (lo cual no deja de ser cierto o, por lo menos, bastante probable, aunque mantiene su condición de falacia).
Que los propios asesinos eran, a su vez, víctimas de ese mismo SMO, que virtualmente los compelía a delinquir hasta tales extremos (lo cual tampoco deja de ser parcialmente cierto, de manera indirecta, aunque sigue siendo una falacia).
Que el Servicio Militar Voluntario (SW) elimina ipso facto toda posibilidad de que ocurran tamañas aberraciones. Es decir, se daría por descontado que en el SMO no sólo pueden morir soldaditos asesinados sino – esto es lo terrible – que es inevitable que los homicidas sean sus mismos superiores.
Que los voluntarios, por tal condición, resultan inmunes a esos peligros, toda vez que su voluntad no llega al extremo de aceptar graciosamente que los torturen hasta matarlos. Ni más ni menos.
Así, quienes como yo veníamos abogando desde hace mucho tiempo por la abolición del SMO (y sufrimos, no sin rigor, las consecuencias de haberlo hecho público más de una vez) nos vimos obligados a disentir con aquella decisión “a secas”. La causa alegada resultaba a todas luces mentirosa, porque se fundamentaba en el desfachatado argumento según el cual el SMO – es decir, una figura abstracta- provocaba per se asesinatos de miliquitos, cuando no era lisa y llanamente su autor. Esa argumentación era expuesta como al pasar, con absoluta hipocresía.
Lo que sí cabía decir, aunque sin “incrustar” la burda digresión del SMO, era que la causa de semejantes atrocidades tenía origen en la formación de los cuadros de oficiales y suboficiales. Una formación que – desde que tengo memoria – conlleva ínsito el perverso ingrediente de la crueldad, en la cual la tortura física y psíquica ha sido cotidiana y sin medida y cuyo único extremo conocido es la muerte lisa y llana del atormentado. Una crueldad, en fin, que reconoce su pico más alto de degradación en los “años de plomo” del Proceso y que, en no pocos de sus autores, se conserva con estremecedora soberbia. El caso del “valiente” ex capitán Astiz da crédito a mis dichos.
También yo, en mis lejanos años de cadete (1947-1950), he sido torturado en mayor o menor grado, según fuera el índice de ferocidad del oficial torturador. Y mientras fui instructor de cadetes en el Colegio Militar (1956-1959) pude comprobar que nada había cambiado. Peor aún: mis propios pares, ya oficiales (antiguos torturados), asumían minuciosamente – y hasta jubilosamente – el papel de torturadores, en una suerte de cumplimiento de un pacto tácito entre generaciones. Me precio de no haber asumido jamás ese papel ni cumplido ese pacto. Mis cadetes de entonces son testigos.

El “generaludo” que defendía el servicio militar obligatorio

Allá por

1985, un ex camarada de mi promoción y arma me denunció – mediante una carta “mamarracho”- ante el Jefe del Estado Mayor General del Ejército, Héctor Ríos Ereñú. Decía considerarse agraviado porque, en una encuesta televisiva, yo había manifestado mi oposición al SMO. Mi posición se basaba en la inutilidad de mantenerlo porque ya habían desaparecido las razones objetivas que le dieran origen a comienzos del presente siglo.

El generaloide en cuestión era Mario Oscar Davico. Cuando Carlos Menem abolió el SMO, Davico, a pesar de su furia de entonces, se cuidó muy bien de endilgarle al Presidente los – para él- agraviantes calificativos de “marxista”, “destructor de la institución” y otras imbecilidades por el estilo. Este auténtico Bayardo argentino se distingue por su condición de experto en la especialidad, desopilantemente llamada “inteligencia”; una especialidad en la que descollara como muy comedido adiestrador de “contras” nicaragüenses. Cuando regenteaba los Estados Unidos el recio Ronald Reagan, Davico recibía la paga de tan singular conchabo en dólares estadounidenses salidos del Tesoro del Tío Sam. Hasta donde se sabe, el “agravio” de nuestro Bayardo no fue suficiente para que dejara de asistir – como medida de protesta -, mensualmente y con puntualidad, a la Sociedad Militar Seguro de Vida para percibir sus haberes tan honradamente habidos.

Ese generalzuelo de pacotilla y los mandos que tramitaron su alcahueta denuncia fueron incapaces, por inepcia y cobardía, de contestar mis dichos ante ella, los cuales hago públicos por primera vez en estas páginas [véase Apéndice “¿Un insulto al Ejército Argentino?”].

Este comentario viene a cuento a propósito del espeluznante escuadrón perdido, porque, por el mismo camino de la perversa formación recibida y de su ciega internalización, podemos llegar a explicamos – aunque jamás a aceptar- las aberrantes actitudes de todos aquellos que participaron (en todas las jerarquías y responsabilidades) en esta espantosa cacería humana y exterminio de más de un centenar de soldaditos. A ellos se les había tomado juramento de servir a la bandera de la Patria. Sus victimarios, a su vez, juraron también – qué duda cabe – por la misma Patria y por Dios su absoluta ignorancia del destino de aquellos desdichados. Más aún, urdieron historias tan cínicas como ridículas, cuya sola exposición constituía un burdo agravio para quienes las recibían.

Que a ninguno de los integrantes de esta runfla despreciable, cobarde y asesina que se cita en este libro se le ocurra alegar que todos y cada uno de los casos que aquí se presentan ocurrieron porque existía el SMO. Lo que es innegable es que ocurrieron porque eran ellos quienes existían, con su formación criminal, soberbia y decididamente vesánica.

Aquí están. Estos son. Tanto hubiera dado que estos muchachitos brutalmente inmolados hubieran estado cumpliendo con el SMO o no. En este último caso, los habrían buscado en sus hogares, en la fábrica, en la universidad o dondequiera que hubiesen podido estar.

Aquí están. Estos son. Los ha marcado a fuego este ímprobo cuanto necesario, terrible pero esclarecedor trabajo de José Luis D’Andrea Mohr. Y más vale que no le ha temblado el pulso para realizarlo, como tampoco a mí para ponerlo de relieve, a pesar de las persecuciones y amenazas que ambos venimos arrastrando desde hace mucho tiempo. Y a pesar también de que no pocos de los aquí estigmatizados fueron – alguna vez, al menos- nuestros camaradas de armas. Hace largo tiempo que dejaron de serlo, y nos congratulamos por eso: no queremos, como postulaba “don Pepe” San Martín, que se nos pueda confundir “con los malvados y perversos”. Amén.



FEDERICO EDUARDO MITTELBACH


Capitán de Caballería (R)