JAURETCHE, ante todo un MAESTRO de lo NACIONAL

30 enero 2015

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, de nuestra redacción.

En Prosa de hacha y tiza, bajo el título “los novios asépticos de la revolución”, citó una frase del Profesor Silvio Frondizi que dice: “Hasta la aparición del Partido Comunista, el Socialista fue le único partido de base científica”. Esto desencadenó mi siguiente comentario: “Dado el éxito del Partido Socialista habrá que convenir que en la Argentina la ciencia sirve para todo menos para hacer política, o que este es un país anti-científico”.

Arturo Jauretche-Manual de las zonceras argentinas -Pág. 104

Foto de V.L.M.Por Victor Leopoldo Martinez(*)

“FUI UN AFORTUNADO”

En materia pedagógica, las enseñanzas y el pensamiento de Arturo Jauretche están presentes en todos mis trabajos. Fue uno de los tres grandes maestros, hoy todos ellos ausentes, que tuve; los otros dos, Gustavo Francisco Cirigliano y Paulo Freire. Orgullosamente sostengo esto desde mi condición docente y humilde aprendiz de sus enseñanzas, además de ser un loco que intenta vanamente constituirse en otro de sus discípulos.

Voy a focalizar esta semblanza de don Arturo en la importancia que tuvo para él lo educativo, algo que a través de sus textos me trasmitió. Es un tema con el que siempre estuve vinculado de “oficio” (1) y comencé a conocer de manera medianamente seria, o mejor dicho a descubrir la seriedad del mismo, cuando él tuvo la osadía de mostrarlo íntimamente ligado a nuestra falta de independencia mental a la hora de pensar lo nacional.

Jauretche encontró en la educación el nudo gordiano de nuestros males culturales, algo que aún hoy nos sigue privando de tener una identidad definida. En homenaje a él -con poca modestia y mucha pedantería de mi parte al tratar de emularlo- titulé mi último trabajo sobre educación: “Guarda-Polvos, aorta pedagógica de la dependencia” (2).

Fui un afortunado al conocerlo personalmente. Desde el momento que escuche por primera y única vez una brillante “clase” suya sobre pensamiento nacional, mi visión del valor de la educación que hasta ese momento estaba asociada exclusivamente a lo “académico”, cambió radicalmente; dio un giro de 180º y se instaló en su lógico y correcto lugar, el político. Este fortuito encuentro ocurrió luego del triunfo del peronismo en aquel 11 de marzo de 1973 y previo a la asunción del “Tío” Cámpora, disertación que disfruté junto a mi inseparable ladero Pedro del Arrabal en un saloncito del sindicato de Luz y Fuerza de la calle Perú al 800 de esta Capital Federal.

Hasta ese momento y desde el año “70” del siglo pasado había sido un simple pero ferviente militante callejero de la JP en este Bs.As.(ni siquiera universitario que en ese momento lo era pero prefería militar en mi laburo y barrialmente). No tenía una clara conciencia de la disociación que existía entre universidad y sociedad-país; pero escuchar hablar a compañeros militantes que actuaban en mi facultad en contra de la “burocracia sindical” me pegaba como muy disonante, independientemente de que en algunos casos fuera cierto y en otros una simple infamia. La formación peronista recibida de mi abuela materna había internalizado en mi la idea de que la clase trabajadora argentina (todos sindicalizados) constituía la columna vertebral de movimiento justicialista; “Lo dice Perón” me aclaraba. En ese entonces yo era un simple laburante a lo que le sumaba mi condición universitaria, única forma de poderme mantener y estudiar al mismo tiempo. Escuchar a mis pares de facultad hablar en contra de los dirigentes sindicales era como hablar mal de los laburantes; yo lo era. Junto a mis compañeros de yugo, todos “cabecita negra” como yo, no lo sentíamos justo. Había una historia de resistencia peronista encabezada por trabajadores y dirigentes gremiales; muchos de ellos perseguidos, encarcelados, asesinados después del “55” y eso constituía parte de la historia que habiamos mamado en los estratos populares de donde proveníamos. Ese trato despectivo para con los laburantes generaba en mi desconfianza que hizo en primera instancia que me alejara de la militancia universitaria.

Fue aquella charla de Jauretche la que casualmente me impulsó a “parar la bocha”, ese el momento en que comencé a desandar el camino que me había llevado a ser un maestro zonzo (17 años iba a cumplir cuando me recibí de Maestro Normal Nacional en mi lejana y amada Catamarca donde había sido capacitado y profesionalizado para enseñar zonceras técnicas y falsedades históricas como verdades absolutas por el supuesto “rigor científico” que las avalabas).

Aquel día inicié mi transitar inverso -a contramano- por la senda recorrida con anterioridad a través de la educación formal. En ese regreso y gracias a los señalamientos puntuales que aparecían en los textos de don Arturo fui descubriendo todos y cada uno de los grandes baches que existían en la empedrada senda por donde se había deslizado la historia oficial y el conocimiento en general montados ambos en carros tirados por sirvientes fieles… fieles a los intereses imperiales de turno. Jauretche me “avispó” la mirada y gracias a eso pude encontrar la olla pedagógica donde se había cocinado el elixir hecho “pensamiento cipayo”,   con el cual nos inoculaban “desde nuestra más tierna infancia y en dosis para adultos” como socarronamente sostenía él.

Mirado a la distancia y con no poca nostalgia casualmente, uno lamenta que salvo esa honrosa excepción que constituye por si solo el querido Maestro, compañero y amigo Norberto Galasso, hoy por hoy y en nuestro medio no existan pensadores e intelectuales nacionales -con la excepción señalada- de la talla de un Jauretche. Solo un talentoso como él pudo superar en su época esa colonización pedagógica tan bien estructurada por “tatita Bartolo Mitre” y apadrinada por un ambivalente Dominguito Sarmiento (que con sus “chupa mortajas” aún hoy siguen jodiendo).

Leyendo y releyendo sus escritos no resulta difícil imaginar el perfil del joven político que fue. Acodao en una pulpería de pueblo o en un bar de Av. de Mayo y agudizando su mirada, solo un tipo curtido por el barro, a puro estaño y adoquín como Jauretche pudo ver lo que antes había visto José Hernandez; peribió algo muy distinto de esa Argentina acartonada que le habían presentado en los claustros de estudio. Desde esos lugares contempló el país real, su grandeza construida por hombres y mujeres cuyos nombres no figuraban en las guías sociales pero si en las telefónicas, necesario señalamiento hecho por él para “separar la paja del trigo” en materia de pretendidos hacedores de Patria. La figura utilizada no podía ser mejor aun sabiendo que la gran mayoría de los laburantes ni en esta última guía aparecían porque no tenían teléfono; se valió de ella para diferenciar a la parasita clase que se decía “patricia” del pueblo trabajador, constructor diario de la grandeza nacional y muy poco agraciado a la hora de distribuir sus riquezas. Jauretche vio y experimentó la miserable vida que padecía ese vulgo trabajador que habitaba zonas rurales y empobrecidos ejidos urbanos.

Arturo+Jauretche1

¡LA EDUCACIÓN…!

Gracias a él nos quedó claro por qué los egresados de nuestras universidades, la mayoría de las veces y en muchos casos aún hoy, siguen siendo fagocitados por un sistema estructurado por la clase dominante quien parió una educación en función de sus intereses, algo que según mi modesto punto de vista todavía no fue tocado en la profundidad que demanda la hora actual y el proyecto hoy en el gobierno.

La vigencia de aquellas observaciones realizadas en antaño por Jauretche lo muestran como el político patriota diferente que fue. En su obra “Los Profetas del Odio”, utilizando ejemplos concretos mostró claramente el apoderamiento de las cuestiones pedagógicas realizado por la clase dominante desde la génesis misma de la estructuración del sistema educativo nacional:

“La Reforma Universitaria (1918) creada por la primer presencia del pueblo en el Estado, se vuelve contra aquel una y otra vez. Así la reforma nació con Irigoyen, cuando el pasado, vencido por el país, se refugió en la universidad para aislarla como su reducto (Por eso la Reforma fue anti-católica en Córdoba y anti-liberal en Bs. As. y La Plata, correspondiendo a las características del sector dominante en cada caso que impedía la incorporación de la Universidad al país nuevo que empezaba). Por eso también fue uniformemente anti-Irigoyenista, volviéndose contra el movimiento nacional que la había generado; como después fue anti-peronista en la misma medida que perdía contacto con la realidad que se parteaba... …Así, el egresado universitario obtiene una “patente de corso”. Formado como profesional ninguna importancia tiene que se haya graduado en el país o en el extranjero; la técnica que maneja y domina es universal y su función en la vida es meramente aplicarla”.

Con esta sencillez explicaba Jauretche la falacia del valor universal de ciertos conocimientos y técnicas. El sentido común siempre le indicó la inutilidad de esa uniformidad de contenidos, simplemente porque las realidades político-sociales entre naciones y pueblos diferenciaban a estos notoriamente. En este mundo vienen convivíendo de manera forzada dominantes y dominados, cruel y lamentable realidad que la historia se encarga de mostrarnos a cada paso; quizá una consecuencia natural de ciertas debilidades humanas no superadas.

Los poderosos imperios nunca perdieron de vista la importancia del know how (conocimientos) y siempre lo valoraron adecuadamente. Invertían en investigación, o se apoderaban de él cuando no lo tenían; y si era necesario a través de la ocupación y la fuerza bruta. En algunos caso bajo el manto de una buena causa como fue la decisión de combatir al psicótico Hitler (“encanute” de científicos alemanes que estaban al servicio del Tercer Reich para apropiarse de sus conocimientos; y a ninguno de nuestros intelectuales se le ocurrió llamar a Roosevelt “pro-Nazi” como se lo calificó a Perón); o utilizaron el conocimiento como herramienta de dominación económico-comercial sobre los pueblos sojuzgados cuando lo poseían.

¡Y minga de compartirlo sin previo pago de royalty (regalías)!

Imperios… En sus planes jamás estuvo el no atentar contra la diversidad cultural y las diferentes idiosincrasias de los pueblos que caían bajo sus garras. Lo primero para ellos era apoderarse de bienes y riquezas naturales y lo segundo conseguir mano de obra barata para su explotación. El paso siguiente consistía en invadir culturalmente al dominado. Para eso solo se necesitaba buscar o generar “agentes cipayos”. ¡Que mejor que las casas de altos estudios para este cometido! En nuestro caso a ese conocimiento servicial se le llamó “Civilización”; todo lo que se oponía a esto fue calificado de “Barbarie”, y lógicamente la universidad con sus universitarios adentro siempre esquivaron la barbarie; de ahí la mentalidad cipaya de muchos de nuestros egresados.

La capacidad deductiva que poseía don Arturo le permitía concluir fácilmente que si lo universal no se adaptaba a lo nacional, lo correcto debía ser acudir a la creación original; “para eso tenían (y tienen) que estar las casas de altos estudios”, razonaba. En el fondo Jauretche siempre peleó con su pluma y militancia por un sueño: que nuestros universitarios miraran las necesidades de nuestro país y su pueblo y estuvieran dispuesto a poner los conocimientos adquiridos a su servicio; simplemente porque ese pueblo fue quien siempre solvento todos los estudios (primarios medios y “altos”). Creía en la lógica gratitud humana. Soñaba con un país que tuviera universitarios que por formación priorizaran el interés social y nacional por encima de lo rentable que pudiera resultar vender sus conocimientos técnicos y/o científicos poniéndolos al servicio de expoliadoras empresas extranjeras.

La educación y los conocimientos ¿eran bienes capitales, o sociales y nacionales? ¡Esa era la cuestión para Jauretche!

Otro de sus grandes hallazgos concretado gracias a esa aguda mirada que le permitía auscultar minuciosamente la cambiante realidad social argentina fue “el medio pelo”. Jauretche delineo a la perfección el perfil de dos nuevas creaciones locales surgidas de esa colonización cultural: El tilingo y el guarango, fieles exponentes de ese medio pelaje social argentino. Se trata de tristes híbridos culturales que siempre miraron con desprecio a nuestra “chicha” mientras convivían con la impotencia de no tener el pied de grue (pedriguee) necesario para saborear la “limonada”. Pueblan este sector desde intelectuales “progres” y liberales de izquierda que hacen cola para escribir en La Nación, hasta nuevos y mitómanos ricos que reniegan de su origen y se niegan a ver el origen y las razones de su ascenso social.

ABRIENDO SURCO CON AZADÓN NACIONAL

Fundador FORJA junto a Homero Manzi, Dellepiane, del Mazo, Dario Alessandro(Padre), Scalabrini Ortiz entre otros allá por el “35” del siglo pasado, Jauretche comienza allí a meter azadón abriendo surcos en las mentes argentinas con la esperanza que algún día florezca la Conciencia Nacional. Eran épocas donde el gobierno era para los “cultos”, y “bajo esa fachada se escondían los intereses antinacionales”, sostenía. Se refería nada más y nada menos que al cipayaje vernáculo enquistado en las clases pudientes a través del cual los intereses foráneos lograban mancillar, ultrajar no solo a bastos sectores sociales sino también los intereses nacionales. Corrían los años de la Primera Década Infame.

Su trabajo no fue en vano. Orgulloso por la tarea realizada y parado en la esquina de Perú y Av. de Mayo, el 17 octubre de 1945 contempló gustoso el paso de esa masa sudorosa que estaba pariendo un nuevo intento por hacer de este país una Nación Soberana. La “barbarie” comenzaba a olfatear la proximidad de la Justicia Social. Había aparecido un hijo de india llamado Juancito Sosa (Perón) que acaudillaba a los hijos de obreros de una Nación parturienta. Aquel 17 de octubre “la chusma” reclamaba la libertad del Gral. Perón. Ninguno de los manifestantes reconoció a don Arturo. Ese hecho lo ayudo a descubrir que todo estaba bien; esos que luego serían los “grasitas” de Evita, simplemente lo veían y sentían como uno más, “es otro de los nuestros” pensarían; para la grandeza de un Jauretche eso…, eso ya era suficiente.

Sin hacerse Peronista acompañó aquel movimiento de masas en la seguridad que no le pifiaba en todo lo relacionado con los intereses populares y nacionales. Aplaudió aquel intento del gobierno peronista -a pesar de su fracaso- por querer hacer de nuestras universidades las acompañantes del naciente movimiento nacional; redobló los aplausos cuando Perón creo la Universidad obrera, aquella que producía técnicos e ingenieros necesarios para el proyecto de país en marcha y cuyos títulos eran invalidados por los “académicos cipayos” que controlaban las universidades nacionales.

Con el cruel golpe militar del “55” se arrancaron las “flores de ceibos” que estaban en las universidades (así llamaba Jauretche a los docentes universitarios con conciencia nacional) para implantar las “Flores de Romero” (nombre que también le asignó Jauretche a todo ese profesorado cipayo que retornó a la universidad de la mano del “Socialista pro-libertadora” José Luis Romero a quien aquella sangrienta y cipaya revolución designo interventor en la UBA).

Sin embargo uno que otro profesor universitario -antiperonista desde ya- al poco tiempo de aquel golpe, sin reconocerlo y menos aún mencionarlo, terminó dándole la razón a don Arturo. Tal es el caso de Oscar Varsavky, aquel docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales que retornó a esa casa de estudios tras el golpe gorila y antipopular y a quien se le encomendó el control de los concursos docentes y los futuros nombramientos. Solo basta con transcribir fragmentos de una disertación de Varsavky en Caracas, allá por el año 1966 para corroborarlo:  “El resultado práctico de nuestros esfuerzos fue que “triunfamos”, digámoslo entre comillas (muchas personas siguen creyendo lo mismo; yo no). Lo que conseguimos fue estimular el cientificismo, lanzar a los jóvenes a esa olimpiada que es la ciencia según los criterios del hemisferio norte, donde hay que estar compitiendo constantemente contra los demás científicos, que más que colegas son rivales (“virtudes” del sistema capitalista señalaría yo) . Por eso no resulta extraño que ninguno de los muchos papers publicados por nuestros investigadores desde 1955 haya hecho adelantar notablemente ninguna rama de la ciencia. Si no se hubieran escrito, la diferencia no se notaría.” En lo personal no entiendo cómo una mente brillante como la de Varsavky pudo alguna vez creer que una simple publicación podía hacer adelantar a la ciencia. ¿Tan tarde se dio cuenta que en la valoración de los trabajos realizada por las editoriales que publican revistas científicas(¿?), estaba escondida otra “zoncera”? (3)

Anteriormente Jauretche ya había identificado a estos productos universitarios perfilados por Varsavky de la siguiente manera: “Trabajando en probetas o en laboratorios, en bibliotecas o archivos y oyendo clases magistrales, el egresado de nuestras universidades ingresa al mundo como el producto exclusivo de la probeta, el laboratorio, el libro o la lección magistral. Cuanto mas desvinculado de la realidad a la que pertenece esté, es más perfecto como técnico.”

Varsavky reconoce en la siguiente cita lo que Jauretche desde una postura más crítica respecto del inservible academicismo cientificista -básicamente por antinacional- ya sostenía: “Poco a poco la facultad se fue transformando en una sucursal de las universidades del hemisferio norte. En nuestros laboratorios trabajaba gente joven, muy capaz, becada al hemisferio norte apenas graduado. Recibían allí un tema de trabajo, y ahora de regreso en el país seguían con ese tema porque era lo único que sabían bien y lo único que les permitía seguir publicando.”

No puedo cerrar este paralelo sin volver a transcribir lo que el simple sentido común le indicaba a un brillante Jauretche: “Una universidad Argentina de esta naturaleza , solo será Argentina por su radicación geográfica y los lógicos productos de esa universidad serán contadores que manejan las cifras y los asientos falsos de las empresas, doctores en ciencias económicas que distribuyen las doctrinas de encargo que se importan, filósofos e historiadores que adecuan el pensamiento y la versión de la historia conveniente a esos mismos intereses, ingenieros que planifican y construyen sin vincular su obra con el destino nacional., médicos que curan a los enfermos sin buscar las raíces económicas y sociales de los males, y abogados y jueces que consolidan la estructura jurídica de la dependencia.”

En lo personal lamento mucho la ausencia de sus textos como lectura obligatoria en los claustro de estudio y en una necesaria asignatura que debería llamarse “formación de Argentinos”; lamento también la no utilización de su pensamiento como elemento disparador en talleres de reflexión, no solo en enseñanza media sino y básicamente en las universidades; exigible esto último en todas las carreras, aún sabiendo que a los integrantes de las Academias de Educación, Ciencias e Historia, esto les revolvería las tripas; con mayor razón lo debemos hacer por este motivo. En una de esas se les hace un favor y de esa manera se sacan del entripao los restos de pensamiento cipayo que les queda para así comenzar a sanar sus mentes empezando a ser más argentinos.

Arturo Jauretche fue y seguirá siendo otro gran patriota dentro de la memoria popular; no solo en términos nacionales sino Latinoamericano. El antinacional discurso dominante fijado por agenda desde los monopolios mediáticos, bajado por periodistas que impúdicamente dicen defender la libertad de prensa y expresión cuando son ellos los que trabajan en su contra actuando mercenariamente a favor de intereses económicos monopólicos y corporativos, es otra prueba del por qué para el “Jauretche periodista” era tan importante una educación que apunte esencialmente a formar más y mejores Argentinos por encima de formar periodistas premiables para un stablishmen, o brillantes científicos que de argentino solo tengan el rótulo asentado en el item “nacionalidad” en su pasaporte internacional.

Si como pueblo y con trabajo no logramos -porque no nos dejarán tan fácilmente- construir esa gran Nación a la que aspira la gran mayoría silenciosa, Nación liberada y con justicia social para su pueblo, al menos no renunciemos a dar hasta nuestra vida si es necesario en todos los intentos que sean necesarios para que alguna vez el habitante de esta tierra sea lo que siempre debió y quiso ser, ARGENTINO Y LATINOAMERICANO; en honor a San Martín, Irigoyen, Perón, don Arturo Jauretche y tantos otros patriotas.

Notas

(*) Director de EL EMILIO.

(1)Así denominó despectivamente a la tarea del maestro el ex ministro de Educación J.C. Tedesco de esta gestión “kirchnerista” argumentando que los maestros no eran profesionales y se dedicaban a “eso”(la docencia primaria) por ser “universitarios frustrados”.

(2)Obra en tres tomos publicada por Ediciones El Emilio en el 2012. Triunvirato 3971, Dto “C” C.A.B.A. Tel cel:111555134976; fijo: 03834426714.

(3)“Cualquier trivialidad puede hacerse publicar en alguna revista internacional con solo tener un conocido en el cuerpo editor”, manifestó Varsavky en esa misma disertación. A confesión de parte, relevo de pruebas.


EL REGRESO DE LAS POLEMICAS JAURETCHANAS

3 marzo 2009

¡¡¡ATENCIÓN!!! EL BLOG DE “EL EMILIO” SE MUDÓ

www.revistaelemilio.com.ar

DE AHORA EN MÁS DIRIGITE ALLÍ. Y CORRÉ LA VOZ.

ESTA MISMA NOTA LA ENCONTRARÁS EN LA NUEVA DIRECCIÓN

Afortunadamente hoy vemos como se ha  instalado un debate que hace años se vio postergado por dirigencias cómplices o carente de idoneidad para el desarrollo del mismo, cuando no, con ausencia de autoridad moral. Y no solo con respecto a medidas puntuales sobre un tópico tan urticante como lo es el conflicto con el campo, sino, que proyecto o modelo de país expresan los sectores en pugna y cuál es la cosmovisión del hombre y de la historia que subyacen en las posiciones asumidas, más allá de errores de coyuntura que pudimos advertir como espectadores o activistas en uno u otro sentido. Arturo Jauretche protagonista de las famosas polémicas, nos alcanza hoy; y plumas relevantes asumen opiniones encontradas, como si en el seno del campo nacional estuviera el verdadero debate de la significancia e importancia de lo que nos concierne a todos. Desde otros lugares la cosa parece muy clara, nada se discute. Y también esto despierta suspicacia.

Con Uds. Luis Brunati y Norberto Galasso

Aldo Battisacco

OPINION

El enemigo principal

Por Luis Brunati *

Saludamos el tono del artículo de Norberto Galasso (en Página/12, el 2 de febrero pasado), aunque no la tendencia a eludir los temas de debate. En efecto, Galasso enumera los temas, pero lo que interesa no es saber cuántos son, sino qué opina sobre cada uno de ellos. También se dice que el artículo de Alcira Argumedo (en Página/12, el 27 de enero) no refutó “las apreciaciones correctas de Barcia sobre la mortalidad infantil”. Al respecto, creo conveniente señalar que el hambre es un crimen siempre, e independientemente de la variación de uno o dos puntos en los guarismos. Sin embargo, en el caso particular de la Argentina, el hambre es un crimen calificado, consentido y evitable. ¿Cómo se puede justificar que en un país que produce 134 millones de toneladas de alimentos y una renta inmensa discutamos el tema en base a cifras del Indec, cuyo contraste con la realidad es para todos inquietante? Aquí, es un tema de prioridades y voluntad política. ¿Qué es prioritario, pagar deuda externa o salvar vidas? Tanto Menem, como De la Rúa y la gestión K han privilegiado el pago de los servicios de la deuda externa, además de aceptar que los recursos petroleros y mineros se extraigan sin control público y se exporten dejando las divisas en el exterior. El ciento por ciento para el caso de las mineras y el 70 para las petroleras, tema denunciado reiteradamente por Pino Solanas y Proyecto Sur.

No obstante, la clave del artículo de Galasso está en la definición del “enemigo principal”. Al respecto, ya nadie discute que, utilizando el terrorismo de Estado, la dictadura militar contribuyó a consolidar un nuevo bloque de poder hegemónico en el país, conformado por grupos económico-financieros locales y externos –incluyendo a los grandes propietarios de tierras, cada vez más concentradas y extranjerizadas– con el apoyo de Estados Unidos, países europeos, el FMI y el Banco Mundial. Estos fueron los beneficiarios del saqueo de recursos públicos y sociales durante los treinta años siguientes, comenzando por el carácter fraudulento de la deuda externa y la estatización de la deuda privada, realizada por Domingo Cavallo desde el Banco Central, durante la dictadura. Con el retorno de la democracia, la fortaleza alcanzada por ese bloque de poder, sumada a la escasa voluntad política, permitió desarticular el Estado de Bienestar y el Estado Empresario y la potestad soberana del Estado Nacional, facilitando un descomunal traslado de recursos públicos y sociales en favor de los nuevos dueños de la Argentina.

Así, el saqueo articulado al amparo del terror durante la dictadura se consolidó en democracia a través de verdaderas estructuras de corrupción, conformadas por los grupos económico-financieros, parte de la dirigencia gremial y los dos partidos mayoritarios.

La alternancia bipartidista –incluyendo la cooptación de sectores como el Frepaso– permitió la continuidad de los mecanismos de despojo: subsidios a la descentralización industrial y a las exportaciones; especulación financiera; pago de la deuda sin evaluar su legitimidad; privatizaciones leoninas; altas tarifas en dólares sobre mercados cautivos; prebendas a los “amigos del poder”; complicidades espurias; intercambio de expertos económicos o referentes políticos; “empresarios nacionales” súbitamente enriquecidos y similares; lo cual no está exento de conflictos de intereses y tensiones en su interior. Dadas las dramáticas consecuencia de esta estructura de corrupción, preocupa que se banalice el tema de la corrupción económica. En todo caso, ese bloque de poder y sus cómplices son el enemigo principal. Son ellos los que se benefician con el sacrificio y dolor de nuestro pueblo.

Precisamente, en Venezuela, Bolivia y Ecuador, las fuerzas populares lograron quebrar la trampa de ese tipo de bipartidismo. Por ello, la nacionalización de los recursos estratégicos y empresas clave para esas economías y el repudio a la deuda externa ilegítima no constituyen una “casualidad permanente”, sino movimientos clave para garantizar la redistribución de la riqueza y el bienestar del pueblo. Si se considera que solamente la derecha política, junto a la “nueva derecha” y la oligarquía rural, conforman el “enemigo principal”, por carácter transitivo parecieran pertenecer al campo del pueblo Techint, Monsanto, British Petroleum, Repsol, Pan American Energy, Shell, Esso, Ford, Barrick Gold, Minera La Alumbrera, Grobocopatel, Bunge y Born, Cargill o la Aceitera General Deheza del senador oficialista Urquía, entre otros tantos “amigos del poder”, y entonces se comprende por qué razón muchas de estas corporaciones han recibido subsidios o prebendas del orden de los 10 mil millones de dólares anuales.

En cuanto al tema de la Resolución 125, sistemáticamente se omiten varias claves. Son el diputado Lozano, los diputados del SI y el ex diputado Mario Cafiero quienes denuncian que el proyecto oficial encubre una maniobra que perjudica al Estado, en una suma superior a los 1700 millones de dólares (no pesos) y presentan un proyecto propio a favor de las retenciones móviles segmentadas, que incluye la investigación del ilícito denunciado. Este proyecto no fue llevado a votación, porque en Diputados ganó el proyecto oficial. Para colmo de males, gracias a la maniobra, el Estado nunca llegó a cobrar las alícuotas fijadas en “la 125” y que sí las agroexportadoras descontaron a los productores. Otro dato interesante es que antes del voto no positivo de Cobos, catorce diputados del Frente para la Victoria votaron en contra del proyecto oficial. Por todo ello, no es bueno que se pretenda comparar el sentido de nuestro voto con el voto de la derecha. Nosotros nos negamos a acompañar al Gobierno en el fraude, no en las retenciones. Galasso reconoce el negociado, al hablar de las acciones judiciales iniciadas por AFIP, pero soslaya que son posteriores a nuestra denuncia, cuando la maniobra entre los funcionarios del Gobierno y las agroexportadoras había tomado estado público. Pero la cosa no queda allí, la posterior ley de blanqueo exime a las agroexportadoras también de esa responsabilidad. Por todo ello, nos parece en extremo injusto que el compañero Galasso pretenda adjudicarnos “una grave responsabilidad si se frustra esta gran oportunidad”. En todo caso, si se frustrara esta gran oportunidad, no sería a causa de nuestras humildes críticas, sino a consecuencia de los propios errores políticos del Gobierno y su definición del “enemigo principal”.

Finalmente, en relación con las apreciaciones que el compañero Galasso realiza sobre la obra de Perón y, más allá de que sin duda hubo errores que no intentaré justificar, sus extraordinarias realizaciones en el campo social, los derechos del trabajador, la ancianidad, la niñez, la educación, la salud, energía, infraestructura industrial, obra pública, desarrollo tecnológico e incluso su concepción ambientalista expresada hace casi 40 años en el “Proyecto Nacional” tornan injusta cualquier comparación con gestiones posteriores.

* Docente, integrante de la mesa nacional de Proyecto Sur.

Respuesta de Norberto Galasso

OPINION

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-120467-2009-02-24.html

El enemigo principal (polémica)

Por Norberto Galasso *

En Página/12, el 17 de febrero último, el compañero Luis Brunati se suma a la polémica que venimos desarrollando acerca de si Proyecto Sur debe atacar frontalmente y con todo furor al Gobierno, considerándolo el enemigo principal, como lo está haciendo (Pino dice: “Kirchner es perverso”, “traidor”, “el Gobierno es antinacional y antipopular”, “Scalabrini Ortiz y Jauretche habrían visto con simpatía esta protesta rural”, “Scalabrini no estaría en Carta Abierta”, etc.) o si, en cambio, corresponde una crítica lateral, reconociendo aciertos –empujando, para profundizarlos– y señalando errores. Aquí reside el aspecto central de la discusión: quién es el enemigo principal, que ahora retoma Brunati.

Le contesto: lea el compañero Luis el diario La Nación, mire los noticiosos de TN, observe la perversidad de la casi totalidad del periodismo televisivo y la opinión de la casi totalidad de la dirigencia que aparece en “los medios” –ferozmente opositora al Gobierno– y se convencerá de que no puede coincidir con ellos. López Murphy, Carrió, Escribano, Grondona, la Mesa de Enlace agropecuaria, Longobardi y tantos otros saben bien quién es “el enemigo principal de ellos” y en este momento le apuntan agresivamente, con burlas y saña, al kirchnerismo. Por tanto, Luis, éste no puede ser, al mismo tiempo, el enemigo principal de Proyecto Sur.

Esta gente antinacional y antipopular pretendió “desgastar” al Gobierno, quiso voltearlo con un cacerolazo, logró debilitarlo con sus cortes de ruta, se apropió del cerebro de gran parte de los sectores medios reverdeciendo el gorilismo, apelando al racismo “anticabecita”, al machismo –incluso al “machismo de las mujeres”– ensañándose con Cristina y ahora intenta organizar algo parecido a la Unión Democrática, aunque en dos alas. Una, la liberal-oligárquica de Carrió –UCR en declinación conservadora, traidores como Cobos y hombres de paja del imperio como “el Bulldog”, con el aporte de la hija de Pepe Estensoro y la prepotencia aristocrática de una Bullrich Luro Pueyrredón, renegada de sus osadías juveniles. La otra, la monstruosa degeneración de un sector del peronismo, que retoma la línea menemista-duhaldista, con millonarios como De Narváez, oportunistas como Solá y el fantasma del viejo Pinedo resurrecto en su nieto. Todos ellos, juntos o separados, se esmeran por bajar el telón sobre la experiencia de Néstor y Cristina. A su vez, Fidel, Chávez, Lula, Evo y Correa no quieren que esto ocurra porque consideran a la pareja como compañeros del hundimiento del ALCA y de la necesaria reunificación de América latina con Banco del Sur, moneda latinoamericana y comité de defensa ante cualquier prepotencia imperialista.

De esto no hay duda alguna. Vos me decís en tu artículo que también son enemigos Bunge y Born, Urquía, la Aceitera General Deheza, Monsanto, etc., ¡qué duda cabe! Sólo que el diputado de Proyecto Sur votó a favor de esos intereses sojeros contra la Resolución 125 con el alborozo de La Nación, Clarín, Perfil y otros (lo menos que cabía era abstenerse). También mencionás a otros que, esos sí, hacen buenos negocios como las grandes empresas mineras y petroleras. No eludí este tema –como me criticás por mi nota anterior– ni lo eludo ahora. Digo que hay “amigos del poder”, efectivamente, como también los hay en todos los movimientos que algunos catedráticos llaman despectivamente “populistas”, incluso en el peronismo del ’45. Pero esos negocios no alcanzan para confundir los campos. Son suficientes sí, para señalar compromisos, contradicciones, concesiones del Gobierno. Por eso hay que empujarlo, movilizando al pueblo, para que profundice su política y adopte medidas audaces en esas áreas hoy sujetas al saqueo. Pero no podés caracterizar al Gobierno solamente por esta cuestión, como ocurría con radicales y nacionalistas que conspiraban contra Perón diciendo que entregaba el petróleo o no había nacionalizado la CADE. También te puedo recordar que Perón, seguramente a disgusto, llevó al balcón de la Rosada al asesino de Sandino. ¿Esta actitud tan criticable invalidaba las nacionalizaciones, el no ingreso al FMI, el más del 50 por ciento de la participación de los trabajadores en el ingreso y tantas otras cosas positivas? Evidentemente, no. Había que hacerse el distraído si se estaba dentro del peronismo o criticarlo lateralmente, sin dejar de reconocer el carácter nacional y popular del gobierno, si se estaba en la izquierda nacional (porque de la otra izquierda mejor no hablar). Fue también una concesión cuando el General encarceló a los exilados guatemaltecos del gobierno de Arbenz derrocado por los yanquis. De esta desgraciada medida algunos sacaron la conclusión de que el gobierno era proimperialista, lo recuerdo. Así actuó gente honesta, con grandes ilusiones y quimeras. Lenin también los soportó y los calificó como “el izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”. Como vos sabés, colaboraron para que llegaran los Rojas y Aramburu, quienes liberaron a los guatemaltecos, pero fusilaron a los trabajadores peronistas y dictaron el 4161 y todo lo demás.

En mi anterior artículo decía que me sorprende que compañeros de larga lucha en el peronismo no comprendan las vacilaciones de los gobiernos policlasistas, que también las tuvo el peronismo, aun en sus mejores momentos (Actas de Chapultepec, ¿te acordás?). También me sorprende que omitan los avances de este gobierno y algo tan caro al peronismo como son los derechos de los trabajadores. Porque ahora no sólo hubo disminución de la desocupación y recupero de las paritarias, sino que desde la Comisión parlamentaria de Legislación Laboral presidida por Héctor Recalde se recuperaron conquistas que el menemismo había destruido (sextuplicación del salario mínimo, vital y móvil, suspensión de despidos sin causa, derogación de la ley Banelco, prohibición de uso de banderas extranjeras en los buques para eludir la legislación laboral argentina, limitación a ocho horas de la jornada para peones rurales, modificación de la ley de pasantías, el “dubio pro operario” en juicios laborales, jueces laborales en materia de quiebras, etc.). Y esto no lo promueve “el enemigo principal”, sino el Frente para la Victoria.

Es correcto que Proyecto Sur critique, pero, por favor, no desde el campo del enemigo, no desde La Nación y Perfil, ni en los programas de los periodistas del imperio, que se solazan escuchando las críticas. Elogien lo elogiable y critiquen lo criticable, pero con sumo cuidado para no ser funcionales a la reacción. Crezcan, desarróllense, si pueden, cabalgando junto a lo mejor del Gobierno y cuando deban votar, no le den pasto al enemigo.

También ha salido al ruedo, por correo electrónico, otro dirigente y amigo, Mario Mazitelli, quien señala que la política del imperio es “la alternancia”. Según él, el imperialismo deja hacer al centroizquierda hoy, después en 2011 vendrá la centroderecha y así sucesivamente mientras Proyecto Sur –sostiene un militante honesto como Mario– construye el partido “para hacer la revolución social”. Este supuesto poder inmenso de los sectores dominantes previendo varios gobiernos y manejando a su gusto a todos los argentinos –menos a Proyecto Sur– me sorprende porque se sustenta en categorías liberales, como centroizquierda o centroderecha, que utilizan Morales Solá y sus congéneres. Creo, en cambio, que hay una cuestión nacional que divide a la sociedad en antiimperialistas y proimperialistas y una cuestión social que la divide en explotadores y explotados. Del ensamble de ambas cuestiones nace un proyecto de Liberación Nacional en marcha hacia el socialismo.

Pero esta polémica no la voy a seguir por dos motivos. La primera, porque la egolatría es mala consejera. Y esto de que la plana mayor de Proyecto Sur (sólo faltás vos, Carlitos del Frade, y espero que no lo hagas) se prodigue en discutir conmigo puede provocarme cierta vanidad y apartarme de aquello que aconsejaba Scalabrini: “Ser uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera”. La segunda, porque aparecen quienes rebajan el nivel de la discusión, como un tal José Luis que por correo electrónico intenta descalificarme tratándome benévolamente de “anciano”. Como se comprende, a los 72, no estoy para coqueterías, pero si la calificación viene de Proyecto Sur les advierto que si yo soy anciano, Pino es seis meses más anciano que yo.

Pero no es así, Pino, vos y yo sabemos que no somos viejos. Ocurre simplemente –como decía Jauretche– que hace muchos años que somos jóvenes y mantenemos la juventud suficiente para polemizar acerca del destino de esta América latina que insoslayablemente va hacia la unidad y al socialismo. Y, por mi parte, bajo el telón sobre esta polémica, en la certeza de que tarde o temprano las duras luchas por la liberación nacional y social nos encontrarán a todos nosotros, otra vez juntos, en la misma vereda de siempre.

* Historiador y ensayista.