DE “NAZIS” PERONISTA y HÉROES NACIONALES NORTEAMERICANOS

10 octubre 2017

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO; historia internacional; de nuestra redacción

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Por Pedro del Arrabal

Entre los tantos mitos que se crearon alrededor de Perón y el peronismo, uno de ellos fue su supuesta simpatía por el régimen nazi.

Ya que estamos en tiempos de actualización terminológica podríamos decir que estamos hablando de una posverdad instalada por los imperios norteamericano e ingles para un “régimen” que atentaba pura y exclusivamente contra los intereses económicos que ambos tenían en la región; o sea no se trataba de un cuestión ideológica sino de “mangos” a través de la ciencia y la tecnología para construir y consolidar su poder bélico.

Hasta el “socialista vernáculo” Norteamerico Ghioldi no dudó en encolumnarse bajo las órdenes del embajador norteamericano Braden en aquella marcha “democrática” donde incluídos los dirigentes del Partido Comunista Argentino estaban en ella. Luego y bajo la batuta del representante del imperio en argentina, los “anti imperialitas” locales conformaron la Unión Democrática por la Libertad contra el Nazifascismo. Aquella marcha se realizó el 19 de septiembre de 1945.

Sin embargo la cruda realidad se da de bruces contra aquella posverdad mediáticamente instalada desde aquellos años por los muchachos cipayos de la prensa, que trabajaron –y trabajan- para los intereses oligárquicos aliados a los imperiales.

Veamos:

La Operación Paperclip (originalmente Operación Overcast) llevada adelante por Agencia de Objetivos de Inteligencia (Joint Intelligence Objectives Agency) que dependía directamente del Departamento de Estado norteamericano muestra claramente –y nunca fue desmentido- que los yanquis no eran estúpidos a la hora de sacar ventajas del segundo conflicto bélico mundial. Los ruso por su parte con su “Operación Osoaviakhim” hicieron lo mismo.

Según lo que cuenta la periodista de investigación norteamericana, Annie Jacobsen, en su libro “Operación Paperclip” publicado en febrero del 2014 parece ser que, tanto el naciente imperialismo soviético como el ya consolidado norteamericano no se andaban con chiquitas a la hora de sacar provecho de la inteligencia y el desarrollo técnico científicos que hombres ligados al régimen nazi habían logrado. Solo acá esa actitud era repudiable y servía para demonizar al peronismo con su asociación a lo peor de aquel nefasto régimen.

Por una cuestión de ética y coherencia ideológica por lo menos los soviéticos, luego de extraerles todos los conocimientos y sin dejar de tratarlos como ciudadanos de segunda, los devolvieron a Alemania para que fueran juzgados. En cambio los 1600 científicos nazi que secuestraron los yanquis, luego de cambiarles los antecedentes, los distribuyeron en las distintas casas de altos estudios y academias militares norteamericanas vendiéndolos como “buenos científicos”, pese a la oposición de Albert Einstein y Eleanor Roosevelt.

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Veamos algunos ejemplos: Wernher von Braun, miembro del partido nazi y de las SS, fue el responsable del diseño de las bombas-cohete V2, terminó a cargo de todas las experiencia aeroespaciales del gigante del norte que desembocaron en el programa Apolo que llevó al hombre a la luna. Estuvo a punto de ser condecorado con la Medalla Presidencial de la Libertad.

Otros 2 de los nazi fueron Arthur Rudolph y Walter Dornberger ambos vinculados al proyecto de cohetería del “Tercer Reich” que manejaba Braun; el primero responsable del trabajo esclavo al que sometieron a 20.000 personas para dicho proyecto y terminó trabajando para el programa de la NASA. Y si seguimos con los datos que tira dicha publicación aparecen nombre como el de Otto Ambros –el químico preferido de don Adolf, inventor del gas sarín quién termino trabajando para el Departamento de Energía norteamericano; Siegfried Knemeyer que terminó trabajando para la Fuerza Aérea yanquis; el oficial de las SS Kurt Debus que dirigió el dirigió el JFK Space Center; hasta Theodor Benzinger el The New York Times lo alababa por sus logros como científico, al servicio de la Marina estadounidense.

Independientemente de horror que significó el régimen Nazi con todas sus atrocidades y crímenes de lesa humanidad cometidos durante su estada en el poder,  por lo visto los “nazi” son más nazi si se lo vincula al peonismo pero no lo son tanto si sirven a los intereses imperiales; las lamentables pero viejas-nuevas “posverdades”.


Venezuela: Golpe en tiempo real

3 febrero 2015

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, Venezuela, Internacionales

Eva GolingerPor Eva Golinger

Hay un golpe de Estado en marcha en Venezuela. Las piezas están cayendo en su lugar como una mala película de la CIA. A cada paso un nuevo traidor se revela, una traición nace, llena de promesas para entregar la papa caliente que justifique lo injustificable. Las infiltraciones aumentan, los rumores circulan como reguero de pólvora, y la mentalidad de pánico amenaza con superar la lógica. Titulares en los medios gritan peligro, crisis y derrota inminente, mientras que los sospechosos de siempre declaran la guerra encubierta contra un pueblo cuyo único delito es ser guardián de la mayor mina de oro negro en el mundo.

Esta semana, mientras el ‘The New York Times’ publicó una editorial desacreditando y ridiculizando el presidente venezolano Nicolás Maduro, calificándolo “errático y despótico” (“El señor Maduro en su laberinto”, NYT 26 de enero 2015), un periódico en el otro lado del Atlántico acusó al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, la figura política más destacada del país después de Maduro, de ser un capo del narcotráfico (“El jefe de seguridad del número dos chavista deserta a EE.UU. y le acusa de narcotráfico”, ABC.es 27 de enero 2015). Las acusaciones vienen de un ex oficial de la Guardia de Honor presidencial de Venezuela, Leasmy Salazar, quien sirvió bajo el presidente Chávez y fue captado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), ahora convirtiéndose en el nuevo “niño de oro” en la guerra de Washington contra Venezuela.

Dos días después, ‘The New York Times’ publicó un artículo de primera plana atacando a la economía y la industria petrolera venezolana, y prediciendo su caída (“Escasez y largas filas en Venezuela tras caída del petróleo”, 29 de enero de 2015, ‘The New York Times’). Obvias omisiones del artículo incluyeron mención de los cientos de toneladas de alimentos y otros productos de consumo que han sido acaparados o vendidos como contrabando por los distribuidores privados y empresas, con el fin de crear escasez, pánico, descontento con el Gobierno y de justificar la especulación de los precios inflados. Además, el artículo se niega a mencionar las medidas e iniciativas en curso implementadas por el Gobierno para superar las dificultades económicas.

Al mismo tiempo, un titular sensacionalista, absurdo y engañoso fue publicado en varios diarios estadounidenses, en forma impresa y en línea, que vincula a Venezuela a las armas nucleares y un plan para bombardear la ciudad de Nueva York (“Encarcelado científico en Estados Unidos por tratar de ayudar a Venezuela a construir bombas”, 30 de enero, 2015, NPR). Mientras que el titular hace a los lectores creer que Venezuela estuvo directamente involucrada en un plan terrorista contra EE.UU., el texto del artículo deja claro que no hay ninguna participación venezolana en el suceso. Toda la farsa era una trampa creada por el FBI, cuyos agentes pretendieron ser funcionarios venezolanos para capturar a un científico nuclear que una vez trabajó en el laboratorio de Los Álamos y no tenía ninguna conexión con Venezuela.

Ese mismo día, la portavoz del Departamento de Estado, Jan Psaki, condenó la supuesta “criminalización de la disidencia política” en Venezuela, al ser consultado por un periodista acerca de la llegada del fugitivo general venezolano Antonio Rivero a Nueva York para pedir el apoyo del Comité de Trabajo de Naciones Unidas sobre la detención arbitraria. Rivero huyó de una orden de arresto en Venezuela después de su participación en protestas antigubernamentales violentas que causaron la muerte de más de 40 personas, en su mayoría partidarios del Gobierno y las fuerzas de seguridad del Estado, en febrero pasado. Su llegada a EE.UU. coincidió con Salazar, evidenciando un esfuerzo coordinado para debilitar a las Fuerzas Armadas de Venezuela, exponiendo públicamente a dos oficiales militares de alto perfil –ambos vinculados a Chávez- que se han volteado en contra de su Gobierno y están buscando activamente la intervención extranjera contra su propio país.

Estos ejemplos son sólo una parte de la creciente y sistemática cobertura negativa y distorsionada de la situación en Venezuela en los medios de comunicación estadounidenses, pintando una imagen exageradamente sombría de la situación actual del país y retratando al Gobierno como incompetente, dictatorial y criminal. Si bien este tipo de campaña mediática coordinada contra Venezuela no es nueva -los medios de comunicación constantemente proyectaron al presidente Hugo Chávez, elegido cuatro veces por una mayoría abrumadora, como un dictador tiránico que destruía al país– sin duda evidencia que se está intensificando claramente a un ritmo acelerado.

‘The New York Times’ tiene una historia vergonzosa cuando se trata de Venezuela. El Consejo Editorial aplaudió felizmente el violento golpe de Estado en abril de 2002 que derrocó al presidente Chávez y resultó en la muerte de más de 100 personas. Cuando Chávez regresó al poder dos días después, gracias a sus millones de seguidores y las Fuerzas Armadas leales, el ‘Times’ no se retractó por su error anterior, sino que con arrogancia imploró a Chávez a “gobernar responsablemente”, alegando que él era el responsable por el golpe. Pero el hecho de que el ‘Times’ ha comenzado una persistente campaña directa contra el actual Gobierno de Venezuela, con artículos distorsionados y claramente agresivos -editoriales, blogs, opinión y noticias- indica que Washington ha colocado a Venezuela en la vía rápida del “cambio de régimen”.

El momento de la llegada de Leamsy Salazar en Washington como un presunto colaborador de la DEA, y su exposición pública, no es casual. Este mes de febrero se cumple un año desde que las protestas antigubernamentales violentamente trataron de forzar la renuncia del presidente Maduro, y grupos de la oposición están actualmente tratando de ganar impulso para volver a encender las manifestaciones. Los líderes de las protestas, Leopoldo López y María Corina Machado, han sido elogiados por el ‘The New York Times’ como “luchadores por la libertad”, “verdaderos demócratas”, y el ‘Times’ se refirió recientemente a Machado como “una inspiración”. Incluso el presidente Obama pidió la liberación de López (fue detenido y está siendo juzgado por su papel en los levantamientos violentos) durante un discurso el pasado septiembre en un evento en las Naciones Unidas. Estas voces influyentes deliberadamente omiten la participación de López y Machado en actos violentos, antidemocráticos e incluso criminales. Ambos participaron en el golpe de 2002 contra Chávez. Ambos han recibido ilegalmente fondos extranjeros para actividades políticas para derrocar a su Gobierno, y ambos lideraron las protestas mortales contra Maduro el año pasado, pidiendo públicamente su derrocamiento por vías ilegales.

La utilización de una figura como Salazar, que era conocido como alguien cercano a Chávez y uno de sus leales guardias, como una fuerza para desacreditar y atacar al Gobierno y sus líderes es una táctica de inteligencia de escuela vieja, y muy eficaz. Infiltrar, reclutar, y neutralizar al adversario desde dentro o a través de uno de los suyos -una dolorosa, chocante traición, que crea desconfianza y miedo entre las filas-. Aunque no ha surgido evidencia para respaldar las acusaciones escandalosas de Salazar contra Diosdado Cabello, el titular en los medios sirve para hacer una historia sensacional y crea otra mancha contra Venezuela en la opinión pública. También causa un gran revuelo entre los militares venezolanos y puede dar lugar a nuevas traiciones de oficiales que podrían apoyar un golpe de Estado contra el Gobierno. Las acusaciones infundadas de Salazar también apuntan a neutralizar una de las más poderosas figuras políticas del chavismo, y tratan de crear divisiones internas, intriga y desconfianza.

Las tácticas más eficaces que el FBI usó contra el Partido de las Panteras Negras y otros movimientos radicales que luchaban por cambios profundos en Estados Unidos, fueron la infiltración, la coerción y la guerra psicológica. Infiltrar agentes en esas organizaciones, o captarlas desde adentro, que luego fueron capaces de obtener acceso y confianza a los más altos niveles, ayudó a destruir esos movimientos desde adentro, desglosándolos psicológicamente y neutralizándolos políticamente. Estas tácticas y estrategias encubiertas fueron exhaustivamente documentadas y evidenciadas en documentos del Gobierno estadounidense obtenidos a través de la Ley de Acceso a la Información (FOIA) y publicados en el excelente libro de Ward Churchill y Jim Vander Wall ‘Agentes de Represión: las guerras secretas del FBI contra las Panteras Negras y el Movimiento indio Americano’ (South End Press, 1990).

Venezuela está sufriendo de la caída repentina y dramática de los precios del petróleo. Su economía dependiente del petróleo ha sido afectada fuertemente y el Gobierno está tomando medidas para reorganizar el presupuesto y garantizar el acceso a bienes y servicios básicos, pero la gente todavía está experimentando dificultades. A diferencia de la representación triste en ‘The New York Times’, los venezolanos no se mueren de hambre, no están sin hogar o sufriendo del desempleo masivo, como Grecia y España han experimentado bajo las políticas de austeridad. A pesar de ciertas carencias -algunas causadas por los controles de divisas y otras por acaparamiento, sabotaje o contrabando- 95% de los venezolanos consumen tres comidas al día, una cantidad que se ha duplicado desde la década de los noventa. La tasa de desempleo no llega al 6% y la vivienda está subvencionada por el Estado.

Sin embargo, hacer a la economía venezolana “gritar” es sin duda una estrategia ejecutada por intereses extranjeros y sus contrapartes venezolanos, y es muy eficaz. Mientras la escasez continúa y el acceso a los dólares se vuelve cada vez más difícil, el caos y el pánico aumentan. Este descontento social está capitalizado por agencias de Estados Unidos y las fuerzas antigubernamentales en Venezuela que presionan por un cambio de régimen. Una estrategia muy similar fue utilizada en Chile para derrocar al presidente socialista Salvador Allende. Primero destruyeron la economía, produciendo descontento social, y luego los militares se activaron para derrocar a Allende, apoyados por Washington en cada etapa. Para que no olvidemos el resultado: una brutal dictadura encabezada por el general Augusto Pinochet que torturó, asesinó, desapareció y obligó al exilio a decenas de miles de personas. No es exactamente un modelo para replicar.

Este año, el presidente Obama aprobó un fondo especial del Departamento de Estado de 5 millones de dólares para apoyar a los grupos antigubernamentales en Venezuela. Además, la Fundación Nacional para la Democracia (NED) financia grupos de la oposición venezolana con más de 1,2 millones de dólares y apoya a los esfuerzos para socavar el Gobierno de Maduro. No hay duda de que millones de dólares más para el cambio de régimen en Venezuela están siendo canalizados a través de otros mecanismos que no están sujetos al escrutinio público.

El presidente Maduro ha denunciado estos continuos ataques contra su Gobierno y ha pedido directamente al presidente Obama que cese los esfuerzos para hacer daño a Venezuela. Recientemente, los 33 países de América Latina y el Caribe, miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), expresaron públicamente su apoyo a Maduro y condenaron la injerencia norteamericana en curso en Venezuela. América Latina rechaza firmemente cualquier intento de erosionar la democracia en la región y no avalará otro golpe de Estado en la región. Es hora de que Washington escuche al hemisferio y deje de emplear las mismas tácticas sucias contra sus vecinos.

Fuente: http://actualidad.rt.com/opinion/eva_golinger/165149-venezuela-golpe-tiempo-real#.VNC5gwL7exE.facebook