LOS PASOS DE UN MAL DANZARÍN DENTRO DE UNA TRAGEDIA TEATRAL

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Politica Nacional, de nuestra redacción.

MACRI BAILANDO

FOTO MIAPor Victor Leopoldo Martinez

Macri, como presidente que intenta gobernar un país, es un pésimo danzarín y peor actor. El ballet (remedo de gabinete) que lo secunda –por obsecuencia o estupidez congénita- imita pesimamente sus pasos. Conclusión, la puesta en escena hecha gestión de gobierno no solo excede el grotesco sino que supera cualquier límite de perversión audiovisual y de maltrato social. Macri gobernando es la torpe versión de una extraña mezcla de Freddie Mercury y Maximiliano Guerra (pido perdón al eximio bailarín argentino por usarlo para este ejemplo) que de manera improvisada intenta cantar una melodía que desconoce mientras baila algo que pretende ser fusión de clásico con malambo; entonces mezcla un fauette con un repiqueteo; o un arabesque con el quebrado con desplazamiento; o un développé con un saltado quebrado “haya”. Así son sus pasos dentro de una pésima coreografía que él encima acompaña con una mala actuación. Así son las explicaciones que brinda sobre sus decisiones gubernamentales.

Escuchar a Macri contestar preguntas periodísticas con sus habituales e incoherentes asociaciones de supuestas ideas a las que les suma ridículas comparaciones, es un sacrificado ejercicio intelectual para cualquier humano. Peor aun cuando cual deteriorado arlequín quiere parecer populachero en materia de lenguaje y ante una pregunta asociada al hambre que padece la población él responde con cara de circunstancia: “Me angustia que haya chicos que no tienen para comer pero antes convivían literalmente con la mierda. Hicimos cloacas”. Macri se parece mucho a esa mamá de familia muy pobre del cuento de Facundo Cabral que cuando su pequeño hijo le dice: -“Mamá, quiero caca”, la madre le contesta –“No hay”.

Cuando Macri utiliza la palabra “mierda” pensando que es el lenguaje propio de los pobres, de los humildes, no se diferencia de “Lilita” Carrio que alguna vez manifestó para hacerse la “popular” –“Como me gusta comer un choripán con las patas sobre la mesa”-. O un Martín Cabrales que le dice a los periodistas: -“Pónganse contentos: tienen asado y vino”. Ellos piensan y sienten así; despectivamente. Creen que pobreza es sinónimo de ordinariez. Creen ser diferentes y superiores al resto de los mortales cuando en realidad son más miserables y mediocres que aquellos que pretenden denigrar.

Así las “cosas” (término amado por el presidente) y según Macri, una familia del segundo cordón del gran Buenos Aires (o de pueblo del interior del país), con el hijo sentado en su letrina conectada a una red cloacal esperando que le salga algún desecho de su trasero, (cosa rara ya que viene comiendo salteado y difícilmente tenga algo para expulsar -ni fuerza para ir al colegio tiene-), le debe agradecer al Sr. presidente por la cloaca y el asfalto que pasa por frente de su precaria vivienda. O sea, los pobres que ahora son más pobre por decisión de ellos, deben contentarse con los favores que en formato migajas ellos tiran. Y disfrazan las migajas –las cloacas por ejemplo- con falsa retórica que aduce cuidado por la salubridad de la población como si el hambre que esa población padece no fuera un flagelo asesino y/o productor de otras enfermedades.

En realidad no son favores. Las cloacas y el asfalto son simples y jugosos negocios que los amigos del presidente hacen con el Estado gracias a la intermediación hecha decisión política de Macri. Para estos caso poco importa el hambre de la gente.

Están convencidos que con un imaginario relato de algo que desconocen la gente se convencerá que el hambre que hoy padece por falta de trabajo tiene su razón de ser; que volverá a ser feliz y será compensado dentro de 10 o 20 años cuando recupere el trabajo que para entonces será ¿genuino? porque será producto de las “reformas estructurales” que para bien de él y del país, ellos están llevando adelante. Si alguien le espeta que difícilmente esa persona llegue viva para entonces, seguramente Macri le dirá que ellos le garantizarán un buen cajón para el entierro gracias al invalorable ¿trabajo? que lleva adelante el Rabino Bergman en cuestiones ambientales y cuidado de bosques proveedores de madera.

Esta farsa operística italiana transformada en un grotesco, en una espantosa opera ballet versión argentina interpretada por Mauricio Macri con un ballet que pretende que el pueblo argentino baile su coreografía, ya no emociona a nadie. Parecería que Dios, que es argentino y por primera vez decidió atender en el interior profundo de nuestra patria sintió que esta puesta en escena debe llegar a su fin. Vox Populis, Vox Dei (La voz del pueblo es la voz de Dios). Que así sea. Amen.  

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